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MISIONEROS EN CAMINO: Homilías y Reflexiones para el XXXII Domingo del T.O. - Ciclo A (Mt 25, 1-13 )
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domingo, 6 de noviembre de 2011

Homilías y Reflexiones para el XXXII Domingo del T.O. - Ciclo A (Mt 25, 1-13 )


Publicado por Iglesia que Camina

CUANDO DIOS NOS ENCUENTRA DORMIDOS

Dios no es de los que duerme porque para Él siempre es pleno día, pero nosotros nos pasamos media vida dormidos. Dormir es necesario. Se dice que podemos pasar unos días sin comer, pero no sin dormir. Por eso no me preocupan las horas nocturnas que invertimos en el sueño reparador para trabajar mejor al día siguiente.
Lo que me preocupa es que luego nos pasemos el día dormidos, sin enterarnos de lo que pasa a nuestro alrededor, que siempre nos enteremos de las cosas de la vida a través de los periódicos o los noticieros de la TV o Radio. Siempre somos testigos de segundo, pos enteramos por los demás.

Pero me preocupa más todavía el hecho de la gran mayoría de los bautizados caminemos por la vida “dormidos o adormilados” y seamos incapaces de estar despiertos cuando Dios llama a nuestro corazón o pasa a nuestro lado sin que nos enteremos. Cristianos con los ojos cargados de sueño que no puede descubrir las huellas de Dios en los acontecimientos de la vida o, como se dice hoy, “en los signos de los tiempos”, que no son sino las señales que Dios nos envía, como palabras no pronunciadas sino palabras habladas desde la vida y la historia, que es el gran lenguaje de Dios a los hombres.

El Esposo “tardaba” en llegar. Como nosotros no somos capaces de esperar despiertos nos dormimos. Mientras tanto se nos va consumiendo el aceite de las lámparas de nuestra fe, de nuestra esperanza, de nuestro amor, y cuando queremos despertarnos al grito de “Dios está a la puerta” nos encontramos a oscuras y sin aceite de reserva.

El cristiano, como cualquier humano, vive de pequeñas esperanzas, como dice Benedicto XVI. Pequeñas esperanzas que nos mantienen vivos y nos dan fuerza para afrontar el presente con gozo. La gran esperanza, la esperanza de todas las esperanzas, es la espera de Dios, la espera del paso de Dios a nuestro lado. Las huellas de su paso son eso que llamamos “signos de los tiempos”.

Esos signos que no sabemos leer porque no sabemos verlos porque llevamos los ojos cargados de sueño. Por eso siempre llegamos tarde a la cita de Dios, así encontramos la puerta cerrada cuando llegamos. Ser cristiano es estar siempre despierto. Atento siempre. No se permiten analfabetos que no saben leer las señales de Dios.




LÁMPARAS ENCENDIDAS

Ahora han inventado esos “focos ahorradores” de corriente, dicen que duran más y gastan menos. La economía es algo importante en toda familia.

En el bautismo Dios nos regaló también unos focos, no sé si ahorradores o no, pero sí unos focos para que nuestras vidas estén siempre iluminadas e iluminen nuestros caminos. Esos focos son: el don de la fe, el don de la esperanza y el don de la caridad.

Son las lámparas encendidas. Es el gesto bautismal de encender una vela en el Cirio Pascual. A los padres y padrinos se les dice: “A ustedes, padres y padrinos se les encomiendo el cuidado de esta luz para que sus hijos vivan siempre en la luz.”

¿No nos pasará también a nosotros como estas jóvenes tontas que llevan justito el aceite y las lámparas se les apagaron?

¿Qué cuidado ponen los padres para que esa luz pascual de la vida bautismal de sus hijos se mantenga siempre viva? Porque, con el correr de los años, también en ellos se corre el peligro de que esa luz se vaya apagando. El caso es que cuando luego ya adolescentes, los hijos vienen con la sorpresa de que ya no creen en nada, entonces se llevan el susto de sus vidas. Nadie se siente responsable. Al contrario, todos suelen decir: "Pero si le he dado una buena educación, lo he enviado a un Colegio Católico..."

No basta eso, amigos. ¿No recuerdan que al bautizar a sus hijos se les pidió a ustedes renovar su propio bautismo en cuya fe iban a ser bautizados? El verdadero aceite que mantiene viva la llama de la fe es la experiencia de la fe de los padres. Cuando esta se debilita y se apaga, también se debilita y apaga la fe del hijo. Necesitamos “padres con sus lámparas encendidas” para tener luego “hijos con lámparas encendidas”.





AGUA PARA EL CAMINO

¿Por qué buscas tu felicidad en el pozo de los demás si tú mismo llevas dentro de ti todo un manantial? Intenta mirar dentro de ti mismo y descubrirás que ahí, en el fondo de ti, está lo que buscas.

Soy como un grano de trigo, con una diferencia. El trigo no puede escoger entre ser alimento para puercos o ser molido para pan o ser sembrado para que se multiplique. Yo tengo la facultad de elección y no permitiré que mi vida sea alimento para puercos ni dejaré que sea molida bajo las piedras del fracaso y la desesperación, y así, quebrantado, ser devorado por la voluntad de los otros. (Og Mandino)

T ú puedes decidir que el trigo de tu vida sea grano de sementera. Así podrás ser pan para el que tenga hambre, Eucaristía del que comulga. Puedes ser pan para los niños, pan para los pobres, pan para los ricos. Pan para Dios en la mesa del altar.

Los grandes ríos comienzan siendo pequeños hilos nacidos de un manantial. Para llegar a ser ríos necesitan de otros pequeños manantiales. Es sumando manantiales que crecen los ríos. Es sumando tu vida a la vida de los demás, que tu vida dejará de ser manantial solitario y se hará río de comunidad. Entonces eres Iglesia.

Para subir se necesitan los peldaños de la escalera. Hazte una escalera que tenga los siguientes peldaños bien seguros:
- Siente a Dios como algo esencial en tu vida.
- Ten fe en ti: en lo que fuiste, en lo que eres y en lo que puedes ser.
- Ten fe en los demás: aunque te engañen, los necesitas. Sobretodo, ellos te necesitan a ti.
- Camina con los demás, la comunidad es el lugar donde Dios te engendró y donde Dios te hace crecer.

No busques respuestas fáciles a tus problemas. Menos aún, respuestas a medias. Quien soluciona sus problemas por lo fácil y a medias busca anestesias, pero no curaciones reales. Jesús quiso curarnos en la raíz. Por eso aceptó morir.

Los demás nunca podrán ser la medida de tu estatura; mas viéndolos a ellos chatos, descubrirás mejor tu propia pequeñez. Si los ves grandes sentirás ganas también tú de estirar tu propia estatura espiritual.




HOY CONSTRUYE, NO DESTRUYAS

Hoy construye y no destruyas. Construye al hombre nuevo que Dios quiere en ti. No construyas cualquier cosa. No construyas cualquier tipo de hombre. Sólo serás tú mismo si eres lo que Dios pensó para ti.

Hoy construye y no destruyas. Construye el rostro e imagen del hombre, tu hermano, destruido por la vida. No sólo eres responsable de ti. Dios también te pedirá cuentas sobre lo que hiciste por tus hermanos.

Hoy construye y no destruyas. Construye un mundo mejor. Nadie te pide que tú lo hagas todo, pero tampoco debes hacer menos de lo que estás llamado a hacer. Que el pedazo de mundo que a ti te toca, sea el más bello y el más hermoso.

Hoy construye y no destruyas. Construye o reconstruye tu amor de esposo o de esposa, de padre o de madre o de hijo o de hermano. Que el hogar sea mañana mucho mejor y todos se sientan en él más a gusto.

Hoy construye y no destruyas. Construye ese pedazo de Iglesia que Jesús ha puesto en tus manos. Tú no eres toda la Iglesia, pero sí eres una parte de ella. La Iglesia que eres tú depende totalmente de ti.

Hoy construye y no destruyas. Reconstruye el rostro de tu hijo, destruido tal vez por tus silencios, tu carencia de diálogo con él, tus exigencias sin cariño, tus castigos sin justicia. Él está esperando que alguien vuelva a poner en sus labios la sonrisa de la vida.

Hoy construye y no destruyas. Reconstruye el rostro y el corazón de tu viejo que siente el frío de una vida sin calor humano, sin atenciones. Hazle sentir que no es una mercancía en liquidación sino que se le necesita y quiere en casa.




PENSAMIENTO PARA CADA DÍA DE LA SEMANA

La verdad duele, pero cura. La mentira no duele, pero mata. Por eso el mentiroso está muerto, es árbol que florece por fuera, pero ya está podrido por dentro.

La verdad es la sinceridad del alma que no teme verse desnuda. Mientras que la mentira es la hipocresía y el miedo del corazón a verse como es. No nos tememos tanto a nosotros mismos, sino a qué dirán y pensarán los demás.

La verdad no es tanto problema de ideas, cuanto problema de vida. Se pueden tener muy buenas ideas y vivir como un mentiroso. Quien vive con limpieza y rectitud no necesita de la mentira, la verdad le basta.

La mentira es la gran tentación y traición del amor. La mentira engaña y, además, es una falta de respeto a los demás. Donde hay engaño y falta de respeto no hay amor. El amor mismo sería una mentira. ¡Cuántos "te amo", "te quiero", no son sino el camuflaje del egoísmo y del instinto!

Decir la verdad y siempre la verdad puede tener complicaciones, pero tan sólo con quienes prefieren vivir en la mentira. La verdad nunca molesta a quienes viven de la verdad.

El pecado es una manera sutil de mentirnos a nosotros mismos y a los demás y a Dios. A nosotros, porque pretende meternos gato por liebre. A los demás, porque queremos engañarlos. A Dios, porque luego buscamos excusas.

Quien miente no es, disimula y aparenta ser. Por eso tiene tanto miedo a su verdad. El mentiroso no sabe vivir la vida, sino sólo la apariencia. El mentiroso vive más lo que no es, que lo que de verdad es. Vive su imagen no su realidad.


WebJCP | Abril 2007