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MISIONEROS EN CAMINO: Homilías y Reflexiones para el I Domingo de Adviento (Mc 13,33-37) - Ciclo B
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domingo, 27 de noviembre de 2011

Homilías y Reflexiones para el I Domingo de Adviento (Mc 13,33-37) - Ciclo B


Publicado por Iglesia que Camina

COMENZAR CON ILUSIÓN

Comenzamos un Nuevo Año Litúrgico, este año nos toca el Ciclo B. El Evangelio es una llamada a comenzar despiertos, con los ojos abiertos y los oídos atentos.
Ojos abiertos para ver las presencias de Dios en nuestra historia. Ojos abiertos para ver mejor a todos nuestros hermanos. Con ojos abiertos para ver todas nuestras posibilidades que siempre son muchas.
Oídos atentos para escuchar las pisadas de Dios, no escondidos de vergüenza como Adán en el Paraíso, sino prontos en el camino para encontrarnos con Él. Oídos atentos a la Palabra de Dios que cada día nos habla y nos anuncia buenas noticias.

Oídos atentos a la presencia de nuestros hermanos que se nos cruzan en la vida. Oídos atentos a las necesidades de los hermanos que nos necesitan.

Ojos abiertos y oídos atentos como los de Pablo en la segunda lectura, capaz de ver y reconocer los dones y las virtudes y cualidades de sus comunidades de Corinto. Creo que es un don de Dios el que nuestros corazones sepan descubrir lo bueno que hay en los demás. Corazones capaces de reconocer tantas cosas buenas que todos llevamos dentro. Es una pena que, con frecuencia, unas debilidades y unas flaquezas, sean capaces de oscurecer vidas ricas en gracia, ricas de dones y de bondad.

¡Qué bueno sería si comenzásemos este Nuevo Año Litúrgico cada uno con los ojos bien abiertos y los oídos bien atentos a todo lo bueno que hay en nuestra comunidad parroquial!

Una comunidad que, como es natural, tiene muchas carencias, pero también muchas cosas buenas. ¡Cuántos grupos que cada semana se reúnen para orar, para escuchar la Palabra, para compartir juntos su caminar por los caminos de la fe y de la esperanza y del amor! Grupos muchas veces silenciosos, pero que están ahí y que desde su anonimato son verdaderos focos de vida, como manantiales que corren bajo la tierra.

Quiera el Señor que también nosotros podamos decir a nuestra comunidad parroquial: “De hecho, no carecéis de ningún don, vosotros aguardáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo. El os mantendrá firmes hasta el final, para que no tengan de qué acusaros en el día de Jesucristo, Señor nuestro.” Que hoy comience en nosotros una nueva historia de gracia, de hermanos y de fiesta en el Señor.




ATRÉVETE A LA ESPERANZA

¿Te atreves a ser un hombre y una mujer que apuestan por la esperanza? Aunque todo lo veas negro, piensa que al otro lado la vida está blanca. Aunque todo te parezca imposible, piensa que al otro lado aún quedan las posibilidades de Dios en ti. Aunque todo te parezca absurdo, piensa que al otro lado está la lógica de Dios.
¿Te atreves a ser un hombre y una mujer que apuestan por la esperanza? Donde todos vean lágrimas, tú descubre sonrisas. Donde otros vean noche, tú descubre el amanecer. Donde todos vean muerte, tú puedes descubrir vida. Donde otros no vean nada, tú puedes ver la mano invisible de Dios. Para el que espera, lo imposible es posibilidad.
¿Te atreves a ser un hombre o una mujer que apuestan por la esperanza? Donde los demás descubran miseria, tú aún puedes descubrir la riqueza de los corazones. El otro día veía a una pobrecita mujer dando de mamar a su hijito, con unos trapos cubriendo su cuerpecillo, pero el niño se sentía caliente colgado del pecho de su mami al calor del corazón mismo.
¿Te atreves a ser un hombre o una mujer que apuestan por la esperanza? Cuando los demás te digan que ya no hay nada que hacer, entonces harás más esfuerzo y pondrás mayor empeño en hacer las cosas. No creas a los pesimistas que esconden su pereza detrás de los imposibles. Para el que no quiere, todo es imposible. Para el que quiere, todo es posible. Por ejemplo, tú mismo.
¿Te atreves a ser un hombre o una mujer que apuestan por la esperanza? Donde todos lloren su desgracia, tú pon una mirada esperanzadora de que mañana será todo mucho mejor, porque los fracasos de hoy son semillas de los triunfos del mañana. Mañana siempre puede ser mejor a pesar de los profetas de las desgracias, a esos no les creas.
¿Te atreves a ser un hombre o una mujer que apuestan por la esperanza? Donde unos sólo apuestan por el pasado, tú apuesta por el futuro. Donde otros apuestan por tener más, tú apuesta por ser más. Donde otros apuestan por no hacer nada, tú apuesta por multiplicar tus esfuerzos. La esperanza te hace nadar contra corriente y, sobretodo, contra todos los pesimismos.
¿Te atreves a ser un hombre o una mujer que apuestan por la esperanza? Pues entonces, apuesta por la fe donde otros sólo apuestan por la razón. Apuesta por el amor, donde otros apuestan por el odio. Apuesta por la vida, donde otros apuestan por la muerte. Apuesta por el hombre, donde otros apuestan por las cosas. La esperanza es la apuesta de Dios por el hombre y la apuesta del hombre por Dios.




INVITAR

Una de las cosas más bellas en la vida es invitar:
Invitar a compartir nuestra amistad.
Invitar a compartir nuestro pan.
Invitar a compartir nuestras alegrías.
Invitar a compartir nuestros esfuerzos.
Invitar a compartir nuestros tiempos libres.
Invitar a nuestra casa.
Invitar a nuestra fiesta.
Invitar a luchar juntos por una causa bella.
Invitar al hijo a crecer.
Invitar al hijo a ser libre.
Invitar a la esposa a compartir nuestros sentimientos.
Invitar al esposo a compartir nuestros afectos.
Invitar al otro a sentarnos juntos a dialogar.
Invitar al otro a dialogar sobre nosotros mismos.
Invitar al otro a buscar las causas de lo que nos estorba.
Invitar al otro a buscar juntos respuestas a los problemas.
Invitar al otro a reconciliarnos con un abrazo.
Invitar al otro a salir juntos a compartir nuestro tiempo.
Invitar al otro a tomarnos juntos un café o un helado.
Invitar al que nadie invita.
Invitar al que nunca podrá invitarnos.

La vida está llena de invitaciones.
¿La vida estará llena de respuestas?
Suprimamos el mandar por el invitar.
Dios no suele mandar, pero pasa la vida invitando.
El mandar es imponernos sobre el otro.
El invitar es respetar su dignidad y libertad.
Hagamos de la vida una invitación
y tendremos una vida llena de amor y libertad.





BOCADILLOS PARA VIVIR

- Vive tu vida a fondo, pero sin cálculos.
Cuando haces cálculos terminas enredado y dejas de vivir.
Había uno que tenía unos dinerillos y quiso invertirlos.
Se pasó tiempo haciendo cálculos de probabilidades.
Al fin, cuando quiso tomar una decisión, su dinero se había devaluado a la mitad.
Que no se siga devaluando tu vida.

- Vive y no calcules tanto las utilidades de la vida.
Cuando te interesan más las utilidades que la vida, terminas viviendo de las ganancias, pero te habrás olvidado de vivir.

- La vida no es una inversión, sino una gozosa experiencia de ti mismo.
Cuando la vida se mide por sus utilidades te encuentras con vidas totalmente inútiles, cuando en realidad lo más importante es la vida misma, la tuya, por ejemplo.

- Vive tu vida a fondo y no calcules las dificultades.
Tu vida es más que tus obstáculos.
La única manera de vivir la vida es jugándosela en cada momento, en cada decisión.
Lo dijo Jesús “el que pierda su vida… la encontrará”.
Y no lo olvides: los cálculos son las limitaciones a la generosidad.





ME DIJERON

Me dijeron:
Que la vida era corta.
Sin embargo, es suficientemente larga como para cambiar el mundo.
Me dijeron:
Que había mucha hambre en el mundo.
Sin embargo, yo veo la cantidad de riqueza que hay en el mundo.

Me dijeron:
Que la gente vivía triste y sin alegría.
Sin embargo, yo tengo suficiente alegría para compartir.
Me dijeron:
Que el mundo no tenía remedio.
Sin embargo, yo sé que hay soluciones.

Me dijeron:
Que Dios estaba lejos.
Sin embargo, yo lo veo cerca.
Me dijeron:
Que Dios estaba enfadado.
Sin embargo yo lo veo alegre.

Me dijeron:
Que la esperanza había muerto.
Sin embargo, yo vivo de la esperanza.
Me dijeron:
Que no me fiara de nadie.
Sin embargo, yo tengo fe en todos.

Me dijeron:
Que la juventud estaba podrida.
Sin embargo, yo la veo como una esperanza.
Me dijeron:
Que los matrimonios estaban rotos.
Sin embargo, yo encuentro parejas felices.

Me dijeron:
Que todos los días eran iguales.
Sin embargo, para mí, cada día es nuevo.
Me dijeron:
Que la oración era inútil.
Sin embargo, yo sigo rezando.

Me dijeron:
Que Dios era un cuento.
Sin embargo, yo lo siento como una realidad.
Me dijeron:
Que la Iglesia tenía muchos pecados.
Sin embargo, yo me encuentro con muchos santos.

Me dijeron:
Que la santidad era imposible.
Sin embargo, yo sigo creyendo en los imposibles.

Me dijeron:
Que no me fiara de ti.
Sin embargo, yo sigo teniendo fe en ti.

Me dijeron:
Que el hombre era una basura.
Sin embargo, yo sigo creyendo que soy fruto del amor de Dios.


WebJCP | Abril 2007