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MISIONEROS EN CAMINO: Evangelio Misionero del Día: 08 de Noviembre de 2011 - XXXII Semana del T.O. - Ciclo A
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lunes, 7 de noviembre de 2011

Evangelio Misionero del Día: 08 de Noviembre de 2011 - XXXII Semana del T.O. - Ciclo A


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 17, 7-10

Jesús dijo a sus discípulos:

Supongamos que uno de ustedes tiene un servidor para arar o cuidar el ganado. Cuando éste regresa del campo, ¿acaso le dirá: «Ven pronto y siéntate a la mesa»? ¿No le dirá más bien: «Prepárame la cena y recógete la túnica para servirme hasta que yo haya comido y bebido, y tú comerás y beberás después»? ¿Deberá mostrarse agradecido con el servidor porque hizo lo que se le mandó?
Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo que se les mande, digan: «Somos simples servidores, no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber».

Compartiendo la Palabra
Por Dominicos.org

Compartimos la Palabra

En la primera lectura encontramos una descripción peculiar, que nos hace el autor del libro de la Sabiduría, de quiénes son los justos de Yavéh. Esta descripción la realiza comparando dos situaciones: lo que piensa la gente (de acuerdo a lo que se ve, a lo que les pasa en su vida…) y la visión de un creyente en Dios: La gente insensata pensaba que morían, consideraba su tránsito como una desgracia, y su partida de entre nosotros como una destrucción; pero ellos están en paz. La gente pensaba que cumplían una pena, pero ellos esperaban de lleno la inmortalidad; sufrieron pequeños castigos, recibirán grandes favores, porque Dios los puso a prueba y los halló dignos de sí; los probó como oro en crisol, los recibió como sacrificio de holocausto.

En el Evangelio de este martes Jesús nos recuerda algunas cosas que sabemos porque la propia vida nos la ha enseñado: “Hemos de hacer lo que cada uno tiene que hacer”. Esta realidad podemos vivirla desde dos perspectivas según el Evangelio: desde la exigencia o desde el sentido. Podemos vivir “este hacer lo que tenemos que hacer” de una manera imperativa, como una orden, como una exigencia… La exigencia siempre tiene el inconveniente de restar, de quitar fuerzas, de vivir nuestra vida desde el “imperativo”. Por eso, muchas veces nos cuesta tanto esfuerzo hacer algunas cosas; porque debemos invertir unas energías no sólo en “hacer lo que tenemos que hacer”, sino también en vencer la exigencia del “tener que hacer”. Generalmente en estas situaciones se crea un cansancio psicológico producido por la exigencia, la cual, además, nos hace centrar nuestra atención en aquello que no hemos hecho como deberíamos haber hecho. Tenemos todos los ingredientes para entender la actitud del señor del Evangelio y del criado. El criado sirve la mesa desde el imperativo de su señor pero dándole un sentido de servicio a quien es el señor. En cambio, podemos “hacer lo que tenemos que hacer” con un sentido. “Aquello que tenemos que hacer” lleva escondido algo del sentido de nuestra vida, algo del fin para el que estamos hecho. Lo importante es descubrir el sentido de lo que tenemos que hacer porque en ello se encuentran las fuerzas, las ganas, la motivación para realizarlo.

Al final lo que vemos es el mismo “hacer” sea desde la exigencia o sea desde el sentido de la acción. Lo que no se ve, y que es lo verdaderamente importante, son las motivaciones desde donde yo me muevo. Depende de cómo nosotros queramos afrontar nuestra vida: desde la exigencia provocada por nosotros mismos, por la sociedad, por los otros… o desde quien es realmente la fuerza: Dios.

La Orden de Predicadores celebra hoy el Aniversario de los difuntos de la Orden. Es una celebración donde la Orden recuerda con agradecimiento a todos los hermanos y hermanas que nos han hecho posibles recibir el patrimonio que tenemos: “Predicar la Palabra de Dios”

Fray José Rafael Reyes González
Convento de San Clemente - Roma

Oramos con la Palabra

SEÑOR, si eso dices del siervo fiel y atento siempre a servirte con esmero, ¿qué dirás de mí, tan mal siervo, que cuando hago algo bueno creo que es mérito mío que has de agradecerme? Soy un siervo inútil, que cuando tu gracia me empuja hago obras buenas: sólo lo que tenía que hacer, y sin tu ayuda no podía. Sólo te pido continuar dedicando mi vida a servir: a ti y a los demás, en quienes estás tú.


WebJCP | Abril 2007