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viernes, 25 de noviembre de 2011

CATEQUESIS: I Domingo de Adviento (Mc 13,33-37) - Ciclo B: ESPERANDO AL SEÑOR QUE VIENE


Publicado por Catequistas.org

1. Lecturas de la palabra de Dios

El Señor viene, vigilad. Es la palabra de la Iglesia en esta jornada primera de Adviento, cuento comienza el año litúrgico y se comienza el ciclo de Navidad. Estad preparados que el Señor vendrá a salvarnos.



Primera Lectura. Is. 63, 16b-17; 64. 3b-8

El Profeta Isaías nos marca el camino de los anuncios proféticos sobre el Mesías. El Señor tiene sus caminos y envía sus mensajeros. Quiere que sus seguidores se mantengan en actitud de alerta, para que El pueda llegar y salvarnos.
“Porque tú eres nuestro padre,
porque Abraham no nos conoce
ni Israel se acuerda de nosotros.
¡Tú, Señor, eres nuestro padre,
"nuestro Redentor" es tu Nombre desde siempre!
¿Por qué, Señor, nos desvías de tus caminos
y endureces nuestros corazones para que dejen de temerte?
¡Vuelve, por amor a tus servidores
y a las tribus de tu herencia!
Cuando hiciste portentos inesperados,
que nadie había escuchado jamás,
ningún oído oyó, ningún ojo vio
a otro Dios, fuera de ti, que hiciera tales cosas
por los que esperan en él.
Tú vas al encuentro de los que practican la justicia
y se acuerdan de tus caminos.
Tú estás irritado, y nosotros hemos pecado,
desde siempre fuimos rebeldes contra ti.
Nos hemos convertido en una cosa impura,
toda nuestra justicia es como un trapo sucio.
Nos hemos marchitado como el follaje
y nuestras culpas nos arrastran como el viento.
No hay nadie que invoque tu Nombre,
nadie que despierte para aferrarse a ti,
porque tú nos ocultaste tu rostro
y nos pusiste a merced de nuestras culpas.
Pero tú, Señor, eres nuestro padre,
nosotros somos la arcilla, y tu, nuestro alfarero:
¡todos somos la obra de tus manos!
No te irrites, Señor, hasta el exceso,
no te acuerdes para siempre de las culpas.
¡Mira que todos nosotros somos tu Pueblo!


Segunda Lectura. 1 Corintios 1. 3-9

También el Apóstol Pablo no va a decir que los cristianos debe pensar en la venida del Señor, la que el anunció para el final de los tiempos. Con sentido apostólico recomienda el Apóstol vigilancia y esperanza
“Hermanos. Gracia a vosotros y paz de parte de Dios, Padre nuestro, y del Señor Jesucristo.
Doy gracias a Dios sin cesar por vosotros, a causa de la gracia de Dios que os ha sido otorgada en Cristo Jesús, pues en él habéis sido enriquecidos en todo, en toda palabra y en todo conocimiento, en la medida en que se ha consolidado entre vosotros el testimonio de Cristo.
Así, ya no os falta ningún don de gracia a los que esperáis la Revelación de nuestro Señor Jesucristo.
El os fortalecerá hasta el fin para que seáis irreprensibles en el Día de nuestro Señor Jesucristo.
Pues fiel es Dios, por quien habéis sido llamados a la comunión con su hijo Jesucristo, Señor nuestro.


Tercera Lectura: Marcos 13, 33-37

Jesús nos avisa de lo que la vigilancia es una riqueza que deben cultivar todos los hombres que siguen los caminos divinos. Dios puede venir a pedirnos cuanta de nuestra vida en cualquier momento. Hay que estar preparados en todo momento.
En aquel tiempo Jesús dijo: Tened cuidado y estad prevenidos, porque no sabéis cuándo llegará el momento.
Sucederá como si un hombre que se va de viaje, deja su casa al cuidado de sus servidores, asigna a cada uno su tarea, y recomienda al portero que permanezca en vela.
Estad prevenidos, entonces, porque no sabéis cuándo llegará el dueño de casa, si al atardecer, a medianoche, al canto del gallo o por la mañana.
No sea que llegue de improviso y os encuentre a todos dormidos.
Y esto que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡Estad siempre preparados!”

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2. Comentario

La liturgia de hoy proclama gozosamente el gran anuncio: "El Señor vendrá… Pero hay que estar preparados para su llegada”. No estamos solos en la vida y en el mundo. Dios nos considera sus amigos y vendrá a buscarnos.


La venida salvadora de Jesús es la primera venida que vamos pronto a celebrar. Porque Jesús, el Salvador, ya ha venido.
Ya estamos salvados. Pero queda la conformación eterna, la segunda venida, la final, que será la que consagrará la dimensión eterna de nuestra vida.


La palabra del Señor es clara: “Estad atentos, estad preparados”. Es el sentido del Evangelio de este domingo, en donde se invita a permanecer siempre en actitud de espera, porque no sabemos cuándo vendrá el Señor. Lo único de lo que estamos ciertos es que vendrá….


Por eso, el Adviento que hoy comienza, es decir el tiempo de preparación a la Navidad, quiere despertar en los cristianos la esperanza gozosa de que se aproxima ya el Señor. En estas semanas se recuerda el tiempo largo en el que la humanidad estuvo a la espera del Mesías. Y se alude a que, cuando llegó, no le conocieron muchos de los que le esperaban sin vigilancia. Sin embargo sus amigos, aquellos que El mismo había elegido para formar su Iglesia, sí lo descubrieron a tiempo y quedaron sellados como pertenecientes a su comunidad, a su Iglesia, al Reino que el inauguró con su gran sacrificio salvador.


Comenzamos, pues, un tiempo de esperanza. Es tiempo de espera, tiempo de confianza en Dios. El Señor el que llega y no viene de paseo. Viene para transforma el mundo. Y debemos todos decir las palabras de la Iglesia: ¡Ven a salvamos, Señor! ¡Vuelve a nuestros corazones y perdona nuestros pecados!
Tenemos que pedir perdón para prepararnos adecuadamente a celebrar las fiestas navideñas que se aceran. Pedir perdón y asumir actitudes de conversión. Muchas veces no hemos salido a su encuentro, porque hemos olvidado su venida. Nos hemos metido en nosotros mismos, sin recordar que El nos ha enviado al mundo para anunciar a todos los hermanos la gozosa noticia de su llegada y de la salvación que El nos trajo.


San Pablo nos recuerda en esta jornada que la espera tiene que ser apoyada por las buenas obras. Hay que saber dar gracias a Dios por los dones recibidos, pero hay que saber ponerlos al servicio de los demás hombres del mundo.


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El Adviento es tiempo de compromiso, no sólo de espera. El Señor viene y debemos salir a su encuentro cada día. No podemos permanecer dormidos, sino que debemos estar vigilantes. Es el primer deber de los que aman a Dios. La actitud de espera implica amor, y el amor no duerme, siempre vela
.
Permanecer en vela significa tener encendidas las lámparas, estar despiertos con un corazón atento para percibir el paso del Señor. El viene y quiere encontrarse con nosotros.


Vigilar es ver y oír en la noche la venida del Señor, apaciguar los ruidos y crear silencio en el corazón, dominar los deseos egoístas y servir generosamente a los hombres. Eso hace posible la escucha de la palabra del Señor y abre la posibilidad de conservarla en el corazón. Quien duerme ni ve ni oye. Vigilar significa también estar activo; sólo quien se entrega a un quehacer, aleja el sueño. El quehacer cristiano es vivir y dar testimonio del Evangelio. La vigilancia nacida de la fe, lleva consigo las obras buenas de quien espera.


A la entrada del nuevo año litúrgico, la Iglesia nuestra Madre, nos pone en los labios y en el corazón esa plegaria del profeta Isaías, para que la hagamos nuestra, para que desde lo más profundo de nuestro ser le digamos al Señor que es nuestro Padre, para que le preguntemos que por qué nos alejamos de Él, y por qué el corazón se endurece y se torna insensible al amor divino, impávido ante la terrible amenaza de un castigo eterno.


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Es preciso que por los buenos ejemplos y los testimonios fieles se proclame las grandezas del Señor. La fuerza de la fraternidad evangélica es el camino para que todos reaccionemos ante el mal y ante la indolencia. Sólo así nos convertiremos a Dios. El poder destructor del pecado nunca puede ser más fuerte que el amor, que es la única fuerza capaz de derretir las rocas. El amor divino, que Isaías recuerda en las lecturas de este Domingo, es lo que logrará mover nuestro corazón.
No podemos olvidar que somos cristianos. Dios nos ha llamado a participar de su propia vida. Ha querido que seamos hijos suyos y lo somos por nuestro amor y por nuestras buenas acciones. Nuestra vida humana ha sido traspasada por la vida de Dios. Y sin dejar de ser hombres, hemos venido a ser hijos suyos. Nuestra vida pequeñita y estrecha se ha ensanchando hasta los límites más insospechados que podamos soñar. Es el fruto de la misericordia divina
Y Dios es fiel, no se arrepiente de habernos elegido. Su amor no se enfría ni se apaga. Él no se cansa de querernos y de ayudarnos. Día tras día sigue llamando a nuestra puerta para que le dejemos entrar en la intimidad de nuestros más hondos entresijos de nuestro ser... Dios está para nacer en un pobre rincón de Belén y hay que preparar su llegada. Es el advierto. Hemos de corresponder a su incansable amor con la renovación constante del nuestro, con la lucha denodada por serle también siempre fieles.


El tiempo litúrgico que ahora comenzamos nos va a permitir actualizar esto sentimientos. Ante nuestra mirada de creyentes comienza a desplegarse el Misterio de Cristo, su vida y su palabra. Hechos y dichos del Hijo de Dios, venido hasta la tierra como hombre y Dios verdadero. Acontecimientos y enseñanzas que se agolpan en el recuerdo para encender nuestro entusiasmo, nuestra fe y nuestro amor, nuestra esperanza sobre todo.


Sí, el Adviento es un período para reavivar la esperanza, la certeza de que un día, mañana quizá, Jesús volverá hasta nosotros. Llegará como en Belén, calladamente, con la misma sencillez y ternura de entonces, con la misma humildad. Y como entonces para unos, los pastores y los magos, será motivo de alegría íntima, intensa; para otros, Herodes y Jerusalén, será ocasión de temores y recelos, de ansias y de angustias

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3. Modelo de Catequesis

1. Experiencia

Hacer una lista de momentos de espera y de esperanza en nuestra vida… Esper5ar un tres… esperar la hora de entrada en la clase… esperar una fiesta cumpleaños… Entre todos hacemos una lista de al menos 10 casos de espera y de esperanza…
Luego tratamos de explicar lo que es la espera y lo que es la esperanza… Lo que es un tiempo sin hacer otra cosa que esperar y lo que es ser una persona de esperanza…

2. Reflexión

Pensar lo que era el pueblo de Israel en espera de que viniera la salvación… Por ejemplo, analizamos tres hechos de esperanza.. Abraham esperaba un hijo, pues Dios se lo había prometido. Y llegó Isaac….
Los Israelitas esperaban ser liberados de Babilonia cuando fueron llevado a como desterrados. Y llegó la salvación…
En tiempo de Jesús los judíos estaban dominados por los romanos. Esperaban un Redentor… Llegó Jesús y no se dieron cuenta.

3. Acción

Vamos a recoger el Nuevo Testamento y vamos a buscar en grupos un hecho o unas palabras de Jesús sobre lo que es la esperanza. Luego vino Jesús y no le descubrieron. Pero sus amigos se fueron dando cuenta, después de que murió y de que resucitó, que había llegado la salvación y que una nueva época había empezado en la Historia de la Humanidad…
Tratamos de entender lo que va a ser el tiempo que precede a Navidad, como recuerdo de la esperanza de miles de años en los hombres.

4 Colaboración

Se puede hacer un trabajo de grupo hermoso sobre cómo celebrar durante cuatro semanas la esperanza de la venida del Señor. Se propone por cada grupo una consigna o práctica de vida cristiana para la semana y se encarga el grupo de recordarlo en momento oportuno.
De momento se prepara una ilustración, un cartel, un eslogan, para poder ponerlo a la vista de los demás. De momento se explica a los demás grupos y se reclaman criterios y reacciones

5. Interiorización

De momento se termina con una plegaria hecha a base de las lecturas que en este domingo primero de Adviento se proponen por parte del a Iglesia… Se leen algunos fragmentos del Profeta Isaías… y se deja un tiempo para pensar. Se termina leyendo el texto evangélico

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4. Ejercicios para la catequesis


- De Pequeños

Dibujar en forma de grupos unos símbolos del adviento: garita de un centinela, un camino hacia la noche, un tren parado, un reloj, una parada de autobús… etc. Hay otros símbolos que impliquen que se espera a alguien…. Cada uno los puede explicar al grupo de compañeros… Y luego se hace una exposición con los símbolos dibujados por todos.
El catequista o el profesor aprovechan para despertar el sentido de la espera, que el Adviento implica.

- De medianos

Se buscan una serie de textos de profetas en donde consta las ideas del adviento: anuncio, espera, redención, pecado, misericordia divina, etc. Para ellos se pone a disposición de los escolares o de los catequizandos una Biblia por grupo
De cada texto se prepara un breve artículo simulado para un periódico. Como no se van a poder publicar, se dejan los artículos prendidos en la cartelera, la habitual o una improvisada.


- De Mayores y Preadolescentes

Se recoge el texto de Isaías de este domingo, se fotocopia y luego se divide en fragmentos que deben ser explicados por cada uno que lo recoge en una cesta o platillo… Se relaciona cada fragmento con el texto del Evangelio que todos deben tener delante.
Cada uno que recoge un fragmento y trata de explicarlo, se asocia a un grupo, una profesión o una persona conocida… Después de exponerlo ante los compañeros el que le toque en suerte hacerlo, se abre el turno de aportaciones de los demás y se afina, con el comentario del catequista o del profesor, lo que entre todos se dice.

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Complementos para la reflexión


Términos del Diccionario de Catequesis


Responsabilidad. Adviento, esperanza,


espera, profecía, profeta, redención,


salvación, soledad, venida de Jesús,



Libros interesantes


Acercarse a Jesús. Adviento y Navidad. José Maria Torras . Madrid. Rialp. 1998


Al caer de la tarde: reflexiones para tiempo de advierto Cristina González. Bilbao. Desclée de Broker. 2005


Señor y Cristo: curso de Cristología. José Antonio Sayés. Madrid. Palabra. 2005


El lado humano de Jesús- José Salvador. Madrid. Edibesa. 2002


Adviento, es espera. Maria Victoria Molins y Pilar Rodríguez. Madrid. Ed. STJ. 2001


Adviento , semana a semana: catequesis, celebración, vida. José Alegre. Madrid. CCS. 1001


WebJCP | Abril 2007