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MISIONEROS EN CAMINO: Evangelio Misionero del Día: 06 de Octubre de 2011 - XXVI I Semana del T.O - CICLO A
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miércoles, 5 de octubre de 2011

Evangelio Misionero del Día: 06 de Octubre de 2011 - XXVI I Semana del T.O - CICLO A


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 11, 5-13

Jesús dijo a sus discípulos:

Supongamos que alguno de ustedes tiene un amigo y recurre a él a medianoche, para decirle: «Amigo, préstame tres panes, porque uno de mis amigos llegó de viaje y no tengo nada que ofrecerle», y desde adentro él le responde: «No me fastidies; ahora la puerta está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados. No puedo levantarme para dártelos».
Yo les aseguro que aunque él no se levante para dárselos por ser su amigo, se levantará al menos a causa de su insistencia y le dará todo lo necesario.
También les aseguro: pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá. Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá.

¿Hay entre ustedes algún padre que da su hijo una serpiente cuando le pide un pescado? ¿Y si le pide un huevo, le dará un escorpión?
Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a aquéllos que se lo pidan!

Compartiendo la PalabraEnlace
Por Conrado Bueno, cmf

Llenos de confianza

La oración de petición de gracias parece que pasa también por una crisis. Es necesario elevar un elogio de la oración de petición. Es connatural al hombre sentirse débil, necesitado, finito. Me siento enfermo y acudo al médico; me siento indigente y vuelvo los ojos a Dios Padre. Cuántas veces repetimos con la liturgia cristiana: “Señor, ten piedad de mí”. No seamos tiquismiquis tildando de egoísmo este modo de orar. Pero si muchas veces lo que pedimos es para los demás.

El evangelio se llena hoy de parábolas e imágenes. La insistencia en la oración del amigo que llega a medianoche; la bondad de los bienes de Dios que nunca se parecerá al que da una serpiente si se le pide un pez. La comparación con el hombre que sabe dar cosas buenas. ¡Cuánto más el Padre!

En resumen, el hombre “indigente, perdido y en la calle”, “pide, busca y llama”. Al final, el Padre Dios “nos dará, nos ayudará a encontrar y nos abrirá”. No somos amigos impertinentes, somos sus hijos.

El mismo Jesús nos da ejemplo. En Getsemaní y en la hora suprema, suplica: “Pase de mí este cáliz”, “Padre, tengo sed”. Con el salmista, y con Jesús, exclamamos, llenos de confianza: “Cuando te invoqué me escuchaste”.

Es cierto que Dios conoce nuestras necesidades, pero le gusta que se las presentemos. No pedimos para que Dios se entere sino porque, así, nos lo creemos más, nos colmamos de confianza, y hasta se nos cambia el corazón. Acaso, sentimos también el silencio de Dios ante nuestra petición. “Dios no me escucha”, decimos. Pero no perdemos la paciencia. Lo apunta el Evangelio: al menos, siempre nos dará el Espíritu Santo, “Don en tus dones espléndido”.


WebJCP | Abril 2007