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MISIONEROS EN CAMINO: Materiales litúrgicos y Catequéticos: XXVII Domingo del T.O. (Mt 21,33-43) - Ciclo A
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jueves, 29 de septiembre de 2011

Materiales litúrgicos y Catequéticos: XXVII Domingo del T.O. (Mt 21,33-43) - Ciclo A



Monición de entrada

(A)

Quien de verdad quiere llevar una vida cristiana, debe de saber que su existencia y su razón de ser, están ligadas a dar buenos frutos, frutos que no son para Dios sino para conseguir una vida más feliz para cada uno de nosotros y para quienes nos rodean. Dar frutos es dar vida, comunicar vida, rescatar la vida, dignificar la vida… por eso, junto al salmista le pedimos ayuda a Dios: “ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra plantó y que tú hiciste vigorosa…”. No permitas que nos sequemos.

(B)

Los seguidores de Jesús nos volvemos a reunir, porque nos importa lo que Él nos propone, la causa que Él lleva adelante. De ahí que su Palabra es Buena Noticia para la Comunidad Cristiana, para todos nosotros.

La necesidad de dar BUENOS FRUTOS es, una y otra vez, la llamada que el Señor dirige a todos los suyos, porque, aunque lo intentamos de verdad, nunca acabamos de conseguirlo, y somos como la vid, que en lugar de dar uvas, damos agrazones; o que en lugar de ayudar y cargar las cruces de los demás, ponemos otras sobre sus hombros; o que en lugar de defender la justicia y lo que es noble, nos conformamos con pasar inadvertidos. El mundo, la Iglesia, las parroquias… lo que necesitan no son “los cumplidores”, sino los testigos; no los “muy católicos”, sino los que son un poco más practicantes.



(C)



El nuevo pueblo de Dios se hace especialmente visible en la preparación y celebración de su fe en la Eucaristía. En ella ilustramos nuestra fe con la palabra de Dios y la fortalecemos con el cuerpo de Cristo. La palabra de Dios suena con acentos duros, casi estridentes, en estos últimos domingos del año eclesiástico, pero es mensaje de Dios dicho con amor y con amor debemos escucharlo. Por encima de todo serio aviso o señal de alarma está la incuestionable certeza de la misericordia divina. ¿Ha rechazado Dios definitivamente a su pueblo? ¿Qué frutos espera él de su Iglesia? Son preguntas con que nos interpela la palabra en la liturgia de hoy. Comenzamos proclamando nuestra fe en la misericordia divina.



Pedimos perdón



(A)



Nos acercamos a Dios, nuestro Padre, que nos ha hecho hijos suyos, y le pedimos de todo corazón que perdone nuestras culpas:


· Tú, que has venido a anunciarnos el amor del Padre. Señor, ten piedad.

· Tú, que has venido a traernos el perdón de Dios. Cristo, ten piedad.

Tú, que has venido para darnos la vida para siempre. Señor, ten piedad.



Dios, que es todopoderoso en amor, tenga misericordia de nosotros, perdone todos nuestros pecados, y nos lleve a la vida eterna.



(B)



- Dios Padre, tú eres el dueño de todo, tú enviaste a tu viña a tu propio Hijo. ¡Señor, ten piedad!

- Tú nos reúnes en la viña de tu Iglesia de la que esperas frutos del Espíritu. ¡Cristo, ten piedad!

- Los frutos del Espíritu son servicialidad, amabilidad, alegría y paz. ¡Señor, ten piedad!





Escuchamos la Palabra





Monición a las lecturas

Las lecturas que ahora escuchamos, contienen una gran belleza poética y pedagógica, aunque en ocasiones nos parezcan palabras duras o difíciles de comprender, están escritas para enseñarnos el mejor camino hacia una vida digna y feliz, el camino que nos lleva a Dios.

Ojalá descubramos, en la Palabra de Dios, lo que cada uno necesita.



Lectura del profeta Isaías



Voy a cantar en nombre de mi amigo un canto de amor a su viña.
Mi amigo tenía una viña en fértil collado.
La entrecavó, la descantó y plantó buenas cepas;
construyó en medio una atalaya y cavó un lagar.
Y esperó que diese uvas, pero dio agrazones.
Pues ahora, habitantes de Jerusalén, hombres de Judá,
por favor, sed jueces entre mí y mi viña.
¿Qué más cabía hacer por mi viña que yo no lo haya hecho?
¿Por qué, esperando que diera uvas, dio agrazones?
Pues ahora os diré a vosotros lo que voy a hacer con mi viña:
quitar su valla para que sirva de pasto,
derruir su tapia para que la pisoteen.
La dejaré arrasada: no la podarán ni la escardarán,
crecerán zarzas y cardos, prohibiré a las nubes que lluevan sobre ella.
La viña del Señor de los Ejércitos es la casa de Israel; son los hombres de Judá su plantel preferido.

Esperó de ellos derecho, y ahí tenéis: asesinatos; esperó justicia, y ahí tenéis: lamentos.



Palabra de Dios







SALMO RESPONSORIAL

R/ La viña del Señor es la casa de Israel.





+ Lectura del santo evangelio según San Mateo



En aquel tiempo dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los senadores del pueblo: “escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores para recibir los frutos que les correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro la apalearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último, les mandó a su Hijo diciéndose: "Tendrán respeto a mi Hijo". Pero los labradores, al ver al Hijo se dijeron: "Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia." Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores? Le contestaron: 'Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a sus tiempos.» Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: "La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular." Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente"? . Por eso os digo que se os quitará a vosotros el Reino de los Cielos y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.”



Palabra del Señor









Evangelio Dialogado (Niños)



Narrador: Como había muchas personas importantes entre los judíos que rechazaban a Jesús y sus enseñanzas, Jesús les puso esta parábola:



Jesús: Un agricultor muy importante tenía una gran finca. Y en ella plantó una viña. La puso una cerca para que no entraran los animales, hizo en ella un lagar para hacer el vino de las uvas que recogiese y construyó una caseta para el guarda.

Pero, como tuvo que hacer un viaje muy largo, encargó a unos labradores que cuidaran aquella viña.

Cuando llegó el tiempo de recoger las uvas, el dueño dijo a unos de sus criados:

Dueño: Id a la viña a recoger los frutos que me corresponden.

Jesús: Pero los labradores apedrearon y apalearon a los criados, incluso a alguno lo mataron.

Por segunda vez, mandó a otros criados, pero los labradores hicieron lo mismo.

Entonces el dueño de la viña pensó:

Dueño: Voy a mandar a mi hijo. Al menos, a él le respetarán.

Jesús: Pero cuando los labradores vieron al hijo lo agarraron, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron.

Narrador: Después de contarles esta parábola Jesús preguntó a los que le escuchaban:

Jesús: ¿Qué pensáis que hará el dueño de la viña con aquellos labradores, cuando vuelva de viaje?

Narrador: Todos dijeron que los castigaría, les quitaría la viña y se la dejaría a otros labradores que entregasen los frutos a su tiempo.



Palabra del Señor.





Homilías



(A)



José Luis Martín Descalzo, cuenta algo muy bello. Se trata del conocido escritor “José María Gironella”, quien el 6 de enero de 1936, siendo todavía un muchacho, debió de huir de su querida Gerona, atravesando los pirineos que separan a Francia y España. Su mismo padre le acompañó hasta la frontera. Al pasar, la gerdarmería francesa le detiene y le registra.

Con gran sorpresa, José María se encuentra con un papelito escrito por su padre y metido a hurtadillas en el bolsillo del pantalón. Sólo contenía una frase: “No mates a nadie, hijo. Tu padre, Joaquín”.

Martín Descalzo comenta el hecho diciendo “Aquel hombre sabía la verdad: matar es mucho más mortal que morir. Se mueren mucho más los que matan que los que caen muertos. “Joaquín no quería que su hijo regresara con el alma muerta y el corazón convertido en quién sabe que piedra”.



Me viene el recuerdo de esta historia, hoy que leemos este Evangelio de los “viñadores homicidas”. Y hasta se me ocurre que, al bautizarnos, en vez de esas velas de recuerdo, a todos nos debieran meter un papelito en el bolsillo del corazón que dijese solamente esto: “Hijo, no mates a Dios en tu corazón”. No sólo los hombres corremos el peligro de que nos maten. También Dios hoy está en peligro. Y desde que F. Nietsche se atrevió a ponerle ya el epitafio de muerto todos le seguimos matando de una manera u otra.



Es la gran tentación de la cultura actual. Matar a Dios. Silenciar a Dios. Porque sólo así el hombre y el mundo podrán lograr su verdadera libertad e independencia. Desde que el hombre descubre su libertad y autonomía, su gran tentación es la de eliminar a Dios. Para ellos, Dios es el gran enemigo del hombre y de su libertad. Matar a Dios para que viva el hombre.



Pero, como decía Martín Descalzo, más muere el que mata que el que muere. Y cuando matamos a Dios, terminamos por morirnos nosotros mismos. Porque sin Dios ¿qué es y qué sentido tiene el hombre?” Destruida la brújula y destruido el faro, ¿a dónde nos dirigimos?



Hay muchas maneras de matar a Dios.

La primera, el silencio sobre Dios.

¿Se puede hablar de Dios hoy en la vía pública: en política, en economía, en la vida social? ¿Se puede hablar de Dios hoy en las reuniones de amigos, en las reuniones sociales? La segunda, es la indiferencia. El no ver que Dios tenga sentido en nuestras vidas y vivir como si no existiese. ¿Acaso el silencio y la indiferencia no matan más que las mismas armas?

Cuando siento que nadie habla de mí o cuando siento la indiferencia de los demás, siento que no existo para nadie.

El silencio sobre Dios es una de las formas de “matar a Dios” de nuestra cultura contemporánea… Pero silencio sobre Dios no sólo en la vía pública sino en el seno de las familias que se dicen cristianas…





En muchos hogares ya no se habla de Dios. Los niños no pueden aprender a ser creyentes junto a sus padres.

Nadie en casa les inicia en la fe. Sus preguntas religiosas resultan embarazosas y son pronto desviadas hacia cosas más prácticas. Lo que se transmite de padres a hijos no es fe, sino indiferencia y silencio religioso.

No es, pues, extraño que encontremos entre nosotros un número cada vez más elevado de niños sin fe. ¿Cómo van a creer en Aquel de quien no han oído hablar? ¿Cómo se va a despertar su fe religiosa en un hogar indiferente?

La actuación de los padres es diversa. Hay algunos a los que no les preocupa en absoluto la fe de sus hijos. Hace tiempo que ellos mismos se instalaron en la indiferencia. Hoy no saben si creen o no creen.¿Qué pueden transmitir a sus hijos?

Hay también padres que, aun sintiéndose creyentes, dimiten fácilmente de su propia responsabilidad y lo dejan todo en manos de los colegios y catequistas. Parecen ignorar que nada puede sustituir el ambiente de fe del propio hogar y el testimonio vivo de unos padres creyentes.

Pero hay también padres preocupados, que no saben qué hacer en concreto. Padres que buscan apoyo y orientación y no siempre lo encuentran. Puede ser oportuno recordar algunas cosas sencillas pero básicas.

Lo más importante es que los hijos puedan comprobar que sus padres se sienten creyentes.

Que puedan intuir que Dios es alguien importante en su vida, que la fe les anima a vivir de manera positiva y les sostiene en los momentos de sufrimiento y prueba.

Pero no es posible transmitir lo que no se vive. No se puede enseñar a rezar al hijo cuando uno no reza nunca. No se le puede explicar por qué el domingo es fiesta si en casa no se celebra ese día de manera cristiana. No se le puede hablar en serio de Jesucristo si el hijo nunca nos va a ver leer el Evangelio.

La fe o la increencia de las nuevas generaciones se juega en buena parte en la familia. En el Evangelio se nos hace una invitación que los cristianos no debiéramos olvidar nunca: «Este es mi Hijo amado. Escuchadlo».

Quizá necesitemos recordar que ser cristiano es vivir escuchando a Jesús.

También los niños están llamados a escucharlo. Pero difícilmente lo podrán hacer si nadie les habla de El. No “matemos” la posibilidad de que Dios sea conocido y querido por nuestros pequeños, pues seguro que es el mejor compañero y la mejor herencia que les podemos dejar…




(B)



Entre todos los que estamos aquí, ¿habrá alguien que se haya dado por aludido, al escuchar este evangelio? Repito...

¿alguien de todos nosotros se ha sentido aludido? Seguramente hemos escuchado, una vez más, el evangelio como una historia que sucedió, o una parábola que dirigió Jesús a los judíos, pero que nada tiene que ver con nosotros.

No debemos olvidar que el evangelio es tan actual como lo que estamos viviendo cada día. No es sólo para aquel tiempo, sino para cada día y cada persona.

Esta parábola, por ejemplo, está reflejando perfectamente nuestra vida y nuestra actitud cristiana. La viña es el mundo, el Reino de Dios, y nosotros somos esos labradores.

Yo no sé en qué nos hemos podido basar los cristianos durante mucho tiempo para creernos mejores que los demás. ¿Será por asistir a Misa? ¿Por estar bautizados? ¿Por rezar? ¿Por creer en Dios?.. Si nuestra fe sólo se reduce a eso, si los frutos que está dando nuestra fe son sólo esos, no estamos haciendo gran cosa para que este mundo nuestro sea de verdad el Reino querido por Dios para todos los hombres. El culto y la alabanza que Dios quiere es que los hombres y las mujeres, todos, seamos solidarios, vivamos unidos y comprometidos en construir aquí un mundo más justo: donde nadie se sienta despreciado, ni nadie pase necesidad...

Y, ya estamos viendo qué clase de sociedad y qué clase de pueblo estamos haciendo entre todos: todo lo contrario de lo que Dios tiene planeado.

A Dios le pasa lo que aquel amigo con su viña...que fue a coger uvas y se encontró con agrazones...

Nuestro amor a Dios se mide y se valora por el amor a los demás...En esto conocerán que sois discípulos míos...

Los cristianos, los malos cristianos, los cristianos egoístas...son los mayores enemigos del cristianismo.

"Si Dios existe, tiene que ser como tú", le dijo un anciano, pobre y ateo, a Abbé Pierre, después de haberle ayudado a conseguir ladrillos y a arreglar su chabola después de una ventolera que se la destrozó.

"En su mano beso la mano de Dios que cuida de mí", decía un anciano moribundo a una Misionera de la Caridad que le ayudaba a bien morir.

El cristiano verdadero es el que se muestra siempre en la vida como buen samaritano...siempre inclinado sobre el malherido, el que sufre, el que se encuentra solo, el pobre.

Me impresionó en mis primeros años de sacerdote el símil del P. Lombardi: "Se reúnen unas cuantas vecinas para recibir clases de labores. Después de un tiempo, deciden reunirse para comer juntas un pollo asado. Aquel pollo asado es el comienzo de una gran amistad. Los cristianos compartimos todos los domingos el Cuerpo y la Sangre del Señor y seguimos tan alejados los unos de los otros como si nunca hubiéramos comido juntos...

Nuestro verdadero culto no se lo damos a Dios aquí en la

Iglesia, sino en la vida de cada día. Resultan altamente sospechosas las Eucaristías, a veces diarias, de tantas personas que, a pesar de celebrar juntos durante años y años el sacramento del amor y de la fraternidad...sigan tan alejados psicológicamente y hasta físicamente unos de otros... ¿qué frutos producen?..

Frutos de amor a los demás es lo que el Señor espera recoger de los labradores a quienes a arrendado la viña, de nosotros...



(C)



¿Qué hay que hacer en la vida para acertar? No es fácil responder, pero sin duda es una pregunta vital. ¿ Cómo hemos de vivir para que se pueda decir que nuestra vida es un acierto? Nos podemos equivocar en muchas cosas, pero, ¿no habrá algo en que hemos de acertar?

Se suele decir que para llenar una vida es necesario tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro. Sin embargo, yo conozco a personas que no han hecho ninguna de estas tres cosas y cuya vida me parece un acierto. Y conozco también a personas que han tenido hijos y han escrito libros y cuya vida no parece muy acertada.

Sin duda, hay mucha sabiduría popular en ese dicho, pues, en definitiva, cuando se habla de tener un hijo, plantar un árbol o escribir un libro, se está apuntando a algo fundamental. En la vida se acierta cuando se vive un amor fecundo, capaz de engendrar vida o hacer vivir a los demás. Sólo este amor justifica y llena una vida.

De ahí la dura amenaza que se escucha en el trasfondo de esa parábola de los viñadores que, lejos de entregar los frutos de su trabajo, dan muerte al hijo del dueño. Se les quitará todo para dárselo a otros labradores que «entreguen los frutos a su tiempo».

Hay muchas formas de «perder la vida». Basta dedicarse a hacer cada vez más cosas en menos tiempo, creyendo que por el hecho de «hacer cosas» se vive más. Es una equivocación. Por muchas cosas que uno haga, si vive sin amar y sin poner vida en las personas y en el entorno, estará vaciando su vida de su con- tenido más precioso.

Corre por ahí una reflexión de Luis Espinal, sacerdote jesuita, asesinado en 1980 en Bolivia. Dice así: «Pasan los años y, al mirar atrás, vemos que nuestra vida ha sido estéril. No la hemos pasado haciendo el bien. No hemos mejorado el mundo que nos legaron. No vamos a dejar huella. Hemos sido prudentes y nos hemos cuidado. Pero, ¿para qué? Nuestro único ideal no puede ser llegar a viejos. Estamos ahorrando la vida, por egoísmo, por cobardía. Sería terrible malgastar ese tesoro de amor que Dios nos ha dado.»

Recuerdo que, al morir Juan XXIII, aquel Papa bueno que introdujo en la Iglesia y en el mundo un aire nuevo de esperanza, de bondad y de convivencia pacífica, el cardenal Suenens pudo decir que «dejaba el mundo más habitable que cuando él llegó». De Jesús quedó este recuerdo: «Pasó toda la vida haciendo el bien.» A alguno le parecerá tal vez poco. Para el cristiano es el mejor criterio para vivir con acierto.





Oración de los fieles





(A)


Nos dirigimos a Dios Padre, que nos has dado la viña del mundo para seguir cultivándola. Pero si no le pedimos ayuda, ¿cómo podremos hacerlo?. Por eso le presentamos nuestras súplicas.


1.- Por la jerarquía de la Iglesia, para que no se sienta única dueña de la viña del Señor, así Dios podrá seguir abriendo nuevos caminos de liberación en la humanidad. Roguemos al Señor.

2.- Vivimos con la constante tentación de edificar nuestra vida sobre nosotros mismos. Para que descubramos al que es la piedra angular, Jesucristo, fundamento de nuestra fe. Roguemos al Señor.

3.- Durante toda la historia humana, Dios ha enviado mensajeros que anuncien con fuerza el Evangelio y despierten las conciencias. Para que escuchemos la voz de los profetas, la voz misma de Cristo, y no se endurezca nuestro corazón. Roguemos al Señor.

4.- En nuestro mundo hay muchas personas que se esfuerzan por establecer una convivencia unida y pacífica; para se sientan respetadas y libres a la hora de actuar. Roguemos al Señor.

5.- Para que en nuestra comunidad cristiana, surjan personas valientes, testigos del Evangelio, que nos ayuden a salir de la rutina, de la apatía y de la comodidad. Roguemos al Señor.

6.- Una de las preocupaciones centrales de todo el proceso educativo, es educar en la esperanza, ella llena de fuerza la vida, transmite una gran capacidad para el crecimiento personal, es capaz de contagiar ideales humanos; para que lo logremos a base de una relación estrecha e intensa con Jesús.



Escucha, Señor, las oraciones que tu pueblo te dirige confiadamente. Por JNS.



(B)



Señor, Dios nuestro: Tu nos buscas y sales a nuestro encuentro con amor apasionado. Por eso, te invocamos:


1- Por todo el Pueblo de Dios: seglares y religiosos, para que seamos sal y luz en el mundo. "Roguemos al Señor".

2- Que hagamos realidad en nuestra vida diaria la comunidad de fe, esperanza y amor que decimos profesar. "Roguemos al Señor".

3- Que no descuidemos nuestra tarea de construir en la tierra el Reino de Dios. "Roguemos al Señor".

4- Por todos los que luchan por hacer un mundo mas justo, más humano, más solidario. “Roguemos al Señor”.



Señor y Dios nuestro, ayúdanos en nuestra debilidad, para que todo lo que te pedimos sea pronto una realidad. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.



(C)



Presentemos a Dios nuestras peticiones, en la súplica con acción de gracias, con toda la Iglesia.



Todos: Señor, danos tu paz.



1. Para que la Iglesia promueva la paz y la reconciliación entre los pueblos. Oremos.

2. Para que los dirigentes emprendan con decisión el desarrollo de los países empobrecidos. Oremos.
3. Para que cese el expolio de la naturaleza y se conserven sus bienes como patrimonio de la humanidad. Oremos.

4. Para que las relaciones de trabajo estén basadas en la justicia, la dignidad de la persona y la armonía. Oremos.

5. Para que las actividades de nuestra comunidad a lo largo del año promuevan el entendimiento y alienten la esperanza. Oremos.



Danos tu paz, Señor; y haznos humildes para saber agradecértela. Por Jesucristo nuestro Señor: AMÉN.





Ofrendas



A. PRESENTACIÓN DE UNA CEPA



(Fuera de las comarcas agrarias donde se cultivan las vides será difícil encontrar este símbolo. Se puede, sin embargo, sustituir por cualquier otro tronco o por una planta.)



Señor, yo te traigo hoy, en nombre de toda la comunidad, este tronco, es el símbolo de tu Iglesia, la nueva viña, que tú has plantado, cuidado con todo esmero, vallado para no ser pisoteada y enriquecida con la casa del vigilante y el lagar. Somos conscientes del amor con que la has regalado. Pero somos también conscientes de la responsabilidad de nuestra respuesta. Por eso, te pedimos tu gracia, para que no seamos como tu viejo pueblo, infieles a tus palabras y deseos. Haz crecer a la Iglesia en frutos abundantes de justicia y amor, los que Tú quieres que produzca.



B. PRESENTACIÓN DE UNA PIEDRA



Mira, Señor, yo te traigo esta piedra, símbolo de la piedra angular, que es tu Hijo Jesucristo para la Iglesia. Sin él la construcción entera se vendría abajo. No permitas que tu Iglesia se olvide de ello. Haznos tener siempre presente que él es la clave de la existencia de la Iglesia. No tenemos otro Señor, a pesar de que, con frecuencia, busquemos sutitutivos a nuestra medida. Que todo lo nuestro sea en obediencia y para la alabanza de tu Hijo Jesucristo, la piedra clave de la bóveda de tu Iglesia.



C. PRESENTACIÓN DE UN INSTRUMENTO DE LABRANZA

(Tampoco es fácil, sobre todo en las ciudades, encontrar un tipo de instrumento de este estilo, tan específico del mundo rural. Por eso, podría ser sustituido por cualquier instrumento de jardinería.)



Aquí tienes este instrumento relacionado con el cuidado de las plantas o del campo. Es símbolo del trabajo de los viñadores, a los que Tú has confiado el cultivo de tu viña. Señor, nosotros somos esos labradores, que hemos de cuidar, y con esmero, tu Iglesia. Somos conscientes de nuestro trabajo en favor de la Iglesia. A veces preferimos nuestra comodidad, y nos olvidamos de nuestras responsabilidades. Haznos despertar. Que no echemos nuestro hombro para atrás cuando se trata del trabajo en favor de la comunidad. Que no abandonemos nunca el trabajo en tu Iglesia y en favor de ella, y que tomemos conciencia, además, de que cuanto hacemos por tu Iglesia es en favor del mundo y de todos los hombres.



D. PRESENTACIÓN DE UN RACIMO DE UVAS


Señor, yo te traigo hoy este racimo de uvas, símbolo de nuestros frutos que, ojalá, sean tan abundantes y tan saludables como Tú deseas de tu Iglesia, de nuestra comunidad y de cada uno de nosotros. Haznos tomar conciencia de que los frutos que te gustan son nuestras obras de amor y de justicia en favor de los hombres. Que no nos entretengamos distraídos en producir tan sólo frutos de devoción, que, además, complican nuestros corazones, haciéndonos caer en la tentación farisaica de que nos salvamos por el esfuerzo nuestro del cumplimiento externo de la ley. Que todas nuestras actividades y proyectos vayan encaminadas a luchar y defender la justicia, los derechos humanos y el desarrollo integral de las personas. Danos, Señor, suficiente sensibilidad, para hacernos presentes allá donde se suscita un problema y una necesidad humana.





Prefacio…



Te damos gracias, Señor,

porque haces cosas maravillosas

para darnos a conocer lo bueno que eres.



No sólo a los buenos sino también a los malos

les concedes días repletos de flores, de frutos

y de muchas cosas buenas,

para que las admiremos

y juntos gocemos de ellas.

Como Padre bueno

tienes paciencia con los que caen en el pecado

y esperas que se conviertan y sean mejores.



Por eso, Padre, estamos contentos y te damos gracias.

Nos unimos a todos los que creen en ti,

y con los santos y los ángeles te cantamos con gozo:



Santo, Santo, Santo...




Padre Nuestro



Vivir unidos, aunque seamos distintos y tengamos distintas ideas, debe ser el lema de hoy. Para llegar a esa meta, debemos ser alegres, comprensivos, amigos de todos. Vamos a pedir al Padre del Cielo que salga en nuestra ayuda si desfallecemos en esta tarea. Por eso juntos le decimos: Padre Nuestro ...



Nos damos la paz


Nuestro deseo en este momento es: trabajar con todas las fuerzas, para que reine la paz y la armonía entre todos. La paz que ahora pedimos a Jesús y nos deseamos unos a otros.

Que la Paz de Jesús esté con todos nosotros

Nos deseamos la Paz unos a otros...



Compartimos el pan


La convivencia, la armonía, solemos sellarla y rubricarla con una comida de amistad. Jesús nos invita ahora a su Mesa. Vamos a participar en su banquete de Fiesta y de Amistad.

Dichosos nosotros por haber sido invitados a su Mesa.

Señor, no soy digno de que entres en mi casa ...



Oración



Nos has arrendado la vida, Señor



Nos has dejado al cargo de este mundo,

somos los responsables de lo que ocurre alrededor,

de lo positivo y de lo negativo, en todo tenemos algo que ver,

nos vas a pedir cuenta de todo lo que acontece.



Nos avisas por profetas que nos recuerdan la verdad,

personas que denuncian las situaciones insostenibles,

noticias que nos informan del dolor de este mundo,

propuestas creativas para encontrar soluciones...

Pero nosotros gastamos el tiempo criticando a los profetas,

rechazando propuestas y criticándoles por soñadores.



Tú nos vas a interpelar por tantas cosas...

A nuestro alrededor hay injusticias,

a nuestro lado, junto a nosotros, alguien siente soledad,

hermanos vecinos que se sienten mal.



Tú nos susurrarás sus nombres.

Tú nos recordarás lo que podríamos haberles hecho,

pero nos conformamos con dejar todo como estaba...

Señor, no a los profetas, pero los enmudezco,

los callo, los silencio, los ignoro y los tapo.



Hoy quiero agradecerte por tantas personas

que me avisan con denuncias, quejas y propuestas;

quiero unirme al dolor de los otros, a la injusticia del mundo,

y ofrecerme a trabajar para que esto mejore.

Hoy quiero decidir dar frutos de Amor en mi vida,

hoy quiero empezar a responderte a Ti y a mis hermanos,

hoy quiero apartarme de la mediocridad,

y dejarme arrastrar por Ti a la plenitud.





Bendición y despedida



Hermanos: estamos terminando la celebración, y en el evangelio de hoy, Jesús nos ha invitado a dar frutos, allí donde nos encontremos: en la familia, entre los amigos, en el trabajo, en nuestro tiempo de ocio... Nosotros queremos que Él nos bendiga y haga fructificar lo mejor que su amor ha sembrado en nuestra tierra personal, ese amor que nos tiene que llevar a los hermanos, especialmente a los más débiles y necesitados. ¡Feliz semana de testimonio cristiano y de seguimiento de Jesús!



Para ello que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros. Amén.


WebJCP | Abril 2007