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MISIONEROS EN CAMINO: Materiales litúrgicos y Catequéticos: XXVI Domingo del T.O. (Mt 21,28-32) - Ciclo A
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sábado, 24 de septiembre de 2011

Materiales litúrgicos y Catequéticos: XXVI Domingo del T.O. (Mt 21,28-32) - Ciclo A



Monición de entrada

(A)

Estamos llamados por el Señor a reunirnos cada domingo para celebrar la Eucaristía.
Nosotros hemos aceptado su llamada y su invitación.
Y nos hemos reunido aquí, en el templo, dejando otras actividades y, acaso alguno, haya venido casi sin ganas de hacerlo.
Nuestra celebración es una respuesta positiva al Señor y una acción de gracias. También es una oportunidad para escuchar su Palabra y dejar que ella ilumine nuestra vida a lo largo de la semana. Con esta disposición comencemos esta celebración puestos en pie…

(B)

En el humano funcionar solemos decir que «cría fama y échate a dormir», pero a veces nos llevamos unos chascos tremendos. «¡Mira, mira con el buenecito, parecía que se comía los santos, que no había roto un plato, y mira por dónde nos sale! ¡Qué calladito se lo tenía!». Estos dobles comportamientos de las personas nos sublevan. Y, por otra parte, quizá todos nos encontramos reflejados en ellos en alguna ocasión de la vida no sé si en «el sí, pero no» o en «el no, pero sí» o en los dos. Muchos tenemos un santuario íntimo donde guardamos los secretos más protegidos: nuestras contradicciones.
Jesús cuenta una parábola que echa por los suelos «el vivir del cuento» o «el vivir de apariencias». Lo nuevo de Jesús es que revela que hay «mucha apariencia», «mucho escaparate» entre los que aparentemente han dicho rápidamente sí al Dios de su vida.
Anuncia Jesús que hay síes impresionantes (¡y mejores!) que vienen de los que aparecen como personas del no. La toma de postura de Jesús es fuerte: los que viven con la etiqueta de malos entrarán en el Reino de los cielos antes que muchos «considerados primeros y buenos».

(C)

Tened entre vosotros, nos dice San Pablo, los sentimientos propios de una vida en Cristo Jesús. La vida de cada día se va encargando unas veces de llenarnos de ilusión y esperanza, y otras las dificultades van mermando nuestra entrega y nos hacen «ir tirando», pero sin ese ánimo tan necesario. Los cristianos hemos de acudir una y otra vez a la Palabra de Dios para descubrir su potencial de vida; hemos de favorecer todo encuentro que ayude a sentirnos más personas; hemos de estar, también, pendientes de todo acontecimiento que se da en la vida, porque seguro que en esas situaciones nos sigue hablando Dios.
Bienvenidos seamos a esta celebración de nuestra fe.

Pedimos perdón

(A)

Es el momento de la sinceridad. Todos tenemos faltas y defectos. No lo vamos a disimular, vamos a pedir perdón a Dios sinceramente, y con el deseo de trabajar para enmendar nuestras vidas.

* Porque somos orgullosos y no vemos nuestras propias faltas y pecados. Señor, ten piedad.
* Porque somos envidiosos, lo queremos ocultar y no trabajamos para corregir nuestros fallos. Cristo, ten piedad.
* Porque nos gusta aparentar lo que no somos y disimulamos nuestra falta de personalidad. Señor, ten piedad.

(B)


La fidelidad de Dios nunca termina, aunque en nuestro actuar nos apartemos de su Amor. Mucho más, cuando vivimos lejos del Padre, Él se esfuerza en mayor medida para darnos su Amor. Reconocemos, pues, nuestras faltas de amor y de caridad.

- Cuando flaquean las fuerzas y los problemas nos hacen desconfiados y recelosos. SEÑOR, TEN PIEDAD...
- Cuando consideramos inferiores a las personas, sin respetar su grandeza y dignidad. CRISTO, TEN PIEDAD...
- Cuando nos encerramos en nuestras aparentes seguridades, sin dejarnos afectar por los demás. SEÑOR, TEN PIEDAD...


Escuchamos la Palabra

Monición a las lecturas

Tanto la primera lectura como el Evangelio, que ahora vamos a escuchar, nos recuerdan algo fundamental: Siempre estamos a tiempo de reconocer nuestros errores y de emprender el camino de la vida, el camino que nos conduce a Dios. Y Dios no se cansa de esperar.
Por eso, en el salmo, pediremos: “Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas.”


Lectura del libro de Ezequiel

Esto dice el Señor: Comentáis: no es justo el proceder del Señor. Escuchad, casa de Israel: ¿es injusto mi proceder?; ¿o no es vuestro proceder el que es injusto? Cuando el justo se aparta de su justicia, comete la maldad y muere, muere por la maldad que cometió. Y cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, el mismo salva su vida. Si recapacita y se convierte de los delitos cometidos ciertamente vivirá y no morirá.

Palabra de Dios


SALMO RESPONSORIAL
R/ Recuerda, Señor, que tu misericordia es eterna.



+ Lectura del santo Evangelio según San Mateo

En aquel tiempo dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «¿Qué os parece? Un hombre tenia dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: 'Hijo ve hoy a trabajar en la viña. Él le contestó: No quiero. Pero después se arrepintió y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: Voy, señor. Pero no fue. ¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre? Contestaron: “El primero”.
Jesús les dijo: «Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del Reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y aún después de ver esto vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis.»

Palabra del Señor



Evangelio Dialogado (Niños)

Narrador: En cierta ocasión Jesús hablaba con un grupo de personas importantes que se tenían por buenas y cumplidoras de las leyes religiosas judías, pero que Jesús sabía que no era así y les dijo:
Jesús: ¿Qué os parece esto que os vaya decir?
Narrador: Un hombre tenía dos hijos. llamó a uno y le dijo: "Vete a trabajar en la viña". Y el hijo le contestó:
Hijo: No quiero.
Narrador: Pero poco después este hijo se arrepintió y fue a trabajar.
Más tarde llamó al segundo hijo y le dijo lo mismo. Y este hijo le contestó a su padre:
Hijo: Ahora mismo voy. Pero luego no fue.
Narrador: Después de decirles esto, Jesús les preguntó a aquellas personas con las que hablaba:
Jesús: ¿Quien de los dos hijos hizo lo que quería su padre?
Narrador: Todos contestaron que el primero, el que había dicho primero que no, pero luego fue a trabajar.
Entonces, Jesús les dijo:
Jesús: Mirad, hay muchas personas a quien vosotros tenéis por pecadoras que son mejores que vosotros porque creen en Mí, se arrepienten y se esfuerzan por cumplir la voluntad de su Padre Dios; mientras que vosotros no creéis en Mí, ni os arrepentís de vuestras malas obras y no cumplís la voluntad de vuestro Padre Dios.

Palabra del Señor


Homilías

(A)

HOY SE CUMPLE ESTA PARÁBOLA
Jesús, buen observador, había visto lo que siempre ha existido y existirá en muchas familias: el hijo educado, de buenas palabras, que a cualquier indicación de su padre dice en seguida: "Faltaba más, papá; lo que tú mandes...". Pero luego se olvida o se hace el remolón. Y está, por otra parte, el hijo, de carácter un poco hosco, contestón, que a cualquier indicación del padre protesta: "¡Siempre me ha de tocar a mí; no me dejas en paz!". Pero, al final, reconsidera su actitud y cumple.
Jesús advierte que esta doble actitud la repetimos constantemente con respecto a Dios.
Hoy se dan también estas dos actitudes descritas por Jesús. Por una parte, estamos los cristianos practicantes que decimos al Señor: "Hágase tu voluntad", pero muchos después nos olvidamos del "sí" que hemos dado al Padre. En cambio, hay otros que "pasan" de la práctica religiosa, que no quieren rezar el padrenuestro, pero que visitan enfermos, ayudan a los chicos de la calle, a los vecinos... Jesús denuncia insistentemente la incoherencia de la vida.

FORMAS DE MENTIR RELIGIOSAMENTE
Hay varias formas de mentir religiosamente, de decir "sí, sí", pero luego es "no":
- Reducir la religiosidad al culto. Es una adulteración escandalosa del cristianismo, que denuncia con energía el Concilio Vaticano II. La califica como "uno de los errores más graves de nuestro tiempo" (GS 43). Es la religiosidad cultualista que tanto fustigaron los profetas del Antiguo y del Nuevo Testamento: "Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí" (Mt 15,8). Y lo que denunciaba Jesús: "No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de Dios, sino el que hace la voluntad de mi Padre celestial" (Mt 7,21). En este sentido, hay que decir que vale más echar una mano para ayudar a un vecino o colaborar en una causa humanitaria que repetir "venga tu Reino" sin arrimar el hombro para que sea así.
- Reducir la religiosidad a buenas ideas. Una forma de mentir religiosamente, de decir "sí, sí", pero la realidad es después que no, es hacer que la religiosidad se quede en "buenas ideas", en aceptar dogmas o guardar fielmente la ortodoxia. El cristianismo de estos cristianos se reduce a tener en la cabeza un museo de bonitas ideas, de verdades reveladas, pero que no sirven para nada. Se busca, más que celebrar vivamente la fe, la tranquilidad de conciencia. Una fe así no impulsa el corazón ni las manos...
- Reducir la religiosidad a buenos sentimientos y deseos. Son los cristianos que lo reducen todo a sentimentalismo y a emociones religiosas: "¡Ah, yo quiero mucho a la Virgen de los Dolores...", "a mí me emocionan los pasos de Semana Santa", "yo me emociono en la misa...". Quedarse en emociones no pasa de ser un "sí, sí" de los labios...
Hay cristianos que quieren ser mejores, prometen ser caritativos, cambiar de vida, pero esto es demasiado amplio si no se empieza por algo concreto. Son sinceros, tienen buenos deseos, hacen compromisos... pero con frecuencia todo se queda en nada, no por mala voluntad, sino por falta de
realismo.
- Hacer cositas. Con lo que hacen se tranquilizan de lo que no hacen. Es como si tuvieran un régimen de diabético: han de privarse de dulces y, además, tomar el medicamento recetado. Toman el medicamento, que es lo que no les cuesta, pero no guardan la dieta, que es lo que les cuesta. Es la
actitud de los que dan las sobras...

¿QUÉ TENEMOS QUE HACER?
Jesús no habla en la parábola del hijo completamente responsable, con buenos modales y buenos hechos. Ése es el que tenemos que ser.
¿Cuándo seré de verdad el hijo de buenas palabras y buenos hechos? Imaginaos que habéis dicho a vuestros hijos e hijas: "Ya sabéis que hay que colaborar en las tareas de casa, todos hemos de ser corresponsables". El hijo comodón, de buenos modales, se contentará con decir: "Sí, sí, papá, claro que sí, ¡faltaba más!" y se irá sin preocuparse de lo que queréis en concreto que haga. El hijo o la hija que quiere de verdad colaborar y ser fiel os preguntará: "Papá, mamá, ¿qué es lo que en concreto quieres que haga?, ¿en qué quieres que te ayude?". Éste es el modelo de hijos dóciles que nos presenta la Escritura (Lc 3,10; Hch 2,37).
Ésta fue también la actitud de Pablo. El Señor le sale al camino, le invita a convertirse y seguirle. Él le pregunta con docilidad: "¿Qué quieres en concreto que haga?" (Hch 22,10).
Ésta es la actitud que hemos de tener después de escuchar la Palabra de Dios. No basta decir: "Qué claro ha expuesto el sacerdote el mensaje evangélico"; "sí, me gustaría vivir así"...
Éstos son deseos vagos, aéreos.
Lo más arduo no es soportar la homilía más o menos digestible del sacerdote, sino la tarea posterior de encarnarla en compromisos que sean respuesta a la llamada de Dios. Creer que todo está listo con asentir y reconocer la verdad es incurrir en la actitud equivocada que señala Santiago: mirarse en el espejo, ver que la cara está tiznada, marcharse y olvidarse de limpiarla. La docilidad filial a Dios se pone de manifiesto en la voluntad no sólo de evitar lo que está prohibido y ejecutar lo
"mandado", sino en tratar de hacer lo que Pablo llama "agradar a Dios" (1Ts 4,1). Sería desconsolador que vuestros hijos o hijas os dijeran: "Bueno, dime detalladamente lo que tengo prohibido y lo que me mandas, para hacer en lo demás lo que me dé la gana". Esto que, a nivel humano, nos parece tremendamente mezquino, nos parece a veces natural cuando nos referimos a Dios. Preguntarse "qué es lo que está mandado o
qué es lo que está prohibido" para atenerse escuetamente a ello no es una actitud de hijo, sino de criado que sólo busca un sueldo al final de mes. El hijo pregunta: "¿Qué quieres, papá? ¿En qué puedo complacerte?". Esto es lo que hacía Jesús. Un gesto de amor verdadero vale más que cien mil palabras sobre la caridad". En la Eucaristía todos estamos diciendo a Dios: "Hágase tu voluntad", Pues... dicho y hecho.


(B)

Cuentan que una princesa tenía un hermoso collar de perlas, regalo de su padre el rey. Un día un cuervo entra en las lujosas habitaciones de la princesa, toma el collar en su pico y levanta el vuelo con él.
La princesa descubre la falta de la joya y se desespera. El rey regala a su hija otro collar más lujoso que el primero, pero..., no; el que ella quiere es el primero.
El rey hace saber a los ciudadanos que llenará de riquezas al que encuentre la desaparecida joya de su hija.
Y los ciudadanos se ponen como locos a buscar el collar de perlas.
Entretanto, el cuervo se ha aburrido de la joya y la ha abandonado en la rama de un árbol. El árbol está al lado de un riachuelo de claras aguas y estas reflejan los brillos del maravilloso collar.
Un joven cree descubrir el collar en el fondo del río y se lanza a las aguas contentísimo por la suerte que ha tenido, pero por más que lo intenta una y otra vez, no acierta a atrapar la joya, hasta que de pronto pasa por allí un anciano muy sabio, uno de esos ancianos sabios que se lo saben todo, y le dice al joven: «El collar que buscas no está en el río, como parece; es inútil que lo sigas buscando ahí. Está en la rama del árbol. Mira hacia arriba».
Hermanas y hermanos: desde que nacemos hay en nosotros unas ansias tremendas de felicidad. Esas ansias están en el niño que tiende sus bracitos hacia todo lo que ve y quiere llevar a la boca todo lo que toca, y todo lo quiere tocar y tragar. Después, cuando crece, se abraza a sus juguetes y, ya hombre, continuará siempre abrazado a muchas cosas, pero no se siente nunca satisfecho porque lo que uno abraza no es Dios; es sólo un reflejo de Dios.
La felicidad no podemos encontrarla en las cosas; tenemos que mirar hacia arriba. La felicidad es Dios; en este mundo sólo encontraremos gotitas de felicidad, pero es en Dios donde hay un mar de felicidad. Por eso nos dice san Pablo que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el entendimiento humano pudo comprender lo que Dios tiene preparado en el cielo para los que lo aman.
Dios nos ama más que lo que nosotros podemos amarnos. Nosotros muchas veces no nos amamos de verdad a nosotros mismos; y así, por ejemplo, el que se deja dominar por el vicio no se ama de verdad a sí mismo, ya que está poniendo su salud en peligro.
La naturaleza está llena de señales del amor que Dios nos tiene. Son señales del amor de Dios, pongamos por ejemplo, la luz del sol que nos alumbra, el agua que bebemos y el aire que respiramos.
Los que contemplamos la naturaleza, sin darnos cuenta de las señales del amor de Dios, nos parecemos a una muchacha que no sabe leer y tiene delante de ella una carta de amor que el rey escribió para ella.
Dios nos ama y a su amor hay que corresponder con amor. Para corresponder al amor de Dios, nuestro Padre, como para corresponder al amor de cualquier padre, lo más importante no son las palabras sino las obras.
Hay hijos que tienen buenas palabras, mucho bla, bla, bla. Se comen el mundo hablando, pero luego, nada de nada. Y los hay protestones, pero a la hora de la verdad siempre están dispuestos a arrimar el hombro.
No olvidemos que obras son amores y no buenas razones.


(C)

Queridos amigos, Jesús hoy hace puntería. Porque ¿alguien puede salirse ileso de este Evangelio? ¿Alguien puede leerlo atentamente y no sentir que sus palabras dejan heridas en nuestros corazones?
En primer lugar, ¿a cuál de estos dos hijos pertenecemos? ¿Al que dice sí pero es no? ¿Al que dice no pero es sí? Creo que somos demasiados los que pensamos que a Dios lo ganamos y lo convencemos con nuestras palabras. Y con palabras nadie queda bien delante de Dios porque Dios no cree a las palabras sino a la vida. A Dios no es fácil meterle gato por liebre.
No podemos ser cristianos de un día a la semana. Cristianos de cuarenta y cinco minutos de misa y luego que viva la vida, sino cristianos de las veinticuatro horas del día y de todos los días de la semana. No podemos ser cristianos que hoy le decimos que sí a Dios y mañana le decimos no. El gran problema de nosotros los creyentes es nuestra separación entre Iglesia y mundo, Domingo y semana, fe y vida. No se puede ser cristianos de luz intermitente ni semáforo que constantemente está cambiado de luz.

EL “SÍ” Y EL “NO” DE LOS JÓVENES
Cada año se confirman cantidad de jóvenes. La confirmación es un sí maduro a Dios y al Evangelio. Sin embargo, la triste realidad nos dice cómo esos mismos jóvenes que hicieron con tanta solemnidad su Confirmación, luego no vuelven ha aparecer por la Iglesia. Muchos hasta es posible que no regresen hasta el matrimonio.
En la Catequesis formamos a nuestros jóvenes impartiéndoles una serie de instrucciones y explicaciones del Evangelio, pero luego salen a la vida y ven que esos valores no existen ni en la familia ni en la comunidad cristiana, al menos ellos no logran verlos.
Hemos de reconocer que si es necesaria la “educación formal”, no es menos necesaria la “educación ambiental”. Incluso habría que preguntarse si los mismos padres que presentan a sus hijos para la Confirmación o para la Comunión y la solemnizan y participan en ella, luego, son verdaderos testigos de esa fe en el ambiente familiar. O En la mayoría de los casos son esos padres los que no alimentan su fe ni en la Eucaristía ni en nada que se haga en la Parroquia, porque no aparecen para nada. Es el “sí” a los ritos, pero es la “indiferencia al valor de los ritos” en la vida. No lograremos nunca ni una educación ni una formación religiosa si los hijos no encuentran luego ese ambiente “de la educación ambiental” en casa o en la comunidad cristiana.

EL “SÍ” Y EL “NO” DE LOS NOVIOS
¿Quién no ha sido testigo del “sí” de los novios en día de su Boda?
¿Venís libre y voluntariamente a contraer matrimonio? La respuesta es clara: “Sí, venimos.”
¿Estáis dispuestos a amaros y ser fieles el uno al otro durante toda su vida? ¡¿Cómo no?! ¡Claro que estamos!
¿Prometéis amaros y aceptaros como esposos en la alegría y en la tristeza, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y la enfermedad y amaros y serviros todos los días de vuestra vida? ¡Por supuesto, hasta que la muerte nos separe!”
¿Diremos que no son sinceros en ese sí que se dan el día de la Boda? No dudamos que también ahí puede haber mucha mentira, en el fondo, más yo estoy convencido de su sinceridad. El problema viene luego con la realidad de la vida, cuando llegan los días tristes o las enfermedades o la pobreza o, simplemente, “otras oportunidades” que nunca faltan. Entonces comienzan las dudas y los problemas. Aquel “sí, hasta que la muerte nos separe” o “todos los días de mi vida”, termina por ser un no a toda una historia de amor.
Aquí cabe la misma pregunta. ¿El sí que se dieron en la Iglesia encuentra respaldo luego en el resto de matrimonios con los que han de convivir durante toda su vida? ¿Acaso una gran parte de ellos no viven también separados, rotos, divorciados? ¿Entonces qué apoyo encuentran en el resto de matrimonios o en los matrimonios de sus mismos padres, de sus hermanos y de sus amigos?
El problema no es solo de la pareja. El problema es también del ambiente. Es un problema de comunidad en la que no encuentran un suelo seguro para seguir luchando en las dificultades inevitables de cualquier pareja.

Y muchos de nosotros no somos también de los del DOMINGO “SÍ”, Y DURANTE LA SEMANA “NO”…
¿No es esta la verdad de muchos de nosotros? Le decimos sí a Dios el domingo, pero luego, durante la semana, nuestra vida es un no. Cristianos del “sí”, pero “no”. Del “sí” de palabra, pero del “no” con la vida.
Estamos acostumbrados a quedarnos bien ante los demás diciendo siempre que sí, quedamos bien de palabra. “Venga usted mañana que a gusto le atenderé.” “Usted disculpe que hoy no puedo atenderle pero en cualquier momento cuente usted conmigo.” Nos hemos hecho todos un poco a ese juego de palabras que nos hacen quedar bien, por más que luego nuestra vida esté diciendo otra cosa.
Lo que sucede es que ante Dios las palabras no sirven. No son las palabras que llegan a Dios sino las disposiciones del corazón y de la vida.
La actitud de estos dos hermanos, el del “sí” y el del “no” pueden ser un fiel reflejo de la relación entre nuestra fe y la vida. No se trata de decir sí a la fe, diciendo luego no a la vida. Sólo la vida puede ser un verdadero sí a la fe. Tenemos la manía de dividirlo todo. Dividimos lo sagrado de lo profano, la Iglesia de la calle, el Domingo del resto de la semana, la fe de la vida. Por eso los cristianos vivimos como fragmentados, divididos, una especie de doble personalidad. Somos unos los cuarenta ycinco minutos dominicales, y somos otros el resto del tiempo de la semana. Somos unos, mientras estamos en la Iglesia, y somos otros cuando estamos en la calle, en la oficina o en la misma familia.
Y puede darse el caso de que, muchos que aparentemente no parecieran ser “de los nuestros”, luego en su vida real, son más de Dios que nosotros mismos. Tal vez no han venido a Misa; sin embargo, luego son mucho más coherentes con su conciencia y con sus compromisos que nosotros.
Nuestra verdad no está en nuestras palabras sino en nuestra vida. Y más en profundidad, nuestra verdad está en lo que somos delante de los ojos de Dios. Por eso, tampoco debemos desalentarnos. Es posible que nos consideremos malos porque hicimos o dejamos de hacer esto o lo otro. Pero ante Dios, que conoce la verdad de nuestro corazón, siempre seremos sus hijos queridos.

(D)

Jesús conoció una sociedad estratificada, llena de barreras de separación y de discriminaciones. En ella encontramos judíos que pueden entrar en el templo y paganos excluidos del culto; personas "puras" y personas "impuras"; hombres piadosos, observantes de la ley y "gentes malditas"; personas sanas bendecidas por Dios y enfermos malditos de Yhavé; personas justas y hombres y mujeres pecadores...
Y la actuación de Jesús en medio de aquella sociedad resulta tan sorprendente que aún hoy nos resistimos a aceptarla.
No adopta la postura de los fariseos, que evitan todo contacto con impuros y pecadores, sino que se acerca precisamente a los discriminados, con una insistencia provocativa, repitiendo una y otra vez que los "últimos serán los primeros", que "los publicanos y las prostitutas van delante de los justos en el camino del Reino".
¿Quién sospecha hoy realmente que los alcohólicos,
vagabundos, pordioseros y todos los que forman el desecho de esta sociedad, puedan ser un día los primeros? ¿Quién se
atreve a pensar que las prostitutas, los heroinómanos, o los afectados del SIDA pueden preceder a no pocos cristianos en la VIDA? Sin embargo, aunque ya casi nadie lo digamos: los indeseables y rechazados, tienen que saber que el Dios revelado por Jesús, sigue siendo su amigo.
Lo que cuenta para Dios es nuestro vivir diario:
Son muchos los cristianos que viven su fe cómodamente sin que su vida se vea afectada por ella. Cristianos que se desdoblan y cambian de personalidad, según se arrodillen para orar a Dios o según se entreguen a las ocupaciones diarias. Dios no entra
para nada en su familia, en su trabajo, en sus relaciones, en sus proyectos o en sus intereses. La fe queda convertida en una costumbre...
Todos hemos de preguntarnos, con sinceridad, qué significa realmente Dios en nuestra vida diaria. Lo que se opone a la fe no es, muchas veces, la increencia, sino la falta de vida. ¿ Qué importancia tiene el credo que confiesen nuestros labios, si después falta en nuestra vida el mínimo esfuerzo sincero para seguir a Jesús? ¿Qué importa -nos dice Jesús en la parábola- que un hijo diga a su padre que va a trabajar en la viña, si luego en realidad no lo hace? Las palabras, por muy hermosas que sean, no dejan de ser palabras. ¿No hemos reducido, con frecuencia, nuestra fe a palabras, ideas o sentimientos? ¿No nos olvidamos con frecuencia cuál es la voluntad de Dios? La verdadera fe, hoy y siempre, la viven aquellos hombres y mujeres que traducen en vida el evangelio.
En la parábola de los dos hijos, lo importante no son las palabras que pronuncian los dos protagonistas del relato, sino su conducta. Ser creyente es algo más que recitar fórmulas... No nos apresuremos a considerarnos creyentes. La fe no es algo que se posee, sino un proceso que se vive. Más importante que confesarnos cristianos es esforzarse prácticamente por llegar a serlo. Esta parábola nos obliga a revisar nuestro cristianismo.
Los que participamos cada domingo de la Eucaristía hemos de recordar que no todo termina aquí. El "podéis ir en paz" del final no significa que aquí no ha pasado nada. Precisamente nos queda lo más difícil: que lo que hemos escuchado, creído y celebrado aquí en la celebración, lo cumplamos en la vida.
Si en la Misa le decimos, "Sí, Señor" voy a trabajar en la familia, en el pueblo, en el colegio, por ser comprensivo, por llevarme bien con todos, por perdonar, por ser tolerante, por ser solidario... que después no resulte que no lo hacemos.


Oración de los fieles

(A)

Confiando en Dios Padre que siempre escucha la oración de quienes acuden a Él con limpio corazón, le hacemos llegar las necesidades del mundo entero, diciendo: Señor, enséñanos tus caminos.

1.- Enséñanos tus caminos en la Iglesia, para que seamos una comunidad viva, donde vivamos como hermanos, donde la entrega y el servicio al mundo sean nuestras notas de identidad. Oremos.
2.- Enséñanos tus caminos en esta sociedad basada en el poder y la apariencia, para que surjan voces que nos llamen a crear paz y justicia. Oremos.
3. Enséñanos tus caminos para que podamos ser bálsamo y alivio de los que sufren, sobre todo, en los países y lugares con conflictos armados, donde más se vive la injusticia de la guerra. Oremos.
4.- Enséñanos tus caminos hacia proyectos y acciones relacionadas con la infancia, especialmente la más vulnerable; para que junto a Cáritas seamos conscientes de que todo lo que hagamos por los más pequeños lo estaremos haciendo por nuestro futuro. Oremos.

Acoge, Señor, nuestra oración, por la entrega de Jesús. Que vive y reina.

(B)

Estamos hablando de sinceridad, de honradez. Vamos, ahora a recordar a todos, sin envidias y sin falsedad.

1- Por el Papa y los Pastores de la Iglesia, para que cumplan con su ejemplo el Mensaje y las enseñanzas de Jesús, que ellos
predican. Roguemos al Señor...
2- Por las víctimas de nuestra hipocresía moral, política y religiosa, para que disfruten de la realidad de la vida. Roguemos al Señor...
3- Por los profesionales de la palabra y la imagen, la prensa y la TV, para que no hablen con falsedad y mentira, confundiendo a la sociedad. Roguemos al Señor...
4- Por todos nosotros, para que reconociendo nuestras faltas y errores, nos presentemos ante los demás como somos, sencillos y honrados. Roguemos al Señor...

Todo esto y otras peticiones más, que cada uno traemos a esta celebración, te las presentamos por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

(C)

Dios Padre conoce bien nuestras necesidades. Con confianza acudimos a El y le decimos:

Todos: ¡Señor, danos tu paz!

-Para que siempre vivamos orientados hacia el bien, la verdad y la
justicia. Oremos.
-Para que en la Iglesia sepamos unir todos los esfuerzos de modo que seamos una comunidad viva, evangélica y transformadora. Oremos.
-Para que favorezcamos entre las personas el diálogo, el encuentro y la apertura. Oremos.
-Para que en nuestra comunidad (parroquial) estemos atentos a los signos de los tiempos, en los que Dios nos habla. Oremos.

Escúchanos, Señor, y concédenos lo que mejor nos ayude a vivir en tu presencia. Por Jesucristo...

(D)

Tú, Padre, más allá de las apariencias, conoces nuestros corazones: escucha nuestras súplicas y descúbrenos nuestra verdad

Todos: SEÑOR, ÁBRENOS A TU VERDAD

Para que la Iglesia esté abierta a la voz del Espíritu y atenta a los signos de los tiempos. Oremos.
Para que la honradez ética venza a la corrupción en el mundo de la política, la economía y el trabajo. Oremos.
Para que los gobiernos, desde el respeto a la dignidad de la persona, establezcan políticas de integración para los inmigrantes y financien programas de ayuda a los países del tercer mundo. Oremos.
Para que nos reconozcamos como hijos de un mismo Padre, y sepamos escuchar a los demás, apoyarnos y abrirnos a la colaboración. Oremos

Concédenos tener los mismos sentimientos de tu Hijo Jesucristo, quien, al dar su vida destruyó la enemistad que nos separaba para que, amándonos por encima de las diferencias, seamos testigos de tu amor a toda la humanidad. Por el mismo J.C.N.S. AMÉN.


Ofrendas

PRESENTACIÓN DEL RECIPIENTE DEL CRISMA BAUTISMAL

Con el recipiente del crisma bautismal, que hoy te presentamos, Señor, queremos actualizar nuestros compromisos bautismales, de ser tus discípulos y testigos en medio del mundo. No nos dejes ceder a las presiones, a la vergüenza o al miedo. Danos tu fortaleza, que siempre la necesitamos, para vivir con valentía nuestra fe, tal como lo han hecho siempre tus mejores testigos.


PRESENTACIÓN DE UN LIBRO DE TEOLOGÍA

Te traemos, Señor, este libro de teología. Y lo hacemos convencidos de que Tú nos exiges una buena formación de nuestra fe para poder vivirla y testimoniarla en medio del mundo. Sabemos que la formación continua requiere un esfuerzo y un tiempo, que, en estos momentos, nos son difíciles de encontrar. Sin embargo, ahí tienes nuestra disponibilidad a formarnos, para que nuestro seguimiento de Jesús, en medio del mundo, sea conforme a lo que Tú hoy quieres de nosotros.

UN JOVEN PRESENTA A UN ANCIANO

Aquí nos tienes, Señor, tan distintos y hasta distantes, al menos en el tiempo. El caso es que nos podemos amar, si logramos entender que nuestras diferencias nos enriquecen y nos permiten ser más cada uno de nosotros. Por otra parte, frente a la fuerza, que yo puedo representar por mi juventud y mis pocos años, está la debilidad del ocaso de la vida. Haz que mis fuerzas, y las de todos nosotros, se pongan al servicio de las debilidades de los demás. No nos hagas insensibles a ellas y muévenos a la solidaridad. La vida, el mundo, la sociedad, la familia, el trabajo, la diversión y el ocio, son los campos para sembrar el amor, del que Tú has llenado nuestros corazones.

Prefacio…

Te damos gracias, Señor,
porque eres un Dios cercano
y presente en nuestras vidas.
Te damos gracias
porque Tú eres justo y fiel con todos.
Con tu Palabra nos enseñas la justicia y la verdad.
Te damos gracias,
porque nos conoces a cada uno por el nombre y por la vida.
No te dejas engañar por las etiquetas que nos colgamos,
por lo que disimulamos y falseamos.
Tú conoces los pecados ocultos de los que se llaman justos,
y la disposición interior de los que llamamos pecadores.
Te damos gracias por Jesús.
En El, su palabra y su vida iban acordes.
Con su Vida y con su Muerte
confirmó su Mensaje y sus Enseñanzas.
Ahora nos unimos a los ángeles,
a los santos y a las personas sencillas
para entonar el himno de tu Gloria,
diciendo:

Santo, Santo, Santo...


Padre Nuestro

Vamos a rezar el Padre Nuestro. Pedimos a Dios, Padre de todos, que llegue su Reino. Reino de Justicia, de Amor, un Reino que no es de hipocresía ni de falsedad. Vamos a pedírselo diciendo:
Padre Nuestro ...

Nos damos la paz

Si engañamos y mentimos, no podemos vivir en paz. La paz es fruto de una vida sencilla, sin doblez. No se puede ser chaquetero y mentiroso y vivir en paz. Vamos a pedir a Dios que nos dé esa Paz, porque queremos mantenerla entre nosotros.
* La Paz del Señor esté siempre con nosotros.
* Nos deseamos como amigos y hermanos la Paz...


Compartimos el pan

Si estamos en paz, si somos sencillos, podemos comer juntos. Ahora invita Jesús, y nos da lo mejor que tiene: Su Cuerpo como alimento, su Pan de Vida.
* Dichosos nosotros por haber sido invitados a esta Comunión.
* Señor, no soy digno de que entres en mi casa ...

Oración

Tú cambias el orden de las cosas...

Para Ti, Señor, los primeros serán los últimos.
Nosotros nos afanamos en tener poder,
en brillar, en triunfar, en ganar y en llegar.
Competimos en todo, desde que somos niños,
y Tú, nos invitas, a que nos relacionemos en igualdad.

Dices que sirva a todos quien quiera ser el primero.
Nosotros, en cambio, queremos ser servidos ¡y bien!
Somos exigentes con las personas,
intentamos que nos hagan lo más posible,
y Tú te echas al suelo y lavas los pies a tus amigos.

Vivimos en una sociedad jerarquizada:
el que más tiene, el que más sabe, el que más gana,
el que más puede, el que más hace, el que más crea...
Pero Tú vienes a cambiar el orden de las cosas.
Nos dices que las prostitutas nos precederán en tu Reino.

Urge que cambiemos de código, de baremo, de estilo.
Tenemos que vivir a tu manera:
comenzar a bajar, en lugar de trepar
y construir contigo la gran fraternidad,
que es lo único que nos puede salvar.


Bendición

Ojalá, el Señor haya encontrado corazones arrepentidos aquí entre nosotros, para poder hacer de ellos su hogar, su morada.
Para ello que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros. Amén.


WebJCP | Abril 2007