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MISIONEROS EN CAMINO: Homilías y Reflexiones para el XXV Domingo del T.O. (Mt 20,1-16) - Ciclo A
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sábado, 17 de septiembre de 2011

Homilías y Reflexiones para el XXV Domingo del T.O. (Mt 20,1-16) - Ciclo A


Publicado por Iglesia que Camina

ESTÁN USTEDES INVITADOS

Durante siglos los seglares eran simples “invitados de piedra” en la Iglesia. Hoy la Iglesia los llama, los invita, les pasa la voz para que sean “discípulos misioneros”. El Documento Aparecida es claro: “La Iglesia necesita una fuerte conmoción que la impida instalarse en la comodidad, el estancamiento y en la tibieza.” “Necesitamos que cada comunidad cristiana se convierta en un poderoso centro de irradiación de la vida de Cristo.”

Digamos que la Iglesia se está poniendo los pantalones largos y siente que ya no puede quedarse dormida sino que necesita despertar y aprovechar todas las fuerzas vivas que hay en ella. Los seglares bautizados están dejando de ser “los brazos largos de la jerarquía”, para ser los brazos de sí mismos, de sus propios compromisos, que brotan de su condición de bautizados. No al margen de la jerarquía ni en contra de la jerarquía, sino bajo la guía de la jerarquía, en una comunión de vida y de responsabilidades.

Todo ello implica “una conversión pastoral”, de ella “nace la actitud de apertura, de diálogo y disponibilidad para promover la corresponsabilidad y participación efectiva de todos los fieles en la vida de las comunidades cristianas”. (DA 368)

Esta conversión pastoral de nuestras comunidades “exige que se pase de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera”. (DA. 370) Asistimos a un regreso a nuestro bautismo y el regreso al Pueblo de Dios. Todos somos responsables del Evangelio y aquí no cabe que cristianos bautizados se pasen el día jugando a las cartas o al bingo para no aburrirse en la plaza. Es la hora de los laicos. Es la hora de la Iglesia como Pueblo de Dios.

Los laicos “deben participar del discernimiento, de la toma de decisiones, la planificación y ejecución”. (DA 371) Este nuevo Pentecostés conduce a una Iglesia más comunitaria, más Pueblo de Dios y más misionera. La viña del Señor nos pertenece a todos, nadie está dispensado de su propio compromiso apostólico y evangelizador.

Las necesidades son muchas. No podemos olvidarnos de esas fuerzas vivas, movidas también ellas, por el Espíritu para “vayan a la viña del Señor”. Unos irán a arar la viña, otros a abonarla, otros a plantar nuevas cepas, otros a podar, hasta que todos podamos unirnos en la alegría de la gozosa vendimia y sentarnos a beber nuestro nuevo vino del Evangelio. “No se trata de una simple estrategia para procurar éxitos pastorales, sino de la fidelidad en la imitación del Maestro, siempre cercano, accesible, disponible para todos, deseoso de comunicar vida en cada rincón de la tierra.” (DA 372)




ENTRE EL DAR Y EL RECIBIR

Paulo Coelho cuenta una linda historieta, dicen que sucedida en el Monasterio de Sceta. Cuentan que el padre de mayor edad se levantó de la mesa y se puso a servir el agua a los demás monjes. El pobre hombre tenía que hacer un gran esfuerzo, pero se fue de mesa en mesa, y ninguno de los padres la aceptó. ¿Razón? “Somos indignos del sacrificio de este hombre santo”, se decían.

Cuando el viejo llegó a la mesa del Abad Joao Pequeño, éste pidió que le llenase el vaso hasta arriba. ¡Vaya el escándalo de todos los demás! Al final de la comida se lo dijeron: “¿Cómo puedes juzgarte digno de que te sirva un hombre santo? ¿No viste que apenas podía levantar la garrafa? ¿No viste cómo le temblaban las manos?”

Él, muy sereno, respondió: “¿Y cómo puedo impedir que el bien se manifieste? Ustedes, que se consideran perfectos, no tuvieron la humildad de recibir y el pobre hombre no tuvo la alegría de dar.”

Es importante el dar, pero es posible que tan importante sea el saber recibir.
Saber recibir un favor de otro es una expresión de humildad y reconocimiento.
Saber recibir el perdón de un hermano, es reconocer su amor y agradecerlo.
Saber recibir el perdón de Dios, es reconocer que el amor de Dios es más grandes que nuestros pecados.
Saber recibir es permitir que el hermano exprese la bondad de su corazón.

Que lo que te dan es poca cosa, pero es lo que tiene y en ello va todo su corazón.
Hay que dar con humildad, pero también necesitamos la humildad de recibir.

Cuando me arrepiento o cuando me confieso y Dios me perdona, le estoy dando la oportunidad de expresar su amor, su bondad, su comprensión y la fe que tiene en mí. Así nos convertimos en “sacramentos de su amor”.





TODAVÍA...

Todavía estás a tiempo para ser lo que has dejado de ser y todo lo que has dejado de hacer hasta hoy. ¿Para cuándo quieres seguir esperando más?

Todavía puedes ser el hombre o la mujer que Dios quiere y espera de ti, pero que tú has detenido y recortado hasta hoy. La verdad, tú eres más de lo que crees y menos de lo que debes ser, pero, todavía puedes...

Todavía estás a tiempo para ser el marido, la esposa, el padre o la madre, el hijo o el hermano que siempre soñaste ser y jamás has estrenado de verdad en tu vida.

Todavía estás a tiempo para cambiar tu corazón y reemplazarlo por otro nuevo. Todavía estás a tiempo para quitarte ese corazón de piedra que llevas por otro corazón de carne, capaz de amar de verdad.

Todavía estás a tiempo para ser el cristiano que tu Bautismo te pide que seas, pero que por tus miedos nunca te has arriesgado a ser. Aún estás a tiempo de reverdecer tu Bautismo y hacerlo florecer en tu vida.

Todavía estás a tiempo para construir un mundo mejor, dar tu mano a los demás, ofrecer tu amistad a quien la está necesitando o incluso te la está reclamando.

Todavía estás a tiempo para dejar tu vida de vulgaridad o de pecado. Sí, todavía estás a tiempo para dejar de ser malo y hacerte bueno, para dejar de ser bueno y llegar a ser santo. Sí, todavía estás a tiempo, pero ha de llegar un tiempo en que ya no tengas un "todavía..."
No lo hagas todo hoy, pero no dejes de hacer lo que Dios espera de ti precisamente hoy.




GENTE

Alguien me lo regaló por correo. Le llamo regalo porque dice ¡tanto en tan poco espacio! Lo agradezco porque en pocas líneas cuántas ilusiones y esperanzas comienzan a brotar. Que hay gente mala, posiblemente la hay. Pero ¿por qué no tratamos de ver la buena que también abunda? ¿Por qué tener tan buena vista para ver lo malo y somos tan miopes para ver lo bueno? Como dice el autor, hay gente así “tan necesaria”. Quien lo ha escrito también tiene que ser gente de gran corazón.

“Hay gente que con sólo decir una palabra
enciende la ilusión y los rosales;
que con solo sonreír entre los ojos
nos invita a viajar por otras zonas,
nos hace recorrer toda la magia.

Hay gente que con sólo dar la mano
rompe la soledad, pone la mesa,
sirve el puchero, coloca guirnaldas;
que con solo empuñar una guitarra
hace una sinfonía de entre casa.

Hay gente que con solo abrir la boca
llega hasta los límites del alma,
alimenta una flor, inventa sueños,
hace cantar el vino en las tinajas
y se queda después como si nada.

Y uno se va de novio con la vida,
desterrando una muerte solitaria,
pues sabe que a la vuelta de la esquina
hay gente que es así, tan necesaria.”
Hamlet Lima Quintana





DÉMONOS PRISA

Démonos prisa a amar, la gente se va tan pronto,
sólo dejan tras ellos sus zapatos y un teléfono mudo.

Sólo lo fútil se arrastra pesadamente,
lo importante es tan veloz que sucede de repente
y luego un silencio normal y por eso insoportable,
como la pureza nacida del más simple desconsuelo,
cuando pensamos en alguien y nos quedamos sin él.

No estés tan seguro de tener tiempo, lo seguro es inseguro,
nos quita lo sensible como toda dicha,
llega simultáneamente como el humor y lo solemne,
como dos pasiones siempre más débiles que una.

Desaparecen tan pronto como calla el tordo en julio,
como un sonido algo torpe o como una sorda reverencia.

Para ver de verdad cierran los ojos,
aunque es más arriesgado nacer que morir.
Amamos siempre poco y demasiado tarde.

No escribas sobre esto con frecuencia,
sino de una vez por todas
y serás como un delfín bondadoso y fuerte.

Démonos prisa a amar, la gente se va tan pronto
y los que no se van, no siempre vuelven
y al hablar de amor nunca se sabe si el primero
es el último o el último el primero.
JAN TWARDOWSKI,
sacerdote polaco muerto a los 90 años.





EL SIGUIENTE...

El mejor paso es el siguiente.
El mejor día es el siguiente.
El mejor servicio es el siguiente.

La mejor esperanza es la siguiente.
La mejor alegría es la siguiente.
La mejor confesión es la siguiente.
La mejor decisión es la siguiente.
La mejor amistad es la siguiente.

Las mejores vacaciones son las siguientes.
Los mejores triunfos son los siguientes.

El mejor compromiso es el siguiente.
El mejor abrazo es el siguiente.
El mejor beso es el siguiente.
El mejor vino es el siguiente.
El mejor café es el siguiente.

La mejor llamada es la siguiente.
La mejor palabra es la siguiente.
El mejor amanecer es el siguiente.

El mejor atardecer es el siguiente.
El mejor mediodía es el siguiente.
La mejor visita es la siguiente.
El mejor deseo es el siguiente.
La mejor ilusión es la siguiente.

Nunca te quedes en el ayer, pero no lo olvides.
Nunca de ancles en el hoy, pero vívelo.
Lo nuevo es el mañana, pero espérala.
El futuro es el mañana, pero suéñalo.
Sólo Dios es tu ayer, tu hoy y tu mañana.
La vida siempre es “más lejos”.
Porque cuando llegues,
tendrás que volver a comenzar.


Clemente Sobrado


WebJCP | Abril 2007