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MISIONEROS EN CAMINO: Evangelio Misionero del Día: 06 de Setiembre de 2011 - XXIII Semana del T.O - CICLO A
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lunes, 5 de septiembre de 2011

Evangelio Misionero del Día: 06 de Setiembre de 2011 - XXIII Semana del T.O - CICLO A


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 6, 12-19

Jesús se retiró a una montaña para orar, y pasó toda la noche en oración con Dios.
Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos y eligió a doce de ellos, a los que dio el nombre de Apóstoles: Simón, a quien puso el sobrenombre de Pedro, Andrés, su hermano, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago, hijo de Alfeo, Simón, llamado el Zelote, Judas, hijo de Santiago, y Judas Iscariote, que fue el traidor.
Al bajar con ellos se detuvo en una llanura. Estaban allí muchos de sus discípulos y una gran muchedumbre que había llegado de toda la Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, para escucharlo y hacerse sanar de sus enfermedades. Los que estaban atormentados por espíritus impuros quedaban sanos; y toda la gente quería tocarlo, porque salía de Él una fuerza que sanaba a todos.

Compartiendo la Palabra
Por Luis Ángel de las Heras, cmf

Queridos amigos y amigas:
La carta a los colosenses nos invita a ser consecuentes: “Ya que habéis aceptado a Cristo Jesús, proceded como cristianos” . ¡Qué más quisiéramos! ¿Verdad? Precisamente la coherencia es la que nos da más seguridad en nuestra fe, la que nos hace sentirnos bien como cristianos, la que nos va descubriendo los beneficios de este don inapreciable que hemos recibido. Y, sin embargo, ¡qué difícil se nos hace a veces! ¿No será cuestión de correr bien la carrera?
Cuando subimos una montaña alta, y lo disfrutamos, o caminamos hacia una meta reconfortante, lo peor que podemos hacer es parar demasiado en el ascenso o desviarnos del camino. Hace unos años, en una marcha con un grupo de muchachos por Picos de Europa , había dos que no llegaban nunca a las paradas de descanso del grupo y había que ir a buscarlos. Siempre se detenían por su cuenta, cada pocos pasos, y siempre se quejaban de andar y siempre decían que querían volver a su casa. Cuando salieron de Madrid sabían dónde iban y qué iban a hacer, en teoría, pero la experiencia del camino no caló en ellos. No decidieron “correr bien la carrera”, no entendieron la satisfacción que proporcionaba un pequeño esfuerzo. Y se quedaban fuera. Ya que hemos aceptado a Cristo Jesús en nuestra mente, decidamos correr bien la carrera, disfrutar del camino, encontrar la satisfacción en el esfuerzo.
Si las metas volantes son reconfortantes, ¿qué no será la meta final? El evangelio de hoy es también una invitación para correr bien la carrera. Un aliciente para subir a la montaña a orar, como Jesús, sentir que nos llama por nuestro nombre para bajar, también con Él, y atender a los que necesitan palabras-gestos porque están enfermos o atormentados. No podemos perder más tiempo en incoherencias.


WebJCP | Abril 2007