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MISIONEROS EN CAMINO: XIX Domingo del T.O. (Mt 14, 22-33) - Ciclo A: Liturgia, Reflexiones, Exégesis y Oración
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sábado, 6 de agosto de 2011

XIX Domingo del T.O. (Mt 14, 22-33) - Ciclo A: Liturgia, Reflexiones, Exégesis y Oración


Publicado por DABAR

Gritos y susurros
Lo solemne dice menos que lo humilde
La quietud dice más que el movimiento
Las palabras dicen menos que los ruidos
Y los ruidos dicen menos que el silencio

Mientras pensaba en el Evangelio de hoy se me ha venido a la memoria esta estrofa que cantaba en mi lejana juventud, cuando dedicaba buena parte de mis ocios a andar por el monte en la buena compañía del grupo scout al que pertenecía. Aprendí montones de cantos, pero sólo unos pocos han sobrevivido al tránsito a la edad adulta, y éste es uno de ellos.

No creo que sea porque sí. Mi memoria, floja para la mayoría de las cosas cotidianas, se aferra tenazmente a algunas secuencias de hace mucho tiempo. Esta canción ni siquiera era de las más cantadas, ni una de las favoritas. Pero ahí está. Y he tenido muchas, muchísimas oportunidades, en este tiempo, de comprobar la verdad que encierran, sobre todo cuando repaso las andanzas de mi fe y mi relación con Jesús. Porque lo importante viene siempre de puntillas, y las grandes certezas se acercan susurrando para estallar con fuerza en el corazón y así transformar la vida entera.

Nuestro mundo es un mundo de cosas grandes, ruidos fuertes, creaciones majestuosas y valores buscados por su relación con la inmensidad. En este momento vemos como la Iglesia se está haciendo presente por la magnitud de sus espectáculos y la enormidad de sus manifestaciones. Y viendo todo lo que pasa (más bien, lo que nos enseñan de lo que pasa), no me cuesta ningún trabajo imaginarme a la Santísima Trinidad, allá dónde esté, meneando la cabeza con ternura, diciendo "no es eso, no es eso".

La Encarnación consistió en una escena de lo menos grandiosa que imaginarse pueda: una mujer en su casa, preparando su ajuar, que acepta un anuncio un tanto descabellado. Un matrimonio joven cumpliendo con un deber cívico a lomos de un burro. Un parto con sus apuros y sus sonrisas radiantes, y la buena compañía de los más sencillos y entrañables. La salvación vino de la mano de todas esas cosas, íntimas cotidianas y sencillas. Y seguimos empeñados en justificar grandes espectáculos basados en todo lo que salió de ese principio tan simple.

Metido en el fondo de su cueva, Elías fue un privilegiado porque se lo sirvieron todo junto. El fuerte viento, el terremoto, el fuego… y el soplo. Sólo un soplo, que él supo reconocer como lo que era. Pudo comparar, porque en la soledad y el silencio de la montaña su visión se hizo clara y su criterio, justo.

A los apóstoles les rodeaba una multitud, y de allí salieron con prisa para alcanzar la otra orilla del lago. Jesús les encargó ir hacia allá, y se apresuraron a partir. Quizá iban agobiados por llegar a tiempo. Las olas arreciaban y la cosa se ponía fea. Ni siquiera entonces supieron reconocer la ayuda que venía acercándose a ellos. Gritaron de miedo.

Él les dijo: no tengáis miedo. Mi impresión es que esta frase de ánimo se puede leer de muchas más formas de las que solemos hacerlo. Me gusta pensar que me invitan a no tener miedo de vivir mi fe en la sencillez. A no temer manifestarme cuando creo que debo hacerlo, siempre desde el respeto. A no temer a las tempestades y estar presta a reconocer la ayuda. El pequeño y el sencillo que se saben acunados en su pequeñez como niño en las manos de su padre saben vivir sin miedo. Y sin pedir, como hizo Pedro, más pruebas de las que ya tienen.

A. GONZALO
aurora@dabar.net



DIOS HABLA

I REYES 19, 9a. 11 13a
En aquellos días, cuando Elías llegó al Horeb, el monte de Dios, se metió en una cueva donde pasó la noche. El Señor le dijo: «Sal y ponte de pie en el monte ante el Señor. ¡El Señor va a pasar!». Vino un huracán tan violento que descuajaba los montes y hacía trizas las peñas delante del Señor; pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento, vino un terremoto; pero el Señor no estaba en el terremoto. Después del terremoto, vino un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego. Después del fuego, se oyó una brisa tenue; al sentirla, Elías se tapó el rostro con el manto, salió afuera y se puso en pie a la entrada de la cueva.

ROMANOS 9, 1 5
Hermanos: Digo la verdad en Cristo; mi conciencia, iluminada por el Espíritu Santo, me asegura que no miento. Siento una gran pena y un dolor incesante, en mi corazón, pues por el bien de mis hermanos, los de mi raza según la carne, quisiera incluso ser un proscrito lejos de Cristo. Ellos descienden de Israel, fueron adoptados como hijos, tienen la presencia de Dios, la alianza, la ley, el culto y las promesas. Suyos son los patriarcas, de quienes, según la carne, nació el Mesías, el que está por encima de todo: Dios bendito por los siglos. Amén.

MATEO 14, 22 33
Después que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo. Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús, andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo enseguida: «¡Animo, soy yo, no tengáis miedo!» Pedro le contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua». El le dijo: «Ven». Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: «Señor, sálvame». Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: «¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?» En cuanto subieron a la barca, amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él, diciendo: «Realmente eres Hijo de Dios».



EXEGESIS

PRIMERA LECTURA

En plena canícula como estamos en España, no sería difícil encontrar miles de personas que han podido escapar a un lugar de descanso para sus vacaciones y hayan elegido sitios en los que esperaban descansar, silenciar, aclarar sus ideas; la playa, la montaña, un viaje fuera de nuestras fronteras.

Asustados, aturdidos por el ruido, los problemas, angustiados muchos por la persecución de acreedores en esta coyuntura crítica para familias, empresas o personas particulares, no acabamos de encontrar lugar de reposo. Por ello no serán pocos los que hayan vuelto la vista atrás para repostar en sus pueblos de origen, donde nadie se pierde ni se siente extraño en el reconocimiento de sus raíces que le han mantenido en pie a lo largo de los años.

Es lo que hace Elías. Perseguido a muerte por Jezabel se adentra en el desierto. Se ha complicado la vida por el nombre de Yavé haciendo frente a la multitud de seguidores de la idolatría y en su temor se escapa lejos sin saber a dónde va hasta caer exhausto sintiéndose desfallecer. Un ángel del Señor lo alimenta y le anima ‘porque el camino es superior a tus fuerzas’. Quizás es la primera lección; no culpabilizarse tantas veces por el fracaso. No estaba en nuestras manos tampoco el éxito cuando lo tuvimos; tampoco ahora la derrota. Lo nuestro es continuar. En este reemprender la marcha, el profeta ya sabe sin embargo que se dirige al monte de Dios, el Horeb. Allí se mete en una cueva ¿tiene miedo aún? Y se confiesa a Dios que le pregunta “¿Qué haces aquí, Elías?” con las mismas palabras que responderá cuando, pasada la experiencia que relata la lectura de hoy (v 19,9ª.11-13ª), “Elías salió afuera y se pudo en pie a la entrada de la cueva” (v.10= v 14) y el Señor volvió a preguntarle: ‘¿Qué haces aquí, Elías?”: “Me consume el celo por el Señor, Dios todopoderoso, porque los israelitas han abandonado tu alianza, han derribado tus altares y asesinado a tus profetas; sólo quedo yo, y me buscan para matarme”. Y el Señor le dijo: “Vuelve por el mismo camino”.

¿Qué ha cambiado al responder de la misma manera, cuando estaba en la cueva con miedo que ahora está decidido, de pie, fuera de la cueva? Los problemas, la angustia o las persecuciones son las mismas. Pero el ánimo es nuevo. Se ha encontrado con el Señor ‘en la brisa tenue’. Un nuevo Elías se enfrentará a los mismos viejos retos de siempre. Pero ahora probablemente puede decir, como más tarde, San Pablo: “Sé de quién me he fiado”.

TOMÁS RAMÍREZ
tomas@dabar.net


SEGUNDA LECTURA

Los capítulos 9-11 de Romanos son una parte especial de la carta que tratan de Israel. Son capítulos difíciles y han hecho cavilar no poco a los especialistas, sobre todo para encontrar un relación con el resto de la carta y para hallar también el sentido que pueden tener para quienes no son judíos.

El enfoque general no es una curiosidad sobre el destino del pueblo de Israel o una explicación académica de los problemas que plantean las peculiaridades pasadas, presente y futuras del pueblo de Israel. Ello podría ser importante para el propio Pablo, judíos de raza y de convicción. Pero para otros. Tampoco se trata de interpretar alegóricamente estos pasajes. Más bien lo importante es destacar que Israel, en su historia, presenta una realización concreta, visible, de los planes de Dios. Es como un ejemplo del modo de proceder de Dios o, si se quiere, de la aplicación de la salvación, expuesta en la primera parte de la carta.

Dejando para más adelante concretar ese punto, cabe fijarse en la actitud de Pablo respecto a los judíos. En contra de todos los antisemitas que ha habido entre los cristianos posteriores, reconoce con claridad todos los puntos positivos que la historia de la salvación ha tenido en Israel.

Y hay algo extraordinario: Pablo aceptaría “ser un proscrito lejos de Cristo” por el bien de sus hermanos. La expresión traduce no demasiado bien el original “anatema”, es decir, “estar cortado, separado de Cristo”. E un principio de amor integral y desinteresado hasta límites insospechados, sobre todo teniendo en cuenta lo que estar unido con Cristo significa para Pablo. Evidentemente es una expresión retórica, típica del Apóstol. Pero nos pone sobre la pista del interés paulino por su pueblo de origen y la fuerte que ha de llegar a ser el amor hacia los demás.

FEDERICO PASTOR
federico@dabar.net


EVANGELIO

1. Aclaraciones al texto
V.22 Despedir a la gente. Mandarla marchar.
V.25 De madrugada. La cuarta vigilia de la noche, entre las tres y las seis de la mañana.
V.27 Soy yo: reminiscencia del soy Yo pronunciado por Dios en el Antiguo Testamento. ´
V.30 Señor. Título de alcance divino.
V.33 Postrarse: gesto de adoración sólo a Dios debido.

2. Texto
Relato transmitido en estrecha vinculación con el relato del domingo pasado: Jesús curando y dando de comer a la gente en necesidad; Jesús caminando sobre las aguas al encuentro de sus discípulos en dificultad. Verosímilmente ambos relatos se transmitieron unidos desde un principio y ambos recogen recuerdos inolvidables para los discípulos, recuerdos que confieren a ambos el sello de verosimilitud histórica.
Jesús quiere estar a solas, sin gente, sin sus discípulos, a solas con Dios. Dato escueto, abstraído de causas o motivos explicativos (¿por qué a solas?, ¿por qué las prisas en despedir a la gente?, ¿por qué separar a los discípulos de la gente?…). Proceder habitual de los evangelistas, más interesados en el significado y el valor de ejemplaridad de los hechos que en los parámetros historiográficos de los mismos. En los dos versículos iniciales emerge la figura de Jesús a solas con Dios desde el anochecer hasta la madrugada. El texto tampoco desentraña la oración de Jesús; señala simplemente el dato escueto.
En los versículos siguientes la figura de Jesús se agranda hasta adquirir rasgos divinos. Los datos del relato son también escuetos, pero muy concretos a la vez, rasgos que afirman la objetividad de la escena y que hacen que sean poco serios los intentos de reducirla a una pura construcción simbólica. Jesús estaba ahí, ante los ojos atónitos de los discípulos, que no podían creer que lo veían y que, sin embargo, lo estaban viendo. El Jesús que estaban viendo era el mismo que conocían pero no igual a como lo conocían. ¡Animo, soy yo, no tengáis miedo! Los discípulos estaban descubriendo que Jesús era un ser divino, y que este ser divino no sólo no acababa con ellos aniquilándolos sino que les quitaba el miedo llenándolos de tranquilidad.
Realmente eres Hijo de Dios. Respuesta en consonancia con el Jesús que estaban poco a poco descubriendo y al que estaban aceptando. Este proceso recibe el nombre de fe.
Proceso de descubrimiento y de aceptación no fácil, lleno de dudas y vacilaciones, como lo muestra el episodio de Pedro. Nuevo dato concreto que avala la objetividad de lo que realmente ocurrió. ¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?

3. Comprensión actualizante
Invitación a tener fe en Jesús, Hombre y Dios. La invitación parte del propio Jesús: Soy yo, no tengas miedo.
Esta invitación abre la puerta a un proceso de descubrimiento de Jesús sin prisas, en el tú a tú de la oración, en el estar a solas con Jesús.
Un proceso que puede tener altibajos, dudas, vacilaciones, pero en el que Jesús jamás será un ausente: ¿por qué dudas de mí? No dudes de mí.
No dudemos de Jesús. Y si lo hacemos, gritémosle: ¡Señor, sálvame!
Iremos experimentando con total seguridad que Jesús es realmente Hijo de Dios. ¡No tengamos miedo!

ALBERTO BENITO
alberto@dabar.net


NOTAS PARA LA HOMILIA

En pleno período estival y en medio de la canícula también la Iglesia celebra, sin descanso, la Cena del Señor, la Eucaristía del domingo, la pascua semanal. La misa del domingo no es un trabajo como para tener que descansar de él, ni siquiera para el celebrante o los ministros. Esto es, entre tantas cosas, una más que a la sociedad le cuesta entender. Nosotros sabemos bien que la celebración religiosa del Día del Señor es la actualización de su muerte y resurrección, es la reunión de la familia en torno al Padre, que nos alimenta para esta vida con el alimento de la vida eterna. Por eso no podemos permitir que en nuestras vacaciones se nos pase por la cabeza “descansar” de la Eucaristía del domingo. El Señor continúa sirviéndonos su Palabra y su banquete eucarístico. Ambos nos nuestro sustento, el alimento que nos nutre, sin el cual nos volvemos anémicos en lo cristiano. Tampoco nuestro contacto con Dios debe ser objeto de “descanso” para nosotros. Más bien, al contrario, al disponer de más tiempo libre, podemos acentuar y prorrogar nuestra oración, nuestra contemplación de la naturaleza, nuestra reflexión o lectura de libros espirituales, de documentos publicados recientemente por la Iglesia, del conocimiento de las Sagradas Escrituras, del Concilio Vaticano II, tan desconocido en nuestras comunidades…

La Palabra de Dios que leemos en la misa de hoy es sabrosa y, como siempre, ilumina nuestros pasos. El libro de los Reyes nos habla del sigilo y de la discreción de Dios. Todo el mudo relacionaba la presencia divina con manifestaciones espectaculares. Sólo hay que leer los relatos de epifanía en los libros del Antiguo Testamento o los de vocación de los profetas. En este párrafo, Elías tiene que aguardar el paso de Dios por el lugar donde se encuentra. Donde a él le cabía intuir que lo podía encontrar, no estaba el Señor. Lo ruidoso y espectacular no era presencia de Dios. El susurro, sin embargo, contenía la presencia de Dios. Cuántas veces hemos buscado a Dios equivocadamente. Dios está en lo cotidiano. Tanto, que para muchos pasa de largo porque no se plantean que puedan encontrarlo ahí. Y es que, para encontrarlo, es necesario esperarle, detenerse y pararse. Buscar a Dios; ésa es la cuestión. Esperar a Dios: eso es lo que hace Elías. Muchas veces es Dios quien sale al encuentro del que le busca. Pero, nuestra sociedad, ¿espera en Dios; busca a Dios; aguarda a Dios?

El evangelio de Mateo nos muestra hoy una escena rica en contenido para nuestra reflexión. Ocurre justo después de la multiplicación de los panes. Jesús se retira él solo para orar. Los discípulos no le aguardan. Se buscan la vida por sí mismos sin Jesús. Se hacen al lago con la barca y la tempestad la azota durante toda la noche. De madrugada es ya un nuevo día. El día en que se han separado de Jesús ya ha pasado. Ahora es un día distinto y Jesús va hacia ellos. Para él el agua no es una dificultad. La tempestad tampoco lo es. Los discípulos se asustan y no distinguen a Jesús. Él tiene que presentarse: “¡Ánimo. Soy yo. No tengáis miedo!”. Se pone a prueba la fe de la roca de la Iglesia, la fe de Pedro. En un principio, supera los problemas, pero cuando se concentra sólo en ellos, se hunde. Cuando Jesús sube a la barca con Pedro, la tempestad cesa y ellos afirman la condición divina de Jesús. ¿Puede ser que los católicos de hoy en día nos concentramos demasiado en los problemas y en las dificultades? Quizás se nos va en tiempo en lamentarnos de lo mal que está todo y en defendernos de los ataques sistemáticos que sufrimos. Jesús nos muestra cómo debemos concentrarnos en lo fundamental y pasar por encima de todo eso. Para el discípulo de Jesús, lo fundamental es su unión con él y el anuncio de la Buena Noticia, con su palabra y su ejemplo de vida. Sabemos que, cuando hacemos eso, Jesús viene con nosotros y entonces los vientos amainan. No dediquemos tanto tiempo a las cosas que desvían nuestra atención de él. Y, sobre todo, no caigamos en la tentación de querer ir solos. Sin él estamos perdidos.

JUAN SEGURA
juan@dabar.net





PARA CONSIDERAR Y REFLEXIONAR EN GRUPOS

Al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó:
«Señor, sálvame».
(Mt 14, 30)

Preguntas y cuestiones
Jesús nos invita a no tener miedo, pero también se pregunta porqué dudan de Él.
-¿Cuáles son nuestros miedos? La tempestad y la fuerza del viento en la sociedad en la que vivimos, nos provoca incertidumbre, y quizás miedos.
-Hoy en día en nosotros y en nuestras comunidades, ¿Cuáles son las dudas que nos surgen respecto a la confianza en Jesús y sus promesas?
-Ponemos en Jesús, aquél en quien depositamos absolutamente nuestra confianza y seguridad de nuestra salvación que nos libera de todos los miedos.



PARA LA ORACION

Señor, Padre de misericordia, que quieres que nos convirtamos a ti y que vivamos para la eternidad; asiste a tus hijos, débiles y vulnerables, que necesitan de ti para superar sus dificultades. Que ellas no les quiten la paz interior ni les incapaciten para dar testimonio de ti en el mundo.
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Acoge, Señor, nuestras ofrendas, representadas en estos dones que tú nos das y que son también el fruto de nuestro esfuerzo. Que toda nuestra vida sea ofrenda a ti como nuestro creador y nuestra meta.
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En verdad es justo y necesario bendecirte, Señor, todos los días de nuestra vida. Porque en ser agradecidos contigo consiste la justicia y en reconocer que todo lo que logramos es fruto de tu providencia consiste la verdadera humildad. Por eso, porque eres generoso con nosotros, te alabamos y te cantamos con los ángeles y los santos.
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Alimentados con tales manjares, nos reconocemos más fuertes para seguir en el camino las huellas de tu Hijo. No dejes, Padre, que nada nos aparte de él y, mucho menos, permitas que busquemos el camino por nuestra cuenta sin contar contigo.




LA MISA DE HOY

MONICIÓN DE ENTRADA
Bienvenidos a nuestra celebración de la Pascua semanal, a nuestra celebración de la Eucaristía. El Señor viene con nosotros en lo ordinario, en todo lo cotidiano. No debemos esperar grandes manifestaciones para encontrarle: está más cerca de nosotros de lo que podemos imaginar. El evangelio nos traslada a cómo influyen en nosotros las dificultades y los problemas. Si nos concentramos en la persona de Jesús y no gastamos nuestras fuerzas en luchar contra los elementos, saldremos a flote. De lo contrario, estamos hundidos. Comenzamos.

ACTO PENITENCIAL
-Tú, que nos traes a Dios en nuestra vida cotidiana. Señor, ten piedad.
-Tú, que eres la salvación para quien te cree y te acepta. Cristo, ten piedad.
-Tú, que eres la garantía del fruto de la evangelización. Señor, ten piedad.

MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA
Elías debe aguardar a Dios junto a una cueva en la montaña sagrada. Ante él suceden fenómenos llamativos, pero encuentra a Dios en lo inesperado. Un leve soplo, un susurro nos habla de la presencia discreta y cotidiana de Dios para el que tiene fe.

SALMO RESPONSORIAL (Sal. 84)
Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.
Voy a escuchar lo que dice el Señor: «Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos». La salvación está ya cerca de sus fieles y la gloria habitará en nuestra tierra.
Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.
La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan; la fidelidad brota de la tierra, y la justicia mira desde el cielo.
Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.
El Señor nos dará la lluvia, y nuestra tierra dará fruto. La justicia marchará ante él, la salvación seguirá sus pasos.
Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.

MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA
Ante los romanos, San Pablo se lamenta del rechazo que sufre el mensaje de Jesús entre los judíos. Ellos fueron llamados los primeros a saborear la Buena Noticia de la salvación, con la presencia del Mesías prometido. Pero no vieron en Jesús al esperado. Puesto que el mensaje de Jesús es universal, se anuncia ahora a toda la tierra y sale del país que lo ha rechazado.

MONICIÓN A LA LECTURA EVANGÉLICA
El texto evangélico de hoy nos muestra lo que ocurre cuando los discípulos se apartan de Jesús y cómo acontece de otra manera cuando están unidos a él. Sin él, la tempestad les azota, les llena de miedo y les hunde. Con Jesús, todo es diferente. Ya no hay dificultades si él está.

ORACIÓN DE LOS FIELES
Movidos por el impulso que genera en nosotros el Espíritu de Dios cuando nos reunimos en su nombre, llevemos ante él nuestra oración humilde y confiada.
-Por la Iglesia, para que nunca pierda de vista que la razón de su existir está en el reconocimiento de su Señor y en el anuncio de la salvación a toda la tierra. Roguemos al Señor.
-Por el mundo y por sus gobernantes, para que fundamenten la paz mundial en una justicia universal. Roguemos al Señor.
-Por los que viven en estos días un período de descanso a su actividad habitual, para que no descansen de ser cristianos, de orar y de participar en la Eucaristía. Roguemos al Señor.
-Por los que no tienen vida laboral por no encontrar trabajo, para que se acelere la recuperación económica y permita crear el empleo necesario para todos. Roguemos al Señor.
-Por todos los que sufren en el cuerpo o en el espíritu, para que Dios les acompañe en todo momento y encuentren la solidaridad y ayuda en los creyentes. Roguemos al Señor.
-Por todos nosotros, para que, con Jesús, superemos los problemas y dificultades que el mundo proporciona a nuestra fe y nuestra misión. Roguemos al Señor.
Oración: Acoge, Padre, la plegaria de tus hijos y transforma en un don de tu generosidad aquello que nosotros te hemos presentado en forma de oración. Por JCNS.



CANTOS PARA LA CELEBRACION
Entrada. Si vienes conmigo (de Gabaráin, disco “Dios con nosotros”); Pero… ¿dónde, dónde está Dios? (de Luis A. Díaz); Me adelantaré (1ª estrofa); Con alegría y hermandad (Disco “Cantos para participar y vivir la Misa”).
Acto penitencial. 1CLN-B 4.
Salmo. LdS.
Aleluya. 1CLN-E 9.
Ofertorio. Ya no hay razas (Mocedades); Quiero estar, Señor, en tu presencia (disco “Cantos para participar y vivir la Misa”).
Santo. 1CLN-I 10; o el de G. Arrondo.
Aclamación a la doxología. 1CLN-K 1.
Comunión. Creo en Jesús (2CLN-274); Yo soy el pan de vida (2CLN-O 38); Véante mis ojos (2CLN-272); Delante de Ti, Señor, mi Dios (disco “Cantos para participar y vivir la Misa”).
Final. Mientras recorres la vida (de Espinosa).



Director: José Ángel Fuertes Sancho •Paricio Frontiñán, s/n• Tlf 976458529 Fax 976439635 • 50004 ZARAGOZA
Tlf. del Evangelio: 976.44.45.46 - Página web: www.dabar.net - Correo-e: dabar@dabar.net


WebJCP | Abril 2007