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MISIONEROS EN CAMINO: Homilías y Reflexiones para el XXII Domingo del T.O. (Mt 16, 21- 27) - Ciclo A
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domingo, 28 de agosto de 2011

Homilías y Reflexiones para el XXII Domingo del T.O. (Mt 16, 21- 27) - Ciclo A


Publicado por Iglesia que Camina

CARGAR LA CRUZ, LA DE CADA DÍA

“El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga.” No vivas recordando las cruces de tu pasado. Algunos se pasan la vida recordando lo triste que ha sido su vida. Esas cruces ya las has vivido, vive ahora las del presente así no tendrás que revivirlas mañana. Porque las cruces que se aceptan con generosidad se viven y se olvidan, no vuelven a doler más.

Tampoco vivas imaginando las cruces del mañana. ¿Sabes cuáles van a ser? Además, Dios no te ha garantizado fuerzas para llevar las cruces de hoy y las de mañana juntas. Dios da las fuerzas necesarias para las cruces de cada día. Para las de mañana, tendrás que esperar a mañana. Vivir hoy las cruces del mañana es llevar exceso de peso y eso hay que pagarlo.

Vive las cruces reales, no las imaginarias. Muchos tienen más cruces en su cabeza que sobre sus hombros, pero como no saben ver la luz, siempre se están imaginando cosas. De las cruces de hoy podrás culpar a alguien, de las cruces imaginarias tú eres el único culpable. ¿No crees que ya son suficientes las cruces de verdad sin necesidad de inventarte otras?

Las cruces son para ser llevadas a hombros, pero mejor si las llevas en el corazón. Te lo aseguro. Las cruces cuando se llevan con el corazón pesan mucho menos. El corazón tiene más resistencia que tus hombros, por muy forzudos que los tengas.

Algo importante. No soluciones el problema de tus cruces tirándolas encima de los hombros de los demás. Las cruces se llevan o te llevan, pero tus cruces sólo valen para ti, no están hechas a la medida de ellos. Si estás de mal humor, ¿por qué lo tienen que pagar los demás? Si estás furioso porque las cosas te salieron mal, ¿qué culpa tienen los tuyos? Aguántate.

Ah, un consejo. Las cruces no se miden ni se pesan. ¿Cómo sabes tú que tus cruces pesan más que las del vecino? ¿Cómo sabes tú que las cruces de tu vecino son más llevaderas que las tuyas? ¿Porque él camina feliz bajo su peso? Eso no es problema de la madera de la cruz que sea más liviana, es que posiblemente él le ha puesto más ilusión, más esperanza, más corazón.

Otra cosa. No culpes a Dios de que te envió esta o aquella cruz, y luego te pones a rezarle para que te la quite. Es decirle que se equivocó contigo y que se corrija. Hay muchos que primero hacen a Dios culpable de sus cruces. Y luego cuando le rezan lo hacen dudando: ¿Me hará caso? Bueno, si Dios me manda las cruces y luego me las quita pareciera estar jugando. Y Dios es muy serio.




¿JESÚS CAMPEÓN DEL DOLOR?

No se trata de cuál es tu record de sufrimientos. Se puede ganar el record del dolor y haber sufrido inútilmente. Jesús no compitió a quien sufre más. Lo importante es si tu sufrimiento es salvífico como el suyo. ¿Cuánto amor revelas en tu sufrir diario?

En su Cruz Jesús sufría por nosotros. En nuestras cruces, Jesús sufre con nosotros y en nosotros. ¿Por quién sufres y con quiénes sufres tú cada día? Lo importante no es el dolor sino quién y cómo sufre, y por quién sufre.

Nuestra civilización hace todo lo posible por borrar las cruces de nuestros cuerpos, pero al mismo tiempo crea las cruces del espíritu: soledad, vacío, aburrimiento, indiferencia, carencia de sentido.

Es posible que lleves colgada de tu pecho una cruz. ¿De oro? ¿De plata? Ya no es la Cruz de Jesús. Tu cruz es de adorno, por eso no escandaliza a nadie. La puedes llevar incluso sin creer en la Cruz. La verdadera cruz cristiana es la que te hace impopular ante los demás, aquella que nadie te la pide para ver lo bonita que es.

La cruz que no habla de Dios crucificado, de hombres crucificados, no es la Cruz de Jesús. Lleva una cruz ante la que los demás se sientan estremecidos, cuestionados. Una Cruz que, en vez de dar gusto verla, moleste la tranquilidad de quienes la ven.

La Cruz es escandalosa o no es la Cruz de Jesús. La Cruz de Jesús no fue un adorno estético, fue el lugar de condena y de muerte, pero también de vida. Los adornos son maquillajes de la vida, la Cruz de Jesús es transformadora de las vidas.

Llevar una Cruz-escándalo tiene que significar que vives una vida que, por ser diferente, escandaliza. El escándalo del cristiano está en no conformarse al estilo de los demás, en negarse a ser como todo el mundo.




LA CRUZ ESPEJO DE DIOS Y DEL HOMBRE

Cuando mires a la Cruz trata de mirar más allá de la ella, trata de ver más allá del dolor. Descubre más bien al nuevo hombre y al nuevo rostro de Dios. Jesús no es ningún campeón olímpico del dolor, sino la revelación suprema del amor y de la vida.

¿Quién eres tú visto desde la Cruz? Es posible que seas alguien al revés de lo que estás siendo y quieres ser. Débil, en vez de poderoso. Frágil, en vez de fuerte. Pobre, en vez de rico. Debilidad que es la fuerza del poder de Dios. Fragilidad que es la fortaleza de Dios y pobreza que es la riqueza de Dios.

Los hombres se miden unos a otros por su poder, por su fortaleza, por lo que tienen. Por eso viven discutiendo, luchando, matando. El hombre revelado en el Crucificado: ama, sirve, se da por los demás. Es otra manera de ser hombre.

Jesús Crucificado es la crítica y la justicia de Dios al poder y al tener. Su muerte demostrará la inutilidad y la fragilidad y peligrosidad del poder humano.

Al poderoso le tememos, no lo amamos. Lo adulamos porque lo necesitamos. Dios no necesita aduladores, quiere ser amado. Por eso el Dios revelado en el Crucificado es el Dios despojado, al que sólo se le busca porque se le ama.

La venganza del poder es dominar y someter. La venganza del amor del Crucificado es atraer hacia sí a quienes incluso lo rechazan. La victoria del amor es renovar y revivir a los enemigos.

La Cruz de Jesús no es una lección para sufrir bien, sino el modelo y la exigencia de vivir mejor. La Cruz no es para los días de dolor, es para los días que hay que vivir.




LA CRUZ DEL CAMINO

Si llevas una Cruz colgada al cuello, no olvides de llevar a tus hermanos crucificados dentro de tu corazón y sobre tus espaldas para ayudarles a hacer más llevaderas sus propias cruces.

La Cruz no es redentora por tener que aguantarla, soportarla, sino porque somos capaces de aceptarla. Si la aguantas, ella te vencerá. Si la aceptas libremente, tú la vences. La haces camino en tu camino.

La Cruz no es para quedarse con ella, sino para hacerla camino. La Cruz que no te lleva a la esperanza, a la libertad, a la Pascua, no es Cruz cristiana. Sigue siendo cruz pagana, porque sigue siendo eso, sólo cruz.

La Cruz de Jesús nunca es el final sino un camino: camino al Padre y camino hacia el hombre, a la vida. Camino al triunfo. Los caminos no son para quedarse en ellos sino para caminarlos y llegar lejos.

A ti no te gusta la cruz, a Jesús tampoco, hasta le pidió al Padre que se la quitase del camino. Pero las cosas no valen por el gusto que tienen sino por su capacidad de hacerte diferente.

La Encarnación te habla de acercamiento de Dios al hombre y a todo lo humano, pero la Cruz te marca la distancia entre lo humano y lo divino. La Encarnación te dice: "Estás en el mundo", pero la Cruz te grita: ¡No eres del mundo!

La Cruz no significa para Jesús un haber tenido mala suerte, sino un haber abierto un camino diferente. No fue mala suerte, fue consecuencia de un modo de vivir.
La Cruz en el camino te marca la dirección hacia donde camina tu vida.





SER DÉBIL ES UNA VENTAJA

¿Te sientes poca cosa? ¡Vaya qué suerte! Dios doblega a los fuertes y grandes, pero se inclina reverente ante los débiles y pequeños. "Derribó de sus tronos... exaltó a los humildes."

Mirar a la Cruz siempre es un riesgo. El riesgo de convertirte. Porque luego no puedes seguir pensando igual ni mirando igual a los hombres y a Dios. Menos aún podrás seguir viviendo de la misma manera.

Tu verdadera cruz no es tanto ese dolor de muelas, ni siquiera esa enfermedad incurable. Tu verdadera Cruz es la que nace como consecuencia de tu vida diaria de fidelidad. Es la cruz consecuencia de la vida.

¿Sabías que en los Evangelios se describen unos noventa y cinco encontronazos de Jesús con sus enemigos? La última vez lo condenaron a muerte. ¡Y luego dirán que hay que ser como todos! ¡Que no conviene llamar la atención! Claro, así jamás lo condenan a uno. Así se puede llegar a viejo y morir apolillado de años.

La verdad no siempre se expresa con las palabras y menos aún a gritos. También el silencio es una manera de tener la razón. A Jesús lo acusaban, pero Él callaba.

¿Que te sientes débil en el dolor? ¿Qué quieres, ocultar tu debilidad? ¡Pobre Cristo! Él siente tristeza, angustia, miedo y tedio. No, no es ningún Supermán, es sencillamente humano.

El miedo a las dificultades, a sufrir, no es nunca razón para echarse atrás en el camino. "Padre, que no se haga mi voluntad sino lo que Tú quieres." La debilidad es tan sólo dificultad que hay que vencer.
Débil no es aquel que cae, sino aquel que no reconoce su caída o renuncia a levantarse.


WebJCP | Abril 2007