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domingo, 10 de julio de 2011

Palabra para la Misión: Misión con la esperanza de Dios sembrador obstinadamente pródigo

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Domingo XV del T.O. - EUNTES
Año A – Domingo 10.7.2011

Isaías 55,10-11 / Salmo 64 / Romanos 8,18-23
Mateo 13,1-23

Reflexiones

Pocas cosas hay en la naturaleza tan pequeñas, casi invisibles, y, sin embargo, tan poderosas y sorprendentes como las semillas. Son incontables, las hay de toda especie, entran por todas partes, las pisoteamos, se pegan a la ropa sin que uno se dé cuenta; parecen insignificantes, pero son fuertes, resistentes y encierran enormes capacidades de desarrollo. Todas las plantas del bosque, de la huerta, del frutal o del jardín traen su origen de un puñado de semillas: en ellas la Naturaleza ha concentrado potencialidades de desarrollo casi infinitas. Jesús, como buen Maestro y atento observador de la naturaleza, en la parábola de hoy –llamada del sembrador– (Evangelio) teje su conocida y extraordinaria enseñanza partiendo de las semillas. Se puede analizar esta parábola bajo tres perspectivas: el sembrador, la semilla y los terrenos; las tres con alcance universal.


Ante todo, el sembrador sorprende por su prodigalidad. Actúa como un ‘inexperto’, tira la semilla por doquier, casi sin querer darse cuenta dónde cae: al borde del camino, entre piedras y espinas, y por fin en tierra buena. El sembrador es símbolo de esperanza: spes in semine, se dice. Este sembrador es la imagen de un Dios de vida, esperanza y misericordia, pródigo y ‘obstinado’ en la repartición de sus dones: ama a todos, quiere que su palabra llegue a todos, “quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1Tim 2,4). Por eso, en la vida y en las culturas de los pueblos, aunque todavía no evangelizados, encontramos dones y valores que tienen su origen y van a tener su plenitud en Dios, que es Padre de todos y dador de todo bien.


La semilla es la Palabra de Dios, es Jesús mismo, Verbo y don del Padre, Dios en carne humana, Él, que es la plenitud del Reino. El anuncio misionero del Evangelio de Jesús hace crecer los valores presentes en las culturas, los purifica y los lleva a la perfección. Con razón, ya San Justino (+165) llamaba a tales valores las semillas del Verbo. El Verbo, Palabra eficaz del Padre, es como la lluvia (I lectura) que baja del cielo para empapar la tierra, fecundarla y hacerla germinar para que dé nuevos frutos (v. 10). Esta Semilla divina tiene una potencialidad infinita: ofrece a todos la salvación; no hay barreras que logren impedir que la salvación llegue a todas partes, a cualquier persona, incluida la más perdida. En el mundo, que es el campo del Padre –¡siempre encantador al contemplarlo!– (Salmo responsorial), no existen personas o realidades irrecuperables. Éste es el fundamento del optimismo cristiano: tenaz, por encima de toda resistencia. Esta es la esperanza que da aliento al misionero: él confía en las sorprendentes potencialidades de la Palabra que va sembrando, espera siempre que la semilla produzca frutos, pone en juego su vida para salvarse a sí mismo y a los demás. Lo explica bien el Papa Benedicto XVI en la encíclica Spe Salvi. (*)


Dios ha optado por dejarse condicionar por los diferentes terrenos. Él ofrece generosamente su salvación a todos, pero no coacciona a nadie, respeta y confía en la libertad humana. Los diferentes terrenos, es decir, cada persona, tienen la capacidad de acoger o de rechazar la semilla. Éste es el drama de la existencia humana, con su facultad de escoger entre camino, piedra, espinas o tierra buena. E incluso ésta última con diferentes grados de respuesta: producir 30, 60, 100 por uno (v. 8.23). Dentro de estos recovecos del corazón humano se inserta la obra del Espíritu (II lectura), que está presente en la creación que sufre aguardando la plena salvación de los hijos (v. 23).


En la historia de las misiones y en la actividad evangelizadora se descubren a menudo tesoros de santidad y de gracia, incluso allí donde todo parece árido y pedregoso. Algunos ejemplos lo confirman. En Darfur (región occidental de Sudán, devastada por un sinfín de violencias) Dios ha hecho brillar la grandeza humana y espiritual de una ex-esclava, santa Josefina Bakhita. Entre los horrores de la guerra civil del Congo (1964), Dios ha hecho brotar la luz de la beata Clementina Anuarite, mártir de la castidad y del perdón. Entre las tierras buenas, cabe recordar los testimonios de: María Goretti, Gandhi, la beata Madre Teresa y muchos otros, más conocidos a nivel de las Iglesias locales. Hablando de tierras, la historia muestra que los tiempos se alternan según los tiempos, las personas, los acontecimientos: hay épocas de acogida, de cerrazón, rechazo, retornos... Con razón, la Iglesia nos invita a pedir al Padre, con el poder del Espíritu, “la disponibilidad a acoger el germen de tu palabra, que sigues sembrando en los surcos de la humanidad, para que fructifique en obras de justicia y de paz”. (Oración colecta).


Palabra del Papa

(*) “Nuestra esperanza es siempre y esencialmente también esperanza para los otros; sólo así es realmente esperanza también para mí. Como cristianos, nunca deberíamos preguntarnos solamente: ¿Cómo puedo salvarme yo mismo? Deberíamos preguntarnos también: ¿Qué puedo hacer para que otros se salven y para que surja también para ellos la estrella de la esperanza? Entonces habré hecho el máximo también por mi salvación personal”.

Benedicto XVI
Encíclica Spe Salvi, 30.11.2007, n. 48


Siguiendo los pasos de los Misioneros

- 10/7: BB. Emanuel Ruiz y 10 compañeros mártires (8 misioneros franciscanos y 3 laicos maronitas, hermanos de sangre), asesinados por la fe, de parte de musulmanes, en Damasco (Siria) en 1860.

- 11/7: S. Benedicto de Norcia (480-547), abad, “Padre y Patrón de Europa”, fundador, patriarca de los monjes en Occidente.

- 13/7: S. Enrique II (973-1024), emperador romano y rey de Alemania; con su esposa S. Cunegunda propagó la fe en Europa, fundó monasterios y diócesis.

- 13/7: B. Mariano de Jesús Euse Hoyos (Colombia, 1845-1926), sacerdote diocesano, ejemplar por su sencillez, integridad de vida y celo apostólico en las actividades parroquiales.

- 13/7: B. Carlos E. Rodríguez Santiago (1918-1963), laico, primer beato de Puerto Rico; apóstol de los jóvenes, entregado a la liturgia y a la catequesis.

- 14/7: S. Camilo de Lellis (1550-1614), sacerdote italiano, entregado al servicio de los enfermos incurables; fundó a los Ministros de los Enfermos (Camilos).

- 14/7: S. Francisco Solano (1549-1610), franciscano español, gran misionero en Panamá, Perú, Argentina.

- 14/7: B. Ghebre Michael (Etiopía, 1791-1855): se convirtió de la Iglesia copto-ortodoxa, sufrió persecución y martirio; entró en la Congregación de la Misión (Vicentinos-Paúles), es el primer sacerdote etíope del Vicariato de Abisinia.

- 15/7: S. Vladimiro (+1015), príncipe de la Rusia de Kiev, se convirtió (988) y es consderado el fundador del Cristianismo en Ucrania.

- 15/7: BB. Ignacio de Azevedo, sacerdote, y otros 38 mártires jesuitas españoles y portugueses, asesinados por los piratas del mar (cerca de las Canarias, +1570), mientras estaban viajando rumbo a Brasil.

- 15/7: B. Ana M. Javouhey (1779-1851), francesa, ardiente misionera, fundadora de las Hermanas de S. José de Cluny, para los necesitados y para las misiones.

- 16/7: S. María del Monte Carmelo, lugar donde se refugió el profeta Elías. El monte Carmelo es el lugar inspirador de la Orden Carmelitana.

- 16/7: BB. Andrés de Soveral, jesuita brasileño, y Domingo Carvalho, asesinados durante la celebración de la Misa (+1645) en Cunhaú, cerca de Natal (Brasil).


WebJCP | Abril 2007