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MISIONEROS EN CAMINO: V Domingo de Pascua (Jn 14,1-12) - Ciclo A: Jesús es camino, verdad y vida
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sábado, 21 de mayo de 2011

V Domingo de Pascua (Jn 14,1-12) - Ciclo A: Jesús es camino, verdad y vida



Una de las páginas más profundas del evangelio de Juan. Es la última cena de Jesús de con sus amigos. Jesús se está despidiendo de ellos, comprende su tristeza, quiere reafirmarles en la fe. Es un diálogo intenso, profundo, refleja la emoción, el desconcierto de los suyos al perderle, las palabras de Jesús están cargadas de afecto, de esperanza.

“Te vas, ¿a dónde?, ya no vuelves, ¿ nos quedamos solos?” le dice Felipe.

“No tengáis miedo, yo os he llamado, sois mis amigos. Hemos convivido como hermanos, hemos vivido entre las gentes, con los que sufren, curado enfermos, me conocéis. Os quiero decir algo más: voy al Padre, pero no os abandono, voy a preparar vuestra morada junto a Dios, volveré pronto y un día os llevaré conmigo.

Felipe insiste: “muéstranos al Padre, Señor.

Jesús les comunica el mayor secreto de su vida, la mayor confidencia de amigo. “Felipe: si me veis a mi, veis al Padre, yo estoy en el Padre y el Padre está en mi”. “El Padre y yo somos uno, el que me ha visto a mi ha visto al Padre”. Jesús les abre lo más profundo de su intimidad, es el gran misterio de su persona.

Les resulta difícil comprender estas palabras, Tomás se atreve y le pregunta: ¿Cómo podemos saber el camino que conduce a este misterio de Dios? Jesús responde con palabras que nunca habían escuchado: “Yo soy el camino, la verdad, la vida, soy el camino, que habéis de seguir, soy la verdad de la vida. Nadie llega al Padre si no es por mi. ”Yo os daré mi espíritu, seguiré a vuestro lado, cuando estéis reunidos en mi nombre estaré en medio de vosotros.”

Hoy Jesús quiere mantener este diálogo con cada uno de nosotros. Jesús nos repite hoy las palabras que hemos oído: “Él es el camino, nuestra verdad, nuestra vida”.

Es muy posible que participemos de algún modo, de la confusión de sus amigos. Nosotros sabemos de caminos de nuestra vida, de muchas señales que nos indican rutas contradictorias del bien y del mal, que nos confunden.

Son muchos hoy los que se han quedado sin caminos hacia Dios, han abandonado a Jesús, no han renegado ni de Jesús ni de Dos, han abandonado la Iglesia, no han encontrado en ella el camino para responder a la verdad de su vida.

¿Quién no se ha encontrado perdido, frustrado, engañado al escoger como verdaderos caminos falsos, crisis violentas cuando se anunciaba prosperidad? ¿quién sabe con certeza a dónde va nuestra vida? Jesús nos habla de todo esto.

Nosotros también podríamos preguntarle como Tomás: ¿tu quién eres para mi, qué representas para nosotros en este mundo de hoy? ¿Tienes algo que decirnos?

Jesús no es excluyente, nunca dice que solo hay una manera de vivir, no. Pero siguiendo su palabra, siguiendo el espíritu que animó su vida, podemos tener la seguridad que allí donde nos encontremos hoy, en nuestra vida tan diferente a la suya, podremos seguirle a Él, Él es el camino.

Hay una verdad en el trasfondo de estas palabras suyas, su afirmación: caminamos todos al encuentro de Dios. Nuestra vida termina en Dios y es Jesús quien nos señala el camino, Él es el único que puede acercarnos a Dios. Nos invita a seguirle.

No pensemos que podemos responderle con nuestra rutina religiosa; la rutina de responder casi solamente con ritos, oraciones, siempre con lo mismo, es una carcoma que arruina nuestro espíritu. La vida es más compleja, no podemos pensar que seguir a Jesús consiste en ir sacando de ese cajón “piadoso” todo eso que no influye para nada en nuestra vida.

Seguir el camino de Jesús, será tratar de reproducir en nuestro vivir cotidiano sus formas de pensar, hablar y actuar, sus deseos, sus preocupaciones. Él vivió en Palestina, nosotros aquí, en esta ciudad, en este pueblo, en el mundo de hoy. En los ambientes diferentes en los que cada uno vivimos, podremos realizar nosotros su palabra, con los sentimientos que tuvo Jesús podemos participar de su misma vida, será recorrer nuestro camino con Él. Todo el que sitúa su vida en el plano del compromiso fraterno encuentra a Dios. Jesús nos asegura que nos da su espíritu.

Con un ejemplo podremos entendemos. Jesús lo único que nos pide es amar, lo sabemos. Amar estableciendo en nuestro vida, en nuestro mundo una convivencia humana, fraterna, haciendo el bien, quitando el sufrimiento, el hambre. Nuestra reacción suele ser: dar una limosna al que nos pide, organizar comedores, instituciones benéficas de apoyo a los necesitados. Sin duda necesario, no podemos consentir que mientras comamos nosotros haya otros que pasen hambre.

Pero es evidente que así no se elimina la pobreza, ni el hambre del mundo. Hay unas causas en el mundo civilizado de hoy que crean las situaciones injustas, que provocan injusticias, desastres, que todos conocemos. Es cierto, mueren muchos sin haber nacido, es criminal, hay que evitarlo, pero también hoy han muerto miles y miles de niños ya nacidos, pequeñitos, sus madres no han podido alimentarles. Solemos decir que no es responsabilidad nuestra, que es “de los de arriba”. Sabemos que “los de arriba” hacen lo que les exigen los que les votan y los que les toleran. Pensemos en nuestros votos. Dios no lo quiere este mundo así. Las primeras palabras en el Génesis a la humanidad: “poblad la tierra y gobernadla”.

No se puede entender el amor, la caridad solo como una labor de beneficencia, también hay que asumirlo como un compromiso efectivo para que las estructuras de poder de nuestro mundo promuevan la justicia y el respeto a todo ser humano. No podemos negar que todos tenemos alguna responsabilidad en ello.

El seguimiento de Jesús no es solo progresar en su conocimiento, seguir a Jesús ante todo es un dinamismo constante en la realización por amor del proyecto de Dios sobre el hombre, sobre el hombre de hoy. La gran verdad de Jesús es su palabra de que Dios está en la raíz y en el término de nuestra existencia. Él no acepta nuestros engaños y trampas. Su palabra, que Él realizó en su vida, nos manifiesta que el ser humano sólo es persona en el amor, que hemos de amarnos como hermanos y hemos de acercarnos sobre todo al ser humano que sufre olvidado y ayudarle a vivir, aunque sea de otros pueblos o continentes, de otras culturas o religiones, de otro nivel social, y amarle con generosidad sin sombra de mentira interesada, y si no podemos nosotros, apoyar a los que lo hacen. Pero hacerlo en verdad.

Sus palabras de hoy nos aseguran: Caminamos todos al encuentro de Dios. Es la afirmación rotunda de Jesús. Nuestra vida termina en Dios y Jesús es el camino. Está en nuestra mano aceptarlo.


WebJCP | Abril 2007