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sábado, 21 de mayo de 2011

LA HOMILÍA MÁS JOVEN: ACTITUDES FUNDAMENTALES


V Domingo de Pascua (Jn 14,1-12) - Ciclo A
Por Pedrojosé Ynaraja

1.- El antiguo promontorio jebuseo, que tal vez coincidía con el monte Moria de la historia de Abraham, fue conquistado personalmente por David. Con esta hazaña perdió su homogeneidad, que fue multiplicándose a medida que la historia progresaba. Buena prueba de ello es la reflexión que se hacen los que escuchan a Pedro el día de Pentecostés y reconocen que entre ellos hay gente originaria de medio mundo mediterráneo. Pero simplificando la cuestión, y partiendo de la base de que el grupito cristiano era fundamentalmente una comunión, el texto de los Hechos de los Apóstoles que leemos este domingo, reconoce que la cuestión cultural era una amenaza para la vida comunitaria. Estoy refiriéndome a Jerusalén, evidentemente.

2.- Convivían en la gran capital judíos de los de siempre, enraizados allí desde siglos antes. Habían abandonado como lengua coloquial el hebreo, relegado a papel de lengua selecta y sagrada y se expresaban en arameo que, pese a escribirse con idénticos caracteres, era idioma diferente. (En más de una ocasión, la última hace pocos meses, he pedido a un judío que me recitase el Padrenuestro tal como lo enseñaría Jesús, que aparece en la lápida correspondiente del monasterio del Olivete. Gentilmente lo han leído advirtiéndome que, pese a hacerlo, no entenderían el significado de las palabras).

Hacía siglos que, por diversas causas, la comunidad judía había salido de Israel hacía tierras occidentales. Sin perder sus convicciones religiosas habían aceptado la lengua del país y hasta muchas de sus costumbres. Destacaba entre estos lugares la ciudad de Alejandría y poblaciones importantes de Grecia. Se vieron obligados a disponer de un texto bíblico de acuerdo con su lengua coloquial: el griego. Es el origen de la Biblia que llamamos Septuaginta. Pero no se crea que perdían contacto con la Ciudad Santa. Muchas familias retornaban a las tierras de sus ancestros, rezaban en sus sinagogas y ofrecían sacrificios en el Templo. Pese a ello, veladamente, existía una diferenciación. Los de origen griego, generalmente, tenían un nivel cultural superior, pero sufrían una cierta marginación. De alguna manera eran considerados advenedizos.

3.- Jesús no estableció diferencias, su lengua materna era el arameo, hablaba y leía el hebreo, hoy no se duda de que conocía el griego y hasta, seguramente, chapurreaba el latín vulgar del Lacio. Predicaba a unos y a otros, ayudaba a quien se acercase a Él solicitando ayuda. Se encontró con el intelectual Nicodemo, dialogó con los “griegos” que solicitaron entrevistarse con Él en la explanada del Templo o curo a la hija de la extranjera siro-fenicia. Pero Él era Él y sus seguidores no llegaban a tanto. Y surgió la rivalidad entre comunidades. Los pobres de una eran mejor atendidos que los de la otra. ¿Podían los Apóstoles controlar todos los aspectos de la vida comunitaria? Se sentían ellos herederos del Señor, no simples esclavos de una doctrina literalmente establecida. Un proverbio persa dice: si tienes dos monedas con una compra un pan y dáselo a un pobre, con la otra un libro, para alimentar su espíritu.

4.- Se sienten llamados a la evangelización y la oración, otros deben recoger el encargo del Maestro de atender a los hambrientos y necesitados. Surge entonces la institución de los diáconos. Fue una vocación y encargo que cumplió una gran misión, de manera que las crónicas se refieren a ellos, muchas veces, con mayor distinción que a los presbíteros.

Poco a poco fue abandonándose este orden sagrado y perdió prestigio, pese a que figuras tan eminentes como Francisco de Asís y seguramente San Benito, lo fueran.

5.- ¿Por qué me he entretenido, mis queridos jóvenes lectores, en este episodio, que alguno pudiera considerar anecdótico? Si os he afirmado que fue perdiendo protagonismo el diaconado, hoy en día están cambiando las cosas. Se ha instituido en el seno de la Iglesia el llamado diácono permanente. No se le exige el celibato, pero sí una dedicación preciosa y precisa. Deseo que con sinceridad os preguntéis ¿Dios me llama al diaconado? Si deseo vivir en matrimonio ¿Qué relación debe haber en mi vida entre uno y otro sacramento?

6.- Ser diácono casado no puede ser una decisión individual. Debe ser aceptado por ambos. Os lo sugiero a vosotras, mis queridas jóvenes lectoras, ¿os gustaría que vuestro enamorado o vuestro marido, fuese diácono? ¿Se os ha ocurrido sugerírselo o animarle a recibir un tal sacramento? Os advierto que, sin negar la exclusividad del don, cuando uno trata con ellos, tiene la sensación de que el diaconado es cosa de dos y admira a la esposa-compañera de ministerio y que esta proximidad la hace más consciente y responsable del sacerdocio-regio-común, no ordenado, que es una auténtica realidad de todo bautizado. Por este camino se debe también avanzar. (en la práctica de la Iglesia, un primer escalón en el sacramento del orden, es el diaconado, yo lo fui once meses, después recibí el presbiterado. Pese a permanecer, a nosotros no se nos llama diáconos permanentes)

7.- Terrenos tan peculiarmente cristianos como la responsabilidad en Caritas, la administración de los bienes de parroquias o de obispados, dirección de organizaciones juveniles, la responsabilidad de la buena realización del culto, la asistencia a enfermos o impedidos (cárceles u hospitales), la dirección de albergues de peregrinos, donde reine la hospitalidad cristiana, el trasporte y custodia de bienes religiosos o sagrados, el acompañamiento de personas en situaciones tan diversas como enfermedad terminal, enamorados que desean preparar su matrimonio para vivirlo según el ideal cristiano, los matrimonios en crisis, la atención a disminuidos, síquicos o físicos, a la dirección de publicaciones cristianas, tanto en papel como en el espacio virtual… ¡tantos son los caminos por los que os puede llamar el Señor!

Ya sé que todo esto es capaz de llevarlo a término cualquier seglar, pero el ordenado goza, para mayor provecho y eficacia, de la gracia sacramental, cosa hoy muy olvidada y que, además de exigir mayor responsabilidad da derecho a exigir de Dios la correspondiente eficaz ayuda. Las lecturas de este domingo dan para mucho más, en otra ocasión, si Dios quiere me dedicaré a las que hoy no he mencionado.


WebJCP | Abril 2007