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MISIONEROS EN CAMINO: Homilías y Reflexiones para el V Domingo de Pascua (Jn 14,1-12) - Ciclo A
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domingo, 22 de mayo de 2011

Homilías y Reflexiones para el V Domingo de Pascua (Jn 14,1-12) - Ciclo A


Publicado por Iglesia que Camina

CAMINANTE, SÍ HAY CAMINO

Aunque Machado escriba: “Caminante no hay camino, los caminos se hacen al andar”, en parte le doy la razón; sin embargo, el cristiano es “un caminante”, “tiene un camino” y “está llamado a hacer caminos”.

Es un “caminante” porque el bautismo nos pone en marcha. El cristiano, al igual que Jesús, es el hombre de los caminos, ante todo es un caminante de la muerte a la vida. Es un caminante de la incredulidad a la fe. Es un caminante del tiempo a la eternidad. Es un caminante del hombre a los hombres. Es un caminante de los hombres a Dios. Bien pudiéramos decir que el cristiano es alguien que tiene pies para andar, un corazón para amar y una mente para soñar.

Además el cristiano tiene un “camino”. Mucha gente se mueve mucho. Alguien escribió que los jóvenes que se pasan la noche bailando en las discotecas andan kilómetros en una noche, pero amanecen en el mismo sitio. Se pasan la noche dando vueltas en el mismo lugar. El cristiano tiene un camino muy claro y definido. Jesús les dice a los Discípulos: “Y a donde voy, ya sabéis el camino.” Tomás es sincero y confiesa: “Señor, no sabemos a donde vas, ¿cómo podremos saber el camino?” Jesús le responde: “Yo soy el camino... Nadie va al Padre sino por mí”.

Jesús es el camino para llegar a nuestra meta, a nuestra realización en la fe, el que nos muestra cómo realizarnos, cómo llegar a ser cristianos de verdad y cómo llegar al Padre. Tenemos un camino y tenemos una meta. El camino es Jesús, la meta es el Padre.

Por eso mismo, el Evangelio es como nuestro mapa de ruta, es como el plano de las calles de la ciudad. En este caso, el Evangelio es nuestro plano para caminar por el mundo, cómo caminar por la Iglesia, en la Iglesia y con Iglesia, camino del Reino y del Padre. Los demás podemos decir, prohibir o permitir muchas cosas, pero el único criterio de vida para caminar en la verdad es Jesús y es su Evangelio. Un Evangelio que todos debiéramos llevar en el bolsillo para confrontar nuestra vida en cada momento y ver si vamos por el camino adecuado, el camino que Dios quiere.

Llamados a “hacer caminos”. Somos nosotros los ingenieros que abren nuevas rutas. Somos los ingenieros que abren caminos para acercar a los hombres al Evangelio. Nadie es el camino, ni los que están arriba son el camino. El camino será siempre Él, Jesús. Aunque nosotros sí podemos crear esos pequeños caminitos que hacen posible que los hombres lleguen hasta Él. Es preciso no repetir los caminos de siempre, sino abrir y trazar caminos nuevos que los hombres de hoy puedan entender y puedan sentir que por ellos se les abre una nueva esperanza. No somos el camino, pero sí tenemos que ser el dedo que señale el camino. Las señales de tráfico no son la pista, pero sí nos indican la pista que debemos tomar.




CAMINANTE NO HAY CAMINO

“Caminante, son tus huellas
el camino, y nada más;
caminante, no hay camino;
Sse hace camino al andar.
Al andar se hace camino,
yal volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante, no hay camino,
sino estelas en el mar.”

(A. Machado)





LA FE NOS IGUALA A TODOS

El Evangelio de hoy nos dice algo que pude sonarnos un tanto rato y extraño, acostumbrados como estamos a que en la Iglesia todo depende de la autoridad, del que está arriba. Jesús nos dice otra cosa: “Os lo aseguro el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores.”

El verdadero punto de referencia de nuestras vidas no son los de arriba. Nuestro verdadero punto de referencia es Jesús y nuestra relación de fe en Él. Lo que nos hace capaces de actuar en la Iglesia es nuestra fe en Jesús. Ahí está el centro de la Iglesia: Jesús. Ahí está nuestra verdadera relación con Él: la fe. Por eso todos los creyentes podemos hacer lo que Él hace e, incluso, como Él mismo dice, “mayores”.

Nosotros vivimos tomando como centro a nuestros pastores. Ellos no son sino representantes del “Buen Pastor”. Por tanto, nuestra verdadera medida y nuestro verdadero faro es Él. Pedro, en la segundo lectura, nos llama “también vosotros como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios espirituales, que Dios acepta por Jesucristo”.

Es aquí donde todos, todo el Pueblo de Dios tiene que ser considerado “piedra viva” y “sacerdote que ofrece sacrificios espirituales”. Sabemos que existe un sacerdocio ministerial, pero en modo alguno puede eliminar el sacerdocio “común de todos los fieles”, de todo el Pueblo de Dios.

Existen demasiadas brechas dentro de la Iglesia. Existirían menos si tomásemos todos como eje y como centro nuestra fe en Jesús y nuestra participación en su sacerdocio. Habrá grados de servicios ministeriales, pero estos no pueden prescindir de lo que es común a todo el Pueblo de Dios: su relación de fe con Jesús. Todos estamos llamados a hacer las obras que Él hace e incluso mayores. Pero todos, en función de nuestra fe en Él.





NECESITAMOS CONVENCIMIENTOS

La experiencia enseña muchas cosas, entre ellas siento cómo muchos “quisieran” cambiar, pero luego me dicen “no puedo”. Mientras su actitud sea la de “quisiera” ciertamente no cambiarán, porque eso de “quisiera” es un querer sin querer de verdad. O quiero o no quiero. “Quisiera” es una especie de trampa que nosotros mismos nos ponemos. Por una parte queremos quedar bien porque “quisiéramos”, y por otra parte, seguimos haciendo lo mismo “porque no podemos”. Es un juego un tanto extraño dentro de nosotros.

Nadie cambia si no está “convencido” de que quiere cambiar y nadie “puede” en tanto no tenga ese convencimiento.

“Una convicción se define por el hecho de que orientamos nuestros comportamientos conforme a ella.” (Habermas) “La esencia de la convicción estriba en el establecimiento de una forma de comportamiento.” (Peirce) El querer y, por tanto, la decisión de la voluntad depende de las ideas y de los convencimientos. No existe eso que llamamos “fuerza de voluntad”. La fuerza de la voluntad depende de nuestros convencimientos. Aquello que queremos de verdad es un posible. Aquello que quisiéramos pero en el fondo no queremos termina siendo un imposible.

Antes de preguntarnos “si podemos” es preciso nos preguntemos “si queremos realmente”. Lo que quieres de verdad, lo puedes de verdad. No olvides esto, para no engañarte a ti mismo.





¿QUIERES SER CARRETERA?

¿Te parece raro el título? Es maravilloso. Las carreteras unen los pueblos unos con otros. Los intercomunican. ¿Por qué no te decides tú a ser ese únete de unión que una a la gente, une al grupo donde estás, une a los pueblos? Cuanto más unidos vivamos somos más humanos. ¿Te decides?

Las carreteras son esas vías por las que todo el mundo pasa y nadie se detienen ellas. ¿Qué importa que a ti no te hagan caso? Lo importante es si tú haces de carretera por donde los demás puedan caminar, pasar, transitar de aquí para allá. Hasta Jesús dijo de sí mismo que “El era el camino”. Claro, entonces no había carreteras. ¿No diría hoy “yo soy carretera”? ¿Te decides?

Por las carreteras se transportan los alimentos de un pueblo a otro, para que la gente pueda comer. ¿No podías ser tú esa carretera por donde Dios hace llegar el pan de cada día a los hermanos que no tienen pan? ¡Qué sabor más agradable tiene que tener el pan que pasa por ti y no se detienen sólo en tu mesa sino que llega hasta la mesa de los demás! ¿Te decides?

Hay carreteras por las que da gusto caminar. Están bien cuidadas. No tienen baches. ¿No crees que tú pudieras ser esa carretera donde los demás no tropiecen, no corran riesgo de herirse, y transiten a gusto? Qué bueno si los demás, al pasar por ti, no se han enterado de ti. Era tan suave el caminar que ni te notaban. Saber servir en silencio es hermoso. ¿Te decides?

Hay carreteras con tremendos baches. Es horrible transitar por ellas. Hay corazones por los que es imposible cruzar. Tienen demasiados baches de egoísmo, demasiados bache de posesividad. Uno se queda atrapado en ellos. Rellena tus baches, los de tu corazón. Una buena confesión puede ayudarte. Así los demás no se herirán al tocarlo. ¿Te decides?

Hay carreteras que son puras cuestas. Por ellas se camina muy lento. Hay vidas que son pura cuesta arriba. Son corazones duros. No es precisamente el tuyo, ¿verdad? Porque tu corazón prefiere ser cuesta abajo por donde uno pueda deslizarse con facilidad. ¿Te decides?

Hay carreteras abandonadas que ya no llevan a ninguna parte. Hay vidas que realmente no llevan a ningún sitio. Son vidas sin trascendencia alguna. Por tanto, vidas que terminan en ellas mismas. Sólo hablan de ellas mismas y no apuntan a ninguna parte. Pero la tuya, estoy seguro de que lleva lejos. Quien se acerque a tu vida sentirá muy cerca la proximidad de Dios. ¿Te decides?


WebJCP | Abril 2007