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MISIONEROS EN CAMINO: LA RESURRECCIÓN EL ÚNICO TÓNICO CONTRA EL ABSURDO
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domingo, 24 de abril de 2011

LA RESURRECCIÓN EL ÚNICO TÓNICO CONTRA EL ABSURDO

1.- Muy querido amigo:¡Felices pascuas de resurrección!
¿Sabías tú que Napoléon cuando iba a emprender sus célebres batallas de Marengo, Ulm, Ratisbona y de Austerlitz decía a su ejército reunido que todo soldado portaba en su mochila el bastón de mariscal? Este era uno de sus mecanismo motivadores y con ello obtenía que aquellos jóvenes se lanzaran valerosamente para vencer al enemigo. Ojalá comprendiéramos que todo cristiano trae en su corazón la aureola de la santidad, que todo cristiano posee en la mochila del tiempo la semilla de la eternidad, que todo cristiano lleva en el vehículo del tiempo el pasaje a la gloria y la felicidad.
En la realidad, pasaremos a la amplitud del Reino, en la medida que vivamos la estrechez de vida consecuente de una amplitud del corazón. Nuestros horizontes se ensancharán si el corazón se dilata pasando por la puerta estrecha de la verdadera vida cristiana. La “estrechez” de la solidaridad, fraternidad y servicio al hermano frente al egoísmo; control y dominio del consumismo frente a la idolatría del dinero...
Asimilemos, en fin, el programa de santidad que Cristo expuso en el discurso del Monte, cuya obertura son las bienaventuranzas y que se centra, motiva y fundamenta en la santidad misma de Dios a quien servimos y en nuestra esperanza de obtener la eternidad viviendo coherentemente y sin egoísmos nuestro presente.
2.- Y es que tenemos que recordar que los grandes imperios, sus fastuosos palacios, y sus monumentales edificios, han quedado bajo el olvido de los caminos ignorados. Se ha convertido en labor de los arqueólogos, el buscar los vestigios para reconstruir los segmentos de la historia. Los libros se ocupan de ellos. En los museos, si bien les ha ido, se encuentra parte de sus construcciones. Bajo la misma tierra que ahora estamos pisando se encuentran los restos de aquellos que gobernaron en el pasado: Ramsés, Nabucodonosor, Nebuzaradán, Ciro, Darío, Jerjes, Artajerjes, Filipo, Alejandro, Ptolomeo, Seleuco, Antioco IV Epífanes, Marco Antonio, Pompeyo, Herodes, Pilato, Nerón, Constantino, Atila, Dioclesiano, Teodosio, Timurlan, Pipino, Carlomagno, Salamino, Tlacaelel, Tizoc, Cuitláhuac, Tezozomoc, Nezahualcoyotl, Luis XVI, Carlos III, Napoleón, Don Porfirio, Mussolini, Hitler...
Reyes y guerreros de éste mundo, así sus cuerpos como sus imperios se encuentran bajo la profundidad de la tierra. Incluso muchos de sus restos mortales yacen en el anonimato del olvido, y ni siquiera sabemos en donde están enterrados. El polvo ha retornado al polvo...
Y sin embargo, mientras ellos vivían pensaron que sus Reinos nunca terminarían, que serían eternos y algunos hasta “sacros” se hicieron llamar. No faltó aquel Romano llamado Octaviano, quien en el año 27 antes de Cristo, asumió el título de “augustus”, afirmando de este modo con claridad que era él el único y exclusivo depositario de todos los auspicios, frente a cualquier sorpresa desagradable. Y llegó un día en el que aquel jactancioso “augustus” se convirtió en un tremendo “angustus”.
Ellos fueron víctimas de las tentaciones de todos los tiempos y de todos los hombres.
4.- En la realidad, todo en esta vida es transitorio, efímero e inconstante. Hay bajo el sol, un tiempo para cada cosa y para cada persona. Solamente Dios es para siempre y está sobre todo.

5.- Todo lo anteriormente referido pudiera apuntar nuestro pensamiento hacia el absurdo, esto en el caso de que no fuera iluminado con la resurrección de Cristo, el Hijo eterno del Padre.
De esta manera, si la encarnación redentora del Hijo Eterno del Padre, decidida en el plan divino desde toda la eternidad, nos ofrece a los hombres la garantía de que no existe nada de ingrato o injusto en la misma existencia humana. Sin embargo, será la muerte de Jesucristo y su resurrección aquello que nos ofrezca el testimonio de que la existencia humana es buena, y de que todo en ella tiene un sentido.
Aquel del cual Herodes no pudo evitar en su nacimiento, Anás y Caifás no podrán evitar en su resurrección.
6.- El acontecimiento de la Pascua de Jesucristo nos muestra cómo la vida y la muerte también se encuadran en el plan divino de la salvación, y cómo Dios sabe obtener bien del mal.
Si la Encarnación del Divino Verbo, por obra y gracia del Espíritu Santo, en el vientre inmaculado de la Virgen María, ha sido la entrada de Dios en la historia; entonces la muerte y la resurrección del Hijo de Dios hecho hombre es la entrada del hombre a la metahistoria, es decir, es nuestro ingreso a la eternidad.
7.- Es en Cristo en donde hemos comprendido que la muerte no es el término del existir sino que se convierte en el paso, el tránsito, la entrada y la liberación. La muerte es la salida de una condición y de un estado llamémosle esclavizante, para poder ingresar a una situación de plenitud y de victoria.
Al meditar en torno al misterio de la resurrección, me acordaba de aquella afirmación de James Donovan, senador por el Estado de Nueva York, quien era un ferviente partidario de la pena de muerte. Él a principios de 1978 escribió al Card. Fulton Sheen diciéndole que si no fuera por la pena capital, no existiría la fe cristiana. “¿Qué hubiera sido de su Iglesia”, preguntaba, si Jesús hubiese sido condenado de ocho a quince años de cárcel, con la posibilidad de conmutarle la pena por buena conducta?”
El Card. Sheen, quien tenía un programa de radio y quien claramente se oponía a la pena de muerte, señaló en la siguiente emisión: “Fue la resurrección de Jesucristo lo que fundó la Iglesia, no la crucifixión. Si el senador Donovan puede incluir la resurrección en la pena de muerte, yo estaría dispuesto a estudiar su posible aceptación.”
¿Sabes? La celebración de este día le ha heredado a la Iglesia el verdadero conocimiento en torno al destino final del hombre. La muerte será siempre contemplada con los ojos del resucitado. La salvación eterna se encuentra solamente en Cristo Jesús.
El hombre durante su vida, mientras posea un respiro y tenga un resquicio de tiempo, podrá elegir libremente entre la vida o la muerte (Mt 25,31-46).
8.- Es por lo anterior, que la muerte será vista por nuestros hermanos los Santos de una forma distinta a la que la contemplan aquellos que no tienen fe. Algunos le llaman la hermana, otros le llaman la amiga, o bien el final de la espera, le refieren como la salida del hotel de segunda o el abandono de esa pieza de hospital en donde se extrañará a aquellos que nos atendieron, pero que ellos mismos deberían alegrarse de que hayamos dejado esa condición... La muerte ya no es vista como enemiga.
Démonos cuenta de cómo la Resurrección de Jesucristo se ha convertido en la medicina que cura absolutamente todos nuestros males.
Resucitar no es revivir como lo proponía Platón y, como lo proponen muchos otros después de él, algunos aún hoy en nuestros días, que andan tocando nuestras puertas, para cumplir con el legalismo de sus setenta horas de apostolado, nuevas tradiciones que anulan la Palabra de Dios, puesto que ni siquiera son cristianos, aunque ellos no lo acepten. ¡Exacto!, me refiero a los que consideran que al cielo solamente irán 144 mil.
9.- Para los cristianos la Resurrección es una “transformación gloriosa”, cosa que no sucede con el sólo hecho de volver a esta vida. La resurrección no es un hecho obvio a la razón, sino algo inaudito y definitivo, una realidad sobrenatural. La Resurrección es el dominio sobre la muerte, se trata de una palabra que aclara una vida desconocida.
La fe cristiana en la Resurrección no se basa solamente en el destino humano sino principalmente en la promesa cristiana. La Resurrección que esperamos es un futuro para los creyentes en Cristo, no es la meta final de la humanidad.
Nosotros los cristianos esperamos un futuro totalmente nuevo, no la reiteración del presente terreno, aunque sea transformado. Nosotros no esperamos el retorno a un pasado original sino el acceso a la eternidad, porque Cristo así nos lo ha dicho.
Al hablar, en torno a las realidades que están más allá de la conclusión de nuestros signos vital-temporales, debemos ser conscientes de que los cristianos no creemos ni en reciclajes ni en reencarnaciones, sino en una transformación gloriosa a imagen de Cristo.
10.- En este sentido me agrada la apreciación que sobre este tema hace el padre Louis Evely cuando afirma: “Nosotros los cristianos no creemos en una vida futura sino en la vida eterna, que es algo muy diferente. Porque si es eterna, es porque ya ha comenzado”. No obstante, difiriendo un poco del Padre Evely, te quisiera decir esta tarde, que la vida verdadera es eterna y es futura: es eterna porque se inició cuando se nos comunicó la vida sobrenatural en nuestro bautismo, y es futura porque superará lo que en este mal espejo estamos viendo.
La superioridad de Cristo, de su naturaleza, de su obrar y de sus promesas, sobre cualquier instancia espacio-temporal la ha manifestado, predicado y testimoniado con la misma sangre, nuestra fe cristiana, desde el primer momento en que fue contemplado su rostro resucitado.


Por Rogelio Narváez Martínez


WebJCP | Abril 2007