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MISIONEROS EN CAMINO: Materiales liturgicos y catequeticos: IX Domingo del T.O. (Mt 7, 21-27) - Ciclo A
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miércoles, 2 de marzo de 2011

Materiales liturgicos y catequeticos: IX Domingo del T.O. (Mt 7, 21-27) - Ciclo A



Monición de entrada

(A)
El verdadero creyente no es el que invoca mucho a Dios, sino el que cumple su voluntad. A veces se nos critica que tenemos a Dios más en los labios que en el corazón. Si el compromiso no brota de la fe, se reduce a palabrería hueca, sin credibilidad.
Para depurarlos, nada mejor que aprender de Jesús. Él demostró ser creyente con hechos y con palabras.

(B)
Al menos una vez a la semana nos reunimos para celebrar comunitariamente la eucaristía. Durante la celebración oímos la Palabra del Señor, cantamos sus maravillas, nos sentamos a su mesa y nos dejamos inspirar por él. Lo que hacemos son prácticas de la religión verdadera, pero ¿consiste en eso la verdadera religión? ¿Queda todavía algo importante por cumplir?
En este domingo nos apremia la palabra del Señor a no desistir en la tarea de transformar nuestras palabras en obras. Sólo entonces es perfecta la expresión de nuestra religiosidad. El que procede así está obrando de manera inteligente, como el que construye una casa sobre el cimiento de roca firme. Coherencia en nuestra vida de nuestras palabras con nuestras acciones es nuestra petición inicial.

(C)

En las primeras comunidades cristianas se leía el evangelio no como palabras que dijo Jesús en otro tiempo, sino como palabras que nos está diciendo ahora, para iluminar nuestros problemas de hoy.
Las palabras de Jesús son espíritu y vida, un mensaje que nos hace vivir en la verdad y nos da vida.
Agradecidos por este día de descanso que el Señor nos concede, celebramos la Eucaristía con gozo y compromiso de vida.


Pedimos perdón

Conscientes de las exigencias del evangelio y de nuestras limitaciones e infidelidades, pidamos perdón al Señor.

- Señor; tú anunciaste el mensaje y cumpliste la voluntad del Padre hasta el sacrificio de tu vida. SEÑOR, TEN PIEDAD...
- Tú nos enseñas a dar más valor a nuestras obras que a las palabras. CRISTO, TEN PIEDAD...
- No todo el que te invoca de palabra entrará en el reino de los cielos sino el que cumple la voluntad del Padre. SEÑOR, TEN PIEDAD...

(B)

Porque muchas veces no cumplimos tu voluntad. SEÑOR, TEN PIEDAD...
Porque muchas veces el corazón está lejos de Ti. CRISTO, TEN PIEDAD...
Porque tenemos la culpa de muchos hundimientos. SEÑOR, TEN PIEDAD...


Escuchamos la Palabra

Monición a las lecturas

El pueblo de Israel se desmorona porque ha quitado de su vida el fundamento que le sostiene, a Dios. Ha elegido ir detrás de los ídolos pero va creciendo en amargura. A nosotros nos sucede algo parecido, hemos ido quitando a Dios de nuestra vida y la esperanza va perdiendo fuerza y consistencia.
De ahí que Jesús nos enseñe a ser coherentes en nuestra vida cristiana.
Escuchemos la Palabra de Dios y procuremos ponerla en práctica.


Lectura del libro del Deuteronomio

Moisés habló al pueblo, diciendo:

-«Meteos estas palabras mías en el corazón y en el alma, atadlas a la muñeca como un signo, ponedlas de señal en vuestra frente.
Mirad: Hoy os pongo delante bendición y maldición; la bendición, si escucháis los preceptos del Señor, vuestro Dios, que yo os mando hoy; la maldición, si no escucháis los preceptos del Señor, vuestro Dios, y os desviáis del camino que hoy os marco, yendo detrás de dioses extranjeros, que no habíais conocido.
Pondréis por obra todos los mandatos y decretos que yo os promulgo hoy. »

Palabra de Dios.

Salmo responsorial
R. Sé la roca de mi refugio, Señor.


+ Lectura del santo evangelio según san Mateo

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«No todo el que me dice "Señor, Señor" entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo.
Aquel día, muchos dirán: "Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre, y en tu nombre echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros?"
Yo entonces les declararé: "Nunca os he conocido. Alejaos de mí, malvados.
El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca.
El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente.»


Palabra del Señor

Evangelio dialogado (Niños)

Narrador: Estando Jesús reunido con sus discípulos les dijo:

Jesús: Para pertenecer al Reino de Dios no basta con rezar y rezar. Es preciso cumplir la voluntad de Dios.
Narrador: Y para que le entendieran mejor lo que les quería decir, les puso este ejemplo:
Jesús: El que escucha mis palabras y hace lo que digo, se parece a un hombre que al construir su casa la construye sobre roca con buenos cimientos. De manera que, aunque haya huracanes y grandes inundaciones, aquella casa no se derrumba porque está bien cimentada.
En cambio, el que escucha mis palabras y no las pone en práctica con sus obras, se parece a aquel otro hombre que al edificar su casa, la edificó sobre tierra y arena. De manera que, cuando sale viento fuerte o llueve con fuerza, aquella casa se derrumba porque está mal cimentada.
Narrador: Palabra del Señor


Homilías

(A)

LA VIDA COMO LITURGIA
La religiosidad es una vivencia que se puede viciar fácilmente. Como Dios es aparentemente mudo (no como un padre de la tierra que dice lo que le gustaría aquí y ahora), el fiel interpreta su voluntad proyectando sus propios anhelos y ambiciones. Con frecuencia reduce su vivencia a las súplicas, inciensos, exvotos, una abundante liturgia, pero desconectada de la vida. Es justamente lo que denunciaban los profetas del Antiguo y del Nuevo Testamento y, sobre todo, el Profeta de profetas, Jesús de Nazaret. Y es lo que denuncia el Concilio Vaticano II: "Se equivocan los que piensan que se pueden entregar de tal manera a los negocios terrenos, como si éstos fuesen completamente ajenos a la vida religiosa; la cual ellos estiman que consiste solamente en algunos actos de culto y en guardar ciertos deberes morales. Esta escisión entre la fe que profesan y la vida diaria de muchos debe ser considerada como uno de los errores más graves de nuestro tiempo. Este escándalo lo reprendían los Profetas ya en el Antiguo Testamento y mucho más en el Nuevo Testamento, donde Cristo lo recriminó vehementemente" (GS 43).
La ofrenda del cristiano tiene este dinamismo: En la vivencia del hogar deja que su corazón se encienda en afecto a Dios Padre-Madre; del hogar sale para hacer la voluntad divina y trabajar en la viña; luego retorna con las manos llenas de frutos y pide al Señor sabiduría y fortaleza para distribuirlos con generosidad y acierto. Escribe Pablo: "Hacedlo todo en honor del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él" (Col 3,17; 1Co 10,31); "ofreced vuestra propia existencia como sacrificio vivo, consagrado, agradable a Dios, como vuestro culto auténtico; y no os amoldéis a este mundo, sino dejaos transformar por la nueva mentalidad para ser capaces de distinguir lo que es voluntad de Dios, lo bueno, lo que le agrada" (Rm 12,1-2).
"Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está
lejos de mí" (Is 29,13) es la queja frecuente de los profetas. Y es el grito profético que Jesús repite insistentemente. Al hablar del corazón, se refiere también a las manos, a las obras. Si hay algo claro a lo largo del Evangelio es que Dios quiere árboles cargados de frutos y no sólo con hojas frondosas. Un símbolo bien plástico es la higuera, símbolo de la sinagoga (Lc 13,6-9): llenos los labios de rezos, pero vacías las manos de obras buenas. ¡Qué explícita y gráfica la parábola de los dos hijos a los que el padre envía a la viña! (Mt 21 ,28-32). El primero no se cansa de decir: "Sí, sí", pero a la hora de la verdad fue que no. El otro, por el contrario, dice al instante: "No, no", pero al final fue que sí.
Esto me recuerda el testimonio que escucho con frecuencia a cristianos de grupos y comunidades que animo: "Conozco ateos y alejados que se entregan y hacen el bien con más generosidad que nosotros los que estamos al pie del altar". Tengo que confesar que son varios los amigos ateos y alejados que se ofrecen con más generosidad a remediar necesidades que muchos cristianos de Eucaristía diaria. Me lo dicen con palabras parecidas: "A mí eso de misas y rezos sabes que no me va. No tengo fe, no practico, pero... ya sabes, si hay alguna necesidad en que te pueda echar una mano...". Lo dicen y lo hacen. Y esto frente a muchos cristianos "piadosos" y "rezadores" que siempre encuentran mil excusas: "Me encantaría, pero estoy muy ocupado... Me debo también a mi familia y estoy un poco estresado...". Esto es justamente lo que denuncia Jesús con la dura parábola del Buen Samaritano (Lc 10,25-37). Santiago afirma categóricamente: "La fe sin obras está muerta" (St 2,17). Nadie cree en la amistad de quien no lo patentiza con gestos de afecto.
Decía santa Teresa: "Obras son amores y no buenas razones", es decir, que la mejor declaración de amor son los hechos. En la hora suprema de la verdad "se nos examinará del amor", de las obras de amor. No se nos va a examinar de los deseos de hacer el bien, de rezos, misas... sino de las obras, de los gestos de ayuda, de lo que nos hemos prodigado, del tiempo y el dinero que hemos empleado en ayudar al pobre y de la ternura que hemos puesto (cf. Mt 25,40). Jesús es muy explícito a la hora de determinar quienes son de los suyos: "Mis hermanos son los que escuchan mi palabra y la ponen por obra" (Lc 8,21).

"ENTRARÁ EN EL CIELO EL QUE HACE LA VOLUNTAD DE MI PADRE"
Forma parte de la comunidad de Jesús, es hermano, tiene la dicha del Reino, quien hace la voluntad del Padre (Mt 7,21). Eso significa que hay que buscarla y discernirla como Pablo: "Señor, ¿qué quieres que haga?" (Hch 22,10).
La voluntad del Padre consiste, ante todo, en que vivenciemos las consignas comunes para todos los discípulos, sobre todo, la caridad. La voluntad de Dios consiste, por supuesto, en la fidelidad a las exigencias familiares y profesionales, vecinales y eclesiales. Eso es común para todo cristiano. Pero, ¿qué más espera el Señor de mí? Tengo tiempo libre, tengo recursos económicos que puedo compartir, tengo cualidades y aptitudes con las que puedo servir a personas e instituciones, ¿qué he de hacer? Preciso usar los métodos de discernimiento de su voluntad concreta y específica sobre mí.
No hemos de caer en el engaño de decir: "Bastante hago con cumplir con mis obligaciones". Si sólo cumplo con mis obligaciones, ¿cómo puedo hacer patente mi generosidad? Sólo las obras gratuitas son garantía de nuestra capacidad de amar, de darnos. Por eso, a la hora de "examinarnos sobre el amor", hemos de preguntarnos: "¿Qué estoy haciendo gratuitamente por los demás, por la comunidad cristiana, por la sociedad, por los marginados sin buscar gratificación económica, ni de prestigio, ni de gusto propio?
Hay otra trampa que nos acecha: Despacharse dando las monedas sueltas, la ropa usada y los ratos perdidos para tranquilizar la conciencia. Es lo que hacían los ricachones que precedieron a la viuda pobre del óbolo: "Muchos ricos echaban en el cepillo mucho... de lo que les sobraba" (Mc 12,44). La viuda pobre echó lo que necesitaba para vivir.
San Juan alerta: "Amémonos no de palabra ni de boquilla, sino con obras y de verdad" (1 Jn 3,18). El amor ha de ser efectivo. No basta decir: "Señor, Señor" o "hermano, hermano", sino remediar su necesidad, hacerse donante de sangre, de vida, de tiempo, de afecto.
Al mismo tiempo, como es obvio, el amor ha de ser afectivo; de otro modo no sería amor. No basta "hacer buenas obras" con fidelidad espartana, por cumplir el deber, con sequedad, como quien paga una deuda a disgusto. El amor verdadero ha de ser, al mismo tiempo, afectivo y efectivo.

"EL QUE SIGUE CONMIGO DA FRUTO ABUNDANTE" Jesús habla en el pasaje evangélico de hoy del secreto para vivir en la dinámica de un amor auténtico; ese secreto es él mismo. Habla de los cimientos roqueños para que una casa sea inabatible. Pablo dirá: "Nadie puede poner otro cimiento diferente de Cristo" (1 Co 3,11). Jesús señala: "Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que sigue conmigo y yo con él da fruto abundante, porque sin mí no podéis hacer nada" (Jn 15,5). Con ello está todo dicho.
Jesús de Nazaret es fuente de amor cuando se vive en comunión con él. Resulta imposible sentirse amado por él y no amar. La relación amistosa y los encuentros con él impulsan espontánea y gozosamente al amor y al servicio.
No hay amor verdadero sin obras; no hay obras verdaderas sin amor. Para que esto tenga lugar, el medio es alimentarse de Cristo.


(B)

Hay muchas formas de vivir el momento actual. Unos se dedican a reprobar esa corrupción pública que no parece tener fin. Otros viven lamentándose de una crisis económica a la que no se ve fácil salida. La mayoría sólo se preocupa de disfrutar mientras se pueda. Es posible, no obstante, reaccionar de manera más sana. ¿En qué dirección?
Frente a un pragmatismo que lo reduce todo a cálculos interesados, defensa de la persona. Hemos de defender siempre a la persona como lo más grande, lo que nunca debe ser sacrificado a nada ni a nadie.
Frente a un individualismo exacerbado que difunde la consigna del «sálvese quien pueda», solidaridad y preocupación por las víctimas. Ningún ser humano debe quedar abandonado a su desgracia, excluido de nuestra ayuda solidaria.
Frente a la violencia y el enfrentamiento destructor, diálogo y reconciliación. No es posible construir juntos el futuro si no es desde el respeto mutuo, la tolerancia y el acercamiento de posturas.
Frente a la apatía y la insensibilidad social que prohíbe pensar en las víctimas del desarrollo, compasión. Sólo es de verdad humano quien sabe mirar la vida desde el sufrimiento de los excluidos del bienestar.
Frente a un tipo de organización social que busca eficacia y
rendimiento sin atender las necesidades del corazón humano, ternura y misericordia. Son cada vez más las personas que necesitan afecto, cariño y compañía para no caer en la desesperación.
Frente a una permisividad ingenua que predica «libertad» para sucumbir luego a las nuevas esclavitudes del dinero, el sexo o la moda,lucidez. Sólo quien vive desde una libertad interior y es capaz de amar con generosidad, disfruta de la vida con corazón liberado.
Frente al desencanto y la crisis de esperanza, fe en un Dios Amigo del hombre. Eliminado Dios, el ser humano se va convirtiendo en una pregunta sin respuesta, un proyecto imposible, un caminar hacia ninguna parte. Estamos necesitados de una mirada más positiva y confiada. Hace bien creer en el «Dios de la esperanza».
Esta puede ser la forma concreta de escuchar la llamada de Jesús a «construir» nuestra vida sobre la «roca» del Evangelio.

(C)

Cuenta la leyenda que un ermitaño, en oración, oyó claramente la voz de Dios: le invitaba a acudir a un encuentro especial con Él. La cita era para el atardecer del día siguiente en lo más alto de una montaña lejana.
Temprano se puso en camino; necesitaba todo el día para llegar al monte y subirlo; ante todo, quería llegar puntual a la importante entrevista.
Atravesando un valle se encontró a varios campesinos ocupados en intentar controlar y apagar un incendio declarado en el bosque cercano y que amenazaba las cosechas y hasta las propias casas de los habitantes. Reclamaron su ayuda porque todos los brazos eran pocos. El ermitaño sintió la angustia de la situación y el no poder detenerse a ayudarles. No debía llegar tarde a la cita y, menos aún, faltar a ella. Así que con una oración para que el Señor los socorriera apresuró el paso, ya que había de dar un rodeo a causa del fuego.
Tras difícil subida, llegó a lo alto de la montaña, jadeante por la fatiga y la emoción. El sol comenzaba a ponerse; llegaba puntual, por lo que dio gracias al cielo en su corazón.
Miró en todas las direcciones. El Señor no aparecía por ninguna parte. Por fin descubrió visible sobre una roca algo escrito. Leyó: «Dispénsame; estoy ocupado ayudando a los que apagan el incendio». Entonces el ermitaño comprendió dónde debía encontrarse con Dios.
A Dios lo encontramos en el prójimo. Y ante el prójimo podemos adoptar cuatro actitudes:
- primera actitud, la de ver en él a un enemigo;
- segunda actitud, la de ver en él sólo un objeto en el que puedo encontrar placer u otras ventajas materiales, y si no me sirve para eso lo tiro como se tira un trapo. Y algunos a esto le llaman amor.
- Tercera actitud, la de verlo con indiferencia, ni para bien ni para mal.
- Cuarta actitud es la actitud de servicio.
Son los que tienen la actitud de servicio al prójimo y no los que dicen «Señor, Señor» los que entrarán en el reino de los cielos, porque ellos cumplen la voluntad de Dios.


(D)

Construidos sobre arena.

El otro día veía un reportaje sobre casas mal construidas; desagües mal instalados, goteras que aparecen en cualquier esquina, baldosas sobrepuestas sobre la arena del suelo sin fijar con cemento, terrazas sin barandillas, puertas de metro treinta,… y pienso ahora en la cantidad de casas mal construidas y mal situadas, en la gente que no le teme a las inclemencias del tiempo, a los ríos o tempestades, de las casas que construimos para guarecernos de la intemperie, situadas en cualquier sitio y de cualquier manera. A veces es por necesidad, porque no se encuentra otro hueco o es el terreno que se tiene, pero otras veces es por rapidez, por avaricia, por ese mecanismo tan actual del esto puede pasar ‘pero a mí no me pasará’, que nos vuelve inconscientes y poco cautos, porque hoy en día lo que no se lleva para nada es la prudencia. Sin percibir que lo contrario a la prudencia, no es la eficacia o la rapidez, sino la necedad.

¿Cómo nos construimos las personas?

Las prisas, la apariencia, el tapar las inseguridades y fragilidades, la falta de tiempo en dedicarnos a pensar las cosas que nos van pasando, la excesiva preocupación por la fachada de nuestras casas: el culto al cuerpo, hace que demasiadas veces nos construyamos sobre arena. Edificar casas sobre arena tiene sus riesgos, porque en la vida siempre hay un tiempo en que nos salen al encuentro las lluvias, se salen los ríos y soplan sobre nuestras débiles raíces los vientos, y entonces ¿qué pasa? Que nos hundimos.

Hay tanta gente a nuestro alrededor hundida, hay tanta gente que vive con la cara larga, cabreados contra el cielo y el mundo, tantas depresiones porque la vida no es lo que uno había imaginado, soñado, por la falta de esperanza ante el futuro, hay tantas evasiones, tanta necesidad de no mirar hacia dentro de uno mismo, hay tanta gente construida desde mecanismos de defensa que les llevan a vivir buscando culpables a su alrededor para no descubrirse hundido y frágil, incoherente y perdido, sin rumbo, sin raíces, sin ilusiones, tanta obsesión con el trabajo, con el cuerpo, con la decoración, con las compras, evasiones y obsesiones que no son más que máscaras que ocultan una realidad dolorosa; que nos hemos construido sobre arena, que nuestros cimientos no son fuertes, que cualquier contratiempo se nos lleva todo lo poco que somos, porque no hemos dedicado tiempo a ser de verdad.

(E)


LA CASA SOBRE ROCA

¡Cuántas emociones después de una convivencia! ¡Cuántas promesas que nunca se cumplen! ¡Cuántas veces nos hemos dicho: «Esto hay que repetirlo», y después, llegado el momento, nadie tiene hueco para reunirse! ¡Cuánto construimos en el aire al calor de la emoción! Después, todo se viene abajo. Lo sólido, lo que de verdad soporta los envites del viento huracanado y de la lluvia torrencial es lo que se hace en la paz de cada día, en el silencio de la vida ordinaria.
Es un clásico ese dicho: «Ha hablado muy bien, pero no sé qué ha dicho». Palabras bonitas que se las lleva el viento. Lo que hace que un discípulo sea de verdad discípulo es que pone en práctica las palabras del Señor.
La fe cristiana es práctica. Los ladrillos que ponemos hoy son el soporte de los que pondremos mañana. Lo demás, se los lleva rápidamente la primera dificultad que surja.
Jesús nos dice que no es válido una manera de ser cristiano que se termina en ir a misa pero no se preocupa de buscar y hacer la voluntad de Dios. Decir «creo en Dios» tiene consecuencias. Dios no está separado del hermano. Decir «creo en Dios» es inseparable de decir «creo en ti, prójimo que me eres próximo y te llamo hermano».
La expresión «la voluntad de mi Padre» (que nos es más conocida por «la voluntad de Dios») suena a «palabras mayores». Tan mayores que muchos nos preguntamos: «¿Qué es eso? ¿Cómo se conoce la voluntad de Dios? ¿Qué hay que hacer para conocer la voluntad de Dios?». Yo he llegado a una conclusión: para conocer la voluntad de Dios hay que hacer lo mismo que hacemos para conocer la voluntad de la persona que queremos. Con los que queremos, nos comunicamos y hablamos las cosas, escuchamos sus palabras, hacemos silencio, observamos con detalle lo que les gusta. Amar es «adivinar» los gustos secretos del otro a base de estar con detalle y mimo junto a él. Querer a alguien, confiar en alguien, trae consecuencias. Es irreal pasarse la vida diciendo «te quiero» y no hacer nada más. Así el querer son sólo palabras bonitas. La fe en Dios no se acaba en hacer oración. Lo más práctico de la oración verdadera es que en ella descubrimos la voluntad de Dios y la llevamos a las manos. Descubrir el querer de Dios en nosotros cambia el corazón y eso se nota porque «activa» nuestras manos y moviliza nuestros pies. Esas oraciones
que son tan de éxtasis que nos paralizan... no sé si son oración cristiana.
Edificar sobre roca es amasar a la vez corazón y manos. Es verdadera la escucha de Dios cuando nos lleva a la práctica.

CON OTRAS PALABRAS…

Un carpintero ya entrado en años estaba listo para retirarse. Comunicó al jefe sus planes de dejar el negocio de la construcción para llevar una vida más placentera con su esposa y disfrutar de su familia. Él iba a extrañar su cheque mensual, pero necesitaba retirarse. Ellos superarían esta etapa de alguna manera. El jefe sentía ver que su buen empleado dejaba la compañía y le pidió que si podría construir una sola casa más, como un favor personal.
El carpintero accedió, pero se veía fácilmente que no estaba poniendo el corazón en su trabajo. Utilizaba materiales de inferior calidad y el trabajo era deficiente. Era una desafortunada manera de terminar su carrera. Cuando el carpintero terminó su trabajo y su jefe fue a inspeccionar la casa, el jefe entregó al carpintero las llaves de la puerta principal.
-"Esta es tu casa" dijo-, es mi regalo para ti.
¡Qué tragedia! ¡Qué pena! Si el carpintero hubiera sabido que estaba construyendo su propia casa, la hubiera hecho de manera totalmente diferente!
¡Ahora tendría que vivir en la casa que construyó, "no muy bien"!

Construir bien nuestra vida
Así nos sucede. Construimos nuestra vida de manera distraída, reaccionando cuando deberíamos actuar, dispuestos a poner en ello menos que lo mejor.
Entonces con pena vemos la situación que hemos creado y encontramos que estamos viviendo en la casa que hemos construido. Si lo hubiéramos sabido antes, la habríamos hecho diferente.
Piensa como si fueras el carpintero. Piensa en tu casa. Cada día clavamos un clavo, levantamos una pared o edificamos un techo. Construye con sabiduría. Es la única vida que podrás construir.
Incluso si sólo vives un día más, ese día merece ser vivido con gracia y dignidad.
La placa en la pared dice: "la vida es un proyecto de hágalo usted mismo".
Tu vida es el resultado de tus actitudes y elecciones del pasado.
Tu vida mañana será el resultado de tus actitudes y elecciones hechas HOY. Estás a tiempo.

Oración de los fieles

(A)

Conscientes de que con nuestras fuerzas no podemos hacer nada, acudimos a Dios, le presentamos las necesidades de la humanidad y le pedimos que nos eche una mano.

Pedimos por la Iglesia, para que cumpla la voluntad de Dios. ROGUEMOS AL SEÑOR...
Pedimos por todos los que enriquecen la vida social con su testimonio, para que no se cansen de dar ejemplo. ROGUEMOS AL SEÑOR...
Oramos por esta Comunidad, para que testimonie lo que cree. ROGUEMOS AL SEÑOR...
Oramos por los que tienen crisis de fe, para que abran el corazón a Dios, que es amor y revelación. ROGUEMOS AL SEÑOR...
Oramos mutuamente unos por otros y pedimos por todas nuestras intenciones. ROGUEMOS AL SEÑOR...

Te lo pedimos, Padre, por JNS

(B)

Oremos, hermanos, por las necesidades de todo el mundo y por las nuestras.

- Para que se haga la paz en todas las naciones que están en guerra. Roguemos al Señor.
- Por todos los que sufren en el alma o en su cuerpo, para que reciban consuelo y ayuda. Roguemos al Señor.
- Para que los niños y los jóvenes conozcan los valores del Evangelio. Roguemos al Señor.
- Por nuestras comunidades cristianas: para que cada una de ellas sea un ejemplo de fe comprometida con la construcción de un mundo nuevo. Roguemos al Señor.
- Por todos los matrimonios para que crezcan en el amor, tengan lo necesario para educar a sus hijos y sean transmisores de los valores humanos y de la fe cristiana. Roguemos al Señor.

Escucha, Padre, estas plegarias que te hemos presentado con confianza. Por Cristo, nuestro Señor.



Gesto:

Un pedrusco.

Alguien se acerca al símbolo, lo levanta y dice: El cristiano de fundamento es resistente como una roca. Las dificultades de la vida no lo desmoronan.



Prefacio...

Bendito seas. Padre,
porque has hecho el mundo,
en el que todos nos movemos, existimos y somos.
Lo has dejado en nuestras manos y te damos gracias.
Tú estás presente en la construcción de tu Reino,
en la evolución de la humanidad entera,
en el corazón de todos los hombres,
en el amor que todos deseamos y ansiamos.
Tú eres, Padre, el único Dios.
Tu palabra de vida y de amor
se encuentra escondida dentro de nosotros
y en boca de los verdaderos profetas,
de los testigos de tu justicia,
de quienes obran con rectitud.
Eres verdaderamente santo, Padre,
y nos alegramos de poder cantar
todos juntos el himno de tu gloria:

Santo, Santo, Santo...



Padrenuestro

Si te alabamos ahora con nuestros labios, es para pedirte fuerzas para poder después hacerlo con nuestra vida. Por eso juntos te decimos: Padre nuestro...


Oración

Tú eres nuestra seguridad

El que vive contigo, Padre,
es como si tuviera su casa construida sobre roca.
Pero nosotros, nos agarramos a las cosas más frágiles:
la seguridad de la moda, el prestigio de un trabajo,
la aceptación de los poderosos,
la rutina de lo normal»,
la tranquilidad del dinero,
la nevera, los armarios, las estanterías, llenas,
la música de última hora, la imagen bien cuidada,
la cultura adecuada,
las necesidades cubiertas,
la previsión del por si acaso»..., el tiempo controlado,
el ocio bien cubierto y actualizado,
los aparatos de última generación,
estar bien comunicado,
tener todo con su póliza de seguros y garantía,
no dejarse invadir por los extraños.
cuidar de uno mismo y de los suyos
que no nos falte lo último, lo moderno, lo mejor...
Tú, Señor, eres lo único seguro en nuestra vida,
Tú eres lo que da vida a nuestra vida,
Tú eres el que nos mantienes seguros, libres, vivos.
Toma Tú las riendas, ¡entra!, ¡pasa!...
Tómanos al asalto, envuélvenos,
ponte el primero en nuestras prioridades.
No nos dejes vivir distraídos, sin Ti, como perdidos.
Que se pasa la vida y aún no nos hemos dado cuenta
de que Tú eres lo único que vale la pena,
lo que nos hace dormir tranquilos,
lo que nos alimenta,
lo que nos pone contentos y nos llena de paz.

Bendición...


WebJCP | Abril 2007