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MISIONEROS EN CAMINO: Evangelio Misionero del Día: 30 de Marzo de 2011 - III SEMANA DE CUARESMA - CICLO A
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martes, 29 de marzo de 2011

Evangelio Misionero del Día: 30 de Marzo de 2011 - III SEMANA DE CUARESMA - CICLO A


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 5, 17-19

Jesús dijo a sus discípulos:
No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: Yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Les aseguro que no quedarán ni una i ni una coma de la Ley sin cumplirse, antes que desaparezcan el cielo y la tierra.
El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.

Compartiendo la Palabra
Por CELAM - CEBIPAL

Amar como Dios nos ama: Plenitud de la Ley
“No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento”

La Palabra de Dios en el día de ayer nos colocó en el ámbito de la vida fraterna invitándonos con fuerza a perdonar de corazón para contribuir eficazmente en la construcción de la comunidad y manifestarnos ante el mundo como los hijos de Dios, los hijos del Reino.

El perdón que damos y recibimos es un ejercicio fundamental en nuestro itinerario cuaresmal.

El Evangelio de hoy vuelve a llevarnos al “sermón de la montaña” para centrar la atención de nuestro corazón en Jesús, plenitud de la Ley y los Profetas, el verdadero Maestro –superior a Moisés- que nos hace entrar en el corazón de Dios Padre.


1. La realización de la Ley y los Profetas

Jesús comienza con un planteamiento fundamental: “No piensen que he venido a abolir la ley y los profetas, no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento” (5,17).

La ley de Dios, entregada al pueblo por mediación de Moisés (ver Éxodo 20), expresa la voluntad de Dios que quiere que hagamos el bien y evitemos el mal, que busquemos lo que promueve la vida e evitemos lo que genera muerte (ver Deuteronomio 32,47).

Los profetas promovieron el cumplimiento de la ley y denunciaron con ardor las trasgresiones que se hacían a ella. Pero conociendo la incapacidad del corazón humano para seguir los caminos de Dios, pregonaron la Promesa de Dios de darnos un corazón nuevo: “...Y les daré un corazón nuevo, infundiré en ustedes un espíritu nuevo, quitaré de su carne el corazón de piedra. Infundiré mi espíritu en ustedes y haré que se conduzcan según mis preceptos” (Ezequiel 36,25-27; ver también Jeremías 31,31-34).

Al decir que viene a “dar cumplimiento” a la Ley, Jesús está aceptando y reconociendo el valor de la ley. Pero colocándose en la visión de futuro de los profetas, en la Nueva Alianza que él sella con su sangre (ver 26,28), la conduce a su plena realización en el corazón del hombre: de la exterioridad a la interioridad, al corazón (ver Jeremías 31,33).

De aquí se deriva una nueva interpretación de la Ley en clave de “justicia”, es decir, que su objetivo es la realización de la Alianza con Dios y la vivencia de sus consecuencias en la comunidad fraterna: un vivir en sintonía con el corazón de Dios (desde aquí se interpreta la letra).

Jesús es el primero que vive el amor, su justicia es infinitamente superior a la de los escribas y fariseos, porque tiene como fundamento el Amor del Padre: “Para que sean hijos de su Padre celestial… Ustedes, pues, sean perfectos como es perfecto su Padre celestial” (ver 5,43-48).


2. Los detalles del amor

Desde la realización de la promesa en Jesús, se comprende que no hay una abolición de la Ley sino una vivencia más perfecta de ella. No como un sobrepeso sino como “yugo suave y carga ligera” (11,30).

Es así como comprendemos mejor por qué Jesús insiste en que debemos cumplir hasta una tilde de la ley (5,18-19). De hecho, tampoco el amor del Padre y de Jesús no descuida los detalles.

De aquí que nuestra participación en la intimidad y en la gloria del Padre será proporcionada a la calidad y profundidad de nuestro amor a Dios en los hermanos. Más adelante se dirá que en este “hacer” concreto se resume la ley y los profetas (ver 7,12; 22,39-40).

Creciendo en la escucha y la vivencia de la Palabra, siempre desde aquel que la llevó a plenitud y atendiendo a los detalles del amor, caminamos hacia la Pascua. El camino nos introducirá en el corazón del Padre.


Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón

1. ¿Qué quiere decir Jesús cuando afirma que no vino a abolir la ley sino a darle su cumplimiento?
2. ¿Cómo puedo, o podemos en familia, darle cumplimiento a la ley de Dios a la manera de Jesús?
3. ¿Con qué gestos concretos manifestamos nuestro amor a quienes viven con nosotros? ¿A dónde debe llevarme en última instancia la Pascua en la cual sellamos junto con Jesús la “Nueva Alianza”?


WebJCP | Abril 2007