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MISIONEROS EN CAMINO: Evangelio Misionero del Día: 28 de Marzo de 2011 - III SEMANA DE CUARESMA - CICLO A
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domingo, 27 de marzo de 2011

Evangelio Misionero del Día: 28 de Marzo de 2011 - III SEMANA DE CUARESMA - CICLO A


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 4, 24-30

Cuando Jesús llegó a Nazaret, dijo a la multitud en la sinagoga:
«Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra. Yo les aseguro que había muchas viudas en Israel en el tiempo de Elías, cuando durante tres años y seis meses no hubo lluvia del cielo y el hambre azotó a todo el país. Sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en el país de Sidón.
También había muchos leprosos en Israel, en el tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue sanado, sino Naamán, el sirio» .
Al oír estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intención de despeñarlo. Pero Jesús, pasando en medio de ellos, continuó su camino.

Compartiendo la Palabra
Por CELAM - CEBIPAL

Resistencias de corazón para la conversión
“Ningún profeta es bien recibido en su patria”

Al comenzar esta tercera semana de Cuaresma, la Palabra de Dios nos introduce delicadamente en el misterio Pascual de Jesús, que de alguna forma estuvo siempre presente durante su vida y particularmente durante su misión.

El evangelio de hoy nos sitúa en el comienzo de la predicación de Jesús en Galilea y particularmente en Nazaret. Jesús predica en las sinagogas con la fuerza del espíritu santo quien lo escucha recibe la salvación prometida en los profetas: “Esta escritura que acaban de oír se ha cumplido hoy” (4,21) y todos se admiran de las palabras de “gracia” que salían de su boca (4,22).

Pero a la admiración sigue inmediatamente el escándalo. Desde el comienzo hasta el final de su vida Jesús será ocasión de escándalo para la mentalidad de sus contemporáneos: “¿No es éste el hijo de José?” (4,22).

La sencillez, la humildad y la pobreza de Jesús “que no haciendo alarde de su categoría de Dios se vacío de sí mismo y asumió la condición de esclavo” (Filipenses 2,6), colocándose entre los últimos es motivo de escándalo para su pueblo.

Ellos creen conocer todo de Jesús porque conocen su familia humilde de Nazaret, mientras Jesús conoce sus pensamientos y desenmascara su realidad: “seguramente me van a decir el refrán: médico cúrate a ti mismo. Todo lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún, hazlo también aquí en tu tierra” (4,23).

Los paisanos de Jesús en lugar de convertirse con “las palabras de gracia que salen de su boca” (4,22) se niegan a creer en Él y pretenden que haga para ellos los mismos milagros que ha hecho en Cafarnaúm.

El conocimiento que creen tener de Jesús y la pretensión de verlo realizar milagros no les permite creer en Él. Y Jesús viendo su incredulidad les dice con autoridad: ningún profeta es bien acogido en su tierra.

El rechazo que es dado a Jesús es el mismo que fue dado a los profetas. Elías y Eliseo no pudieron hacer milagros en Israel sólo en Sarepta de Sidón y en Siria (25-27) donde encontraron corazones abiertos para acoger la palabra de Dios (ver 1ªReyes 17,7.16; 2ªReyes 5,1.14).

En cuanto Jesús está lleno del Espíritu Santo en su predicación, sus paisanos están llenos de rabia y quieren matarlo (4,28-29). “Pero Jesús pasando en medio de ellos se marchó” (4,30).

Lucas deja intuir algo extraordinario que no permite a los nazarenos acabar con Jesús: el Maestro se les sale de las manos, pasa por en medio de la rabia y el rechazo de su pueblo, no se deja atrapar ni afectar, sale libre de sus manos. En esta increíble libertad de Jesús se preanuncia su resurrección, su victoria sobre las garras de la muerte.

Encaminándonos ya hacia el final de la Cuaresma el Evangelio de hoy cuestiona fuertemente nuestra fe y la autenticidad de nuestra conversión. ¿Habrá algo que a este punto, nos está impidiendo una verdadera conversión?


Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón

1. ¿Qué quiere decir que Jesús predica con la fuerza del Espíritu Santo?

2. ¿En qué forma concreta me estoy acercando diariamente a la Palabra de Dios y qué efectos de cambio constato en mí?

3. ¿Cómo manifestamos que creemos en Jesús, no sólo a nivel individual sino como familia o comunidad? ¿No será que nuestra fe se reduce a unos cortos momentos diarios o semanales que después no tienen que ver nada con nuestra vida?


“Practicando la abstinencia en el beber y en el comer, debemos pues seguir la misma ley con las demás debilidades que deben ser también controladas. Es ahora el tiempo favorable para ejercer la dulzura y la paciencia”. (San León Magno, “Sobre la Cuaresma”)


WebJCP | Abril 2007