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sábado, 26 de febrero de 2011

EL SERMÓN DEL MONTE


VIII Domingo del T.O. (Mt 6,24-34) - Ciclo A
Por José Enrique Galarreta

Una vez más, este párrafo es muy útil, además de por su mensaje, porque nos enseña a leer y a comprender el estilo de Jesús. El domingo pasado leíamos lo de poner la otra mejilla, conocemos lo del camello y la aguja, lo de filtrar mosquitos y tragar camellos, lo de cortarte la mano o sacarte el ojo …

Y tantas otras imágenes usadas por Jesús para impactar al auditorio y grabar en su memoria un mensaje. Las exageraciones son la imagen, el envoltorio, que sirve para hacer llamativo el mensaje.

Es un buen ejemplo del estilo general del Sermón del Monte, conjunto de enseñanzas de Jesús agrupadas en un escenario convencional y bastante poco ordenadas (para nuestro gusto)

Teniendo todo esto en cuenta, el texto tiene tres partes:
1. Nadie puede servir a dos señores;… no podéis servir a Dios y al Dinero.
2. Las imágenes de los pájaros y los lirios.
3. Buscad primero el Reino y su justicia.

Está claro que la primera es un dicho de Jesús, perfectamente acorde con otras enseñanzas de Jesús sobre el dinero (parábola del rico necio, de Epulón y Lazaro…), mientras que la segunda y tercera hablan directamente de la exclusividad del reino, a base de las imágenes de los pájaros y los lirios.

No existe conexión entre la primera y las siguientes, sino que el redactor las ha situado así con el mismo criterio del resto del sermón, que a nosotros puede parecernos caótico.

Nosotros solemos sacar una conclusión acerca de los lirios y de los pájaros que me parece poco adecuada. Como si Dios pusiera a las flores y los pájaros como muestra de la Providencia de Dios, que cuida de todos los seres y les libra de preocupaciones. Es ésta una visión de la naturaleza romántica y de color rosa, bonita sólo para cuentos de niños.

Dios cuida de las flores, que se secan invariablemente como si nadie las cuidase. Dios cuida de los pájaros, que no tienen graneros pero se pasan la vida buscando desesperadamente su alimento, están a merced de los depredadores y están destinados, como todo ser vivo, a la muerte, quizá de hambre, quizá violenta.

No, estas frases no pueden referirse a la providencia, a la confianza en un Dios que se preocupa de nosotros aunque nosotros no trabajemos ni cuidemos de nuestra vida, de nuestra salud …

Jesús no es un simplón providencialista que espera que le caiga el pan del cielo. Jesús fue un carpintero que se ganó la vida con su padre José trabajando durante treinta años, y, cuando recorría los caminos, vivía de lo que le daban, tenía en su grupo un administrador, Judas por cierto) que cuidaba de sus ingresos, y compraba las vituallas en los pueblos del camino (episodio de la samaritana).

Tampoco es verdad que Dios nos cuida y por tanto no nos pasará nada desagradable, como a veces parecen decir algunos salmos. Jesús morirá en la cruz y su Padre no lo salvará de ella.

El sentido de todo esto está en la ultima frase:” Buscad primero el Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura”. Incluso me atrevería a decir que el sentido completo lo encontraríamos así: “Nadie puede servir a dos señores… Buscad primero su Reino y su justicia”, y que los adornos providencialistas se deben a los contagios de Antiguo Testamento a los que nos tiene tan acostumbrados Mateo.

Jesús está hablando de preferencias, de cuál es el primero de nuestros valores. La palabra “valores” exige la palabra “escala”. No se trata ante todo de qué cosas valoramos, sino de cuáles valoramos más que otras.

¿Qué valoramos más, la salud o la diversión, los hijos o ganar más dinero, la fidelidad o el beneficio….? Jesús usa la imagen de “servir a un amo”, porque nuestros valores no son solamente (quizá ni principalmente) actos de voluntad, elecciones, sino sumisiones a una atracción, esclavitudes. Visto así, Jesús ve claramente que unas cosas nos atraen más que otras, y que entre el dinero o el reino nos sentimos mucho más atraídos por el dinero.

“No podéis servir a Dios y al Dinero”. SERVIR, tener como dueño. Se está haciendo la contraposición de dos modo de vivir: para mí – para los otros. Esto se entiende bien con el viejo (y renovado por Jesús) precepto: amarás al prójimo COMO A TI MISMO. Porque se supone que cada uno se ama, busca su propio bien; de lo que se trata es de extender a los demás ese amor, y eso es servir a Dios, eso es el Reino, eso es poner ese valor como primero.

Lo primero, el Reino. Lo demás, después, sólo después. Entonces experimentaremos que el alimento, el vestido, la inmensa mayor parte de las cosas que nos preocupan tanto, tienen mucha menos importancia, y nos preocuparán mucho menos. Jesús no está diciendo que el alimento el vestido… no importan; está diciendo cuánto importan, está diciendo qué es lo primero, lo fundamental, y qué es “después, lo demás, la añadidura”.

En definitiva, lo de Jesús es una nueva escala de valores: qué es antes y qué es después. Nosotros sin duda valoramos lo de Jesús, valoramos el Reino, pero ¿antes que todo lo demás?

Pero todo esto no debe llevarnos sin más a una espiritualidad de renuncia, como pretendieron muchas ascéticas que pensaban “huir del mundo” físicamente, como medio de seguir a Jesús. Lo nuestro no es huir sino hacer que todo sirva para el Reino.

El Reino no se construye huyendo del mundo sino haciéndolo todo con el espíritu de Jesús. No servimos a dos señores cuando compramos, alternamos, procreamos, disfrutamos… Eso mismo puede ser servir a Dios. La espiritualidad de renuncia, de huida es quizá la correcta para algunos, pero desde luego no para la mayoría.

“La añadidura”. La añadidura es que si ordenamos todas las cosas para el Reino, esas mismas cosas cogen mejor sabor. Cuando las cosas se disfrutan y el único y absoluto fin es disfrutar, nos quedamos sin descubrir el disfrute mayor.

Aquí entra muy bien la parábola del tesoro, la de la sal: encontramos más sabor en todo cuando lo dirigimos al Reino que cuando buscamos simplemente disfrutar. El corazón del ser humano no se satisface con disfrutar sin más; esto lleva al hastío del sin sentido. El corazón del ser humano está hecho para más, y el Reino es precisamente ofrecer (y exigir) más.

No por casualidad las bienaventuranzas, el código básico de Jesús, no se formulan como leyes, ni como exigencias:
“seríais más felices si …”.
Parafraseando la última frase de nuestro texto: “Buscad primero el Reino y su justicia, y todo lo demás os sabrá mucho mejor”



PROFESIÓN DE FE EN EL REINO


Creo que son felices los que comparten,
los que viven con poco,
los que no viven esclavos de sus deseos.

Creo que son felices los que saben sufrir,
encuentran en Ti y en sus hermanos el consuelo
y saben dar consuelo a los que sufren.

Creo que son felices los que saben perdonar,
los que se dejan perdonar por sus hermanos,
los que viven con gozo tu perdón.

Creo que son felices los de corazón limpio,
los que ven lo mejor de los demás,
los que viven en sinceridad y en verdad.

Creo que son felices los que siembran la paz,
los que tratan a todos como a tus hijos,
los que siembran el respeto y la concordia.

Creo que son felices los que trabajan
por un mundo más justo y más santo,
y que son más felices
si tienen que sufrir por conseguirlo.

Creo que son felices los que no guardan en su granero
el trigo de esta vida que termina,
sino que lo siembran, sin medida,
para que dé fruto de Vida que no acaba.

Y creo todo esto porque creo
en Jesús de Nazaret, el Hijo,
el hombre lleno del Espíritu,
Jesucristo, el Señor.


WebJCP | Abril 2007