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domingo, 23 de enero de 2011

Nuestra familia es más amplia de lo que pensamos


Publicado por Antena Misionera

Todos los “expertos” dicen que nos concentramos en gastar en lo básico. Claro que entendemos como “básico” aquello que consideramos imprescindible para nosotros. Lo que puede ser “más básico” para los otros, para nosotros se convierte en superfluo y, por tanto, prescindible.

La mayoría de nosotros hemos sido formados en la mentalidad de una sociedad competitiva. Teníamos que conseguir el máximo posible, procurar estar por encima de los demás, ser –o al menos aparentar- más que los otros. De ello dependía nuestra capacidad de supervivencia en una sociedad que poco se diferencia de la jungla.

Se nos mandaban mensajes de solidaridad, destinados más a tranquilizar nuestra conciencia que a crear otro tipo de convivencia entre las personas, los grupos humanos y los pueblos.

Son muchos los años en que se viene denunciando un sistema radicalmente injusto en el comercio internacional que siempre beneficia a los países más ricos, condenando a la pobreza endémica y a la dependencia permanente a los países más pobres. Somos los países ricos quienes marcamos los precios y las condiciones del mercado. Y dentro de los países ricos determinados grupos que especulan no sólo con los precios del mercado, sino con la vida y la muerte de millones de personas.

Cuando oímos hablar de estos problemas pensamos: “Y yo, que apenas gano un sueldo para pasar cada mes ¿qué puedo hacer frente a un problema que manejan los grandes capitales?”.
Claro que cuando vivimos una crisis global como la actual los términos del problema se desplazan. Ahora el problema no es sólo de los grandes capitales hacia los pueblos más pobres. Mi pequeño capital, mi sueldo mensual, me ha llevado a reducir mi ayuda a mis hermanos más pobres. Antes estoy yo y mi familia que los empobrecidos de la tierra.

En principio mi razonamiento es justo. Salvo que me considere cristiano, o sin serlo piense que toda la humanidad formamos una única familia.

Una de las grandes preguntas que deberíamos hacernos en momentos como el actual es ¿dónde considero que termina mi familia? ¿En aquellos a los que me unen lazos de sangre? ¿Creo en la fraternidad universal? ¿Considero al “pobre” (sea de donde sea y viva donde viva) mi hermano? ¿Hasta dónde llega mi solidaridad?

De la respuesta que demos a estas preguntas depende el que nos podamos considerar cristianos. No somos cristianos porque vayamos a Misa los domingo, recemos de vez en cuando, cumplamos ciertas normas morales… Ser cristianos es vivir y actuar reconociendo a un Dios que es Padre de todos los hombres y mujeres del mundo… buenos y malos, justos y pecadores… Jesús dio su vida no por los buenos y justos, esos no necesitaban de Él ni de Dios.

Te confieso que a mí se me hace difícil ser solidario en estos tiempos, aceptar que mi familia no se reduce al grupo de personas que vivimos bajo el mismo techo
Sólo quería compartir contigo esas dificultades, ponerlas por escrito me obliga a buscar respuestas. ¡Ojalá que el leerlas te cree algún interrogante!

J Altavista


WebJCP | Abril 2007