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miércoles, 26 de enero de 2011

MAL-AVENTURADOS


IV Domingo del T.O. (Mt 5,1-12a) - Ciclo A
Por Javier Leoz

Entre otras muchas, hay una frase respecto a la felicidad, que dice algo así: “la felicidad consiste en estar satisfecho contigo mismo, en quererse a uno mismo”. ¿Es cierto? ¿Podemos afirmar que, nuestras satisfacciones, exclusivamente personales e individualistas son fuente de la dicha y de la armonía verdaderas? Que cada uno, desde su situación personal, se responda. De todas formas hay un elemento clarificador e iluminador: nunca como hoy hemos tenido tantos bienes a nuestro alcance (para el desarrollo personal o colectivo) y nunca como hoy, el hombre, va errando en busca del tren de la felicidad.

1.- Las bienaventuranzas son 8 vagones que, a simple vista, nos pueden parecer sin ventanas abiertas al placer auténtico. Pero, cuando uno se atreve a viajar en ellos, descubre que el dar (más que el recibir) deja una huella eterna en el corazón. ¡Lo esencial no siempre s perceptible a nuestros ojos! Y es que, Dios, no siempre ve las cosas como nosotros y, por supuesto, no siempre nosotros las observamos como El.

El camino de las bienaventuranzas es un sendero atípico y comprometido. Es el mundo al revés. Es saber que, en la pobreza de espíritu (que no significa ser necios ni mucho menos) podemos encontrar una puerta abierta para alcanzar esas cotas de alegría y de paz que el mundo nos roba. Frente a la pobreza de espíritu, como siempre, se alza el rascacielos de la soberbia o del engreimiento; la riqueza externa con sus numerosos trajes festivos frente a la vida interior que, a la larga, es la que da consistencia a nuestros ideales, a nuestros criterios y a lo que de verdad nos sostiene frente a los combates de la vida.

2.- Hoy elegir el programa de las bienaventuranzas nos lleva a ser señalados por el mundo hedonista y caprichoso. Más que bienaventurados, los que lloran, se compadecen, humillados, perseguidos…..son tratados como “mal aventurados” como ingenuos.

En cuántas ocasiones no hemos escuchado respecto a una persona que hace el bien aquello de “ya se cansará; ya aprenderá”. Lo cierto es que si, el relato de las bienaventuranzas, es una de las páginas más bonitas el evangelio a la fuerza ha de ser el artículo de primera necesidad para dirigir y orientar nuestra vida cristiana. ¿Qué cuesta mucho? ¿Que es difícil aplicárselo todos los días? ¿Que no es un “maquillaje” que esté muy de moda en la sociedad de hoy? ¿Acaso lo era en tiempos de Jesús?

3.- En esta semana pasada, la fundación Santa María –a modo de conclusión de una de sus encuestas sobre religión y juventud—nos adelantaba que “la deserción de la clase de religión es consecuencia de la pérdida de valores en la sociedad”. No es de extrañar; un mundo que sólo pretender un bienestar simple y externo, sin más referencia que al propio hombre, sin más fin que el propio hombre… ¿va a buscar fuentes de felicidad más allá de las copas de los árboles o dejarse dirigir por ese programa apasionante y desconcertante a la vez como lo es el de las bienaventuranzas?

¿Qué son las bienaventuranzas? Ni más ni menos el perfil de personas que Jesús desea dentro de su Iglesia, de sus seguidores, de nuestras parroquias, grupos, movimientos, etc.

4.- ¡HAZME BIENAVENTURADO, SEÑOR!

Con las antenas de mi vida, en dirección a Ti

y, descubriendo que, en la pobreza de espíritu

brota la riqueza que tú quieres en mí.

Abriéndome a Ti, para no perderme

y sabiendo que, la felicidad,

no siempre se alcanza en lo que el mundo me ofrece.

Que, en el dolor, sepa descubrir tu mano

y, en el de los demás, que salga a su encuentro la mía

Que, en el llanto, llore mi alma solidaria

y, en la persecución, sepa sentir tu presencia.

¡HAZME BIENAVENTURADO, SEÑOR!

Sencillo y humilde

para, desde la simplicidad y la fidelidad,

encontrarte y hacerte de mi vida mi confidente;

y, en la tribulación, fuerte y combativo

para que nunca la cruz

sea más grande que mis fuerzas

para soportarla y hacerle frente

¡HAZME BIENAVENTURADO, SEÑOR!

Imprime en mi corazón el color de tu amor

y, en mi alma, el brillo del Evangelio

en mis pies la huella que marcan tus caminos

y, en mis ojos, el deseo de mirarte para no perderte

¡HAZME BIENAVENTURADO, SEÑOR!

Feliz, por estar junto a Ti

Feliz, de hacer lo que te gusta a Ti

Feliz, por ir contracorriente

¡HAZME BIENAVENTURADO, SEÑOR!


WebJCP | Abril 2007