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domingo 28 de febrero de 2010

Palabra de Misión: Segundo Domingo de Cuaresma – Ciclo C – Lc. 9, 28-36



El relato de la transfiguración es uno de esos episodios que toda la tradición sinóptica atestigua. Este año leemos la versión de Lucas, pero también Mt. 17, 1-8 y Mc. 9, 2-8 lo conservan. Como siempre sucede con las escenas compartidas por los diferentes Evangelios, cada uno de lo autores hace hincapié en elementos particulares, y el estilo propio deja huellas en el texto que, en paralelo, pueden rastrearse. Lo que comparten unánimemente es la ubicación de la transfiguración en el plan de la obra. Siempre es precedida por la confesión de fe de Pedro (cf. Mt. 16, 13-20; Mc. 8, 27-30; Lc. 9, 18-21), el primer anuncio de la pasión (cf. Mt. 16, 21; Mc. 8, 31; Lc. 9, 22), y la segunda llamada vocacional que implica cargar con la cruz (cf. Mt. 16, 24-27; Mc. 8, 34-38; Lc. 9, 23-26). La tradición de Mt-Mc añade el malentendido entre Jesús y un Pedro que no comprende aún el mesianismo de la muerte (cf. Mt. 16, 22-23 y Mc. 8, 32-33). Finalmente, el versículo común que hace de prólogo a la transfiguración es nuevamente compartido (cf. Mt. 16, 28; Mc. 9, 1; Lc. 9, 27), y en palabras de Jesús, expresa que entre los que lo estaban escuchando, habría algunos que no morirían antes de ver venir el Hijo del Hombre en su Reino (Mateo), el Reino de Dios con poder (Marcos) o simplemente el Reino de Dios (Lucas). Días después de esta declaración acontece lo que leemos hoy.

La cantidad de días que transcurren entre el anuncio de Jesús y la transfiguración ya son un motivo de disensión. Para Mt-Mc han pasado seis días, pero para Lucas son ocho. El por qué de este número no es tan fácil de rastrear. Para el Evangelio según Juan, el octavo día es una figura que representa la nueva Creación, el día novedoso añadido a la semana creadora original (siete días); por ello, el Resucitado se presenta entre los discípulos “ocho días después” (Jn. 20, 26). Para algunos exegetas, en Lucas hay que interpretar el mismo significado. Sin embargo, el octavo día en la obra lucana aparece una sola vez más, en Lc. 2, 21: “Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, se le puso el nombre de Jesús, el que le dio el ángel antes de ser concebido en el seno”. ¿Qué sentido, pues, tenía la circuncisión? Según Gn. 17, 9-14, la alianza entre Dios y Abraham se señaliza con la circuncisión, y es un signo que debe permanecer de generación en generación. Tan importante es este rito para el judaísmo que el varón no circuncidado debe ser considerado como un desheredado, y por lo tanto, no tiene derecho a celebrar la pascua (cf. Ex. 12, 48). El israelita incircunciso es un excomulgado. Y cualquier incircunciso, judío o gentil, está fuera de la alianza de Abraham. Pero falta reconocer cuáles son los elementos de la alianza. Según Gn. 17, 4-8, Yahvé hará de Abraham un padre de muchedumbres y su descendencia tendrá una tierra en posesión perpetua. En resumen, la alianza consiste en fertilidad y tierra prometida. La circuncisión, por lo tanto, recuerda esa promesa; la circuncisión es esperanza. Esta relación queda patente en el capítulo 5 del libro de Josué, cuando el pueblo de Israel, que está a punto de tomar posesión de Jericó (a punto de comenzar la conquista de la tierra prometida), se circuncidó, debido a que los israelitas nacidos en el desierto eran incircuncisos. Con el ritual ya realizado, el pueblo celebró la Pascua en los llanos de Jericó. Circuncisión y pascua son liturgia de la entrada a la tierra prometida, liturgia de la alianza. Quizás, el sentido del octavo día de la transfiguración sea el sentido de la circuncisión, de la nueva circuncisión en Cristo, como explica Colosenses: “En él también fuisteis circuncidados no con circuncisión quirúrgica, sino mediante el despojo del cuerpo carnal, por la circuncisión en Cristo” (Col. 2, 11).

Hay un dato más, propio de Lucas, que relaciona la circuncisión, la alianza y la transfiguración. Mientras que Mt-Mc menciona la aparición de Elías y de Moisés junto a Jesús y que los tres mantienen una conversación, Lucas va más allá y nos narra de qué hablaban los tres. La palabra que nosotros traducimos por partida (refiriéndose a la muerte de Jesús en Jerusalén), en el griego original es exodos. Esta referencia es clara al éxodo de Israel al partir de Egipto. Para la tradición bíblica del Antiguo y del Nuevo Testamento, el suceso de la liberación de la esclavitud egipcia es la pro-forma de todos los eventos de la historia de la salvación: la salida de la cautividad de Babilonia es un nuevo éxodo, la resurrección de Jesús es un nuevo éxodo, el final de los tiempos con la peregrinación escatológica a la Nueva Jerusalén es el gran éxodo definitivo de la historia. La transfiguración es, de esta manera, prefiguración de lo que será la muerte y resurrección de Jesús, prefiguración del éxodo central del universo, el éxodo-pascua del Cristo. Elías y Moisés hablan con Jesús sobre los acontecimientos que sucederán en Jerusalén para dar a la pasión y a la muerte la visión divina, la perspectiva celestial. En la cruz sucederá la verdadera circuncisión, se establecerá la alianza última e irrevocable.

También la referencia a la construcción de las tres tiendas tiene resonancias de circuncisión, alianza y éxodo. La fiesta de los tabernáculos, llamada también fiesta de las chozas o fiesta de las tiendas, era una de las tres fiestas judías que implicaban peregrinar hacia Jerusalén (cf. Dt. 16, 16), y durante una semana, los peregrinos vivían en tiendas construidas para la ocasión. La propuesta de Pedro a Jesús enmarca la transfiguración en la celebración de los tabernáculos. La fiesta tenía variados matices y significados: en un principio fue la fiesta de la cosecha (cf. Ex. 34, 22); tiene también ritmo cronológico, pues era una de las primeras celebraciones del año comenzado, marcando los ciclos de cosecha y recolección; sucedía al Yom Kippur (cf. Lv. 16), día de la expiación o purificación; era rito de fecundidad para que la tierra produjese en abundancia en el próximo ciclo agrícola; es afirmación nacionalista y mesiánica según Zacarías, quien puede ver cómo, en el final de los tiempos, todos los pueblos subirán a Jerusalén para reconocer el reinado de Yahvé Sebaot y celebrarán los tabernáculos (cf. Zac. 14, 16); y era la oportunidad de experimentar, durante una semana, lo que fue la vida de Israel en el desierto, en la vivencia continuada del éxodo, en la esperanza de la tierra prometida, y sobre todo, con la cercanía íntima de Dios que caminaba junto al pueblo. La transfiguración y los tabernáculos son visiones congruentes de la alianza y también visiones desde aristas diferentes; una retrospectiva y otra prospectiva; una sobre lo que pasó y lo que se espera, otra sobre lo que pasará y que también es esperanza. Para ambas el éxodo es importante, el paso de una situación a otra, de la esclavitud a la libertad, de la vida a la muerte para volver a la vida.

En la escena lucana, las señales apuntan hacia la alianza. Se recuerda el octavo día que es el día de la circuncisión; Elías, Moisés y Jesús hablan de la pascua jesuánica; el contexto externo parece estar dado por la fiesta de las chozas. La idea de éxodo es telón de fondo y argumentación entretejida. Para entrar a la tierra prometida los israelitas se circuncidaron; Elías, Moisés y Jesús hablan del éxodo jesuánico; la fiesta de los tabernáculos es celebración de la estancia en el desierto durante el éxodo mosaico. La mismísima presencia de Elías (representante por excelencia de los Profetas) y Moisés (representante por excelencia de la Ley) es la presencia de la antigua alianza que dialoga con la nueva (Jesús, su pasión y resurrección). La transfiguración es prolepsis de la pascua jesuánica. En Lc. 24, 1-8, escena de la tumba vacía, tres son las testigos principales (cf. Lc. 24, 10), al igual que tres son los testigos de la transfiguración; dos hombres se presentan para anunciar la Buena Noticia, al igual que los dos (Elías y Moisés) que hablan con Jesús; los hombres llevan vestidos resplandecientes en la tumba vacía, al igual que la blancura deslumbrante del Maestro en la transfiguración y sus dos interlocutores revestidos de gloria; las tres testigos se atemorizan, al igual que los tres apóstoles; finalmente, los hombres resplandecientes de la tumba les recuerdan que el Hijo del Hombre les había anunciado estos sucesos, por ejemplo, en Lc. 9, 22, unos versículos antes de la transfiguración. La nueva alianza consumada en la pascua fue anunciada (¿y celebrada?) en el monte donde Jesús se transfiguró.

En la resurrección, en el Resucitado, los éxodos (todos y cualesquiera que sean) cobran sentido pleno. La salida de Egipto, el regreso del destierro, la peregrinación escatológica la Nueva Jerusalén, hallan su esencia en la pascua jesuánica. Y los éxodos personales o comunitarios de la época en que nos toca vivir, también se plenifican en el Cristo. Porque hacer el éxodo es salir de una situación para entrar en otra, es ser liberado de una servidumbre para experimentar la libertad digna, es dejar de no-ser para comenzar a existir siendo. Los éxodos son resurrecciones, pasos a una vida más plena, y por ello sólo pueden alcanzar la realización si participan del éxodo central de la historia, el éxodo por excelencia, el paso de lo humano a la vida de Dios (parafraseando algunos cantos litúrgicos).

Los acontecimientos sencillos y cotidianos de la vida pueden leerse en clave de éxodo o esclavitud. Podemos vivir en la esclavitud o esclavizándonos, pero también tenemos la opción de salir, de movilizarnos, o mejor dicho, de ser liberados. Nos perdemos de mirar con los ojos de Dios las liberaciones, y así nos perdemos en caprichos, creyendo que se está mejor encerrado. Para Israel, salir de Egipto fue muchas veces una tortura, una recriminación a Yahvé que les había quitado las cebollas del Faraón para matarlos de hambre en el desierto. Nosotros, generalmente, preferimos las cebollas. Ni siquiera la transfiguración, la mirada divina sobre el éxodo de la cruz, nos convence. Seguimos viendo con los ojos de la horizontalidad humana, y los éxodos son más un problema que una oportunidad. Es más fácil ser esclavo que libre. Duele más hacerse cargo de responsabilidades y decisiones que seguir estrictamente las órdenes de un amo. Dejarse liberar es un tormento, pues aceptamos una alianza de gracia con el Liberador. Él promete amarnos a pesar de todo; nosotros tenemos miedo de amar.

Para amar hay que circuncidarse el corazón, como reclamaban los profetas. Un corazón circuncidado es un corazón al descubierto, desnudo, abierto a los otros y al Otro. Nuestra mente cree que las alianzas de gracia nos debilitan; recibimos tanto y sin necesidad de algo a cambio, que suponemos que hay algo mal. El hecho de que Jesús decida subir a Jerusalén y allí lo maten, y que su sangre sea alianza universal, siempre parece quedarnos muy grande. No nos atemorizan nuestras obligaciones para con ese amor, nos atemoriza el amor mismo. ¿Cómo hacer el éxodo de uno mismo? ¿Cómo liberarse para amar a la manera del Maestro? Por ese amor fue asesinado. ¿Cómo llegar a salir tanto de nuestro egocentrismo hasta el martirio? Sólo es posible porque Dios nos amó primero, porque Él ya hizo el éxodo.

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Noticias Misioneras del Mundo: 28 de Febrero de 2010

Publicado por OMPRESS

* El misionero español Luis Gonzaga Trigueros enterrado en Popoy, el pueblo que tanto amó
* Comienza el Curso de Evangelización Misionera en la Facultad de San Dámaso, de Madrid
* El misionero Iñaki Akizu desde la República Dominicana
* Un obispo misionero nominado para el Premio Nóbel Alternativo


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El misionero español Luis Gonzaga Trigueros enterrado en Popoy, el pueblo que tanto amó

OMPRESS-BOLIVIA (26-02-10) El misionero español Luis Gonzaga Trigueros Ortega, de los Clérigos de San Viator, que falleció el pasado 20 de febrero en Rurrenabaque, Bolivia, víctima de un accidente de tráfico, ha sido enterrado en Popoy, el pueblo que tanto amó y sirvió como párroco de comunidades diseminadas a ambas márgenes del río y donde fue administrador de un internado de 150 jóvenes, impulsor y ejecutor de proyectos de mejoras sociales, e integrante del Consejo Económico y Administrativo del Vicariato.

Alejandra Gómez Pérez, Asociada de San Viator en Viña del Mar, Chile, comparte con OMPress el recuerdo del padre Luistri, como le llamaban familiarmente, al que siempre agradeció su ayuda y colaboración, especialmente en los colegios de la congregación y en el Liceo Padre Antonio de Viña del Mar, Chile.

“Quiero compartir en estos momentos lo que conocí en mis dos viajes a Bolivia de Luistri. Era un ‘obrero las 24 horas a disposición del Señor’; me impresionó la forma de organizar una misión llevada por tantos años por Hermanos Redentoristas. Cuando él me contaba de su llegada a Popoy la verdad es que no fue una tarea fácil, pero en su relato sorprende la paciencia y la alegría de querer quedarse en Bolivia.

Cuando se encargó del internado profesionalizó muchas de las acciones que se llevaban a cabo; me gustaban las reuniones técnicas que tenía en la comunidad con todos los encargados de distintas áreas del internado, en donde se coordinaban y retroalimentaban, una verdadera gestión que se necesitaba para optimizar sus apostolados.

Su acción sacerdotal era ejercida sin descanso, bautizos, eucaristías, recorría kilómetros para acompañar a nuestros hermanos de Bolivia. Su acción pastoral se diversificaba hasta tal punto que participó en las distintas obras de construcción que se realizaron en Popoy: con pala y chuzo en mano! Su perseverancia, su sencillez y su grandeza de espíritu, sólo me hacen sentir una gran tristeza por su partida, aunque este sentimiento se agranda más cuando pienso en nuestros niños y niñas del internado a los que él tanto entregó y que en definitiva lo hicieron quedarse en Bolivia para siempre”.



Comienza el Curso de Evangelización Misionera en la Facultad de San Dámaso, de Madrid

OMPRESS-MADRID (26-02-10) El pasado miércoles día 24 de febrero tuvo lugar la inauguración del Curso de Evangelización Misionera de la Cátedra de Misionología de la Facultad de Teología “San Dámaso” de Madrid, que promueve las Obras Misionales Pontificias en España.

Este año se trata de la segunda edición del Curso, ya que fue el año pasado cuando se inició su andadura dentro de la oferta formativa de la Facultad y consta de dos módulos de tres meses que se imparten en dos años.

La matrícula este año ha sido similar a la del año pasado, lo cual es prueba del interés que existe por la formación misionera en la Iglesia. Son cerca de una treintena de personas cuyo espectro va desde laicos con interés en la misión hasta misioneras en formación.

El profesor Juan Carlos Carvajal dio la bienvenida a los asistentes en nombre de la Facultad; expresó su deseo de que, aunque el Curso sea a nivel de introducción y no se pueda profundizar en muchos temas de gran interés para todos, colme las expectativas de los nuevos alumnos, al igual que los del año pasado se sintieron satisfechos y muy contentos.

El padre Juan Martínez, de las OMP, agradeció en nombre de Mons. Francisco Pérez, Director Nacional de las OMP, la asistencia al Curso, ya que se trata de una importante apuesta de las OMP para atender a una necesidad que existe en la Iglesia en España de animación y formación misionera.

Para más información tanto de la Cátedra de Misionología como del Curso de Evangelización Misionera, pueden hacerlo en:

http://www.omp.es/OMP/formacion/catedramisionologia.htm

http://www.omp.es/OMP/formacion/catedracursoEM.htm



El misionero Iñaki Akizu desde la República Dominicana

OMPRESS-REPÚBLICA DOMINICANA (26-02-10) Desde la República Dominicana nos escribe el misionero Iñaki Akizu Olano dónde lleva ya cinco años compartiendo su vida y su labor pastoral con los más necesitados de las zonas rurales.

“Estimados hermanos y hermanas:

Llevo 5 años en la República, trabajando en una zona rural, donde el 90% de la masa forestal es el cacao. Estamos a 9 km de San Francisco de Macorís, capital de la Provincia Duarte. La inmensa mayoría son latifundios. La tierra está en manos de pocos y la inmensa mayoría que se dedica al campo ‘sobrevive’. Nuestra parroquia tiene algo más de 6.000 habitantes y está diseminada en 31 comunidades diseminadas en un área geográfica de 20 km2 aproximadamente. La tenemos distribuida en dos zonas, la Alta y la Baja, para mejor atención pastoral. En estos momentos estamos embarcados en la Misión Parroquial, fruto de la Misión continental que comenzó en Aparecida. En nuestras comunidades contamos con Animadores de Asamblea, Consejo comunitario, catequistas, mensajeros, misioneros, pastoral de la salud, pastoral social, etc. Podemos decir que tenemos la suerte de estar organizados. Nos encontramos contentos trabajando con esta buena gente.

El terremoto de Haití nos llenó de preocupación. A nivel de las diócesis se ha puesto una red de solidaridad en marcha. Lo que a nosotros respecta se hizo en su día una colecta extraordinaria y se va al paso. Esperaremos que la ayuda internacional apoye a Haití y puedan solucionar en gran medida el problema. En nuestras comunidades viven algunas familias haitianas y personas que trabajan en el campo, que llegaron de Haití...

Si no se resuelve el problema de Haití, nos tememos que el problema vendría a la República y esto traería un problema social de incalculables consecuencias...

Un abrazo y que Dios les bendiga”.




Un obispo misionero nominado para el premio Nóbel Alternativo

OMPRESS-BRASIL (26-02-10) La presidencia de la Conferencia Episcopal de Brasil ha hecho llegar una carta a la fundación Right Livelihood Award ratificando la nominación del obispo de la prelatura de Xingu (PA), Mons. Erwin Kräutler, para el premio Nobel Alternativo de los Derechos Humanos. Según la Conferencia Episcopal brasileña, esta nominación es un gesto de reconocimiento a la actuación “pastoral y profética” de Mons. Erwin “junto a los más débiles y a los pueblos indígenas”.

Nacido en Koblach, Austria, Mons. Erwin, de 70 años, llegó a Brasil en 1965 y, desde esta fecha, ha residido en la Amazonia. Consagrado obispo de la Prelatura de Xingu en 1981, Mons. Erwin ha actuado de forma destacada en la defensa de los pueblos indígenas, siendo presidente del Consejo Indígena Misionero a lo largo de dos mandatos.

Mons. Erwin se ganó el respeto de todo el episcopado brasileño por su defensa de los derechos de las comunidades tradicionales de Pará y del medio ambiente, además de sus denuncias contra la explotación sexual de niños y adolescentes y por la impunidad de los autores del crimen de la hermana Dorothy Stang. Actualmente ha elevado su voz contra la construcción de la central hidroeléctrica de Belo Monte, en el Río Xingu.

Creado en 1980 por el escritor germano-sueco Jakob von Uexküll, el premio Nóbel Alternativo es conocido también como el “Premio de la Sostenibilidad”. Es concedido por el parlamento de Suecia y busca honrar a personalidades que trabajan por la sostenibilidad y los cambios positivos para el planeta.

Algunos de los agraciados con el Nóbel Alternativo han ganado después del Nóbel de la Paz, como es el caso de la keniata Wangari Maathai, que ganó el primero en 1984 y el segundo en el 2004.

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Evangelio Misionero del Día: Lunes 01 de Marzo de 2010. II Semana de Cuaresma


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 6, 36-38

Jesús dijo a sus discípulos:
Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso. No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados.
Den, y se les dará. Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante. Porque la medida con que ustedes midan también se usará para ustedes

Compartiendo la Palabra
Por CELAM - CEBIPAL

Contemplando a Jesús
asimilamos la misericordia del Padre
Lucas 6, 36-38
“Sean misericordiosos como el Padre es misericordioso”


A la luz de la transfiguración del Señor, continuamos nuestro camino cuaresmal obedeciendo a la voz del Padre que nos invita a seguir escuchando a su Hijo predilecto.

El Evangelio de este día nos vuelve a colocar en el espíritu del “Señor de la montaña” en el cual Jesús nos invita a la perfección del Padre, que en la perspectiva de Lucas es esencialmente la misericordia “Sean misericordiosos como el Padre es misericordioso” (6,36).

1. La perfección de Dios es su misericordia

Lucas nos muestra cómo la santidad de Dios se manifiesta en su misericordia. La frase de Jesús, “sean misericordiosos como el Padre es misericordioso”, es el culmen de la revelación de todo lo que Dios es para nosotros. La misericordia expresa la esencia misma de Dios y por la cual Él es Santo, totalmente diferente a nosotros. “Por que como es su grandeza así es su misericordia” (Eclesiástico 21,18)

En el salmo 136 la misericordia nos es presentada como la clave de lectura de toda la creación y de toda la historia pasada y presente.

Nuestra experiencia de Dios, es siempre experiencia de la misericordia, porque cuando nos sentimos perdonados, salvados, es ahí cuando conocemos realmente quien y cómo es el Señor. En la acogida de la misericordia del Padre y en la contemplación de las actitudes y palabras de Jesús vamos aprendiendo a vibrar con el corazón del Padre y a dejar pasar hacia los otros la misericordia que nos es donada.

2. Cómo se pone en práctica la misericordia que proviene del Padre

Las sentencias que siguen, en Lucas, no se refieren a los enemigos, sino a los hermanos, son reglas claras, como pilares que rigen la vida de la comunidad de los discípulos: “No juzguen y no serán juzgados, no condenen y no serán condenados, den y se les dará” (6,37-38). En la comunidad se viven relaciones nuevas de amor reciproco, pero estas siempre están bajo la insidia del mal, por eso mismo al interno de la comunidad el amor tiene siempre el rostro de la misericordia.

Detengámonos brevemente en cada uno de los puntos que Jesús propone para nuestro ejercicio de la misericordia, dilatando nuestro corazón a la manera del Padre en esta Cuaresma.

(1) “No juzguen y no serán juzgados”

Juzgar es colocarse en el lugar de Dios considerarse a sí mismo como la medida de todo; mi juicio contra el hermano es más grave que su mismo pecado, porque es negar al Padre en su misericordia.

(2) “No condenen y no serán condenados”

Mientras el juicio es un acto interno, condenar es expresar externamente el juicio. El Padre en lugar de condenarnos se compadece, nos perdona y confía tan profundamente en nosotros que nos entrega la administración de su misericordia el siempre actúa a través de mediaciones, su compasión y su misericordia pasan a través de mi o no pasan.

Cada uno de nosotros es como una llave de agua, tenemos el poder de abrir o de cerrar la fuente inagotable del amor misericordioso que a todos ha sido donado en Cristo Jesús.

(1) “Den y les será dado”

Jesús no indica que es lo que tenemos que dar, simplemente dice den, como para enfatizar esa actitud de donación que debe caracterizar nuestro discipulado; vivir para los otros, sin retener nada de sí, nada para sí, como Jesús que se auto donó siempre más hasta la muerte.

En la medida en la cual nos donamos a los otros también recibimos de parte de Dios, quien nos dará su amor, y el inmenso don de ser como El configurándonos con su Hijo.

(2) “Porque con la medida con que midan serán medidos”

Dios renuncia a medirnos y juzgarnos, dejando que seamos nosotros mismos quienes nos damos la medida y nos juzgamos, según el amor y la misericordia que ofrecemos a los otros. Mi juicio final y mi salvación corresponderán a la misericordia que ofrezco hoy al otro.

Al acoger y gustar la misericordia que el Padre en Jesús tiene para con cada uno de nosotros nos vamos transformando poco a poco en la expresión viva de esta inagotable compasión de Dios.

Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón.

1. ¿Qué significa la expresión: “Sean misericordiosos como el Padre es misericordioso”?

2. ¿Cuáles son las formas concretas con las cuales manifiesto a los demás la misericordia de Dios?

3. Dediquemos algún momento de esta jornada para examinarnos como familia o comunidad, acerca de nuestra forma concreta de dar nuestro amor a los que nos rodean especialmente a los más necesitados.


¿Por qué la Transfiguración de Jesús?

“Para inspirar a sus apóstoles y hasta el fondo del corazón, un coraje inquebrantable y victorioso, para hacerles aceptar con intrepidez todo lo que hubiera de duro en la cruz, para impedirles ruborizarse del suplicio de Cristo y creerse deshonrados por la paciencia que Él manifestaría al sufrir, sin perder la gloria de su poderío, las crueldades de su Pasión”. (San León Magno, “Sermón 51”)

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WebJCP | Abril 2007