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MISIONEROS EN CAMINO: enero 2010
  • Cállate y sal de él - Por P. Javier Rojas sj Publicado por El Evangelio en Casa Antes de entrar en la reflexión de este pasaje del evangelio conviene hacer una distinción entre...
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domingo 17 de enero de 2010

Domingo II del tiempo ordinario: La transformación de la piedra


Publicado por Entra y Veras

Las tinaja que contenían el agua de las purificaciones, pasan a contener vino del mejor. La presencia de Jesús hace que todo se transforme y tome color, olor y sabor. Jesús prolonga la alegría.

De cada cepa saldrán mil sarmientos; de cada sarmiento mil racimos; de cada racimo mil uvas; de cada uva, quinientos litros de vino. Así animaba al pueblo el profeta Baruc, según cuenta un apócrifo.. Lo nuevo iba a llegar, los tiempos nuevos cargados de esplendor, de alegría sin medida, representada en el vino, harán olvidar los tiempos antiguos vividos en el exilio.

Algo parecido está en fondo del evangelio de hoy, lleno de simbolismos. La boda era la gran fiesta de la familia, que duraba varios días. En este contexto, nos encontramos en un cambio de época, en un paso de la seriedad a la alegría, del gris municipal y espeso a la vida multicolor, del agua al vino, nunca mejor dicho. Dice el evangelista que había seis tinajas, número imperfecto, pues es el siete el que indica la perfección. Y éstas eran de piedra, o sea duras, inquebrantables, rígidas. Además, estaban llenas de agua, normalidad, rutina, sin sabor, sin olor… Pura monotonía y frialdad. De pronto toda esta imperfección desaparece y aparece el vino nuevo y bueno. El vino simboliza la alegría, era considerado el elixir de la vida. La antigua alianza simbolizada por esa boda en la que se acaba el vino, se convierte en la nueva alianza en la que el vino es abundante y de primera calidad. La vida recupera sabor y alegría desmedida. Pero ojo, es lo antiguo lo que se transforma, el vino, no sale de la nada.

Hoy en día las normas de circulación impiden, gracias a Dios, que se mezcle la bebida con el volante, lo que ha hecho que en muchas de nuestras celebraciones tengamos que prescindir de un invitado tan ilustre como es el vino. Sin embargo, en la vida cristiana, en la Iglesia, no hay control de alcoholemia ni carnet por puntos, aunque todavía quede más de cuatro papanatas empeñados en vigilar y juzgar la conducta del prójimo en nombre Dios, sumando y restando puntos de acuerdo al numero de confesiones, asistencias y comuniones. Quienes así viven, por desgracia, se han quedado dentro de la tinaja, su vida cristiana se ha quedado insulsa, insípida e inodora como el agua. Continúan viviendo en el, para ellos, casto blanco y negro en el que hasta un abrazo sincero es mirado con sospecha y recelo. Siguen metidos dentro del recipiente de las purificaciones, ahogando su fe en agua bendita con relaciones frías, palabras medidas, y falsas piedades. Jesús no fue ningún aguafiestas sino que hizo que la fiesta continuase adelante. Vivir en cristiano consiste en repartir y compartir nuestra alegría, la misma que se experimenta cuando se comparte una botella de vino alrededor de una mesa. Vivir en cristiano no es ni beberse la botella de un trago ni tampoco emborracharse con vino de oferta. El vino de nuestra fe debe ir poco a poco reposando dentro de nosotros para que podamos compartirlo y seamos capaces de ir transformando nuestro ambiente sacando a los demás de su monotonía y su tinaja. Se nos vuelve a demostrar hoy que a pesar de que muchos se empeñen en lo contrario nuestro Dios no es el de la alegría medida y enlatada, sino el de la alegría desbordante que pueda contagiar a los demás.

Celebramos en este domingo la Jornada Mundial de las migraciones con un lema que no necesita muchas explicaciones: Hoy acogemos, mañana compartimos. Para permitir que todos sean acogidos y puedan sentarse en la gran mesa de la humanidad nosotros no podemos perder la audacia de superar toda apariencia en generalización y ver en ellos seres humanos, miembros de la familia humana; debemos de ser compasivos siendo capaces de ponernos en su lugar y no adormilar nuestra capacidad de indignación ante el atropello de los derechos y la injusticia. Nos hemos empeñado en trazar fronteras y líneas que no imaginamos para cualquier ave y muchísimo menos para las mercancías y los capitales para los que si es un bien fundamental el libre tránsito. Ojalá podamos ser acogedores con todos e invitar a todos a compartir un poco de este vino nuevo que nos saca de la rígida piedra y nos alegra la vida sacándonos del blanco y negro para siempre.

Roberto Sayalero Sanz, agustino recoleto.
Colegio San Agustín (Valladolid, España)

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NOS VEMOS EN FEBRERO..........


Queridos Amigos:

Me tomo un par de semanas para renovar energías y traer ideas nuevas.
Nos volveremos a ver a partir del mes de Febrero.
Cuento con sus oraciones y desde ya ansío el reencuentro.

CAMINO MISIONERO

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Evangelio Misionero del Día: Domingo 17 de Enero de 2010. I Domingo del Tiempo Ordinario - Ciclo C

"Haced lo que Él os diga"

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 2, 1-11

Se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús también fue invitado con sus discípulos. Y como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: «No tienen vino». Jesús le respondió: «Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todavía». Pero su madre dijo a los sirvientes: «Hagan todo lo que Él les diga».
Había allí seis tinajas de piedra destinadas a los ritos de purificación de los judíos, que contenían unos cien litros cada una. Jesús dijo a los sirvientes: «Llenen de agua estas tinajas». Y las llenaron hasta el borde. «Saquen ahora, agregó Jesús, y lleven al encargado del banquete». Así lo hicieron.
El encargado probó el agua cambiada en vino y, como ignoraba su origen, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo y le dijo: «Siempre se sirve primero el buen vino y, cuando todos han bebido bien, se trae el de calidad inferior. Tú, en cambio, has guardado el buen vino hasta este momento».
Éste fue el primero de los signos de Jesús, y lo hizo en Caná de Galilea. Así manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en Él.


Compartiendo la Palabra
Por Pedro Garcia cmf

Cuando hay una boda célebre, los medios y las revistas del corazón la llaman la Boda del Siglo. Así lo dicen, porque se han olvidado del esplendor de una boda anterior.
Pero si nosotros tomamos el Evangelio de este Domingo, y llamamos a la Boda de Caná La Boda de los Milenios, no nos equivocaremos un punto, aunque no se trata de una boda de reinas ni princesas, sino de unos simples aldeanos en un pueblecito minúsculo de Galilea.
Porque aquella boda no ha sido superada por ninguna en dos mil años, ni lo será en los milenios que pueda durar el mundo. Y no hay cámaras de televisión ni periódicos que la sepan transmitir como lo hace el Evangelio...
Allí estaba presente, como un invitado de tantos, nada más ni nada menos que Jesús, cuando apenas empezaba a manifestarse quién era.
Y hoy se va dar a conocer de la manera más idílica.
La fiesta de bodas en aquellos tiempos dichosos, tranquilos y sin agobios de leyes laborales, se prolongaba a veces por varios días. Y sea por la causa que sea, el caso es que llegó a faltar el vino, elemento imprescindible de la alegría en una fiesta así.
María, la Madre de Jesús, estaba también entre los invitados. Y con ojo atento, y con delicado corazón de mujer, se da cuenta del apuro de los novios:
- Mira, Jesús, no tienen vino.
- Bien, mujer, ¿y a ti y a mí, qué nos va?
Todos sabemos el desenlace. Seis grandes tinajas de agua, destinadas a las numerosas abluciones judías, que se convierten en un vino generoso de verdad.
El Evangelista Juan capta todo el sentido de este milagro, que Jesús realiza como un signo, como algo que quiere expresar cosas muy superiores. ¿Cuáles?...
Ante todo, el hecho de hacer Jesús este milagro para remediar el apuro de dos novios, ya esposos, en el día más feliz de su vida, ¿qué quiere decir?
Que allí se pone Jesús para aprobar, bendecir y consagrar para siempre en su Iglesia la unión matrimonial del hombre y la mujer.
¡Qué bello el hogar que empieza poniendo a Jesucristo en medio!
¡Qué seguridad en el amor!
¡Qué apoyo en las dificultades!
¡Qué redoblarse las alegrías!
¡Qué consolación en las penas!
¡Qué facilidad para pasar de las bodas de acá abajo a la boda eterna allá arriba de Jesucristo con su Iglesia!...
La abundancia de vino era para los antiguos profetas un símbolo de la abundancia de bienestar y de alegría que iba a traer el prometido Mesías al Pueblo de Dios. El profeta Amós lo decía con palabra poética, al ver los viñedos de las laderas de Judea:
- Los montes gotearán vino nuevo, y todas las colinas lo derramarán con generosidad.
Hoy lo vemos ampliamente cumplido en nuestro culto.
El Vino Nuevo, que es la misma Sangre de Cristo, no se agota nunca en la celebración Eucarística, banquete nupcial de Cristo con la Iglesia y signo del banquete eterno que nos espera.
Cuando nos embriagamos con este Vino celestial, cantamos rebosantes de alegría.
La celebración de la Eucaristía es cada domingo para el cristiano una fiesta siempre nueva.
En ella cantamos —vamos cantando sobre todo en la Comunión— porque el gozo del Señor llena nuestras almas.
Esto significa que Jesucristo ha realizado una renovación total del mundo. El agua de las tinajas ha sido sustituida por el vino de la Sangre de Cristo, ¡y ésta sí que es el detergente verdadero que quita la suciedad del mundo, al eliminar de en medio el pecado!
Con su Sangre, Cristo es el artífice verdadero del Mundo Nuevo, del Mundo Mejor en que tanto soñamos hoy.
Un himno bello de la Liturgia nos dice de dónde viene esa Sangre que nos salva: del seno generoso de María, que dio libremente su consentimiento al Angel.
No es entonces nada extraño que María se convierta en Medianera entre Jesucristo y nosotros, como lo dice este hecho del Evangelio. ¡No tienen vino!, y Jesús se rinde al deseo de su Madre.
Si toda mujer, por su fina intuición, por su delicada y amorosa ternura, es una medianera natural en el trato humano, ¿es de extrañar que Dios haya querido una Mujer Medianera, siempre subordinada a Cristo, dentro de la Iglesia?
Por eso, acudir a María es tener asegurada la benevolencia del Señor.
¡Señor Jesucristo, Esposo de la Iglesia, bendice nuestros hogares!...
¡Señor Jesucristo, que brindas con el vino nuevo, llénanos de tu alegría!...
¡Señor Jesucristo, que escuchas siempre a María, atiéndela cuando, solícita, te habla por nosotros!...
Boda de Caná, boda la más sonada de los milenios cristianos, boda bendecida por el Señor en persona...

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jueves 14 de enero de 2010

Noticias Misioneras del Mundo: 14 de Enero de 2010

* Llamamiento del Papa ante el terremoto de Haití
* Muere en Haití la responsable de la Pastoral de la Infancia brasileña
* La República Dominicana se vuelca en ayudar a Haití
* Carta del obispo de Orihuela-Alicante ante la Jornada de la Infancia Misionera

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Llamamiento del Papa ante el terremoto de Haití

OMPRESS-ROMA (14-01-10) Al final de la audiencia general de ayer miércoles, el Papa Benedicto XVI hizo un llamamiento ante la dramática situación en Haití.

"Pienso, en particular, en la población duramente afectada por un devastador terremoto, hace unas pocas horas, que ha causado graves pérdidas en vidas humanas, un gran número de personas sin hogar y de desaparecidos y serios daños materiales. Invito a todos a unirse a mi oración al Señor por las víctimas de esta catástrofe y por aquellos que lloran su muerte. Aseguro mi cercanía espiritual a quien ha perdido la propia casa y a todas las personas afectadas, en distintos modos, por esta grave calamidad, implorando de Dios consuelo y alivio en su sufrimiento.

Hago un llamamiento a la generosidad de todos, para que no falte a estos hermanos y hermanas que viven un momento de necesidad y de dolor, nuestra solidaridad concreta y el apoyo de la comunidad internacional. La Iglesia católica no dejará de activarse inmediatamente a través de sus instituciones caritativas para responder a las necesidades más urgentes de la población".



Muere en Haití la responsable de la Pastoral de la Infancia brasileña

OMPRESS-BRASIL (14-01-10) Una de las personas fallecidas en el terremoto de Haití ha sido la doctora brasileña Zilda Arns. Hermana del arzobispo emérito de Sao Paulo, el franciscano Paulo Evaristo Arns, era una médica pediatra de prestigio que coordinaba la Pastoral de la Infancia y de la Persona Anciana de la Conferencia Episcopal Brasileña. Se encontraba en el país caribeño invitada por la Conferencia de Religiosos de Haití, precisamente para hablar de la labor que se realiza con la Pastoral de la Infancia y la Persona Anciana, de la que fue fundadora, una obra de inspiración cristiana y que engloba el trabajado abnegado de miles de personas a favor de la vida, de la familia y sobre todo, de los niños más pobres.

El presidente de Brasil, Lula da Silva, ha hecho pública una nota en la que expresa su consternación ante la tragedia que ha afectado a Haití, país, “al que nos sentimos vinculados fraternalmente por razón de la presencia de la Fuerza de Paz liderada por Brasil”. “Transmito – añade el presidente brasileño – mi pesar y mi total solidaridad al pueblo haitiano y a las familias de las víctimas brasileñas, civiles y militares, en especial de Zilda Arns, coordinadora de la Pastoral de la Infancia y la Persona Anciana y consejera del Consejo de Desarrollo Económico y Social. Que Dios conforte a todos en este doloroso momento”.

La doctora Zilda tenía preparada una intervención en español que iba a pronunciar en la Conferencia de Religiosos. Estos son los últimos párrafos del discurso que no pronunció:

“Estoy convencida de que la solución de la mayoría de los problemas sociales está relacionada con la reducción urgente de las desigualdades sociales, con la eliminación de la corrupción, con la promoción de la justicia social, con el acceso a la salud y la educación de calidad, la ayuda mutua financiera y técnica entre las naciones, para la preservación y recuperación del medio ambiente. Como señala el reciente documento del Papa Benedicto XVI, Caritas in Veritate (Caridad en la verdad), “la naturaleza es un don de Dios, y precisa ser usada con responsabilidad”. El mundo está despertando por las señales del calentamiento global, que se manifiesta en los desastres naturales, más intensos y frecuentes. La gran crisis económica demostró la interrelación entre los países. Para no sucumbir, se exige solidaridad entre las naciones. Es la solidaridad y la fraternidad lo que más necesita el mundo para sobrevivir y encontrar el camino de la Paz.

Desde su fundación, la Pastoral da Criança invierte en la formación de los voluntarios y en el acompañamiento de niños y embarazadas, en la familia y en la comunidad.

Actualmente son 1.985.347 niños, 108.342 embarazadas de 1.553.717 familias. Su metodología comunitaria y sus resultados, así como su participación en la promoción de políticas públicas con la presencia en Consejos de Salud, Derechos del Niño y del Adolescente y en otros Consejos han llevado a cambios profundos en el país, mejorando los indicadores sociales y económicos. Los resultados del trabajo voluntario, con la mística del amor a Dios y al prójimo, en sintonía con nuestra madre tierra, que a todos debe alimentar, nuestros hermanos, los frutos y las flores, nuestros ríos, lagos, mares, bosques y animales. Todo esto nos muestra cómo la sociedad organizada puede ser protagonista de su transformación. En este espíritu, al fortalecer los lazos que unen a la comunidad, podemos encontrar las soluciones para los graves problemas sociales, que afectan a las familias pobres.

Como los pájaros, que cuidan de sus hijos al hacer un nido alto de los árboles y en las montañas, lejos de los depredadores, las amenazas y peligros, y más cerca de Dios, debemos cuidar de nuestros niños como un bien sagrado, promover el respeto sus derechos y protegerlos. ¡Muchas gracias! ¡Qué Dios acompañe a todos!”.



La República Dominicana se vuelca en ayudar a Haití

OMPRESS-SANTO DOMINGO (14-01-10) El gobierno, las instituciones políticas, educativas y sanitarias de la República Dominicana están volcándose para ayudar al país vecino ante la terrible situación que está sufriendo. La Iglesia desde el primer momento ha mostrado su apoyo espiritual y material a las víctimas. El Arzobispo Metropolitano de Santo Domingo y Presidente de la Conferencia del Episcopado Dominicano, Mons. Nicolás de Jesús Cardenal López Rodríguez, ha dirigido una carta al Arzobispo de Cabo Haitiano y Presidente de la Conferencia Episcopal de Haití, Mons. Louis Kébreau.

“Ante la grave situación que está viviendo la hermana República de Haití, quiero expresarle a S. E. como Presidente de la Conferencia Episcopal, la solidaridad del pueblo dominicano, de todas nuestras instituciones eclesiales, de los Arzobispos y Obispos de la República Dominicana, de los sacerdotes y diáconos, los miembros de Ordenes, Congregaciones Religiosas y demás personas consagradas, los movimientos apostólicos y nuestras comunidades, de la feligresía de todas nuestras Diócesis y del pueblo dominicano en general.

La Conferencia del Episcopado Dominicano hará de inmediato una colecta en todas nuestras iglesias particulares para acudir en ayuda de las muchas víctimas provocadas por esta catástrofe. Entre tanto, disponemos que en todas nuestras parroquias y comunidades se ofrezcan sufragios por los fallecidos y oraciones por los que han sido afectados. Somos conscientes de que nuestros pueblos haitiano y dominicano han sido vinculados históricamente y por esta razón nuestro pueblo siente en lo más íntimo de su corazón los terribles sufrimientos que hoy afligen a la Nación con la que compartimos la misma isla.

Como Conferencia Episcopal Dominicana queremos invitar a las Naciones hermanas de América y de otros Continentes a ofrecer a Haití toda la. ayuda económica y de otro género para contribuir a la reconstrucción de las zonas destruidas y asistir a las personas desamparadas. Lo reclaman los más elementales sentimientos humanos y cristianos.

Le ruego, Excelencia, transmitir nuestros más sinceros sentimientos de dolor y compasión a los queridos hermanos de esa Conferencia Episcopal y a todo el noble pueblo haitiano.



Carta del obispo de Orihuela-Alicante ante la Jornada de la Infancia Misionera

OMPRESS-ALICANTE (14-01-10) Mons. Rafael Palmero Ramos, obispo de Orihuela-Alicante, se ha dirigido a los niños de su diócesis con motivo de la Jornada de la Infancia misionera que se celebrará el próximo día 24 de enero, animándoles a confiar en Jesús para seguir siendo pequeños misioneros todos los días.

“Queridos niños y niñas de la Diócesis:

¿Qué tal habéis pasado las vacaciones de Navidad? Os escribo esta carta cuando ya han finalizado estos días entrañables. En Navidad todos nos hacemos un poco niños, contemplando el misterio del Niño Dios que nace en Belén. “Jesús, decía el Papa Benedicto XVI a los niños italianos, no sólo os ve, sino que sintoniza con vuestra onda, quiere quedarse con vosotros, entablar con cada uno de vosotros una fuerte amistad”. Ante el portal de Belén he pedido al Niño Jesús por todos vosotros y por vuestras familias.

A muchos ya os conozco personalmente. En los encuentros anuales y en los Campamentos de Verano, además de saludarnos como buenos amigos, me comentáis lo que estáis haciendo a favor de los niños de los países de misión. Os lo agradezco mucho. Vuestro entusiasmo y alegría son contagiosos y hacen posible una primavera de solidaridad en nuestra Diócesis.

Me llena de alegría el camino que vais recorriendo por los cinco continentes. El curso pasado, con los niños de Asia, buscasteis a Jesús. Este año, con los niños de África, queréis encontraros con Él. El camino continuará en los cursos venideros, siguiendo a Jesús con los pequeños de Oceanía, hablando con Él con los niños de América y terminará acogiendo a todos, como Jesús hacia, con los niños de Europa. Este camino por los cinco continentes es un verdadero proceso en el que intensificáis vuestra iniciación cristiana. Jesús os quiere mucho, sois sus amigos predilectos. Vosotros, ¿queréis ser sus amigos?

En la próxima Jornada de la Infancia Misionera, Jesús os invita a encontraros con Él dando la mano a los niños de África. Conocer a los niños africanos os facilitará el encuentro con vuestro amigo Jesús. A todos nos duelen las situaciones dramáticas en que viven estos niños. Los niños africanos son los que más directamente sufren las consecuencias trágicas de las guerras, el hambre y la pobreza, con las secuelas que esto conlleva. Ante estas situaciones, si somos amigos de Jesús, no podemos permanecer pasivos. ¡Tenemos que hacer algo por ellos!

Os sugiero algunas cosas que podéis hacer. En casa, con vuestros padres y hermanos, podéis ser más obedientes, no seáis egoístas ni caprichosos. Decidle a vuestro profesor de religión que os explique la situación en que viven los niños africanos, pues sólo podemos ser amigos de ellos si los conocemos. Sugerid en clase algún gesto de solidaridad con ellos. Sed generosos y animad a que otros también lo sean. Participad activamente en la Parroquia y en la Catequesis preparando el día de la Infancia Misionera. Leed la revista Gesto, allí encontraréis información y sugerencias de otras cosas que podéis hacer.

Además de todo esto, hay algo muy sencillo pero muy importante que está al alcance de todos: encontrarnos con Jesús. ¡No os olvidéis nunca de Jesús! El Papa Benedicto XVI os recordaba que “sólo la presencia de Jesús en vuestra vida da alegría plena, porque Él es capaz de hacer siempre nuevas y bellas todas las cosas. Él no os olvida nunca” . Nos encontramos con nuestro amigo Jesús en la Eucaristía, allí está realmente. Visitadlo alguna vez. Está en el Sagrario. Con Él podemos hablar y pedirle por todas las necesidades de los niños africanos. ¡Él lo puede todo!

Para ser amigos de Jesús hay que escucharlo y estar con Él algún rato. ¿Podemos llamar amigo nuestro a alguien a quien nunca vemos, ni escuchamos, ni estamos con él? Invitad a vuestros padres a que os acompañen todos los domingos a Misa. ¡Jesús os espera en la Eucaristía, no os olvidéis de Él! En la Eucaristía nos encontramos con Jesús y también con los niños africanos, al recordarlos en nuestra oración.

Porque os conozco, sé que puedo contar con todos vosotros. ¡Sed misioneros! Se puede ser misionero en casa, en el colegio, en la calle, en la Parroquia, con los amigos… Anunciad la vida de Jesucristo con vuestra generosidad y amistad. Con vuestra oración, que tanto agrada al Señor.

Saludad de mi parte a vuestros padres, abuelos y hermanos. Y recibid, de mi parte, un abrazo y una bendición cordial.”

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Evangelio Misionero del Día: Viernes 15 de Enero de 2010. Tiempo Ordinario - Ciclo C


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 2, 1-12

Jesús volvió a Cafarnaúm y se difundió la noticia de que estaba en la casa. Se reunió tanta gente, que no había más lugar ni siquiera delante de la puerta, y Él les anunciaba la Palabra.
Le trajeron entonces a un paralítico, llevándolo entre cuatro hombres. Y como no podían acercarlo a Él, a causa de la multitud, levantaron el techo sobre el lugar donde Jesús estaba, y haciendo un agujero descolgaron la camilla con el paralítico. Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados».
Unos escribas que estaban sentados allí pensaban en su interior: «¿Qué está diciendo este hombre? ¡Está blasfemando! ¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?»
Jesús, advirtiendo en seguida que pensaban así, les dijo: «¿Qué están pensando? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: "Tus pecados te son perdonados", o "Levántate, toma tu camilla y camina"? Para que ustedes sepan que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados, dijo al paralítico: Yo te lo mando, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa».
Él se levantó en seguida, tomó su camilla y salió a la vista de todos. La gente quedó asombrada y glorificaba a Dios, diciendo: «Nunca hemos visto nada igual».

Compartiendo la Palabra
Por Amando Torres Llorente

Jesús está reunido en una casa con la familia y los amigos. Otras personas se han ido juntando. La casa está llena. Jesús habla y explica del Reino de Dios. De repente, alguien comienza a retirar el tejado que cubre la sala. La sorpresa debió ser enorme. ¿Qué hacen? ¿Están locos? Por mucho que los estudiosos de la Biblia nos cuenten que el tejado de la sala en las casas de aquel tiempo no era más que un pajizo fácil de remover, lo que hicieron aquellas personas, los amigos del paralítico estaba fuera de toda norma y de todo sentido común.
La sorpresa debió hacerse mayor al ver cómo por el agujero practicado hacían descender una camilla con un paralítico que así de ser el último pasó a estar en primera fila, justo delante de Jesús. ¡Imposible que éste no le prestase atención!
Claro que la sorpresa no terminó ahí. Todos esperaban la curación. Era lo que Jesús hacía: curar a la gente. Pero Jesús da un paso más. Hace un triple salto teológico mortal y dice: “Tus pecados quedan perdonados”. Los que escuchaban a Jesús no salían de su asombro. Entendían que Jesús tuviese el poder de curar. Dios le había concedido aquel don. También otros lo habían recibido a lo largo de la historia de Israel. Pero lo de perdonar pecados era algo que pertenecía exclusivamente a Dios. Al hacerlo, Jesús se hacía a sí mismo como Dios, se hacía Dios, suplantaba a Dios, al Santo de los Santos, tan santo que los judíos no se atrevían ni siquiera a llamarlo por su nombre.
Y de regalo, al final, Jesús termina curando la parálisis de aquel hombre que, con sus pecados perdonados y con su salud recobrada, tomó la camilla y se volvió a su casa, dejando a todos entre asombrados y asustados.
Jesús es así: un pozo de sorpresas. No cabe en los esquemas establecidos. Se sale de los marcos. No es un profeta al uso. Tampoco es un maestro de la ley. Es algo más que, cuando lo descubrimos nos deja sorprendidos y embobados, nos invita a seguirle y nos llena de gozo y esperanza. Es cuestión de abrir los ojos y dejarnos sorprender por su novedad.

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martes 12 de enero de 2010

Noticias Misioneras del Mundo: 12 de Enero de 2010

Publicado por OMPRESS

* La Infancia Misionera de España ayuda a los niños de Liberia a olvidar la guerra
* Visita a los misioneros de Mallorca en Burundi
* "Cinemisión" presenta a los niños de Logroño la película "Planet 51"
* Encuentro diocesano de Infancia Misionera en Madrid

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La Infancia Misionera de España ayuda a los niños de Liberia a olvidar la guerra

OMPRESS-LIBERIA (12-01-10) 20 años de guerra y 200.000 muertos han dejado su huella en Liberia. En Gbarnga, una población del interior, la triste herencia de tanto dolor se puede apreciar en sus niños. A parte de la falta de escolarización por la carencia de medios, está el problema de la reinserción social de los niños y la lucha contra las enfermedades que hacen presa en ellos por la malnutrición. Los niños agradecen con su gran deseo de estudiar, el gran esfuerzo que se está haciendo para escolarizarlos y proporcionarles material escolar y libros, verdaderos artículos de lujo.

Para afrontar el problema de la reinserción social de estos niños privados de su infancia la Iglesia de Gbarnga ha creado varios centros para esta reinserción. El misionero irlandés de la Sociedad de Misiones Africanas, Chris Brennan, coordina esta labor. Conoce de primera mano su situación, desde que llegara al país en 1988. Los chicos que acogen estos centros son demasiado mayores para empezar el primer año de escuela. Es necesario centrarse en su adaptación como uno de los primeros pasos para reinsertarlos en la sociedad. La Comisión Justicia y Paz de la diócesis de Gbarnga se ocupa de buscar a los familiares de los niños de la guerra… si no es posible encontrarlos, se les buscan familias de acogida, intentando darles un seguimiento y acompañándoles durante su vuelta a la “normalidad”.

Las enfermedades se han extendido. Gracias a un programa de asistencia medico-sanitaria se llega hasta los niños, más de 5.000, que viven lejos de los centros de salud. Se trata de actuaciones de prevención, pero también de proporcionarles las medicinas necesarias para evitar que mueran por enfermedades de fácil curación. Para tratar la tuberculosis y la lepra está la Leprosería y Centro de Rehabilitación de Ganta. En este centro, que dirigen las Misioneras de la Consolata, se acoge a 200 niños que padecen alguna de estas dos enfermedades, a los que se les proporciona todo lo que necesitan: alimento, vestido, medicinas...

Tantas necesidades han llevado a que la Infancia Misionera de España aporte 64.100 dólares. Es un gesto para colaborar con la generosidad de todas las personas que trabajan para que estos niños olviden la guerra.


Visita a los misioneros de Mallorca en Burundi

OMPRESS-PALMA (12-01-10) El Vicario General de la diócesis de Mallorca, Lluc Riera, acompañado de la delegada de Misiones Catalina Albertí, visitarán del 12 al 28 de enero la diócesis africana de Gitega, en Burundi, lugar donde están realizando su labor tres misioneros diocesanos y tres religiosas mallorquinas. Asimismo visitarán las diferentes sucursales parroquiales en las que estos misioneros desarrollan su tarea en Burundi. Una sucursal reúne un territorio extenso donde se incluye la iglesia, la escuela y los servicios sociales. Todas las sucursales, animadas y dirigidas por los mismos catequistas laicos, dependen de una parroquia central, en este caso, la de Rabiro.

Según la delegada de Misiones en Mallorca, Catalina Albertí, con este viaje se reafirma el compromiso de colaboración de estas dos diócesis y los lazos de amistad y colaboración con el país africano donde tantas generaciones de misioneros mallorquines han trabajado.

Durante esta visita a Burundi se entrevistarán con el arzobispo de Gitega, Simon Ntanwana, y conocerán los proyectos financiados desde Mallorca en el 2009, que son una escuela de carpintería y la construcción de unas salas polivalentes en la parroquia de Rabiro.


“Cinemisión” presenta a los niños de Logroño la película “Planet 51”

OMPRESS-LOGROÑO (12-01-10) Con motivo de la celebración de la Jornada de la Infancia Misionera, que se celebrará el domingo 24 de este mes de enero, la delegación de Misiones de Calahorra y La Calzada-Logroño realizará, la víspera, para los pequeños de la diócesis la actividad “Cinemisión”. Se trata de una proyección especial el sábado 23 a las 11 horas de la película “Planet 51”, una película de cine con un trasfondo de valores positivos. La película, dirigida por Jorge Blanco, se estrenó en España en noviembre de 2009, hace apenas dos meses.

La Delegación de Misiones ha puesto a disposición de colegios y parroquias 400 entradas al precio de 2 euros. La película va dirigida lógicamente a todos los públicos pero la edad recomendable es la comprendida entre 3º de primaria y 1º y 2º de la ESO.

“Planet 51” es una comedia de aventuras a nivel galáctico que gira en torno al capitán “Chuck” Baker, astronauta americano que aterriza en Planet 51 pensando que es la primera persona en pisar el planeta. Para su sorpresa descubre que está habitado por pequeñas criaturas verdes que viven felizmente en un mundo plagado de cercas blancas, reminiscencia de la alegre inocencia de la América de los años 50, y cuyo único temor es el de ser invadidos por alienígenas... ¡como Chuck! Ayudado por su compañero robot Rover y su nuevo amigo Lem, Chuck tendrá que abrirse camino a través del desconcertante paisaje de Planet 51 para no convertirse en pieza permanente del Museo Especial de Invasores Alienígenas. Una película que hará reflexionar a los niños sobre cómo acoger a un extraño, a uno que es diferente a ellos.

La proyección tendrá lugar en los Cines Moderno de Logroño.


Encuentro diocesano de Infancia Misionera en Madrid

OMPRESS-MADRID (12-01-10) Con motivo de la celebración de la Jornada de la Infancia Misionera, los niños de Madrid tendrán la oportunidad de participar en un encuentro diocesano para celebrar este día. La Delegación de Misiones de Madrid invita a todos los niños de las parroquias, colegios y movimientos a participar con el deseo de “encontrarnos con Jesús con los niños de África”, lema de esta jornada misionera.

José María Calderón, delegado de Misiones de Madrid, comenta que “todavía tenemos en nuestra memoria el encuentro nacional que tuvimos el año pasado, en el que todos los niños, representando los cinco continentes, nos encontramos para confirmar nuestro espíritu misionero y para comprometernos a ayudar para que todos los niños del mundo conozcan a Jesús. Por este motivo el sábado 23 de enero a las 10,30 h. celebraremos la Jornada Diocesana de Infancia Misionera”.

El encuentro tendrá lugar en la Parroquia de Santa Matilde de Madrid (López de Hoyos, 166). Comenzará a las 10,30 h. con la celebración de la santa Misa seguido de la proyección del video de la Infancia Misionera. A continuación se celebrará un festival en el que los niños podrán jugar, cantar, y reírse con los payasos y trucos de un original mago.

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Evangelio Misionero del Día: Miercoles 13 de Enero de 2010. Tiempo Ordinario - Ciclo C

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 1, 29-39

Jesús fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron de inmediato. Él se acercó, la tomó de la mano y la hizo levantar. Entonces ella no tuvo más fiebre y se puso a servirlos.
Al atardecer, después de ponerse el sol, le llevaron a todos los enfermos y endemoniados, y la ciudad entera se reunió delante de la puerta. Jesús sanó a muchos enfermos, que sufrían de diversos males, y expulsó a muchos demonios; pero a éstos no los dejaba hablar, porque sabían quién era Él.
Por la mañana, antes que amaneciera, Jesús se levantó, salió y fue a un lugar desierto; allí estuvo orando. Simón salió a buscarla con sus compañeros, y cuando lo encontraron, le dijeron: «Todos te andan buscando».
Él les respondió: «Vayamos a otra parte, a predicar también en las poblaciones vecinas, porque para eso he salido».
Y fue por toda la Galilea, predicando en las sinagogas de ellos y expulsando demonios.


Compartiendo la Palabra
Por Amando Torres Llorente

Predicador itinerante y milagrero. O curandero. Jesús se podía haber quedado en eso. Había mucha necesidad, mucha pobreza, mucha hambre de pan y de esperanza, en aquella tierra de Jesús. Y Jesús le daba a la gente lo que necesitaba. ¿Proselitismo? Nunca, salvo a unos pocos, pidió Jesús a la gente que se comprometiese con él, que le siguiese, que fuese parte de su grupo. Es más, a unos cuantos hasta le dijo que no contasen a nadie el bien que les había hecho.
Jesús es la mano de Dios actuando en nuestra historia. Da al pueblo lo que necesita porque conoce realmente sus necesidades. No pone condiciones porque el amor de Dios es incondicional, sin medida, generoso, rebosante. Dios es el creador de la vida y promueve y recrea la vida enferma. Jesús es así. Como Dios. En el mejor de los sentidos. Vive, habla y actúa como Dios.
Por eso genera esperanza y vida en torno a él. La gente le busca, le acosa. No puede siquiera retirarse a orar tranquilo. La misión, su misión, no es una imposición externa, no es una obligación ni un deber auto-impuesto. Es expresión de la generosidad de Dios, de la naturaleza expansiva del amor de Dios que, precisamente por ser amor, se comunica, se regala, se da. El amor no puede ser de otra manera. En el momento en que se cierra en sí mismo deja de ser amor. Jesús se siente a sus anchas amando, curando, sanando, reconciliando. Expresa su ser. Se manifiesta tal como es.
¿Predicador itinerante y curandero o milagrero? Algunos seguro que lo entendieron así. Pero los que tenían el corazón abierto y las manos vacías se dieron cuenta rápidamente de que Jesús era otra cosa, de que su amor era incondicional y su generosidad sin límites. Los espíritus inmundos del egoísmo, la violencia, la muerte, el odio, huían en su presencia. Allí había algo más. Una presencia nueva y gratuita, llena de vida y de amor. Era Dios mismo que se había acercado a su pueblo y, a su lado, compartía el camino de la vida.

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lunes 11 de enero de 2010

Evangelio Misionero del Día: Martes 12 de Enero de 2010. Tiempo Ordinario - Ciclo C


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 1, 21-28

Jesús entró en Cafarnaúm, y cuando llegó el sábado, fue a la sinagoga y comenzó a enseñar. Todos estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.
Y había en la sinagoga un hombre poseído de un espíritu impuro, que comenzó a gritar: «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios».
Pero Jesús lo increpó, diciendo: «Cállate y sal de este hombre». El espíritu impuro lo sacudió violentamente y, dando un alarido, salió de ese hombre.
Todos quedaron asombrados y se preguntaban unos a otros: «¿Qué es esto? ¡Enseña de una manera nueva, llena de autoridad; da órdenes a los espíritus impuros, y éstos le obedecen!» Y su fama se extendió rápidamente por todas partes, en toda la región de Galilea.

Compartiendo la Palabra
Por Amando Torres Llorente

Lo del espíritu inmundo del Evangelio de hoy nos hace pensar casi de golpe en aquella película de “El Exorcista” y las muchas otras secuelas que aparecieron luego. El demonio que poseía a aquella niña se manifestaba en vómitos, contorsiones imposibles y otros fenómenos extraños que no sé por qué terminamos llamando “sobrenaturales”.
Tendríamos que pensar que los espíritus inmundos, que existir existen, también existen en nuestro mundo. En realidad han existido siempre pero no siempre con las mismas manifestaciones. Espíritus inmundos son los que dejan abandonados a los niños en charcos de odio y violencia. Espíritus inmundos son los que animan la guerra y la creación de armas cada vez más perfeccionadas pero siempre de destrucción. Espíritus inmundos son los que crean lejanía entre las personas que una vez se amaron y convierten su convivencia en un infierno sin sentido y sin salida. Espíritus inmundos son los que hacen que los recursos de este mundo se distribuyan tan injustamente que muchos pasan necesidad mientras que otras tenemos más de lo que nos hace falta. Esos son los espíritus inmundos que oprimen a los hombres y mujeres de hoy, que no los dejan respirar ni levantar la cabeza con esperanza, que no los dejan amar ni ser amadas ni mucho menos experimentar el amor de Dios.
Jesús habla con autoridad y no como los otros maestros que no hacen más que repetir la lección de siempre y que no crean esperanza sino sometimiento. Jesús tiene autoridad sobre los espíritus inmundos. No podía ser de otra manera.
Jesús tiene la autoridad que le viene de Dios. Conoce a Dios con la mente y con el corazón y sabe que el hombre no ha sido creado para vivir oprimido, para que abusen de él. Jesús sabe desde lo más hondo de su ser que hombres y mujeres han sido creados como hijos e hijas de Dios, que su dignidad nace de esa relación filial, independientemente de que la persona sea consciente o no de ella.
Jesús usa su autoridad para liberar, para devolver a la persona su dignidad. Jesús vive su misión como liberación. Levanta a los oprimidos, acoge a los excluidos. Por eso su forma de enseñar es diferente. Porque Jesús da esperanza y sentido a la vida de las personas con las que se encuentra.

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Noticias Misioneras del Mundo: 11 de Enero de 2010

Publicado por OMPRESS

* Visita de los obispos vascos a sus misiones diocesanas en Ecuador
* Más de 40.000 euros dedicados a la educación en Ouesso, Congo
* Encuentro diocesano de infancia en torno al santo misionero de Montilla
* La diócesis de Osma-Soria celebra la Infancia Misionera

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Visita de los obispos vascos a sus misiones diocesanas en Ecuador

OMPRESS-BILBAO (11-01-10) El obispo auxiliar de Bilbao, Mario Iceta, partió ayer domingo hacia Ecuador junto al obispo de Vitoria, Miguel Asurmendi. En este viaje visitarán a los misioneros y misioneras de las tres diócesis vascas, que se encuentran trabajando en ese país para -según ha comentado el obispo auxiliar- “conocer su situación y discernir el futuro de las Misiones Diocesanas Vascas”.

Babahoyo será uno de los destinos de los obispos en esta visita que durará hasta el día 23 de este mes de enero. En Ecuador, visitarán las parroquias en las que existe presencia misionera de las diócesis de Bizkaia, Gipuzkoa y Alava y se reunirán con los obispos y misioneros. Este es el segundo viaje conjunto que realizan ambos, ya que el pasado mes de julio estuvieron en Angola, donde visitaron Luanda y Malange, lugares en los que las Misiones Diocesanas trabajan en distintos ámbitos. Esta visita fue realizada principalmente para acompañar a los misioneros y compartir y vivir con ellos unos días de experiencia calificados como de “muy gozosos” por el obispo auxiliar. Aprovecharon también para llevar una ayuda económica a ese país y para estar y conocer a las personas y grupos que allí se encuentran.

El pasado año las Misiones Diocesanas Vascas conmemoraban los 50 años de la primera expedición de misioneros a Angola. Dicha efemérides tenía un valor añadido puesto que aquel envío misionero de octubre de 1959 fue el punto de arranque para que la aventura misionera diocesana afrontara nuevos retos en el continente africano. Pocos años después, las diócesis vascas enviarían misioneras y misioneros a los territorios de Congo y Rwanda.



Más de 40.000 euros dedicados a la educación en Ouesso, Congo

OMPRESS- R.D. CONGO (11-01-10) La población de Ouesso pertenece a la República del Congo, el Congo pequeño, más conocido como Congo-Brazzaville, por su capital. Ouesso está en la frontera norte de este país – al otro lado está Camerún – y es conocida por las poblaciones de pigmeos que viven en la zona. Las familias, aunque muy pobres, confían plenamente en la formación que imparte la Iglesia católica, por lo que cada vez acuden más niños a los centros escolares que se levantan junto a las parroquias. No es de extrañar que en Souanke, una aldea vecina a Ouesso, el estado haya devuelto a la Iglesia la escuela que confiscó, aunque en un estado lamentable. Para ayudar a este esfuerzo educativo que abarca también a los niños pigmeos y que busca también que los pequeños reciban una alimentación equilibrada la Infancia Misionera de España les ha hecho llegar 40.195 euros. Gracias a esta ayuda más de 1.300 niños verán mejorada su alimentación, se harán pequeños arreglos en los edificios escolares y en el mobiliario y se mejorará la calidad de la educación que reciben.


Encuentro diocesano de infancia en torno al santo misionero de Montilla

OMPRESS-CÓRDOBA (11-01-10) El próximo día 23 de enero tendrá lugar en Montilla, Córdoba, un encuentro misionero de niños con motivo del Año Jubilar de San Francisco Solano, organizado por la Delegación diocesana de Catequesis.

Bajo el lema “Niños misioneros con San Francisco Solano”, los niños se reunirán a las 10 de la mañana y, después de participar en diferentes talleres de carácter misionero, iniciarán una marcha hasta la parroquia de San Francisco Solano. Después del almuerzo, los niños tendrán una fiesta musical vocacional.

Francisco Solano, nació en 1549, en Montilla, Córdoba. Fue un fraile y sacerdote franciscano, enviado por su orden a América del Sur, donde residió por 20 años hasta su muerte, predicando el cristianismo a los aborígenes.

Fue canonizado en 1726 por Benedicto XIII y es llamado "el taumaturgo del Nuevo Mundo", por la cantidad de prodigios y milagros que se le atribuyen.



La diócesis de Osma-Soria celebra la Infancia Misionera

OMPRESS-SORIA (11-01-10) En la diócesis de Osma-Soria, con motivo de la Jornada de la Infancia Misionera que se celebrará el cuarto domingo de este mes de enero, la Delegación diocesana de Misiones ha organizado para ese domingo día 24, en colaboración con las parroquias y colegios de la ciudad de Soria, una Eucaristía y encuentro de niños en la parroquia de El Salvador de la capital, a partir de las 11.30 horas, animada por el coro parroquial de El Salvador al que se unirán otros coros de las parroquias sorianas. La Eucaristía estará presidida por el Obispo de Osma-Soria, Mons. Gerardo Melgar Viciosa.

El prelado oxomense-soriano ha escrito, con motivo de esta Jornada, una carta en la que exhorta a "concienciar a los niños y a todos de la situación real de los niños del continente africano: su realidad, sus carencias y necesidades y, así, que esta concienciación suscite en todos dos actitudes fundamentales: la gratitud y la solidaridad", al mismo tiempo que anima a que se tienda la mano "a los niños necesitados de África porque en la mano de los niños en situación de precariedad nos encontraremos, seguro, con la mano de Dios y con el mismo Dios".

Por su parte, el Delegado diocesano de Misiones, Jesús Mendoza, insiste "en la necesidad de implicar a los padres en esta celebración común, sin perder de vista que en este día los protagonistas tienen que ser los niños, a quienes queremos transmitir el mensaje de la Jornada: ‘Con los niños de África... encontramos a Jesús’”.

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domingo 10 de enero de 2010

Evangelio Misionero del Día: Lunes 11 de Enero de 2010. Tiempo Ordinario - Ciclo C

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 1, 14-20

Después que Juan Bautista fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Allí proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo: «El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse .y crean en la Buena Noticia».
Mientras iba por la orilla del mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que echaban las redes en el agua, porque eran pescadores. Jesús les dijo: «Síganme, y Yo los haré pescadores de hombres». Inmediatamente, ellos dejaron sus redes y lo siguieron.
Y avanzando un poco, vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban también en su barca arreglando las redes. En seguida los llamó, y ellos, dejando en la barca a su padre Zebedeo con los jornaleros, lo siguieron.


Compartiendo la Palabra

Ha pasado la Navidad. Ha pasado la celebración del Bautismo de Jesús. Y aquí nos encontramos con Jesús dispuesto a comenzar con su misión. Es de suponer que lo ha meditado bien, que se ha tomado el tiempo necesario para medir las consecuencias de sus actos, que ha hecho un plan estratégico, tomando en consideración los pros y los contras, las ventajas y los inconvenientes, que ha planeado crear una organización que lo respalde con todo lo que ello conlleva de cargos y jerarquías, que ha preparado cuidadosamente los materiales para la formación de los que se integren en su trabajo...
Podríamos seguir pero posiblemente la realidad no tuvo mucho que ver con ello. Jesús no planificó ni midió ni pesó. Jesús partió de algo más simple pero mucho más fuerte: una experiencia profunda de Dios, del Dios de sus padres y del Dios que se encontraba en los textos que se leían en la sinagoga. Horas de soledad y horas de oración. Hasta reconocer a Dios como el “Abbá” que ama a todos sin distinción. Hasta darse cuenta de que su misión no podía ser otra que convocar a todos a formar parte de la familia de Dios.
Para ello, hijo de su tiempo, uso el primer término que tenía a mano: el reino. Tenía que anunciar el reino de Dios, el reino de los hijos e hijas de Dios, allí donde nadie se sentiría excluido. Por pura coherencia, se dio cuenta de que el anuncio tenía que empezar por los más alejados. Si ellos eran invitados entonces es que todos estaban invitados. Y salió a las calles, a las plazas y a los caminos diciendo algo tan sencillo como “El reino de Dios está cerca”. Los más sencillos, los pobres, lo entendieron enseguida.
También se le ocurrió que era mucha tarea para él solo. Invitó a otros. Tenían que hacer como él: dejarlo todo. No se prometía buen sueldo ni seguridad social. Nada sobre la jubilación. Simplemente dejarlo todo y predicar con palabras y con hechos lo mismo de Jesús: El reino de Dios está cerca.
Hoy volvemos a contemplar a Jesús que se acerca a nosotros y nos lanza el mismo mensaje de esperanza: el reino de Dios está cerca. ¿Quién se quiere unir a él?

Amando Torres Llorente

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sábado 9 de enero de 2010

Palabra de Misión: Bautismo de Jesús – Ciclo C – Lc. 3, 15-16.21-22



Como lo dispone la liturgia, tras la celebración de la fiesta de Epifanía se sucede el bautismo de Jesús. El acontecimiento (Jesús bautizado por Juan) es uno de los más atestiguados por la cuádruple tradición evangélica, o sea, conservado de alguna manera en los cuatro Evangelios. Esto representa un dato no menor. Pocos hechos de la vida de Jesús tienen tanto sostén histórico. El primero en narrarlo fue Marcos, alrededor del año 70 d.C., y la cita es Mc. 1, 9-11; se trata del relato más breve de los sinópticos. Luego lo pusieron por escrito Mateo y Lucas, más de una década después, y cada uno le dio su impronta, considerando que entre las comunidades cristianas de aquella hora la relación entre el Bautista y Jesús constituía un problema teológico (¿quién era verdaderamente el Mesías? ¿por qué el Mesías se bautizaría con alguien supuestamente menor que Él? ¿qué papel queda para Juan en el plan de salvación?). Mt. 3, 13-17 lo soluciona añadiendo un diálogo (Mt. 3, 14-15) entre los protagonistas, donde el Bautista se resiste a bautizar a Jesús, pero éste insiste argumentando que es preciso cumplir con toda justicia. Lucas avanza un poco más y, en sus primeros dos capítulos, presenta en un díptico las concepciones, nacimientos y circuncisiones del Bautista y de Jesús, dejando bien en claro que el primero está subordinado al segundo desde siempre. El relato lucano del bautismo también tiene sus improntas, pero eso lo veremos de inmediato. Finalmente, sobre los albores del siglo II, el Evangelio según Juan habrá eliminado la escena del bautismo para mencionarla de pasada en labios del Bautista, quien asegura haber visto cómo el Espíritu de Dios bajaba y se posaba sobre Jesús (cf. Jn. 1, 32-34).

Este muy breve paneo sobre la evolución de la narración del bautismo es consistente con la evolución cristológica de la Iglesia. Mientras más profundizaban los primeros cristianos el misterio del Cristo, más descubrían la verdadera condición de Jesús, pero también hallaban más problemas. Estos problemas requerían soluciones teológicas que las comunidades fueron elaborando lentamente. El problema del Bautista fue uno de los más disputados. Baste como ejemplo lo que cuentan los Hechos de los Apóstoles, por ejemplo sobre Apolo, un judío que enseñaba sobre Jesús, pero sólo conocía el bautismo de Juan (cf. Hch. 18, 24-25), y tuvo que ser catequizado por Áquila y Priscila sobre la exactitud del cristianismo (cf. Hch. 18, 26); o los discípulos de Éfeso con los que se encuentra Pablo, que ni siquiera habían oído hablar del Espíritu Santo (cf. Hch. 19, 1-2) porque sólo tenían el bautismo de Juan (cf. Hch. 19, 3). La crónica de Hechos demuestra que durante un considerado tiempo convivieron los discípulos joánicos con los discípulos jesuánicos, y que sus bautismos se realizaban en paralelo. Evidentemente, para los joánicos, el Bautista era el maestro a seguir y, para muchos de ellos, era el Mesías esperado. Con esa situación se abre la perícopa de hoy, que no refleja sólo la creencia de la época de Jesús, sino la situación de la comunidad lucana: todos piensan en sus corazones si Juan no será el Mesías, todos se permiten dudar sobre su verdadero papel en el plan salvífico.

El relato lucano del bautismo, como adelantamos, tiene sus características particulares para explicar la diferencia substancial entre Jesús y Juan, y la preeminencia del primero. Uno de los recursos literarios es la presentación en díptico de las infancias de ambos. Veremos ahora lo específico de la escena bautismal:

- Juan está preso: la selección de versículos que realiza la liturgia no nos permite conocer, en la lectura, Lc. 3, 19-20, donde el autor dice que Herodes encerró a Juan en la cárcel. Esto modifica substancialmente la escena, porque si el Bautista está preso, difícilmente pueda bautizar con su propia mano a Jesús en los versículos siguientes. Esto es un orden cronológico lucano realizado adrede. En el Evangelio según Marcos, por ejemplo, Juan es entregado (cf. Mc. 1, 14) después del bautismo e, incluso, después de que Jesús permanezca cuarenta días en el desierto (cf. Mc. 1, 9-13). Al adelantar la prisión del Bautista se marca un corte histórico, un cambio de situación. En la gran estructura del relato de Lucas (Evangelio y Hechos de los Apóstoles) los tiempos de la historia de la salvación son tres: el Antiguo Testamento con sus profetas, el acontecimiento crístico y la Iglesia guiada por el Espíritu Santo. Juan pertenece al primer tiempo, es el último profeta de la Antigua Alianza, y no puede entrar en contacto con el Cristo, centro operante del segundo tiempo. El texto es claro, nadie lo bautiza a Jesús, sino que “también fue bautizado”, con un sujeto tácito, que para nosotros puede ser directamente Dios.

- Orando: Lucas es el único que presenta a Jesús orando en esta escena. Ni Marcos ni Mateo lo mencionan. El tópico de la oración es importantísimo en la obra lucana. El Maestro se retira a lugares desiertos para orar cuando la muchedumbre lo persigue porque se hace famoso (cf. Lc. 5, 15-16), ora en una montaña la noche antes de elegir a los Doce (cf. Lc. 6, 12), ora a solas cuando pregunta a sus discípulos quién dice la gente que es Él (cf. Lc. 9, 18), tras lo cual emprenderá la larga subida a Jerusalén (cf. Lc. 9, 51). La transfiguración sucede enmarcada en oración (cf. Lc. 9, 28-29). Y Lc. 11, 1-13 contiene la enseñanza del Padrenuestro y la parábola de amigo insistente, en conexión con la de la viuda insistente (cf. Lc. 18, 1-8). De más está recordar Getsemaní (cf. Lc. 22, 39-46). La Iglesia, tras la ascensión, será continuadora de la oración de su Señor. La primitiva comunidad de Jerusalén, todos “íntimamente unidos, se dedicaban a la oración” (Hch. 1, 14), y en algunas oportunidades, cuando terminaban de orar, el Espíritu Santo descendía sobre ellos (cf. Hch. 4, 31). La relación entre Espíritu y oración es patente. Jesús es el animado por el Espíritu de Dios, es el que se deja habitar por el soplo del Padre. No es un hombre espiritual por ser desencarnado, sino todo lo contrario, es espiritual porque vive en la tierra con un sentido de trascendencia único que se lo da el Espíritu. Realiza la voluntad de Dios porque, orando, se deja compenetrar por el Padre para modificar la historia, la suya y la de su pueblo. En la oración encuentra Jesús su centro, el meollo de su existencia. En la oración asume su misión y su identidad y las revela, rechaza la fama y forma comunidad. Orando, Jesús es/existe.

- Engendrado hoy: la voz del cielo en el relato lucano se diferencia de la tradición de Marcos y Mateo. Mientras estos parecen citar una combinación de Is. 42, 1 y Sal. 2, 7, Lucas se basa solamente en el salmo. La voz da cumplimiento a Lc. 1, 32, cuando el ángel anuncia a María que su hijo será llamado Hijo del Altísimo. Pero no es sólo cumplimiento de algo profetizado en el pasado, sino actualización de la filiación divina. El sentido del hoy, ya presente en la cita del salmo, es muy importante para Lucas. A los pastores se les anuncia que hoy ha nacido el Salvador (cf. Lc. 2, 11), Jesús asegura en la sinagoga que las palabras de Isaías sobre el ungido de Dios (cf. Lc. 4, 17-19) se cumplen hoy (cf. Lc. 4, 21), tras la curación del paralítico la gente dice que ha visto cosas increíbles hoy (cf. Lc. 5, 26), Zaqueo debe bajar porque hoy se aloja el Maestro en su casa (cf. Lc. 19, 5) y hoy llega la salvación a esa misma casa (cf. Lc. 19, 9), al malhechor crucificado se le asegura que hoy estará con Jesús en el Paraíso (cf. Lc. 23, 43). El Evangelio no es algo de ayer que ya no nos incumbe, ni algo que sucederá algún día y que conviene esperar de brazos cruzados. El Evangelio es actualidad, es hoy, es ya, es ahora. Dios engendra a su Hijo hoy porque engendra hijos siempre, porque nunca deja de ser Padre, nunca ha dejado de serlo ni alguna vez existió sin serlo. La filiación es una constante en tiempo presente, porque la salvación es en el presente de las personas. Se está hoy en el Paraíso y hoy entra el Señor a compartir la mesa, y no hay futuro donde se cumplen las profecías porque se cumplen en el ahora del Cristo. La expresión de la encarnación está en ese presente continuo al que se traslada la historia para vivir el presente continuo de la eternidad divina.

Jesús no es lo mismo que Juan el Bautista. Es la concreción de un anhelo muy profundo de Juan, la esperanza en la llegada del más fuerte (cf. Lc. 3, 16). Es el agente mesiánico. ¿Pero cómo se da cuenta el judío de Nazareth de su identidad cristológica? Esa es una de las grandes preguntas en la investigación histórica sobre Jesús. ¿Sabía Él a ciencia cierta quién era? ¿Cuándo habría llegado a descubrirlo? Muchos biblistas coinciden actualmente en que el relato del bautismo por parte de los evangelistas es la escena que revela el proceso de auto-interpretación jesuánica. El texto lucano, por ejemplo, nos muestra un hombre orante que, en sintonía con el Padre, se descubre Hijo. Un hombre que buscando el sentido de su existencia lo halla plenamente en Dios y en los hermanos de su pueblo.

Jesús no ha sido un adivino de la voluntad de Dios, sino un oyente. Y no sabía el completo desenlace de su vida mientras actuaba una farsa frente a sus seguidores; Jesús discernía. La imagen omnisciente que nos hemos fabricado de Él contribuye a alejarlo del pueblo, en sonante diferencia con el judío que se bautiza cuando “todo el pueblo se estaba bautizando” (Lc. 3, 21a). Poniendo a Cristo a lo lejos, ya no hay obstáculo para poner la Iglesia unos pasos más allá, o unos pasos por encima. El Jesús omnisciente es la posibilidad de proclamar una Iglesia omnisciente, que se sabe íntegra desde siempre y que de equivocarse no ha probado error alguno. En definitiva, una imagen eclesial falsa. Nos negamos el privilegio de crecer a partir del cuestionamiento, nos negamos la dicha de discernir, descartar, re-elaborar, cambiar, transformar y construir. ¿No será indispensable preguntarse casi constantemente quiénes somos?

El camino elegido por Jesús es el de la oración. El camino elegido por la Iglesia no podrá ser otro. Orar para entender y para entenderse, para poder mirar y mirarse, para encarnarse y proyectarse. Orar para escuchar y asumir la misión. Orar para sabernos hijos y para que los otros se descubran hijos también. La oración no es la abstracción que nos lleva al pasado para lamentarnos de lo que no hicimos, ni es la vía de escape hacia un futuro de ensueño que esperamos caiga del cielo. En la oración nos atrevemos a tener los mismos sentimientos que el Cristo (cf. Fil. 2, 5); orando somos/existimos porque dejamos que Jesús sea/exista en nosotros. ¿Cómo creer la evangelización sin la oración? ¿Cómo hacerse presente continuo para los miles y miles de marginados que sufren las consecuencias del pasado que los ha dejado sin futuro visible? Es imposible. La identidad que la Iglesia descubre orando, la descubre en la oración encarnada. No podemos ser comunidad de lamentos ni comunidad de brazos cruzados. Somos comunidad en presente, entre los que hoy están alrededor nuestro, entre los que quieren animarse a descubrir los vericuetos de Dios. Somos comunidad incompleta, en discernimiento, en descubrimiento de sí misma, pero por eso mismo somos comunidad que se completa en el Cristo, que discierne con Él y que descubre su yo/nosotros cuando hace caso a la revelación Tú.

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Evangelio Misionero del Día: Domingo 10 de Enero de 2010. BAUTISMO DEL SEÑOR

Por el bautismo nos acoges

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 3, 15-16. 21-22

Como el pueblo estaba a la expectativa y todos se preguntaban si Juan Bautista no sería el Mesías, él tomó la palabra y les dijo: «Yo los bautizo con agua, pero viene uno que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de desatar la correa de sus sandalias; Él los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego».
Todo el pueblo se hacía bautizar, y también fue bautizado Jesús. Y mientras estaba orando, se abrió el cielo y el Espíritu Santo descendió sobre Él en forma corporal, como una paloma. Se oyó entonces una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección».


Compartiendo la Palabra
Por Pedro Garcia cmf

Estamos asistiendo en la Iglesia a un hecho magnífico y consolador, como es la renovación de la conciencia de que somos unos bautizados.
Porque al haber recibido el Bautismo, como la mayor gracia de Dios, desde muy pequeñitos, hemos vivido siempre nuestra condición cristiana de una manera poco menos que mecánica. No hemos caído en la cuenta de que el ser bautizados es constituir la categoría más alta dentro de la sociedad humana, y esto no por exaltación propia, sino por elección y obra de Dios.
El Bautismo eleva al más pobrecito a la dignidad más encumbrada. Un rey francés llevó a su hijo, el príncipe heredero, a la Parroquia y pidió el registro de los bautismos. Con él delante, le dice:
- ¿Ves? Mira esta acta bautismal y dónde está tu nombre. Estás mezclado entre dos obreros del pueblo, que son ante Dios tan altos como tú, y, como tú, herederos de un Reino inmortal, el Reino de los Cielos, que no pasará jamás. El Bautismo los ha hecho tan grandes como al hijo del Rey de Francia, y tú no eres más grande que esos hijos del pueblo.
No diremos que este monarca no sabía educar bien.
Ha sido Dios quien nos ha seleccionado para ser en medio del mundo, como nos dice el apóstol San Pedro, una raza escogida, un sacerdocio regio, una nación santa, el pueblo que Dios se ha elegido para proclamar sus obras maravillosas.
¿Cuáles son estas maravillas? Leemos el Evangelio de hoy y vemos lo que le pasó a Jesús. Todo el pueblo se acerca a Juan para recibir un bautismo de penitencia. El pueblo se siente pecador, y quiere purificarse para recibir al Cristo que está esperando.
Y ese Cristo, Jesús de Nazaret, se solidariza con el pueblo. Sin ser pecador, se mete entre los pecadores dentro del río, para comunicar al agua desde entonces el poder de santificar. Carga con las culpas de todos para llevarlas después hasta la cruz, como humilde Siervo de Dios, hasta ser bautizado con un bautismo de sangre que lavará todo el pecado del mundo.
Sale Jesús del Jordán, se pone en oración, y ven todos cómo se rasga el cielo, aparece el Espíritu Santo sobre Él en forma de paloma, y se oye por los espacios la voz del Padre:
- ¡Este es mi Hijo queridísimo, en quien tengo todas mis complacencias!
Esta escena del río Jordán se repite continuamente en la Iglesia.
El niño sacado de pila se ha convertido en un hijo o en una hija de Dios que tiene enloquecido de felicidad al mismo Dios.
Las Tres Personas de la Santísima Trinidad rivalizan en atenciones y en mimos con ese hijo o esa hija que se han convertido en su orgullo.
El Padre mira al recién bautizado con un amor, con un cariño, con una ternura indecibles.
El Hijo, Jesús, lo ha hecho en todo semejante a Sí mismo, copia perfecta suya, miembro de su Cuerpo, ciudadano de su Iglesia, heredero de su Reino. San Pablo dirá gráficamente:
- Los que habéis sido bautizados en Cristo os habéis revestidos del mismo Cristo.
Es como si nos dijera el Apóstol: Dios ya no os ve a vosotros, porque en vosotros no ve más que a su Hijo Jesús...
El Espíritu Santo, como la tierna paloma de los cielos del Jordán, aletea sobre el bautizado. Se posa sobre él. Le susurra como un murmullo la oración. Lo unge como a
Jesús, penetrando todo su ser. Lo enciende, lo inflama, le hace arder en el amor a Dios y lo lanza a hacer el bien a todos los hermanos.
Unos compañeros les propusieron a aquellos dos novios estupendos:
- ¿Por qué no venís esta noche a la fiesta? Se presenta formidable.
Y el muchacho, con energía, y ante la complacencia de la chica:
- Porque llevamos al Espíritu Santo dentro, y no lo vamos a echar de nosotros a puntapiés...
El tomar conciencia de nuestro ser de bautizados es para nosotros una bendición de Dios en nuestros días.
Hoy estamos alcanzando todos en la sociedad unos niveles de independencia nunca vistos anteriormente.
Desde el niño revoltoso y el joven soñador, hasta el hombre maduro y la mujer sensata, hemos descubierto el valor de nuestra dignidad personal, y nos decimos:
- Yo soy yo, y mi papá y mi mamá podrán aconsejarme, pero no se impondrán en mis decisiones. Yo soy yo, y mi esposo o mi esposa, que me ama y a quien amo tanto, no me esclavizará jamás. Yo soy yo, y el amigo o la amiga podrán ir por las suyas, pero yo iré por las mías. Yo soy yo, y la autoridad podrá mandarme, pero me tendrá que respetar siempre...
Así hablamos hoy, y así somos.
El sentido de la dignidad personal se está desarrollando de manera sorprendente. Y esto es un gran bien, con tal que la libertad no se convierta nunca en libertinaje.
Pero nosotros, bautizados, tenemos conciencia de que nuestra dignidad mayor y nuestra mayor responsabilidad no radica en ser simplemente hombre o mujer, sino en ser seguidores de Cristo, que nos ha dado a la vez la sujeción y la libertad de los hijos de Dios.
¡El Bautismo! Lo recibimos de muy niños. Pero, ¿sabemos vivirlo con la conciencia y la responsabilidad de personas mayores?...

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viernes 8 de enero de 2010

LA PROLONGADA EXPERIENCIA DE ORACIÓN DE JESÚS


Bautismo del Señor (Lucas 3, 15-16.21-22) - Ciclo C
Por Fray Marcos
Publicado por Fe Adulta

CONTEXTO

Terminado el “tiempo de Navidad”, empezamos hoy el “tiempo ordinario”. El evangelio nos relata el principio de la vida pública de Jesús. Con los conocimientos que yo tengo hoy, me atrevo a decir que, el bautismo de Jesús, es el acontecimiento más importante de toda su vida, desde su nacimiento hasta su muerte.

Los relatos del bautismo son simbólicos y no hacen referencia a un hecho puntual, sino a una experiencia que se pudo prolongar durante mucho tiempo, incluso durante toda su vida. En esos relatos se nos invita a tomar conciencia de cómo vivió él esa experiencia de Dios. Jesús descubrió lo que Dios era para él y lo que tenía que ser él para Dios. Por tanto descubrió el sentido de su vida y la misión que debía realizar de parte de Dios.

Los cuatro evangelistas resaltan, a su vez, la importancia que tuvo para Jesús el descubrimiento de su misión y el encuentro con Juan el Bautista; a pesar de que es un reconocimiento de cierta dependencia de Jesús con relación a Juan.

Juan no formó ningún grupo estable de seguidores. Todo lo que sabemos de él, nos ha llegado por los escritos cristianos. Si a pesar de que se podía interpretar como una subordinación a Juan, lo han narrado todos los evangelistas, quiere decir que tiene unas posibilidades muy grandes de ser histórico. Es más, sería el primer dato histórico que nos ha llegado de la vida de Jesús

Celebramos hoy el verdadero nacimiento de Jesús. Él mismo nos dijo que el nuevo nacimiento del agua y del Espíritu, era el verdaderamente importante. Si seguimos celebrando con mayor énfasis el nacimiento carnal, es que no hemos entendido en su justa medida el mensaje evangélico. Nuestra religión sigue empeñada en que busquemos a Dios donde no está. Dios no está en lo material, en lo biológico, en los acontecimientos que podemos percibir por los sentidos. Dios está en lo hondo del ser y allí tenemos que descubrirlo.

El bautismo de Jesús tiene un innegable calado en todos los evangelios, precisamente porque el relato nos lanza más allá de lo sensible. Recordemos que Marcos y Juan no saben nada de la infancia de Jesús y comienzan su evangelio con el bautismo.



EXPLICACIÓN

El relato de Lucas que acabamos de leer, no da ninguna importancia al hecho concreto del bautismo. Se centra precisamente en los símbolos: cielo abierto, bajada del Espíritu y voz del Padre. Imágenes que en el AT están relacionadas, todas ellas, con el Mesías.

Se trata de una teofanía. Según aquella mentalidad, Dios está en los cielos y tiene que venir de allí. Abrirse los cielos es señal de la cercanía de Dios a los hombres. Esa venida tiene que ser descrita de una manera visible, para poder ser percibida.

Dios garantiza la veracidad del enviado, afirmando su relación con él. Por lo tanto, lo importante no es lo que sucedió fuera, si no lo que vivió Jesús dentro de sí mismo, y que el relato trata de trasmitirnos con esos símbolos.

El evangelio de Juan es todavía más drástico, ni siquiera narra el bautismo, lo da por supuesto y habla directamente de la presencia del Espíritu en Jesús, que es lo importante. Todos están hablando de una experiencia interna de Jesús, porque el Espíritu no tiene que venir de ninguna parte.

El gran protagonista de la liturgia de hoy es el Espíritu. En las tres lecturas se hace referencia directa a él. En el NT el Espíritu es entendido a través de Jesús; y a la vez, Jesús es entendido a través del Espíritu. Esto indica hasta que punto se consideran mutuamente implicados.

Comprenderemos esto mejor si damos un repaso a la relación de Jesús con el Espíritu en los evangelios, aunque no en todos los lugares podemos estar seguros de que la palabra “espíritu” se refieren a la misma realidad.

Marcos:
1,10 Vio rasgarse los cielos y al Espíritu descender sobre él.
1,12 El Espíritu lo impulsó hacia el desierto.

Mateo:
1,18 Resultó que (María) había concebido por obra del Espíritu Santo.
1,20 El ángel a José: no temas, el hijo que espera, viene del Espíritu Santo.
3,16 Se abrieron los cielos y vio el Espíritu de Dios que bajaba como paloma.

Lucas:
1,35 El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con...
3,22 El Espíritu Santo bajó sobre él en forma corporal como una paloma.
4,1 Jesús salió del Jordán lleno del Espíritu Santo
4,14 Jesús, lleno de la fuerza del Espíritu, regresó a galilea.
4,18 El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido.

Juan:
1,32 Yo he visto que el Espíritu bajaba del cielo y permanecía sobre él.
1,33 Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu, es quien bautiza con E. S. y fuego.
3,5 Nadie puede entrar en el reino, si no nace del agua y del Espíritu.
6,63 El Espíritu es el que da vida, la carne no sirve de nada.

Está claro que la figura de Jesús no podría entenderse si no fuera por la acción del Espíritu. Seguir entendiendo esa acción del Espíritu referida a su procedencia biológica es desbaratar el sentido de las Escrituras.

Recordemos lo que dice el mismo Jesús a Nicodemo: “Hay que nacer de nuevo” y “Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es Espíritu”.

¡Claro que Jesús es inconcebible sin la acción del Espíritu! Hay que tener en cuenta sin embargo, que cuando hablamos del Espíritu, estamos hablando del mismo Dios como energía, como vida; es lo que significaba espíritu en el AT. También hay que recordar que estamos hablando de la experiencia de Jesús como ser humano, no de la segunda o de la tercera persona de la Trinidad.

Lo que de verdad nos debe importar a nosotros es el descubrimiento de la relación de Dios para con él como ser humano, y la respuesta que el hombre Jesús dió a esa toma de conciencia. Lo singular de esa relación es la respuesta de Jesús a esa presencia de Dios-Espíritu en él.

En contra de lo que siempre se nos ha dicho, el bautismo no es la prueba de la divinidad de Jesús, sino la prueba de una verdadera humanidad. Un ser humano que acepta sus limitaciones y ora.

En el discurso de despedida de Juan en la última cena, Jesús hace constantes referencias al Espíritu que les enviará, pero también les dice que no les dejará huérfanos, que volverá. Sin duda esas dos expresiones hacen referencia a la misma realidad. De la misma manera que también dice que el Padre y él vendrán y harán morada en aquel que le ama. Esto nos indica hasta que punto Jesús se siente identificado con Dios que es Espíritu.

Aunque no tenemos datos suficientes para poder adentrarnos en la psicología de Jesús, los evangelios no dejan ninguna duda sobre la relación de Jesús con Dios. Fue una relación personal. Se atreve a llamarle Abba, (papá) cosa inusitada en su época y aún en la nuestra. Hace su voluntad, le escucha siempre, etc.

Todo el mensaje de Jesús se reduce a manifestar su experiencia de Dios como Espíritu. El único objetivo de su predicación fue que también nosotros lleguemos a esa misma experiencia. Aquí podemos encontrar el mejor camino para comprender lo que es el Espíritu para la primera comunidad cristiana.

En el diálogo con la Samaritana lo deja bien claro: Dios es Espíritu y el que quiera adorarlo debe hacerlo en espíritu y en verdad. La comunicación de Jesús con su "Abba", no fue a través de los sentidos ni a través de un órgano especial y portentoso. Se comunicaba con Dios como nos podemos comunicar cualquiera de nosotros, sólo a través de su propio ser. Ningún hilo telefónico especial. Tenemos que descartar cualquier privilegio en este sentido.

Sólo a través de la oración, de la contemplación el Hombre Jesús descubrió quién era Dios para él. Lucas nos acaba de decir que toda esa manifestación de la presencia de Dios en Jesús se produjo “mientras oraba”.

El descubrimiento de esa presencia nace sencillamente de su conciencia de criatura. Dios como creador está en la base de todo ser creado, constituyéndolo en ser. Yo soy yo porque soy de Dios. Todo lo que tengo de positivo me lo está comunicando Dios; es el mismo ser de Dios en mí.

Sólo una cosa me diferencia de Dios; mis limitaciones. Esas, sí son mías y hacen que yo no sea Dios, ni criatura alguna pueda identificarse con Dios. Lo importante para nosotros es intentar descubrir lo que pasó en el interior de Jesús y ver hasta qué punto podemos nosotros aproximarnos a esa misma experiencia.

La experiencia de Dios que tuvo Jesús no fue un chispazo que sucedió en un instante. Más bien tenemos que pensar en una toma de conciencia progresiva que le fue acercando a lo que después intentó transmitir a los discípulos.

Los evangelios no dejan lugar a duda sobre la dificultad que tuvieron los primeros seguidores de Jesús para entender esto. Eran todos judíos y la religiosidad judía estaba basada en la Ley y el templo, es decir, en una relación puramente externa con Dios.

Para nosotros esto es muy importante, porque nos advierte que la toma de conciencia de nuestro verdadero ser no puede producirse de la noche a la mañana, sino que es un proceso que dura toda nuestra vida.



Meditación-contemplación


Jesús nació del Agua y del Espíritu (bautismo).
Parir, es “dar a luz. Nacer, es “venir a la luz”
Este segundo nacimiento da a luz mi verdadero ser.
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Jesús era la lámpara perfecta.
El Espíritu la atraviesa y la transforma en luz.
No sólo es luz, sino que ilumina a todos.
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La energía que enciende la lámpara, es el Espíritu.
Es Dios en cuanto energía que hace incandescente todo mi ser.
Sigo siendo yo, pero completamente transformado.
....................

No te identifiques con tus limitaciones, con tus fallos.
Descubre que los fallos son ausencia de ser, carencias.
Tú eres lo positivo que hay en ti.
........................

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Evangelio Misionero del Día: Sábado 9 de Enero de 2010.


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 6, 45-52

Después que los cinco mil hombres se saciaron, enseguida Jesús obligó a sus discípulos a que subieran a la barca y lo precedieran en la otra orilla, hacia Betsaida, mientras Él despedía a la multitud. Una vez que los despidió, se retiró a la montaña para orar.
Al caer la tarde, la barca estaba en medio del mar y Él permanecía solo en tierra. Al ver que remaban muy penosamente, porque tenían viento en contra, cerca de la madrugada fue hacia ellos caminando sobre el mar, e hizo como si pasara de largo.
Ellos, al verlo caminar sobre el mar, pensaron que era un fantasma y se pusieron a gritar, porque todos lo habían visto y estaban sobresaltados. Pero Él les habló enseguida y les dijo: «Tranquilícense, soy Yo; no teman». Luego subió a la barca con ellos y el viento se calmó.
Así llegaron al colmo de su estupor, porque no habían comprendido el milagro de los panes y su mente estaba enceguecida.


Compartiendo la Palabra

Juan insiste una y otra vez en aquello que “hemos visto” y de lo que “damos testimonio”. En efecto, para ser testigo hay que haber visto de un modo u otro. Pero, al tiempo, nos advierte de que “a Dios nadie lo ha visto nunca” (reparemos en el énfasis: nadie y nunca). Si es así, ¿cómo podemos asegurar que lo hemos visto y que damos testimonio de lo que ha hecho (enviar a su Hijo)? Tal vez, podríamos responder que ver, lo que se dice ver, Juan ha podido ver a Jesús, esto es, la humanidad de Aquel que se presentaba como el enviado y el Hijo de Dios. Pero, ¿acaso es tan fácil “ver” a Cristo en el hombre de Nazaret? Pues, además de la distancia histórica, incluso para sus contemporáneos Jesús no era tan inmediatamente visible: no todos creyeron en Él, y aquellos que sí creyeron, lo perdían de vista de cuando en cuando, su relación con Él se hacía tormentosa, de modo que no lo reconocían, o lo confundían con un fantasma y reaccionaban con miedo ante su presencia no reconocida.

Tal vez la clave que la Palabra de Dios nos transmite hoy para que podamos ver y conocer a Dios, ver y reconocer su presencia humana en Jesucristo, está en la exhortación que éste dirige a sus discípulos en la barca, a todos nosotros que nos movemos en la débil barca de la Iglesia en medio de las tormentas y los embates de este mundo: “Soy yo, no tengáis miedo”. Superar el miedo no significa erradicar ese sentimiento fundamental de la experiencia religiosa que es el temor del Señor, principio de la sabiduría (cf. Sal 111, 10; Pr 1, 7), esto es el respeto debido a Dios, la seriedad en la fe: Dios no es un abuelo chocho y bonachón, ni Jesús en un fantasma: se ha hecho carne humana, su muerte no es una apariencia, su resurrección es verdadera. Superar el miedo significa superar los intereses mezquinos en la propia fe, la actitud comercial del “doy para que me des”, la moral cómo técnica para obtener premios y evitar castigos… Superar el miedo significa ser capaces de reconocer a Cristo también en los momentos de dificultad, cuando pintan bastos para la fe, cuando vivimos periodos personales de oscuridad. En esos momentos, las actitudes interesadas o mezquinas fracasan y la barca se hunde en la tempestad. Superar el miedo, en definitiva, significa ingresar en la religión del amor, que nada tiene que ver con un espiritualismo romántico: el que ama como Cristo se libera de todo temor, también del temor al sufrimiento y a la muerte, y, nacido a una vida nueva, es capaz de dar la vida por sus hermanos. Quien ha superado el egoísmo y el temor a la muerte (en la que no pocos filósofos miopes han visto el origen de la religión), ese “ve” mucho más allá de la limitación espacio temporal, descubre los signos de Dios en nuestro mundo, descubre en cada rostro humano el sacramento de Dios, ve en ellos a Cristo, y ve en fe a Dios, pues quien ha visto a Cristo, ése ha visto al Padre.

Saludos cordiales.
José M.ª Vegas cmf
http://josemvegas.wordpress.com/

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jueves 7 de enero de 2010

Bautismo del Señor (Lucas 3, 15-16.21-22) - Ciclo C: ¿Por qué se bautizó Jesús?

Por Juan Jáuregui

Cuando un hombre es encontrado culpable de algo, casi instintivamente nace en nosotros un movimiento de distanciamiento, rechazo y hasta repulsa. Parece la reacción normal de todo hombre que desea reafirmarse en la honestidad y rectitud de una conducta limpia.

Parece como que lo primero y quizás lo único que debemos hacer ante el culpable es separarnos de él, condenando su actuación y criticando su conducta. Tendemos a sentirnos más jueces que hermanos.

Sin embargo, quizás no es ésta la única postura ni siquiera la que más puede ayudar al hombre a rehacerse de su pecado, rehabilitarse y recuperar su dignidad perdida.

Con frecuencia, se han preguntado los creyentes por qué se hizo bautizar Jesús. Su gesto resulta sorprendente. Juan el Bautista predica “un bautismo de arrepentimiento para el perdón de los pecados”. ¿Cómo pudo, entonces, Jesús, el hombre justo y sin pecado, realizar un gesto que lo podía confundir con el resto de los pecadores?

La respuesta es, quizás, bastante clara para aquél que conozca un poco de cerca la actuación de Jesús de Nazaret.

Uno de los datos mejor atestiguados sobre Jesús es su cercanía y su acogida a hombres y mujeres considerados como “pecadores” en la sociedad judía. Es sorprendente la fuerza con que Jesús condena el mal y la injusticia y, al mismo tiempo, la acogida que ofrece a los pecadores.

Comparte la misma mesa con pecadores públicos, a los que nunca un judío piadoso se hubiera acercado. Ofrece su amistad a los sectores más despreciados por las clases “selectas” de Israel. Llegan a llamarle con desprecio “amigo de pecadores”.

Y están en lo cierto. Jesús se acerca a los pecadores como amigo. No como moralista que busca el grado exacto de culpabilidad. Ni como juez que dicta sentencia condenatoria. Sino como hermano que ayuda a aquellos hombres a escuchar el perdón de Dios, encontrarse de nuevo con lo mejor de sí mismos y rehacer su vida.

El bautismo no es un gesto extraño en Jesús. Es el gesto de un hombre que, al escuchar la llamada del Bautista, desea encontrarse cerca de los pecadores y solidarizarse con aquel movimiento de renovación que Juan pide al pueblo.

La denuncia firme del mal no está reñida con la cercanía al hombre caído. Cuántas veces esas personas que tan fácilmente condenamos, están necesitando más que nuestras críticas ligeras, una comprensión y una ayuda que les dé fuerza para renovar su vida.

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Evangelio Misionero del Día: Viernes 8 de Enero de 2010.


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 6, 34-44

Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato.
Como se había hecho tarde, sus discípulos se acercaron y le dijeron: «Éste es un lugar desierto, y ya es muy tarde. Despide a la gente, para que vaya a los campos y poblaciones cercanos a comprar algo para comer».
Él respondió: «Denles de comer ustedes mismos».
Ellos le dijeron: «¿Tendríamos que ir a comprar doscientos denarios de pan para dar de comer a todos?»
Jesús preguntó: «¿Cuántos panes tienen ustedes? Vayan a ver». Después de averiguarlo, dijeron: «Cinco panes y dos pescados».
Él les ordenó que hicieran sentar a todos en grupos, sobre la hierba verde, y la gente se sentó en grupos de cien y de cincuenta.
Entonces Él tomó los cinco panes y los dos pescados y, levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los fue entregando a sus discípulos para que los distribuyeran. También repartió los dos pescados entre la gente Todos comieron hasta saciarse, y se recogieron doce canastas llenas de sobras de pan y de restos de pescado. Los que comieron eran cinco mil hombres.


Compartiendo la Palabra

El conocimiento de Dios no es de naturaleza puramente teórica (tampoco, claro está, es de naturaleza técnica). Dios no es simplemente una “cosa misteriosa” invisible a los sentidos. Pero tampoco es posible conocer de verdad a una persona si lo miramos con los ojos meramente inquisitoriales de un investigador de la naturaleza o de un ingeniero. A la persona no es posible conocerla de verdad si no es amándola. Y lo mismo ocurre con Dios. Una de las raíces del ateísmo contemporáneo está en haber pretendido hacer de Dios un “objeto” más del conocimiento filosófico o científico. Sin una actitud positiva, amorosa, no es posible conocer a Dios. Y de aquí podemos concluir la verdad recíproca: quien conoce de verdad a Dios y cree en Él no puede no amar. Pues la fe es una forma activa de conocimiento (sus expresiones principales son la confianza y la fidelidad) que lleva necesariamente a un modo de vida. El amor, de hecho, no es un “mandamiento”, en el sentido de una norma moral, sino que es la vida de Dios, que el Padre nos ha mandado (enviado) por medio de su Hijo y del Espíritu, para que podamos participar de ella. La esencia del amor está, pues, en esa iniciativa de Dios en nuestro favor, que nosotros podemos hacer nuestra, acogiendo y escuchando a Jesús.

Jesús continúa de manera natural, en sus palabras y obras, ese movimiento de Dios hacia nosotros. Su Palabra, de hecho, no es una mera doctrina religiosa, sino que es un Verbo eficaz, que obra y va acompañado de signos reales y concretos a favor de los hombres. Por ese motivo, tras haber predicado a sus seguidores, no los despacha para que “se busquen la vida”. Si su Palabra es una palabra de vida, no puede no responder de modo concreto al hambre tanto espiritual como física de aquellos hombres. Por ello, se niega a despacharlos. Y no sólo. La Palabra acogida por los discípulos ha de obrar en ellos las mismas disposiciones que vemos en Jesús. De ahí ese mandato que parece un reto que ordena un imposible: “dadles vosotros de comer”. Es como si dijera, si sois mis discípulos, “si habéis entendido mi Palabra, ocupaos vosotros de las necesidades de esta grey que es también la vuestra”. Jesús realiza en sí e implica a sus discípulos, a nosotros, en la realización de esa vinculación necesaria entre fe y amor de que nos hablaba Juan. Aquí entendemos que el Concilio Vaticano II haya proclamado que la Eucaristía es cima y fuente de la vida cristiana: el Pan y la Palabra, Cristo mismo, celebrado en la liturgia, nos envían al servicio diaconal de nuestros hermanos.

Saludos cordiales.
José M.ª Vegas cmf
http://josemvegas.wordpress.com/

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martes 5 de enero de 2010

TODA LA CREACIÓN ES MANIFESTACIÓN DE DIOS, ES LA IMAGEN DE DIOS REFLEJADA EN UN ESPEJO

La Epifanía del Señor – Ciclo C (Lucas 2, 16-21)
Por Fray Marcos
Publicado por Fe Adulta

Es una de las fiestas más antiguas que se conocen. “Epifanía” significa en griego manifestaciones, en plural. Hasta hace bien poco se conmemoraban este día tres hechos de la vida de Jesús: la adoración de los magos, la boda de Cana y el bautismo. En la actualidad se celebra en occidente la adoración de los magos, más conectada con la Navidad y como símbolo de la llamada de todos los pueblos a la salvación ofrecida por Dios en Jesús.

El relato que hoy leemos del evangelio de Mateo, no hay la más mínima posibilidad de que sea histórico. Esto no nos debe preocupar en absoluto, porque lo que se intenta con esa “historia” es dar un mensaje teológico.

Dios se está manifestando siempre. Si el que, en un momento determinado lo descubre y quiere comunicarlo a otros, tiene que materializarlo en imágenes, para que los que no lo han descubierto, lo conozcan como si hubiera sido percibida por los sentidos.

Dios está actuando siempre y en todas sus criaturas. Nosotros descubrimos esa presencia, sólo en circunstancias muy concretas. Esa limitación no se debe a Dios, sino a nuestra condición de criaturas limitadas.

El concebir la acción de Dios como venida de fuera y haciendo o deshaciendo algo en el mundo terreno, sigue jugándonos muy malas pasadas. Muchas veces he intentado explicar como es la actuación de Dios, pero acepto que es muy difícil de comprender, después de tanto tiempo creyendo en un Dios remedio de todos los males, apto para deshacer cualquier entuerto. Pensemos, por ejemplo, en el comienzo de la mayoría de las oraciones de la liturgia: “Dios todopoderoso y eterno…” para terminar poniendo el cazo.

La expresión más simple de la teología escolástica reza así: Dios es acto puro. Quiere decir, que en Él no existe ni rastro de “potencia” (en sentido filosófico, capacidad ‘posibilidad’ de ser o de actuar). En Dios no hay ninguna posibilidad de ser o de actuar que no esté colmada.

El ser “nadapoderoso” no le viene por falta de poder, sino porque ya lo ha realizado todo. No puede hacer nada más. Si Dios empezara a hacer algo, antes de hacerlo no sería perfecto, porque todo acto lleva consigo un enriquecimiento, por lo tanto no sería Dios. Si Dios dejara de hacer algo, perdería una perfección y dejaría de ser Dios.

Debemos superar el concepto que tenemos de Dios creador. Dios no puede desentenderse de la criatura, como hacemos nosotros al ‘crear’ algo. La cosa creada es manifestación de Dios, que está ahí sosteniendo en el ser a su criatura, entregado totalmente a ella. Imaginad que la creación es la imagen que se refleja en el espejo. Si quitamos del medio la realidad reflejada, el espejo no podría reflejar ninguna imagen.

Dios crea porque es amor y en la creación manifiesta su capacidad de darse. Al crear Dios sólo puede buscar el bien de las criaturas, no puede esperar nada para Él.

En contra de lo que nosotros creemos, la creación no falla nunca; para Dios todo está en orden y equilibrio en cada momento. En el Génesis se repite una y otra vez, que lo que iba haciendo Dios era “bueno”, pero cuando llega a la creación del ser humano dice que era todo “muy bueno”.

La idea de un Dios que tiene que estar constantemente haciendo chapuzas con la creación, es mezquina. La idea de una salvación como reparación de una creación que le salió mal, es consecuencia de un maniqueísmo mal disimulado. Cada ser humano puede no ser consciente de lo que es y vivir como lo que no es, pero en el fondo seguirá siendo criatura de Dios y como tal único y perfecto.

El ser humano tiene que abandonar la sensación de que no está bien hecho. Tiene que dejar de esperar de Dios que le arregle sus “goteras”. Dios ya nos lo ha dado todo, no tenemos nada que esperar de Él. Lo único que debemos esperar es darnos cuenta de su don.

Lo que experimentamos como carencia, no es más que fruto de nuestra ignorancia. El que seamos limitados, no es culpa de Dios. No tenía otra opción. Si Dios creara un ser perfecto, no crearía nada; sería Él mismo. Por lo que tenemos que dar gracias a Dios es por las inmensas posibilidades de ser, que ha puesto a nuestro alcance.

Podemos seguir diciendo, que Dios actúa en la historia, que se sigue manifestando en los acontecimientos, pero conscientes de que es una manera impropia de hablar. Con ello queremos indicar que el hombre, en un momento determinado, se da cuenta de la presencia de Dios, y para él es como si en ese momento Dios se hiciera presente.

Como Dios está en todas sus criaturas, y en todos los acontecimientos, está en ese momento. La manifestación de Dios es siempre la misma para todos, pero sólo algunos, en circunstancias concretas, llegan a descubrir su teofanía. El que tiene esa vivencia la comunicará como una actuación de Dios puntual, pero la realidad es que Dios había estado siempre ahí, sin que lo descubriera. Esta es la raíz de toda la revelación bíblica.

Una tremenda equivocación en la que estamos todos inmersos, es pensar que Dios se manifiesta en los acontecimientos espectaculares. Nada más contrario a la realidad. Dios se manifiesta en todos los acontecimientos, y podemos encontrarlo en los más sencillos y cotidianos. Los Magos lo encuentran en un niño. Si sólo vemos a Dios en los acontecimientos sobrecogedores, estamos pensando en un ídolo.

La presencia de Dios nunca puede ser apodíctica, nunca se puede demostrar, porque no tiene consecuencias que se puedan percibir por los sentidos y por lo tanto no se puede obligar a nadie a admitir esa presencia. Es indemostrable. Tener esto claro equivaldría a desmontar todo el andamiaje de las acciones espectaculares como demostración de la presencia del poder de Dios. No digamos nada cuando ese poder se quiere poner al servicio de los “buenos”, e incluso, en contra de los “malos”. Pascal decía: “Toda religión que no confiese que Dios es un Dios escondido, es falsa”.

La gran paradoja está en que Dios es a la vez, el Dios que se revela siempre y el Dios que siempre está escondido. La experiencia de todos los místicos les llevó a concluir que Dios es siempre el ausente. S. Juan de la Cruz lo dejó muy claro:

"A dónde te escondiste, Amado y me dejaste con gemido. Como el ciervo huiste, habiéndome herido. Salí tras ti clamando y eres ido."

Y el místico sufí persa Djelal Eddin Rumi dice:

"Calla mi labio carnal. Habla en mi interior la calma, voz sonora de mi alma, que es el alma de otra Alma eterna y universal. ¿Dónde tu rostro reposa, Alma que a mi alma das vida? Nacen sin cesar las cosas, mil y mil veces ansiosas de ver Tu faz escondida.”

Veamos algunas conclusiones teológicas del relato de los Magos. No hace referencia a personas concretas, sino a personajes. No eran reyes, sino ‘magos’, es decir personajes que escudriñaban el cielo para entender mejor lo que pasaba en la tierra. Porque estaban buscando, descubrieron, encontraron.

Fijaros que lo descubren los que estaban lejos, pero no se enteraron de nada lo que estaban más cerca del niño. Para descubrir la presencia de Dios, lo único definitivo es la actitud. Al descubrir algo sorprendente, se pusieron en camino. No sabían hacia donde, pero arriesgaron.

Otro mensaje importantísimo para los primeros cristianos, casi todos judíos, es que todos los seres humanos están llamados a la salvación. Para nosotros hoy esto es una verdad obvia, pero a ellos les costó Dios y ayuda, salir de la conciencia de pueblo elegido. Pablo lo propone como un misterio que no había sido revelado en otro tiempo: “También los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la de la promesa”. Es un gran avance sobre la manera de pensar judía.

Preguntan por un Rey, contrapuesto al rey Herodes. La ciudad se sobresaltó con él, es decir identificada con el rey en su tiranía. Es Herodes el que lo identifica con el Mesías. Los sacerdotes y escribas “sabían” dónde tenía que nacer, pero no experimentan ninguna reacción ante acontecimiento tan significativo. Una vez más se demuestra que el conocimiento puramente teórico no sirve de nada.

El signo de la presencia extraordinaria de Dios en una vida humana era la estrella. Se creía que el nacimiento de todo personaje importante estaba precedido por la aparición de una estrella en el cielo. El relato nos dice que la estrella de Jesús, solo la pudo ver el que está mirando al cielo. El que está mirando a la tierra, nunca descubrirá la estrella. Solo los que esperan y buscan algo nuevo, están en condiciones de aceptar esa novedad. Para los magos, lo ya conocido no les satisfacía, por eso siguen escudriñando el cielo para poder detectar la gran novedad de Jesús. En Jerusalén nadie la descubre.

Los dones que le ofrecen, son símbolo de lo que significa aquel niño para los primeros cristianos después de interpretar su vida y su mensaje. El oro, el incienso y la mirra son símbolos místicos de lo que el niño va a ser. También quieren expresar la actitud reverente de los Magos, que lo reconocen como el Rey esperado por todos.



Meditación-contemplación


Dios se manifiesta siempre y en toda criatura.
¿Por qué no lo descubro? Muy sencillo:
o busco un dios que no existe.
o le busco donde no está.
O le busco con la razón y no con el corazón.
.......................

No hay que buscar a Dios,
sino la luz que nos permita verlo en todas partes.
Al entrar en una habitación, no busco la lámpara, sino el interruptor.
Una vez pulsado, instantáneamente se hace la luz.
.................

La luz está dentro de ti. Puede llevar tiempo encontrar el interruptor.
Sigue tanteando, en cualquier momento lo descubrirás.
Tú no eres la habitación iluminada por UNA lámpara.
Eres la LAMPARA que se transforma en LUZ
...................

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WebJCP | Abril 2007