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domingo, 17 de enero de 2010

Domingo II del tiempo ordinario: La transformación de la piedra


Publicado por Entra y Veras

Las tinaja que contenían el agua de las purificaciones, pasan a contener vino del mejor. La presencia de Jesús hace que todo se transforme y tome color, olor y sabor. Jesús prolonga la alegría.

De cada cepa saldrán mil sarmientos; de cada sarmiento mil racimos; de cada racimo mil uvas; de cada uva, quinientos litros de vino. Así animaba al pueblo el profeta Baruc, según cuenta un apócrifo.. Lo nuevo iba a llegar, los tiempos nuevos cargados de esplendor, de alegría sin medida, representada en el vino, harán olvidar los tiempos antiguos vividos en el exilio.

Algo parecido está en fondo del evangelio de hoy, lleno de simbolismos. La boda era la gran fiesta de la familia, que duraba varios días. En este contexto, nos encontramos en un cambio de época, en un paso de la seriedad a la alegría, del gris municipal y espeso a la vida multicolor, del agua al vino, nunca mejor dicho. Dice el evangelista que había seis tinajas, número imperfecto, pues es el siete el que indica la perfección. Y éstas eran de piedra, o sea duras, inquebrantables, rígidas. Además, estaban llenas de agua, normalidad, rutina, sin sabor, sin olor… Pura monotonía y frialdad. De pronto toda esta imperfección desaparece y aparece el vino nuevo y bueno. El vino simboliza la alegría, era considerado el elixir de la vida. La antigua alianza simbolizada por esa boda en la que se acaba el vino, se convierte en la nueva alianza en la que el vino es abundante y de primera calidad. La vida recupera sabor y alegría desmedida. Pero ojo, es lo antiguo lo que se transforma, el vino, no sale de la nada.

Hoy en día las normas de circulación impiden, gracias a Dios, que se mezcle la bebida con el volante, lo que ha hecho que en muchas de nuestras celebraciones tengamos que prescindir de un invitado tan ilustre como es el vino. Sin embargo, en la vida cristiana, en la Iglesia, no hay control de alcoholemia ni carnet por puntos, aunque todavía quede más de cuatro papanatas empeñados en vigilar y juzgar la conducta del prójimo en nombre Dios, sumando y restando puntos de acuerdo al numero de confesiones, asistencias y comuniones. Quienes así viven, por desgracia, se han quedado dentro de la tinaja, su vida cristiana se ha quedado insulsa, insípida e inodora como el agua. Continúan viviendo en el, para ellos, casto blanco y negro en el que hasta un abrazo sincero es mirado con sospecha y recelo. Siguen metidos dentro del recipiente de las purificaciones, ahogando su fe en agua bendita con relaciones frías, palabras medidas, y falsas piedades. Jesús no fue ningún aguafiestas sino que hizo que la fiesta continuase adelante. Vivir en cristiano consiste en repartir y compartir nuestra alegría, la misma que se experimenta cuando se comparte una botella de vino alrededor de una mesa. Vivir en cristiano no es ni beberse la botella de un trago ni tampoco emborracharse con vino de oferta. El vino de nuestra fe debe ir poco a poco reposando dentro de nosotros para que podamos compartirlo y seamos capaces de ir transformando nuestro ambiente sacando a los demás de su monotonía y su tinaja. Se nos vuelve a demostrar hoy que a pesar de que muchos se empeñen en lo contrario nuestro Dios no es el de la alegría medida y enlatada, sino el de la alegría desbordante que pueda contagiar a los demás.

Celebramos en este domingo la Jornada Mundial de las migraciones con un lema que no necesita muchas explicaciones: Hoy acogemos, mañana compartimos. Para permitir que todos sean acogidos y puedan sentarse en la gran mesa de la humanidad nosotros no podemos perder la audacia de superar toda apariencia en generalización y ver en ellos seres humanos, miembros de la familia humana; debemos de ser compasivos siendo capaces de ponernos en su lugar y no adormilar nuestra capacidad de indignación ante el atropello de los derechos y la injusticia. Nos hemos empeñado en trazar fronteras y líneas que no imaginamos para cualquier ave y muchísimo menos para las mercancías y los capitales para los que si es un bien fundamental el libre tránsito. Ojalá podamos ser acogedores con todos e invitar a todos a compartir un poco de este vino nuevo que nos saca de la rígida piedra y nos alegra la vida sacándonos del blanco y negro para siempre.

Roberto Sayalero Sanz, agustino recoleto.
Colegio San Agustín (Valladolid, España)

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WebJCP | Abril 2007