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MISIONEROS EN CAMINO: Homilias y Reflexiones para el XVI Domingo del T.O. (Lc 10, 38-42) - Ciclo C
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sábado, 17 de julio de 2010

Homilias y Reflexiones para el XVI Domingo del T.O. (Lc 10, 38-42) - Ciclo C


Publicado por Iglesia que Camina

SENTARSE PARA ESCUCHAR A DIOS

Me encanta Marta moviéndose entre los pucheros. Estoy seguro que le gustaba la cocina y era buena cocinera. Marta escuchaba el hervor de los pucheros. Pero no aprovechó el momento para escuchar a Jesús que aquel día visitaba su casa.

Me encanta María que, posiblemente, entendía menos de cocina y condimentos, pero que tenía algo maravilloso. Era capaz de sentarse, atender a las personas y escucharlas. Cuando Jesús llega a casa, ella se sienta y no hace nada. Sencillamente se dedica a escuchar lo que dice el amigo. Ella tenía todo el tiempo para olvidarse de los quehaceres de casa y escuchar a Dios en su corazón, escuchar el Evangelio de los propios labios de Jesús.

Es cierto que necesitamos llenar el estómago, porque con el estómago vacío no sé si se escuchará demasiado bien o por el contrario escuchando pensando en el estómago, pero ella ya conocía a Marta y por eso se despreocupó de todo.

Un amigo mío fue invitado a un fin de semana “en silencio”. Al principio sintió cierta resistencia. “¿Te imaginas un fin de semana en silencio?” me decía. Yo le animé. Que no se preocupase que tendría muchas cosas que escuchar y con quien hablar incluso sin decir palabras. A su regreso me contaba: “El fin de semana más maravilloso de mi vida. Por fin, he podido escucharme a mí y escuchar a Dios, que hacía tiempo que sólo oía su palabra, pero no la escuchaba.”

Necesitamos trabajar. “El que no trabaja que no coma”, dice San Pablo. Somos más que máquinas de hacer cosas, necesitamos también saber escuchar. Escuchar a Dios en nuestros corazones, para ello es preciso buscar tiempo, dedicarle tiempo. Que no es un tiempo perdido, como algunos creen. Es posiblemente el tiempo más rico y más vital de nuestras vidas. En el Antiguo Testamente se repite con frecuencia: “Escucha, Israel.” Nuestro espíritu y nuestras vidas se alimentan de las palabras escuchadas por los oídos, pero también de esas palabras silenciosas que resuenan sin ruidos, calladitas, ahí dentro de nuestro corazón.

Por eso todo cristiano tendría que señalarse un tiempo para escuchar a Dios y escucharlo sin prisas. Escucharlo sentado, no anudando la corbata porque tenemos prisa para salir. Dios tiene muchas cosas que decirnos y hay que escucharlas sentados, sin prisas. En la Vida Religiosa se nos señalan tiempos de silencio, de meditación, que son indispensables para nuestra vida espiritual. ¿No tendrían que hacer algo parecido los seglares? Porque Dios no sólo habla a los Religiosos o Sacerdotes, también habla con los Seglares. Hasta me atrevería a decir que Dios se lo pasa muy bien charlando con los seglares en el silencio de sus quehaceres.


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PIDIENDO SERENIDAD

“Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas.”

Señor: Ya lo estás viendo. ¡Si fuera sólo Marta!
Pero todos andamos nerviosos, inquietos.
Todo el mundo preocupado.
No podemos con nuestros nervios.
He venido al jardín a visitar mis flores.
Las veo serenas, tranquilas.
Las veo apacibles y sonrientes,
ajenas a nuestras ansiedades.

Necesitamos la serenidad de las flores.
Serenidad para nuestras conciencias. Sintiendo tu presencia en nosotros.
Serenidad para nuestras mentes. Viviendo en la verdad y no en la mentira.
Serenidad para nuestros corazones. Viviendo en el amor y no en el odio.
Serenidad para ver nuestros problemas. Aceptando nuestra realidad.
Serenidad para responder a los demás. Sabiendo respetarlos.
Serenidad para tomar decisiones. Pensar antes de decidir.
Serenidad para no herir con las palabras. Decir palabras amables.
Serenidad para no herir con los gestos. Preferible regalar una sonrisa.
Serenidad para escuchar a los nuestros. No teniendo prisas.
Serenidad para pensar. No basta aceptar lo que otros dicen.
Serenidad para amar. Se necesita un corazón lleno de bondad.
Serenidad para dar paz a los demás. La paz que brota de dentro.
Serenidad para escucharte. Tampoco tú hablas en el ruido.
Calma nuestro espíritu, con el don de tu paz.

Pedimos muchas cosas.
¿Pedimos paz y serenidad interior?
Pero no la falsa paz de quien no enfrenta las cosas,
sino la que nace de la presencia del Espíritu.



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LA ENFERMEDAD DEL RELOJ

Es posible que en los libros de medicina no exista esta enfermedad, pero en el corazón de la mayoría de los hombres sí que existe. Todos vivimos esclavos del reloj. Sería curioso saber cuántas veces al día miramos al reloj. Ese aparatito que, sin darnos cuenta, nos enferma con la fiebre de nuestras prisas. Hay que llegar a tiempo... He llegado tarde...

Por eso la enfermedad de hoy, que elegantemente llamamos el “estrés”, en el fondo es la enfermedad “de las prisas”, de “no tener tiempo para nadie”. Esta enfermedad de la prisa crea en nosotros otra enfermedad, la “indiferencia” ante los demás. Y esta indiferencia se expresa de una manera muy clara en “la incapacidad de escuchar a los otros”.

No tenemos tiempo para escucharnos a nosotros mismos. Porque, cuidado, también hay voces dentro de mí que tienen que ser escuchadas. Hay gritos en mi corazón que están esperando ser escuchados y recibir una respuesta, pero como no tenemos tiempo para ello, los dejamos ahí, gritos del corazón en el silencio.

No tenemos tiempo para escuchar a la esposa o al esposo. Todos llegamos cansados. Todos llegamos cargados de problemas y ahora todavía ella me viene con sus sonseras. ¡Por favor, déjame en paz! Y claro, esposos que no se escuchan, son esposos que están cerca pero viven lejos el uno del otro. Cuando no tengo a nadie que me escuche termino envenenando mi corazón de dudas, de incertidumbres, hasta que el amor se apaga suavemente casi sin enterarnos.

Además, quien no se escucha a sí mismo tampoco sabe escuchar al otro.
Quien no se escucha a sí mismo no tiene nada que decir ni que escuchar del otro.
Nos falta tiempo.



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MORAL IGLESIA Y MORAL SOCIEDAD

“En cambio lo que resulta muy difícil a la gente es la moral que la Iglesia proclama. Sobre esto he reflexionado, de hecho, ya reflexiono sobre ello desde hace mucho tiempo, y veo cada vez con mayor claridad que, en nuestra época, en cierto sentido, la moral se ha dividido en dos partes. No es que la sociedad moderna sencillamente no tenga moral, sino que, por decirlo así, ha "descubierto" y reivindica otra parte de la moral que tal vez no se ha propuesto suficientemente en el anuncio de la Iglesia en los últimos decenios, y también más. Son los grandes temas de la paz, la no violencia, la justicia para todos, la solicitud por los pobres y el respeto de la creación.” (Benedicto XVI A los Obispos Suizos)

Ante todo es de agradecer la sinceridad del Papa. No es fácil reconocer las deficiencias o incluso los fallos que tenemos como Iglesia. El Papa reconoce que ciertos temas importantes hoy para la sociedad no han sido suficientemente tomados en serio por la Iglesia. Hemos dado mucha importancia al sexto mandamiento, pero nos hemos olvidado que antes está el quinto de no matar, no hacer daño a los demás. No matar con armas, pero tampoco con la injusticia o simplemente con la lengua porque no olvidemos que hay muchos muertos cada día por nuestra lengua. También nos hemos olvidado que el siguiente, el séptimo es no robar. La injusticia es robar. No pagar un salario justo es robar. Llevar una falsa contabilidad es robar. Calumniar es robar la dignidad del otro.

Nadie duda del problema de la sexualidad hoy, pero la sociedad tal vez está más sensibilizada con los problemas de la violencia, la justicia para todos, la solicitud para con los que sufren por la pobreza o incluso la ecología como respeto a la creación. Cuando hablamos de doble moral es posible que estemos hablando de doble sensibilidad, más que de falta de sentido moral.



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EL RUIDO DE LAS CAMPAÑAS

Vamos a vivir unos meses con demasiados ruidos de propaganda y campaña electoral. Es el tiempo de la “feria de ofertas”. Ahora todo está “en oferta”. Competencia de quién “ofrece más”. Esto también nos hace perder la serenidad de cara a elecciones cuyos resultados luego tendremos que aceptar.

No murmuremos de los elegidos.
Pensemos antes con tranquilidad a quien elegir.
No protestemos contra los elegidos.
Sepamos elegir.
No creamos todo lo que nos ofrecen.
Tampoco pongamos en duda la sinceridad de los que ofrecen.

Si estos meses son tiempo de campaña por parte de algunos, también debieran ser tiempo de una campaña de reflexión. Que los demás no piensen por nosotros. Cada uno tiene su inteligencia. Y nuestro voto tiene que ser inteligente.

El futuro lo tenemos cada uno en nuestras manos. Al fin y al cabo, seremos nosotros los que decidamos. Toda decisión tiene que ser serena, tranquila, pensada, reflexionada, ponderada. No solo pensando cada uno en nuestros intereses personales sino en el bien de todos, el bien común. Mientras unos sacan ruido con sus propagandas, nosotros podemos hacerlo en silencio. Porque solo el silencio es capaz de madurar nuestras decisiones. Nosotros no tenemos por qué empapelar la ciudad y estropear las paredes con grandes anuncios. El pensar no ocupa espacio, solo necesita del silencio interior.

1 comentarios:

VIRGEM DE GUADALUPE dijo...

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