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MISIONEROS EN CAMINO: VII Domingo de Pascua, Fiesta de la Ascensión del Señor (Lucas 24, 46-53): Liturgia, Reflexiones, Exégesis y Oración
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viernes, 14 de mayo de 2010

VII Domingo de Pascua, Fiesta de la Ascensión del Señor (Lucas 24, 46-53): Liturgia, Reflexiones, Exégesis y Oración


Vivimos al revés

Cuando Jesús deja a sus discípulos por segunda –y definitiva- vez, no hace mutis por el foro. Según su costumbre, les explica muy requetebién lo que tienen que hacer para cumplir con lo que el Padre espera de ellos. Se remite a los textos antiguos (“Así estaba escrito...”) recordándoles que la misión es ahora suya, que empieza el tiempo de la Iglesia y de los creyentes. Él les enviará fuerza de lo alto para que sepan cumplir con su misión: predicar la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos.

Luego se los lleva, y levantando las manos, los bendice. Se separa de ellos y sube hacia el cielo. Allí se quedaron, con los pies en tierra y la mirada en lo alto. Fueron el símbolo perfecto de lo que debe ser un cristiano, anclado en la realidad y con los ojos puestos en el Señor. Y repasando lo que es la vida de muchos de nosotros podemos ver que vivimos al revés.

Una vida cristiana bien calzada, que se vive con los pies bien plantados en tierra, no tiene sentido si ese estar posado no es para mirar alrededor y tomar nota de cuántas necesidades nos rodean, de cuántas injusticias se verifican gracias a nuestra complacencia, de cuánto hay por cambiar que es responsabilidad sólo nuestra.

Vivir con los pies en el suelo también significa participar de la fiesta de la vida, disfrutar de todo cuanto Dios ha puesto a nuestro alrededor. Cuidar de nuestra tierra para que todos, nosotros y los hijos de nuestros hijos, podamos vivir en ella y de ella. Significa velar por la justa distribución de los bienes, participar en las decisiones y sentirnos responsables todos de todos. También nos habla de mover los pies para acercarnos al otro, especialmente al que sufre de soledad, para compartir el amor incondicional de Dios. Pies en la tierra es realismo, que no pesimismo, cuando la mirada se alza en busca de mejores horizontes.

Pero nos empeñamos en entenderlo todo al revés, y parece que nos gusta poner los pies por alto, para proclamar que todo es una basura, quejarnos de que nadie hace nada por nadie y regodearnos mirando bien de cerca la roña que crece en los rincones. Nos complace sentirnos víctimas, arrastrar las narices por las acequias y protestar del mal olor; nos justificamos en que el mundo es gris para no querer ver el color que podríamos encontrar con sólo buscarlo. Hemos puesto a Dios en el armario de las escobas y encumbrado todo tipo de falsas luminarias que nos atontan cuando desdoblamos el cuello. Vivimos al revés, y aún nos quejamos de que no vemos a Dios a nuestro lado.

La Ascensión es un punto del año litúrgico del que sólo hablamos para quejarnos de que ya no es fiesta laboral. Antaño nos ponían el acento en el hecho gloriosísimo de que Jesús dejara este mundo, no como un cualquiera, sino de una forma reservada sólo a Él. Ahora podemos entenderlo con ojos más abiertos, y empaparnos de su verdadero sentido: la Ascensión es el tiempo del relevo. Jesús se va. Pero no dándolo todo por hecho y lavándose las manos sobre el futuro. El domingo pasado nos daba el Evangelio las pistas necesarias para llevar a buen puerto la tarea: guardar la Palabra, amar a Dios, acoger en el corazón al Espíritu Santo y ser gente de paz.

Hemos seguido su vida, como los discípulos que le acompañaron en carne y hueso. Revivimos la Pascua y sentimos la alegría de la Resurrección. Recibiremos al Espíritu Santo en Pentecostés. Ahora nos pide que demos testimonio de todo esto. Nos va a proporcionar la fuerza que necesitaremos para no sentir miedo. Y además nos regala su alegría, porque nos está invitando a participar en un proyecto fantástico: traer su Reino a la tierra. Podemos hacer el pino y tararear cualquier cosa, haciéndonos los distraídos. O podemos plantar bien los pies, levantar nuestros ojos al Padre y dar un paso adelante, con confianza y gozo.

A. GONZALO
aurora@dabar.net



DIOS HABLA

HECHOS DE LOS APÓSTOLES 1,1 11
En mi primer libro, querido Teófilo, escribí de todo lo que Jesús fue haciendo y enseñando hasta el día en que dio instrucciones a los apóstoles, que había escogido, movido por el Espíritu Santo, y ascendió al cielo. Se les presentó después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, y, apareciéndoseles durante cuarenta días, les habló del reino de Dios. Una vez que comían juntos, les recomendó: «No os alejéis de Jerusalén; aguardad que se cumpla la promesa de mi Padre, de la que yo os he hablado. Juan bautizó con agua, dentro de pocos días vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo». Ellos lo rodearon preguntándole: «Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?» Jesús contestó: «No os toca a vosotros conocer los tiempos y las fechas que el Padre ha establecido con su autoridad. Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo». Dicho esto, lo vieron levantarse, hasta que una nube se lo quitó de la vista. Mientras miraban fijos al cielo, viéndolo irse, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: «Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo volverá como le habéis visto marcharse».

EFESIOS 1, 17 23
Hermanos: Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo. Ilumine los ojos de vuestro corazón, para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su poder para nosotros, los que creemos, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, potestad, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no sólo en este mundo, sino en el futuro. Y todo lo puso bajo sus pies, y lo dio a la Iglesia como cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que lo acaba todo en todos.
LUCAS 24,46 53
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto. Yo os enviaré lo que mi Padre ha prometido; vosotros quedaos en la ciudad, hasta que os revistáis de la fuerza de lo alto». Después los sacó hacia Betania y, levantando las manos, los bendijo. Y mientras los bendecía se separó de ellos, subiendo hacia el cielo. Ellos se postraron ante él y se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios.




EXEGESIS

PRIMERA LECTURA
Como puede verse fácilmente los vv. 1-3 y tienen la doble función de unir literariamente el segundo libro lucano, Hechos, con el primero, el Evangelio, e introducen, además, la narración de la Ascensión que viene a continuación.
Es muy importante situar esa narración en su perspectiva adecuada que, ciertamente, no es la histórica. Comenzando por los "cuarenta días", no pueden tomarse como dato histórico pues el mismo evangelio de Lucas también presenta la Ascensión, pero en una forma tal que podría pensarse que tuvo lugar el mismo día de la Resurrección. Por otro lado las dificultades cósmicas, hoy día evidentes, impiden pensar en Jesús subiendo al cielo, entre otras muchas razones porque, como decía acertadamente el poeta, "ese cielo azul que todos vemos, ni es cielo ni es azul" ni está "arriba" ni se llega a él subiendo...La labor de desmitificar, en palabras de R. Bultmann, se impone.
El significado más inmediato de Lucas es dar a entender que las experiencias pascuales tienen un final; que hay un tiempo donde los mismo protagonistas ya no tienen las mismas vivencias que en los primeros tiempos cercanos a la Pascua. Además quiere indicar la total glorificación de Jesucristo, separándolo del entorno terrestre. Y algo más el abundante subrayado de la misión y el testimonio del mismo Jesús se extiende a los apóstoles. Las expresiones, "reino de Dios", "bautismo del Espíritu", "mis testigos..." y el suave reproche a la pasividad de los apóstoles, motivada, quizás por una leve nostalgia, orientan hacia la actividad de la comunidad que se va a mostrar en Hechos. No se trata de mirar extáticamente hacia arriba y de no hacer nada, sino de predicar a Cristo y dar testimonio de él.

FEDERICO PASTOR
federico@dabar.net


SEGUNDA LECTURA
Esta lectura subraya otro significado teológico de la Ascensión sólo insinuada en la de Hechos: la total exaltación de Cristo. El texto de Efesios no menciona la Ascensión que es patrimonio principalmente lucano.
La glorificación de Jesús ha tenido lugar en la Resurrección como se dice en el v. 20. Por ello buscar fronteras entre Resurrección y Ascensión es trabajo destinado al fracaso. Se trata más bien de escenificaciones diversas para transmitir algo y, ciertamente, no de hechos simplemente acontecidos en el tiempo y en el espacio. Por mejor decir, la Ascensión sería una explicitación de la glorificación/exaltación ocurrida en la Resurrección.
De un modo parecido el estar sentado a la derecha del Padre es un modo de indicar esa misma exaltación, desarrollado explícitamente en el v. 21.
Es curioso e interesante el final del párrafo con la alusión a la iglesia, cuerpo de Cristo. Hasta que esa comunidad no llegue participar plenamente en la exaltación de su Cabeza. no puede decirse que la obra del Señor Jesús esté completa. Es el empalme que muestra cómo la Ascensión, como los demás episodios de la existencia de Jesús, no es algo que le afecte sólo a Él sino a todos lo miembros de la iglesia.

FEDERICO PASTOR
federico@dabar.net


EVANGELIO

1. Aclaración de términos
V.46 Estaba escrito: tiene el sentido de disposición o designio divino, contenido en la Escritura Santa o Libros de Santidad de los judíos (Antiguo Testamento de los cristianos).
V.47 Se predicará. Predicar en el sentido de proclamar, dar a conocer. Todos los pueblos: no sólo los judíos, sino los habitantes todos del planeta.
V.48 Testigos de esto. De los tres hechos mencionados en los vs.46-47 (padecimiento y resurrección del Mesías, proclamación universal de la conversión y del perdón de los pecados).
V.49 La fuerza de lo alto: el don del Espíritu.
Vs.50-53 Bendecir. Doble acepción. Elevar las manos concediendo bienes al bendecido. (vs.50-51); alabar, ensalzar a alguien (v.53).

2. Texto
Jesús resucitado revela a sus discípulos el sentido de la Escritura Santa en lo referente al Mesías y al alcance universal de la conversión y del perdón de los pecados (vs.46-47). Revelar, es decir, descubrir, hacer visible algo oculto, algo que está y, sin embargo, no se acierta a dar con ello. La muerte del Mesías, la resurrección del Mesías y la universalidad de la salvación estaban contenidas en la Escritura Santa, pero por unas u otras razones no se acertaba a dar con ellas.
Testigos fehacientes de ese sentido de la Escritura, los discípulos reciben de Jesús la promesa del don del Espíritu, promesa hecha por Dios a su pueblo. Don calificado como fuerza, connotando la dificultad que les aguarda a los discípulos en su nueva tarea (vs.48-49).
Con un gesto de bendición sella Jesús su separación de los discípulos. Éstos viven su nueva situación con alegría y alabanza a Dios (vs.50-53).

3. Comprensión actualizante
La Escritura Santa o Antiguo Testamento no es fácil de comprender. Sólo desde Jesús resucitado adquiere su verdadero sentido. Los discípulos que habían convivido con Jesús son testigos fehacientes de este hecho. Ello constituye una sólida garantía para los discípulos sucesivos.
La Ascensión es la culminación de un largo proceso histórico de salvación, del que tenemos constancia escrita en lo que los cristianos denominamos Antiguo Testamento. Este proceso no se circunscribe a los límites de un solo pueblo, el judío, sino que abarca a todos los pueblos. La Ascensión sella el final de la etapa de Jesús, etapa entre judíos, y marca el comienzo de la etapa de los discípulos, etapa entre todos los pueblos. Los discípulos llegan adonde Jesús no podía llegar, dando testimonio de la muerte de Jesús, de su resurrección y de la salvación traída por él.
Señas de identidad del discípulo: el Espíritu de Dios, la alegría y la alabanza a Dios. Señas de identidad para la esperanza.

ALBERTO BENITO
alberto@dabar.net



NOTAS PARA LA HOMILIA

La solemnidad de la Ascensión del Señor a los cielos es otra de las fiestas importantes que celebramos dentro del Tiempo Pascual. La Ascensión es una forma de expresar que Jesús, una vez resucitado, vuelve de nuevo al Padre después del tiempo en que ha compartido con nosotros la condición humana mortal. Ahora, glorificado, inmortal, vuelve a la gloria del Padre después de cumplir la misión para la que vino a este mundo. En un precioso himno de la carta a los Filipenses, San Pablo lo expresa diciendo que “se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos”; y añade “Dios lo levantó sobre todo y le concedió el nombre-sobre-todo-nombre; de modo que, al nombre de Jesús, toda rodilla se doble: en el cielo, en la tierra, en el abismo; y toda lengua proclame •Jesucristo es Señor•, para gloria de Dios Padre”. Y esta exaltación, Pablo la relaciona con su sometimiento a la muerte de cruz. Porque se humilló, fue exaltado; porque se abajó, fue enaltecido; porque obedeció, fue glorificado.

Realmente, cuando hablamos de Ascensión estamos expresando la forma de completar la glorificación de Jesús. Se trata de un término referido a la categoría de espacio, mientras que todo lo de Dios trasciende lo espacial y lo temporal. Pero de alguna forma tenemos que expresarnos, y lo hacemos mediante las categorías humano-temporales que conocemos. Verdaderamente, tampoco estamos seguros de que la Ascensión sea un acontecimiento aparte de la resurrección. Lucas lo ha entendido así e, incluso, nos hace dos relatos del acontecimiento de la Ascensión. El primero que escribió lo hemos visto en el evangelio; el segundo, es el que recogía la primera lectura. Las dos obras de Lucas (evangelio y libro de los Hechos) tienen su continuidad en el acontecimiento de la Ascensión. Con él termina su evangelio y con él también comienza el libro de los Hechos. Incluso, Lucas llega más lejos al considerar la Ascensión: Para él, hay un período intermedio entre la resurrección y la Ascensión que comprende cuarenta días. Sería justo el tiempo en que Jesús se dejaría ver por los discípulos. Llegado el punto de la Ascensión, nadie más volvería a ver materialmente a Jesús. Como en otros pasajes bíblicos, el número cuarenta marcaría un antes y un después del acontecimiento de la Ascensión. La vuelta de Jesús al Padre marcará el comienzo del tiempo de la Iglesia, de la misión de los apóstoles. Pero también en esto, introduce un impás, un lapsus de tiempo, pues, según la cronología lucana, tendría que pasar una semana más para que el Espíritu Santo impulsara la primera predicación apostólica. Estas circunstancias habrían retenido a los apóstoles en Jerusalén durante los cincuenta días posteriores al día de Pascua, cosa que no sucede en otros evangelios, pues Jesús se encuentra con ellos en Galilea. Toda esta disposición temporal de los acontecimientos, se ve de otra manera en la versión de los demás evangelistas; sin embargo, la disposición litúrgica ha adoptado la propuesta de San Lucas en la distribución de las solemnidades del Tiempo Pascual. Así, éste se cerrará el próximo domingo con la solemnidad de Pentecostés y la venida del Espíritu Santo.

Entretanto, la glorificación de Jesús nos muestra que se da como consecuencia de haber obedecido al Padre, de haber hecho de su vida un servicio a Dios y a los demás. La condición humilde de Jesús, su espíritu de servicio, su aceptación del rechazo que suscitó su persona y su Palabra hasta conducirlo a la cruz y su abajamiento desde la encarnación, le han conducido a la gloria más alta. Quizás por eso nos dejó la enseñanza de que “quien se enaltece será humillado y quien se humilla será enaltecido”. Adoptemos actitudes de humildad mientras dure nuestra vida; el Señor nos elevará, junto con él, a su gloria.

JUAN SEGURA
juan@dabar.net




PARA CONSIDERAR Y REFLEXIONAR EN GRUPOS

Se postraron ante él y se volvieron a Jerusalén con gran alegría (Lc 24, 52)

Preguntas y cuestiones
- Desmitificar la Ascensión. Jesús no sube como en un cohete espacial.
- ¿En qué se podría concretar nuestra participación -y la de la iglesia- en la exaltación de Cristo?



PARA LA ORACION

Señor, Padre bueno, que en la Ascensión de tu Hijo a los cielos abres la esperanza de la humanidad a una vida feliz y eterna en tu presencia, ayuda a cuantos creemos en Ti por nuestra fe, hacer realidad aquí en la tierra lo que tu Hijo nos mostró como camino para el cielo.
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Con la ofrenda de estos dones, ponemos ante Ti, Padre, una pequeña parte de lo que Tú mismo nos has dado; no ceses de bendecir a tus hijos con los bienes materiales que necesitamos; y auxilia mejor a quienes más carecen de ellos.
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Es justo y necesario, en verdad, darte gracias, Padre, sobre todo por la obra de la Redención. Porque en Jesucristo, tu Hijo encarnado de la Virgen María, has salido a nuestro encuentro; con su muerte y resurrección nos has reconciliado para siempre, y en su glorificación, nos has dado la vida eterna.
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Agradecidos por los bienes celestiales con que acompañas y alimentas en nuestra vida temporal, te pedimos, Padre, que hagamos realidad en nuestra vida cuanto ellos significan.



LA MISA DE HOY

MONICIÓN DE ENTRADA
Abajarse o enaltecerse. Ser humillado por Dios o ser enaltecido por Dios. Hoy es el día de la Ascensión del Señor a los cielos y celebramos la plenitud de la gloria de Jesús, su entrada definitiva en la gloria del Padre. El Padre lo ha enaltecido porque él se ha humillado. Se abajó en su encarnación, durante su vida en su obediencia a Dios, y, por fin, en su entrega a la pasión y la muerte en la cruz. Ahora, glorioso y resucitado, lo vemos junto a Dios para siempre mientras esperamos su venida al final de los tiempos. Si vivimos como Jesús, seremos glorificados con él. Bienvenidos a nuestra celebración.

ACTO PENITENCIAL
-Tú, el resucitado del sepulcro. Señor, ten piedad.
-Tú, el ascendido a la gloria del Padre. Cristo, ten piedad.
-Tú, que volverás, glorioso, al final de los tiempos. Señor, ten piedad.

MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA
En el relato de la Ascensión que hace Lucas en el libro de los Hechos, nos fijamos en dos elementos que tienen que ver con nuestras actitudes. Y son ambas una llamada a la esperanza. Primero, en la inminente venida del Espíritu. Segundo, en la vuelta gloriosa del Señor. La esperanza cristiana nos da la tranquilidad de los que viven sabiendo lo que Jesús nos ha alcanzado con su glorificación: la vida eterna para cuantos creen en él.

SALMO RESPONSORIAL (Sal 46)
Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas.
Pueblos todos batid palmas, aclamad a Dios con gritos de júbilo; porque el Señor es sublime y terrible, emperador de toda la tierra.
Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas.
Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas; tocad para Dios, tocad, tocad para nuestro Rey, tocad.
Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas.
Porque Dios es el rey del mundo; tocad con maestría. Dios reina sobre las naciones, Dios se sienta en su trono sagrado.
Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas.

MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA
Cristo glorificado es cabeza de la Iglesia, que es su cuerpo. San Pablo nos recuerda la excelencia de la glorificación de Jesús y cómo en ella derrama sobre nosotros la riqueza de gloria que da a los que le reconocen y siguen. De nuevo, se hace patente que la gloria de Jesús es causa de esperanza para todos nosotros.

MONICIÓN A LA LECTURA EVANGÉLICA
Este otro relato de la Ascensión, que Lucas compone antes que el del libro de los Hechos, menciona la espera del Espíritu como la promesa que Dios ha hecho, pero nos presenta el acontecimiento de la Ascensión como la culminación del cumplimiento de las Antiguas Escrituras. Estaba anunciado, pero ya ha sucedido. Con Jesús, da comienzo una nueva etapa, algo nuevo.

ORACIÓN DE LOS FIELES
Elevemos al Cielo nuestra oración hecha plegaria en este día de la Ascensión del Señor.
-Para que la Iglesia adopte el camino de humildad y de servicio a ejemplo de Jesús. Roguemos al Señor.
-Para que los pueblos menos desarrollados alcancen el nivel de progreso y bienestar que merece la dignidad de todo ser humano. Roguemos al Señor.
-Para que seamos responsables del cuidado del medio ambiente y de los recursos naturales que Dios nos ha dado y podamos así transmitirlos a otras generaciones. Roguemos al Señor.
-Para que entendamos el ejemplo de obediencia y abajamiento de Jesús como camino para llegar también a su gloria. Roguemos al Señor.
-Para que cuantos sufren por unas razones o por otras encuentren valentía e impulso para salir de su situación y para esperar la victoria final sobre el dolor y la muerte. Roguemos al Señor.
-Para que cuantos compartimos esta celebración seamos portadores del evangelio de la esperanza y de la alegría. Roguemos al Señor.
Oración: Que la Ascensión de tu Hijo a los cielos, atraiga, Padre, tu bendición sobre nuestra pequeñez y nos haga participar ya en la tierra de los dones reservados para el cielo. Por JCNS.

DESPEDIDA
Con la alegría y la esperanza que pone en nosotros la solemnidad de la Ascensión del Señor Jesús en su glorificación, PODEMOS IR EN PAZ.



CANTOS PARA LA CELEBRACION

Entrada: Ciudadanos del cielo (1CLN-709); Hoy me siento peregrino (del disco “Siguiendo las pistas de Cristo” de Erdozáin); Qué alegría cuando me dijeron Palazón; Hacia ti, morada santa (1CLN-O 16).
Gloria: de Palazón.
Salmo: Dios asciende entre aclamaciones (de Cols) o LdS.
Aleluya: del disco “Cantos para participar y vivir la Misa”.
Ofertorio: Este pan y vino (1CLN-H 4).
Santo: 1 CLN-I-7.
Aclamación al Memorial: 1CLN-J 22.
Comunión: Cerca de Ti, Señor (1CLN-702); Somos un pueblo que camina (1CLN-719); No busquéis entre los muertos (1CLN-224); Junto a Ti al caer de la tarde (CB-108).
Final: Id y proclamad, del disco “Ven y sígueme”; Anunciaremos tu Reino (1CLN-402).



Director: José Ángel Fuertes Sancho •Paricio Frontiñán, s/n• Tlf 976458529 Fax 976439635 • 50004 ZARAGOZA
Tlf. del Evangelio: 976.44.45.46 - Página web: www.dabar.net - Correo-e: dabar@dabar.net

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WebJCP | Abril 2007