LUGAR DE ENCUENTRO DE LOS MISIONEROS DE TODO EL MUNDO
MISIONEROS EN CAMINO: VI Domingo de Pascua (Jn 14, 23-29) - Ciclo C: Liturgia, Reflexiones, Exégesis y Oración
NO DEJES DE VISITAR
www.caminomisionero.blogspot.com
El blog donde encontrarás abundante material para orar y meditar sobre la liturgia del Domingo. Reflexiones teológicas y filosóficas. Videos y música para meditar. Artículos y pensamientos de los grandes guías de nuestra Iglesia y Noticias sobre todo lo que acontece en toda la vida eclesial
Fireworks Text - http://www.fireworkstext.com
BREVE COMENTARIO, REFLEXIÓN U ORACIÓN CON EL EVANGELIO DEL DÍA, DESDE LA VIVENCIA MISIONERA
SI DESEAS RECIBIR EL EVANGELIO MISIONERO DEL DÍA EN TU MAIL, DEBES SUSCRIBIRTE EN EL RECUADRO HABILITADO EN LA COLUMNA DE LA DERECHA

jueves, 6 de mayo de 2010

VI Domingo de Pascua (Jn 14, 23-29) - Ciclo C: Liturgia, Reflexiones, Exégesis y Oración


Recordad todo lo que os he dicho
Publicado por DABAR

Jesús dijo muchas cosas en los años de su vida pública. Tantos momentos compartidos con sus discípulos, los días en que le seguían multitudes para escuchar su doctrina, impartida en cuentecillos y ejemplos de la vida cotidiana que todos podían entender. Su acercamiento al dolor y al sufrimiento, siempre atento a los pequeños y despreciados. No le fueron ajenos ni la pena, ni el dolor, ni el desgarro de ser fiel al Padre sabiendo a donde le llevaría esa fidelidad. Años de vivencias que nos han llegado relatadas en lo esencial, y que leemos con el ánimo de extraer guía y consuelo para nuestra vida actual.

Cumplido el tiempo de su vida entre nosotros se preocupó de resumir lo esencial. Murió y resucitó como había predicho. No contento con eso, dedicó sus últimos momentos a insistir en lo esencial. ¿Qué consideró Jesús lo esencial? No mucho, pero enorme.

En primer lugar amarle y guardar su Palabra. Como María, campeona en lo de guardarlo todo en el corazón y no sólo guardar en el corazón, sino también campeona en hacer vida de la Palabra. Con amar al Padre viene ser amado por Él, y también esto tiene su enjundia, porque cuando se siente el amor de Dios en la propia vida todo cambia. La vida adquiere un sentido nuevo y se tiñe de tonos y matices que la enriquecen infinitamente. El amor al Padre y del Padre implica ser morada de Dios, tenerlo en las entrañas y ser persona con Él y en Él. Esto nos lleva a no actuar nunca desde nosotros y nuestro ego, sino desde ese amor que nos inunda. Actuar contracorriente, sin pensar en lo que se estila hoy día ni en el juicio que los otros harán de nuestro comportamiento. Quedar como tontos ante el mundo sabiendo que Dios nos aprueba.

En segundo, recordar todo lo que se vivió junto a Jesús, y recibir además el Espíritu Santo, el Defensor, enviado por el Padre en nombre del Hijo. Ese Espíritu nos enseñará todo y nos recordará lo dicho por Jesús. Será el Espíritu que nos sostendrá en los tiempos de tribulación. Mantendrá la paz de Jesús en nuestros corazones y nos guiará cuando nos asalten el miedo y la cobardía.

Y como broche, la paz. La paz de Jesús, que es paz en lo íntimo, en lo hondo de cada uno. Que desde lo hondo rebosa y se multiplica, inunda lo cercano y lo alejado, se transmite y mitiga pesares. Él nos da la paz, la suya que no es como la del mundo. Se va sin dejarnos huérfanos; nos deja su Espíritu y quiere que nos alegremos porque su irse al Padre nos acerca también a nosotros a Él.

La paz que regala Jesús se realiza siendo compromiso vivo de solidaridad, de llevar paz adonde no la hay, de no fomentar las diferencias. Acogiendo a Dios en nuestro corazón nos vemos impelidos a acoger a todos los que Él apreciaba más: pobres, solos, ignorados… El Espíritu será nuestro aliento en esta tarea sin fin.

Tremenda tarea nos dejó Jesús. Porque es sencillo repetirnos que el Espíritu nos acompaña si esto no nos exige comportamientos arriesgados ni contracorriente. Cuando el Espíritu sopla con suavidad, dando su aprobación a la vida que llevamos, todo se hace sencillo. Y no siempre es así. A veces el Espíritu sopla tan fuerte que es como un dedo que se nos mete en el ojo, señalando lo que no tendríamos que hacer y lo que debería avergonzarnos de nuestro vivir. Eso que nos señala el cambio necesario es también lo que nos dará la fuerza para realizarlo.

Guardar la Palabra, acoger el Espíritu, disfrutar y compartir la paz: tres pistas valiosas para retener a Jesús en nuestra vida, para hacer válido nuestro compromiso de seguimiento, para que la Pascua se quede con nosotros y no pierda su sentido de renovación.

A. GONZALO
aurora@dabar.net



DIOS HABLA

HECHOS DE LOS APÓSTOLES 15,1 2.22 29
En aquellos días, unos que bajaron de Judea se pusieron a enseñar a los hermanos que, si no se circuncidaban conforme a la tradición de Moisés, no podían salvarse. Esto provocó un altercado y una violenta discusión con Pablo y Bernabé; y se decidió que Pablo, Bernabé y algunos más subieran a Jerusalén a consultar a los apóstoles y presbíteros sobre la controversia. Los apóstoles y los presbíteros con toda la Iglesia acordaron entonces elegir algunos de ellos y mandarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Eligieron a Judas Barsabá y a Silas, miembros eminentes entre los hermanos, y les entregaron esta carta: «Los apóstoles y los presbíteros hermanos saludan a los hermanos de Antioquía, Siria y Cilicia convertidos del paganismo. Nos hemos enterado de que algunos de aquí, sin encargo nuestro, os han alarmado e inquietado con sus palabras. Hemos decidido, por unanimidad, elegir algunos y enviároslos con nuestros queridos Bernabé y Pablo, que han dedicado su vida a la causa de nuestro Señor Jesucristo. En vista de esto, mandamos a Silas y a Judas, que os referirán de palabra lo que sigue: Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables: que os abstengáis de carne sacrificada a los ídolos, de sangre, de animales estrangulados y de la fornicación. Haréis bien en apartaros de todo esto. Salud».

APOCALIPSIS 21,10 14.22 23
El ángel me transportó en éxtasis a un monte altísimo, y me enseñó la ciudad santa, Jerusalén, que bajaba del cielo, enviada por Dios, trayendo la gloria de Dios. Brillaba como una piedra preciosa, como jaspe traslúcido. Tenía una muralla grande y alta y doce puertas custodiadas por doce ángeles, con doce nombres grabados: los nombres de las tribus de Israel. A oriente tres puertas, al norte tres puertas, al sur tres puertas, y a occidente tres puertas. La muralla tenía doce basamentos que llevaban doce nombres: los nombres de los apóstoles del Cordero. Santuario no vi ninguno, porque es su santuario el Señor Dios todopoderoso y el Cordero. La ciudad no necesita sol ni luna que la alumbre, porque la gloria de Dios la ilumina y su lámpara es el Cordero.

JUAN 14,23 29
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él. El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió. Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho. La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: “Me voy y vuelvo a vuestro lado”. Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, sigáis creyendo».




EXEGESIS

PRIMERA LECTURA

Situado en el centro mismo de Hechos, el llamado concilio de Jerusalén, o sea, una reunión de algunos dirigentes de la primera comunidad, constituye uno de los puntos más importantes de la historia y teología de la iglesia primitiva. Se trata, en la narración lucana, con bastante puntos redaccionales obra del autor, de oficializar y confirmar la apertura del Evangelio a los gentiles en unas condiciones que suponen, además, la básica independización del nuevo movimiento respecto al judaísmo, llevada a cabo más tarde de la probable fecha de esa reunión, en torno al año 49.
No es posible exagerar la importancia de las cuestiones planteadas en aquel momento, aunque actualmente hayan sido ampliamente superadas. Estaba en juego, en último término, la naturaleza de la nueva predicación y su propio futuro. En el fondo se debatía si el Evangelio era suficiente para abrir la puerta a la salvación predicada por Jesucristo. No es, pues, una simplificación de ritos incomprensibles para los paganos, lo que sería una decisión estratégica, sino, sobre todo, la autonomía del Evangelio. Al adoptar la decisión que aquí aparece los jefes de la iglesia afirman que sólo la adhesión a Cristo y su mensaje es lo fundamental para unir a los seres humanos con Dios. No tienen ya valor decisivo las observancias vigentes hasta la venida del Hijo por buenos que hubiesen sido. Ya han cumplido su misión.
Este es el contenido básico de lo decidido aquí, aun cuando en las últimas líneas del "decreto apostólico" sea posible que aparezca el afán conciliador de Lucas y no respondan a lo acontecido de hecho en aquel momento. En todo caso son secundarias respecto al tema principal.
En la línea de no imponer más que lo indispensable tendría mucho que aprender la iglesia actual, aun cuando ello le suponga romper con tradiciones respetable pero superadas.
La presencia y actuación del Espíritu en los protagonistas, reconocida como tal con una seguridad e ingenuidad conmovedoras ayudará a este continuo y necesario discernimiento.

FEDERICO PASTOR
federico@dabar.net


SEGUNDA LECTURA

Continua en esta lectura la presentación de la iglesia como comunidad escatológica comenzada anteriormente.
Las alegorías del Apocalipsis no deben llamar a engaño. La iglesia, puesta en marcha y animada por Cristo y el Espíritu llegará a ser una comunidad perfecta y feliz. Actualmente ya está en marcha hacia ese glorioso término por la fuerza recibida de Dios. Todavía, sin embargo, no ha llegado él.
Se trata de saber vivir la tensión entre un presente que contiene en sí germinalmente y como en embrión ese destino y el futuro que aún no se ha realizado enteramente.
Es importante no olvidar esa tensión, porque resulta aleccionadora y explica no poco a las situaciones que ahora se viven en la comunidad. Por un lado es santa, porque está unida al Cordero y tiene en él su razón de ser. Pero, por otra, al no haberse realizado del todo todas las virtualidad de esa unión, es imperfecta, pecadora y necesitada de continuas reformas como muestra sobradamente su historia.
Tampoco sería correcto eliminar la consideración de la iglesia invisible o espiritual para reducirla a una mera organización humana. Lecturas como la de hoy lo impiden. Así como impide también olvidar la realidad defectuosa, actual y pasada, de la misma iglesia, porque implica que la iglesia gloriosa y perfecta todavía no está aquí.
Estas líneas, pues, nos confrontan con la realidad total de la iglesia y destacan su carácter dinámico y la certeza esperanza de su final feliz.

FEDERICO PASTOR
federico@dabar.net


EVANGELIO

1. Aclaración de términos
Amar a Jesús: tener fe en Jesús y lealtad absoluta a su palabra.
Hacer morada: la expresión evoca el habitar de Dios en medio de su pueblo. Me harás un santuario para que yo habite en medio de ellos (Éx.25,8). Moraré en medio de los israelitas y seré para ellos Dios (Éx.29,45). Estableceré mi morada en medio de vosotros y no os rechazaré (Lev.26,11).
Paráclito: préstamo del griego, con el significado de auxiliador.
Dejar la paz, dar mi paz: en vez del saludo habitual de despedida prometiendo paz, Jesús se despide dando paz. Paz: realidad y fuerza salvadoras que confieren entereza y liberan de miedos, de toda clase de miedos.
El mundo: la falta de fe en Jesús, Mesías e Hijo de Dios, y de lealtad a su persona; la mentalidad hostil a Dios; la autosuficiencia y la ligereza ante Dios; la eliminación de de Dios del horizonte de la vida.

2. Texto
Jesús desvela a sus discípulos una realidad que éstos jamás hubieran imaginado: el Padre y él personalmente vendrán a ellos y habitarán en ellos y ellos entrarán en la comunión de vida y amor divinos. Jesús y el Padre harán morada en ellos.
El habitar de Dios en medio de su pueblo, que el Antiguo Testamento había expresado de un modo cultual, se hace ahora realidad de un modo espiritual en los discípulos de Jesús.
Ello es posible porque los discípulos amaban a Jesús, creían en él, le profesaban lealtad absoluta con la cabeza y con el corazón.
Pero esta adecuada disposición que ellos tenían no bastaba para una adecuada comprensión de las palabras de Jesús: la capacidad comprensiva de los discípulos seguía necesitada de ulterior enseñanza; su inteligencia de las palabras de Jesús era en aquel entonces muy limitada. El Paráclito, el Espíritu Santo que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo. El Paráclito continuará la enseñanza de Jesús no con enseñanzas nuevas sino profundizando y explicitando las enseñanzas de Jesús. Continuidad y novedad.
A la realidad de la que Jesús habla, el propio Jesús le da el nombre de paz. Esta paz es la presencia espiritual y real de Padre-Hijo-Espíritu en el discípulo. Evidentemente, esta paz no la puede dar el mundo.
Y puesto que Jesús va a seguir estando en sus discípulos, Jesús no se despide de ellos, sino que los emplaza a seguir viéndolo con los ojos de la fe. Por eso mismo deberán vivir alegres, sin añoranza de su presencia física.

3. Comprensión actualizante
La ida de Jesús al Padre va a posibilitar el acercamiento de Dios al discípulo, ya que Dios, en toda su riqueza personal de Padre, Hijo y Espíritu, se va a hacer presente en el discípulo de Jesús.
Ser discípulo de Jesús será, por tanto, vivir desde una íntima vida interior, hecha de diálogo real con un Dios real que envuelve al discípulo y está dentro de él.
Dios es para el discípulo certeza cercana y referente fundamental de su existencia humana. El discípulo vive con Dios una relación personal íntima, generadora de creatividad y dinamismo.
Gracias a esta relación con Dios, el discípulo no vive monolíticamente, monótonamente, repetitivamente. Desde la relación con Dios la vida nace nueva cada día, en plenitud de sentido, en hondura de bienestar, en alegría de felicidad. Todo esto ha cambiado el sentido del mundo desde que Jesús vivió en él, hace ahora dos mil años.
Pero para poder reconocer la presencia de Dios en nosotros es necesario acercarnos a Él conscientes de nuestra miseria y con profundo respeto; es necesario amar a Dios. De lo contrario seremos incapaces de encontrarlo y de entrar en comunión con Él.

ALBERTO BENITO
alberto@dabar.net



NOTAS PARA LA HOMILIA

Durante el Tiempo Pascual, el Evangelio nos va ofreciendo, semana a semana, aspectos diferentes del Crucificado-Resucitado. Aspectos que sí son subrayados, evidentemente los son en tanto quieren ser interpelación acerca de nuestra vida cristiana. Así, el domingo pasado se nos invitaba a amarnos como el mismo Jesús nos ama, desde un sentido de la entrega preñado de gratuidad y libertad. Algo que por cierto, a los cristianos, nos cuesta enormemente vivir.

Hoy en cambio, la interpelación que nos hace el Crucificado-Resucitado pasa por revisar lo que podríamos llamar el fundamento de nuestro creer, es decir, el cimiento de todas aquellas construcciones que hacemos, consciente o no tan conscientemente, en nombre de Dios, el anclaje de nuestro cristianismo, en tanto y en cuanto, horizonte de sentido para la vida.

¿Qué queremos decir? Sencillamente que en el Evangelio de este domingo, se nos pregunta por nuestra percepción de Dios, una percepción que según sea, determinará que nuestra fe sea posibilidad para crecer, para evolucionar, o simplemente, posibilidad para, en la inercia y el cansancio, sólo transcurrir, es decir, no vivir, no explotar las infinitas virtualidades de la vida en el Espíritu.

Durante su despedida, en la Última Cena, Jesús anima a los suyos, con la promesa de una nueva presencia. La presencia del mismísimo Dios no sólo en medio de la comunidad, sino en cada uno de sus miembros. Una promesa sin duda osada, descabellada. ¿Por qué? Pues porque entonces, y habría que ver si realmente hoy no sigue siendo parecido, la percepción que se tenía de Dios era la de un ser lejano, accesible sólo a través de lo que llamamos: mediaciones. Mediaciones que en el sistema religioso judío eran el Templo y la Ley; y ya sabemos lo dolorosas que estas realidades fueron para Jesús.

Y ello precisamente por percibir que su Dios, su Padre, estaba ofreciendo a los hombres otro modo, otra forma de relación. Una relación donde si bien la realidad de las mediaciones, por lo menos en lo que se refiere al hombre, jamás podrá superarse, sí quiere ser, por parte de Dios, cercana, abierta, afable. Claro que sabemos, es un hecho, que los seres humanos desde que nacemos hasta que morimos, estamos siempre en medio de…, atravesados por…, inmersos en…, es decir, que nada auténticamente nuestro, puede prescindir de unos determinados medios para desarrollarse, para ser. El punto es dar a esas mediaciones un carácter monolítico, sagrado, que no tienen por qué tener, o en todo caso, tenerlo de un modo tan absoluto, asfixiante.

Es aquí donde justamente la osadía de Jesús irrumpe como un aguijón. En efecto, su promesa, hecha en nombre del Padre, de un auxilio -el del Espíritu- que vendrá a enseñar, recordar, tranquilizar, a todos y cada uno de los miembros de la comunidad, rompe con la vieja concepción de un Dios constreñido al Templo y a las actividades que allí, sólo unos elegidos, dirigían en bien del resto. Jesús rompe con la división entre lo profano y lo sagrado, lo impuro y lo puro, lo humano y lo divino, no por negar las diferencias, pero sí por eliminar las distancias.

Con la promesa del Espíritu, Jesús nos invita a la aventura de un discipulado nuevo, de una vida auténtica, vivida no desde las seguridades de lo estático, los muros del victimismo o el ataque, el confort de la norma cumplida y el siempre se hizo así, sino desde lo siempre nuevo. Ser cristianos, percibir al Dios de Jesús, nuestro Padre, nos supondrá dar nuevas respuestas a los anhelos de los hombres y mujeres de hoy, crear propuestas ciertas de acogida a todos, criterios lúcidos de comprensión de la Buena Nueva del Señor, prácticas de servicio - autoridad verdaderamente liberadoras, etc., etc.

Jesús no nos deja, nos promete la presencia de un Dios cercano, pero claro, creer en ello, nos exige una vez más, entrar en su misma dinámica, superar las viejas lógicas del Templo y la Ley y dejarnos ganar por la fuerza de su fuego, de su aliento, ese que quiere seguir contando con nosotros…

SEEGIO LOPEZ
sergio@dabar.net



PARA CONSIDERAR Y REFLEXIONAR EN GRUPOS

El Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre,
será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho
(Jn 14, 26)

Preguntas y cuestiones
- Revisar la capacidad de innovación y adaptación de la iglesia a situaciones nuevas
- Lista de defectos pasado y actuales sobre todo, de la comunidad



PARA LA ORACION

Concédenos, Dios todopoderoso, continuar celebrando con fervor estos días de alegría en honor de Cristo resucitado; y que los misterios que estamos recordando transformen nuestra vida y se manifiesten en nuestras obras.
----------------------------
Realmente es justo y necesario, es nuestro deber y salvación reconocerte como el Dios Padre que eres para nosotros; como el Dios del Amor y de la Esperanza, que nos llama a trabajar por la transformación del mundo hasta conseguir que todos vivamos en Él como hermanos, hasta conseguir que ni uno de tus hijos más pequeños pase hambre, padezca injusticia, se encuentre solo o sufra por cualquier otro motivo.
Y aunque es mucho lo que nos falta para conseguirlo, aunque hemos de admitir que te decepcionamos con demasiada frecuencia, no podemos olvidar que tú estás siempre a nuestro lado, pase lo que pase y a pesar de nuestro pecado.
Por eso, unidos a toda la creación, queremos entonar un himno en tu honor.
-----------------------------------
Que nuestra oración, Señor, y nuestras ofrendas sean gratas en tu presencia, para que así, purificados por tu gracia, podamos participar mas dignamente en los sacramentos de tu amor.
--------------------------------
Dios todopoderoso y eterno, que en la resurrección de Jesucristo nos has hecho renacer a la vida eterna; haz que los sacramentos pascuales den en nosotros fruto abundante, y que el alimento de salvación que acabamos de recibir fortalezca nuestras vidas.


LA MISA DE HOY

MONICIÓN DE ENTRADA
No cabe duda que nuestras relaciones con Cristo tienen una serie de características que las hacen irrepetibles. De ahí que quepa la posibilidad de que nos inventemos unas relaciones con Él que estén hechas a nuestra medida, a nuestro gusto o a nuestras conveniencias y, creyendo amarle a Él, estemos amándonos a nosotros mismos, buscando nuestra seguridad o nuestra comodidad, nuestro interés o nuestro beneficio.

Para evitarnos posibles engaños, el mismo Jesús nos dirá en el evangelio de hoy quienes le aman realmente y quienes no. Todo depende de que hagamos caso de lo que Él nos dice que cumplamos, como lo hizo Él, con nuestra misión en el mundo. Todo depende, en definitiva, de que escuchemos su palabra, sin arreglos ni componendas, y la pongamos en práctica.

SALUDO
Amigos, que la paz de Jesucristo, el Señor, esté siempre y de verdad con todos vosotros.

ACTO PENITENCIAL
-Porque nos gusta más guardar tu palabra petrificándola que viviéndola. Señor, ten piedad.
-Porque arreglamos tu palabra para que no resulte molesta y quede bonita. Cristo, ten piedad.
-Porque oímos tu palabra extasiados sólo para ver las cosas tan bellas que decías. Señor, ten piedad.

MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA
Apóstoles, presbíteros y hermanos, todos reunidos junto con el Espíritu Santo, deciden no imponer cargas absurdas a los conversos. La liberación que Cristo había traído a los hombres comienza a plasmarse en realidades concretas.

SALMO RESPONSORIAL (Sal 66)
Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.
El Señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros; conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación.
Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.
Que canten de alegría las naciones, porque riges el mundo con justicia, riges los pueblos con rectitud y gobiernas las naciones de la tierra.
Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.
Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben. Que Dios nos bendiga; que le teman hasta los confines del orbe.
Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.

MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA
Juan, en su visi6n, descubre la Jerusalén celestial, que baja del cielo a la tierra, enviada por Dios. El reto para nosotros, los discípulos de Cristo, es conseguir que esa Jerusalén brille ya entre nosotros con todo ese esplendor que Juan vio en ella.

MONICIÓN A LA LECTURA EVANGÉLICA
Para que la comunidad no se quede sola, Jesús promete enviarle su Espíritu, así se podrá evitar el peligro de olvidar o tergiversar la auténtica palabra de Jesús; palabra cuyo cumplimiento es la única garantía de estar viviendo como verdadero discípulo suyo.

ORACIÓN DE LOS FIELES
Presentemos nuestras oraciones a Dios nuestro Padre, que nos ha prometido su Espíritu para ayudarnos a vivir con fidelidad.
-Para que toda la comunidad eclesial muestre y demuestre su amor a Jesucristo cumpliendo en todo las enseñanzas de Jesús. Roguemos al Señor.
-Para que esa Jerusalén celestial que Juan descubrió en su visión se haga cada día más real en este mundo. Roguemos al Señor.
-Para que la alegría de la Pascua alcance a todos los hombres. Roguemos al Señor.
-Para que nunca se agobie a los hombres con cargas pesadas sino que se les ayude a liberarse de toda esclavitud. Roguemos al Señor.
-Para que todos los que estamos aquí reunidos vivamos siempre atentos a las indicaciones del Espíritu, que nos guía hacia la fraternidad universal. Roguemos al Señor.
Oración: Padre nuestro, tú deseas para nosotros todo lo bueno; por eso te pedimos que nunca permitas que se endurezca nuestro corazón y vivamos siempre buscando cumplir tu voluntad.

DESPEDIDA
Ya han pasado seis semanas desde que celebramos la gran fiesta de la Pascua cristiana, del paso de las tinieblas a la luz, de la tristeza a la alegría de la muerte a la vida. Y, aunque somos capaces de acostumbrarnos a todo y mediocrizar, con el tiempo, los acontecimientos que un día nos resultaron inigualables, la fiesta de la Pascua tenemos que vivirla a diario como si fuese el mismo día de la Resurrección de Cristo.
Hagamos, por tanto, de nuestra vida una fiesta continua; una fiesta en la que puedan participar todos los hombres sin excepción.


CANTOS PARA LA CELEBRACION

Entrada: Juntos cantando la alegría (1CLN-410); Cristo nos da la libertad (1CLN-727); El que me ama guardará mi palabra (del disco “15 Nuevos cantos para la Misa” de Erdozáin).
Salmo: LDS o el Salmo A Dios den gracias los pueblos (1CLN-510)
Aleluya: Canta aleluya al Señor (CB-33)
Ofertorio: Llevemos al Señor (del disco “16 Cantos para la Misa”)
Santo: 1 CLN-I 2
Comunión: En la paz de Cristo (1CLN-603); Delante de Ti (del disco “Cantos para participar y vivir la Misa”); Te damos gracias, Señor (1CLN-531); Guarda mi alma en la paz, de Deiss (1CLN-710)
Final: Regina coeli (gregoriano).



Director: José Ángel Fuertes Sancho •Paricio Frontiñán, s/n• Tlf 976458529 Fax 976439635 • 50004 ZARAGOZA
Tlf. del Evangelio: 976.44.45.46 - Página web: www.dabar.net - Correo-e: dabar@dabar.net

0 comentarios:


WebJCP | Abril 2007