Dos niños recolectan plásticos en un río altamente contaminado del Norte de Yakarta (Indonesia). La Asamblea General de Naciones Unidas declaró el año 2008 Año Internacional del Saneamiento.
En Yakarta y en otras ciudades del mundo miles de niños y adolescentes sobreviven en situación de extrema pobreza en las inmediaciones de los vertederos municipales. Son niños pequeños, como los alumnos de nuestras escuelas, niños que trabajan muchas horas recogiendo desperdicios que después venden, en condiciones de absoluta desprotección y expuestos a enfermedades e infecciones transmitidas por insectos, roedores y gusanos que viven entre la descomposición de estos basureros.
Muchos de ellos sufren la violencia y los abusos por parte de personas adultas que les explotan, mientras recuperan materiales como plásticos, vidrios, metales, papel, tela, cartón, colchones o utensilios de cocina, que muchas veces utilizan para construirse sus pequeñas viviendas cercanas al vertedero. Todos ellos son víctimas del crecimiento acelerado y desordenado de las grandes urbes y del resultado del derroche de tantos ciudadanos entre los cuales podemos estar nosotros.
Urge que los gobiernos, los planes educativos, la sociedad civil, todos, tomemos conciencia de que la situación de estos dos niños, y la de otros muchos que trabajan explotados en el mundo, es inaceptable.
Muchos niños de nuestro planeta se han olvidado de soñar, de fantasear, de jugar, de estudiar, de comer bien, de recibir regalos, de tener un techo, de sentir caricias, porque les hemos robado las infancia, y los derechos más elementales
En Yakarta y en otras ciudades del mundo miles de niños y adolescentes sobreviven en situación de extrema pobreza en las inmediaciones de los vertederos municipales. Son niños pequeños, como los alumnos de nuestras escuelas, niños que trabajan muchas horas recogiendo desperdicios que después venden, en condiciones de absoluta desprotección y expuestos a enfermedades e infecciones transmitidas por insectos, roedores y gusanos que viven entre la descomposición de estos basureros.
Muchos de ellos sufren la violencia y los abusos por parte de personas adultas que les explotan, mientras recuperan materiales como plásticos, vidrios, metales, papel, tela, cartón, colchones o utensilios de cocina, que muchas veces utilizan para construirse sus pequeñas viviendas cercanas al vertedero. Todos ellos son víctimas del crecimiento acelerado y desordenado de las grandes urbes y del resultado del derroche de tantos ciudadanos entre los cuales podemos estar nosotros.
Urge que los gobiernos, los planes educativos, la sociedad civil, todos, tomemos conciencia de que la situación de estos dos niños, y la de otros muchos que trabajan explotados en el mundo, es inaceptable.
Muchos niños de nuestro planeta se han olvidado de soñar, de fantasear, de jugar, de estudiar, de comer bien, de recibir regalos, de tener un techo, de sentir caricias, porque les hemos robado las infancia, y los derechos más elementales








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