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MISIONEROS EN CAMINO: Pentecostés (Jn 20,19-23) - Ciclo C: Liturgia, Reflexiones, Exégesis y Oración
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jueves, 20 de mayo de 2010

Pentecostés (Jn 20,19-23) - Ciclo C: Liturgia, Reflexiones, Exégesis y Oración


Publicado por DABAR

Pienso al recibir el mensaje de correo electrónico de Dabar: me vuelve a tocar Pentecostés. Y es curioso porque, aunque tengo una idea de por dónde enfocar el tema, me surge una duda, no vaya a ser que me repita, y decido leer mi anterior aportación, no sea que no vaya a aportar nada nuevo sobre un mismo texto… No es que dude de la riqueza del Evangelio, de su ser algo vivo, capaz de despertar en cada momento de nuestras vidas preguntas nuevas, oraciones y contemplaciones diferentes… Por la fuerza del Espíritu el Evangelio es nuevo siendo viejo, teniendo lo mismo de siempre nunca resuenan igual sus palabras.
Me tranquilizo al releer mi vieja aportación y confirmo que el Espíritu suscita que me centre este año en otra faceta de Pentecostés, aunque en esencia mis limitadas intuiciones tiren muchas veces a lo mismo y en algo pueda repetirme. Hablaba entonces de la fuerza de la llama del Espíritu que necesita de una mecha en condiciones para arder. Y hoy me centro en la sigilosa acción de Dios y en nuestra mirada sobre ella.
Por alguna extraña razón, que todavía no he logrado entender completamente, nos gustan los grandes signos de Pentecostés, nos atrae lo que escapa a nuestro entendimiento, lo sobrenatural, lo que nos habla del inmenso poder de Dios:
- “un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban.”
- “unas lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno”.
- “empezaron a hablar en lenguas extranjeras”.
- “Estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús.”
Nos atraen los grandes símbolos, los que manifiestan la grandeza de nuestro Dios, que nos confirman que no nos hemos equivocado, que estamos con el que tiene poder sobre todo. Nos cautivan más las llamaradas en sus cabezas que constatar que se abrieron a recibir el Espíritu al punto de cambiar radicalmente sus vidas, que por eso pasan del miedo que los mantenía encerrados a la valentía de salir a predicar que Jesús, el que habían colgado en un madero, era el Señor, ¡qué más da que lo anuncien en otras lenguas! Lo vital es que pasan de temer ser descubiertos a predicar en la plaza pública sin miedo. Nos llama más la atención que Jesús resucitado se presente ante los discípulos, que su sencillo saludo. El crucificado se presenta para decirles simplemente, “Paz a vosotros”, no les cuenta lo que ha pasado, ni cómo ha vencido a la muerte, ni espera a que se les pase el asombro de verlo, ni responderá a sus preguntas curiosas, por dos veces Jesús les dice lo mismo, “Paz a vosotros”, los que teméis, los que tembláis, los que confesáis en voz baja, y si en posible en la intimidad del ámbito privado, que sois cristianos, seguidores de un crucificado, miembros de esa Iglesia que tanto vapulea la modernidad, sí de esa que representan los obispos (tantas veces ridiculizados), de la que condena el aborto y el amor libertino, la que habla de un proyecto de vida mejor y diferente, la que defiende la igualdad del inmigrante, la que espera en Cristo, la de tantos misioneros que dan su vida por los que menos cuentan, la tuya y la mía, que pese al Espíritu seguimos teniendo tantos miedos y cobardías, que todavía no nos hemos dejado empapar al completo por el Resucitado.
Pienso ahora que lo que nos pasa es lo normal, que quizás no sea lo más importante que en nuestro proceso no haya llamaradas impresionantes, ni cegueras espontáneas o caídas de caballo, lo que importa es que Dios nos llama, me atrevería hasta a decir que no importan nuestras cobardías y miedos, lo que importa es que Dios nos ama. Lo importante no son nuestras respuestas sino sus llamadas, lo más importante no es que resucitemos y seamos capaces de clamar en voz alta ante todos nuestros conocidos que Jesús vive, que en la soledad de nuestros corazones le sentimos vivo, lo más importante es que Jesús resucitó, qué Dios tiene la última palabra y que somos capaces de reconocerlo y hasta de vivirlo, aunque no plenamente, aunque no llegue a inundar todo nuestro corazón, ni nos cambie por completo, ni se evaporen todos nuestros miedos. Lo importante no son nuestros pecados e infidelidades, sino saber que Dios puede, que algunos, los más dóciles, los más capaces, los más humildes, pudieron. Lo más importante de Pentecostés quizás sea reconocer en los discípulos que cambiar es posible ya, aunque nosotros todavía no podamos. Y reconocer ahí nuestro pecado, nuestra debilidad, nuestra falta de confianza, y confiar, confiar en que en nuestra debilidad se puede manifestar su fortaleza…

ELENA GASCÓN
elena@dabar.net



DIOS HABLA

HECHOS DE LOS APÓSTOLES 2,1 11
Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De repente, un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu le sugería. Se encontraban entonces en Jerusalén judíos devotos de todas las naciones de la tierra. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma. Enormemente sorprendidos, preguntaban: «¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay partos, medos y elamitas, otros vivimos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia o en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que limita con Cirene; algunos somos forasteros de Roma, otros judíos o prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua».

1ª CORINTIOS 12, 3b 7. 12 13
Hermanos: Nadie puede decir: «Jesús es Señor», si no es bajo la acción del Espíritu Santo. Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común. Porque, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo. Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.

JUAN 20, 19 23
Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».



EXEGESIS

PRIMERA LECTURA

Uno de los aspectos positivos de esta lectura - quizás el más pequeño - es que nos ofrece ocasión para discernir lo fundamental que en ella aparece de los detalles escenográificos (ruido, viento recio, lenguas de fuego, don de lenguas...), útiles par la comunicación del mensaje, pero secundarios en comparación con el núcleo principal.
Evidentemente lo esencial es la venida del Espíritu Santo sobre los discípulos. Espíritu que será el protagonista del libro. El Espíritu penetra en los seres humanos y en la comunidad de los seguidores de Cristo y opera una transformación que se siente en las cosas nuevas e insólitas que demuestran la presencia y actividad del Espíritu. La más espectacular es la de las lenguas, tanto habladas como entendidas. Es difícil determinar en qué consiste ese fenómeno. Parece tratarse más bien de un símbolo de la universalidad del mensaje: igual que lo es la lista de pueblos y naciones que conforman una cierta figura circular de este hacia oeste y sur.
La unidad en la diversidad representa una cierta contraposición a Babel donde sólo hay diversidad y desunión.
Como es un momento de especial intervención de Dios, Lucas emplea ciertos elementos tomados de las tradiciones del Día del Señor, que también era, en el AT, una manifestación especial de Dios. Aunque con una gran diferencia: en general se trataba de un día de juicio y Pentecostés es un día de salvación.
También es esencial la dimensión comunitaria de la presencia de Dios que es el Espíritu. Toda la perícopa está en plural. Sin negar lo individual es en lo colectivo donde tal presencia se hace más palpable y presente.

FEDERICO PASTOR
federico@dabar.net


SEGUNDA LECTURA

En todo el capítulo 12 de la primera carta a los corintios, trata Pablo de la repercusión de la presencia del Espíritu en el individuo y en la comunidad.
Básicamente el primer efecto del Espíritu es la unidad en medio de la natural diversidad de dones y actividades. Era un problema presente en Corinto y también ahora. Pablo no niega la pluralidad ni intenta sofocarla o reducirla a uniformidad. Simplemente subraya que todas las actividades y modos de ser diferentes no pueden ir unos contra otros si no forman el Cuerpo de Cristo, la iglesia. No convienen minimizar la importancia del pluralismo. Probablemente en Corinto era mayor que en nuestra tradición secular de monolitismo ideológico y aun práctico. Pero esa pluralidad no destruye la comunidad, la iglesia, sino la forma. No se puede concebir la iglesia sin la aportación de cada uno de sus miembros y grupos. Pero como nadie detenta el monopolio del Espíritu y Dios es siempre mayor, no se pueden suprimir los dones y actividades. Es imposible que una instancia humana, por alta que sea, realice perfectamente algo divino como es el Espíritu. Ni tampoco todas las instancias juntas.
Pablo no explica cómo se compagina concretamente esa diversidad con la unidad. Puede sospecharse, dada la cercanía de los textos, que el amor de que Habla en el capítulo 13 y que es un carisma superior, tiene no poco que ver con la unión entre los miembros del Cuerpo.
Otro efecto del Espíritu es la confesión. Quizás tengamos la idea de que esa confesión es cuestión de sometimiento o dominio. En este texto, sin embargo, encontramos que la total adhesión al Señor Jesús, confesado con boca y obras, no es independiente del Espíritu.
Por último vale la pena notar el texto trinitario de los vv. 4-6: "Dios" es el Padre, como siempre en Pablo; "Señor" es el Hijo, Nuestro Señor Jesucristo: y "Espíritu" está en perfecto paralelismo con ambos. Es el Tercero de la Trinidad. Pero una Trinidad que obra cosas, no simplemente afirmada sin pasar a la práctica.

FEDERICO PASTOR
federico@dabar.net


EVANGELIO

1. Aclaración de términos
V.19 Al anochecer de aquel día: anochecer del día de la Resurrección. El día primero de la semana: domingo. Discípulos-judíos: términos con significación religiosa. Los judíos no son todos los judíos, sino los que, siendo judíos, no aceptan que Jesús sea Dios. Por contraposición, los discípulos son los que, siendo también judíos, aceptan que Jesús es Dios. Paz: realidad y fuerza salvadoras que confieren entereza y liberan de miedos, de toda clase de miedos. Paz a vosotros: no es un mero saludo, ni la expresión de un deseo; es la constatación de la situación creada, cuya expresión visible es la eliminación del miedo previo.
V.20 Y diciendo esto: traducción más correcta: y dicho esto. El Señor: término bíblico por antonomasia para referirse a Dios. Aplicable, pues, con toda propiedad a Jesús resucitado.
V.21 Me ha enviado: acción del pasado con continuidad en el presente; os envío: acción del presente.
V.22 Exhalar el aliento. Es la misma expresión empleada en Génesis 2,7 para designar a Dios como fuente original de la vida humana.
V.23.Les quedan perdonados, les quedan retenidos: empleo de la pasiva como circunlocución para describir una acción de Dios.

2. Texto
Está dominado por la presencia, inopinada e inesperada, de Jesús en medio de sus discípulos. ¡El que estaba allí, entre ellos, era el mismo que había sido crucificado! Dos palabras suyas, sus manos y su costado lo autentificaban.
Paz a vosotros, dos veces. No es un saludo; es un don. Es la vida, la salvación de Dios experimentada por los discípulos, que se ven así liberados del miedo que tenían y llenos de una alegría hasta ahora desconocida.
Ante ellos y con ellos estaba el Señor, que es quien los envía, al igual que el Padre lo ha enviado a él. Es importante recalcar el empleo del pretérito perfecto. Este tiempo verbal indica una acción en el pasado con continuidad en el presente. Jesús no es ahora un ausente, pues está realmente vivo; sólo que su presencia no es ya física. El envío de los discípulos confiere al persistente envío de Jesús la dimensión física de visibilidad de la que el envío de Jesús carece ahora. El envío de Jesús por el Padre se hace ahora visible a través del envío de los discípulos por Jesús.
Enviados por Jesús como Jesús lo ha sido por el Padre, los discípulos reciben de Jesús el mismo Espíritu de Dios que él tiene. En ellos alienta la vida misma de Dios y, por ello, son la garantía de la continuidad del perdón de los pecados.

3. Comprensión actualizante
Los discípulos de Jesús dan continuidad en el tiempo a lo que Jesús fue y supuso en su tiempo.
Ello significa que los discípulos están llamados a ser signo de Dios en el mundo.
Son este signo gracias al Espíritu que anida en ellos y que tiene su fuente en Dios. Sin este Espíritu el discípulo no es nadie ni nada.
Este Espíritu no se compra ni se merece, sino que sobreviene en la medida en que el discípulo se hace permeable a Dios, a imitación y analogía de Jesús.
El discípulo debe tomar conciencia de su importancia en el mundo. Si este mundo ha cambiado de sentido desde que Jesús vivió en él, el discípulo debe ser consciente de que es incumbencia suya el que ese cambio no se volatilice.

ALBERTO BENITO
alberto@dabar.net


NOTAS PARA LA HOMILIA

Hoy es el Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar. Que se eligiera esta fiesta del Espíritu Santo no es cosa del azar, ni del capricho. Pentecostés significa el comienzo de una vida nueva cuyo origen está en Jesús Resucitado. El discípulo recibe el don del Espíritu que le transforma y le capacita para incorporarse plenamente y ser continuador de la misión de Jesús en el mundo. Y eso amigos, es la seña de identidad de todo el apostolado y de la Acción Católica. Hoy es un buen día para tomar conciencia de la importancia de cada uno en la misión que tenemos y lanzarnos a ella. No estamos solos. El Espíritu nos dará la fuerza necesaria para llevarla a cabo.

Unidad y diversidad
Una de las características de la sociedad actual en la que vivimos, y de la que no estamos exentos de su influencia, es la diversidad. Diversidad de países de origen, de razas, de etnias, de culturas, de tradiciones, de religiones, de creencias, de sentidos de la existencia,… Y entre todos formamos una sociedad, destinados a la convivencia común, a un mismo destino ya que nada que acontece en la sociedad dejará de afectar al individuo en particular y a la inversa. Tenemos en el horizonte la unidad del género humano, pero ¿cómo caminar hacia esa unidad?. Hemos tenido en la historia respuestas que no son tales, desde la uniformidad que anula la individualidad, hasta la imposición de una determinada cosmovisión, que precisamente es la que ostenta el poder. Hoy es el derecho, lo que establece los mínimos para la convivencia, pero… ¿verdaderamente el cumplimiento de la ley nos conforma como una unidad? ¿nos introduce en el dinamismo solidario de un mismo destino de la humanidad?. También la Iglesia ha vivido, y sigue viviendo la diversidad, pero también esas tentaciones de uniformidad, de imposición desde quién ostenta el poder, o de imperio del canon.
Hoy quizá una de las dificultades que tenemos los cristianos de cara a la misión que el Señor nos ha confiado, no es tanto la diversidad, sino la división. Vivimos más como en Babel que como en Pentecostés. La gran riqueza de la Iglesia, de ministerios, de asociaciones, de congregaciones, de servicios,… presencias de cristianos en los más variados lugares, desde embajadas hasta asilos, pasando por leproserías, universidades y explotación laboral, jungla o miseria en tantas sociedades y lugares, realizado por personas de todas culturas, razas, y naciones…¿Cómo es posible que lo veamos más como dificultad que como don?. ¿Cómo vivir la unidad en la diversidad? La fiesta de hoy, entiendo que nos muestra la respuesta. Las palabras de Pablo nos orientan y nos dan la clave: ‘Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos’

Efectivamente, Dios ha creado este universo-diverso y es precisamente la acción del Espíritu quien actúa en el corazón de las personas y en la entraña de la Historia. La unidad sólo la alcanzaremos cuando miremos la realidad de la vida, no desde nuestros egos, sino abriéndonos a la acción del Espíritu Santo. Con Pablo hoy podemos decir: ‘Nadie puede decir: «Jesús es Señor», si no es bajo la acción del Espíritu Santo’. Como nos recuerda Alberto en la exégesis: El Espíritu sobreviene en la medida en que el discípulo se hace permeable a Dios, a imitación y analogía de Jesús. Como cristianos la primera actitud que tenemos que vigilarnos es nuestra apertura radical a la acción del Espíritu Santo en nosotros ya que ‘Sin este Espíritu el discípulo no es nadie ni nada’.

Paz a vosotros
Así, esa vida del Espíritu en nosotros nos introduce en el dinamismo del Resucitado, esa potencia que nos libera de todos los miedos y temores, que nos otorga una certeza en la esperanza, que nos capacita para percibir la acción del Espíritu en los demás haciéndoles amables, que nos fortalece para hacer efectivo cada día el amor desinteresado, gratuito, entregado a los más pobres. Sin juicios ni condenas. Y eso amigos, es acoger verdaderamente el aliento de Jesús sobre nosotros y entrar en la nueva vida: Paz a vosotros. Bastante más que un saludo, o un deseo.

JOSE ANGEL FUERTES
joseangel@dabar.net



PARA CONSIDERAR Y REFLEXIONAR EN GRUPOS

Exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo”
(Jn 20, 22)

Preguntas y cuestiones
- Presencia del Espíritu en nosotros y en nuestra iglesia. ¿Hay conciencia de él en todos?. ¿Se manifiesta en algo?.
- Monopolio jerárquico del Espíritu.
- Unidad y pluralidad. Posible eliminación de grupos discordantes por la derecha o por la izquierda.


PARA LA ORACION

Dios, Padre nuestro, que por el misterio de Pentecostés santificas a tu Iglesia, extendida por toda la tierra; derrama tu Espíritu sobre nosotros y sigue guiando a tu pueblo para que cumplamos en todo tu voluntad y realicemos la misión de anunciar el evangelio a todos los hombres.
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Te pedimos, Padre, que según la promesa de tu Hijo, el Espíritu haga crecer en nosotros la fe y nos lleve al conocimiento de todo lo que nos has revelado.
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En verdad es justo y necesario darte gracias porque te has compadecido de nosotros y has derramado tu Espíritu de vida para que mueva todo y surjan así cielo y tierras nuevos.
Tu Espíritu mueve los corazones que esperan, levanta los brazos abatidos, despierta a los alienados y libera a los esclavos.
Tu Espíritu nos anima a emprender la marcha, a romper las cadenas, y a construir una ciudad nueva en la que todos los hombres sean hermanos. Por eso, llenos de esperanza en que eres tú quien nos guía a conseguir este triunfo, proclamamos tu gloria.
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Dios, Padre nuestro, que has comunicado a tu Iglesia los bienes del cielo; haz que gracias a la ayuda de tu Espíritu sepamos corresponder a todo lo bueno que nos has dado.


LA MISA DE HOY

MONICIÓN DE ENTRADA
Muchas veces los creyentes nos enfrentamos a una realidad que constatamos con dolor: lo difícil que se hace vivir como discípulos de Jesús; y constatamos esta realidad no sólo en las dificultades que hemos de afrontar a diario sino en las muchas deserciones que se ven entre nosotros, a menudo camufladas bajo una vida de mucha piedad y mucho cumplimiento, pero poca vida evangélica.

Por eso reconocemos que necesitamos una ayuda; una ayuda decisiva, que no nos puede venir de ningún hombre sino sólo de Dios. Esa ayuda es el mismo Espíritu de Dios, el que animó a Jesús a cumplir su tarea y el que nos animar a nosotros si de verdad confiamos en Dios y decidimos que se cumpla su voluntad en nosotros. Hoy vamos a celebrar una fiesta dedicada a ese Espíritu y le vamos a pedir que esté siempre guiando nuestros pasos.

SALUDO
El Espíritu del Señor Jesús, enviado por el Padre para guiarnos, a los que formamos el Pueblo de Dios, en la tarea de anunciar la Buena Noticia, esté siempre con todos vosotros.

ACTO PENITENCIAL
-Tú, que viniste para cumplir la voluntad del Padre y enseñarnos a nosotros a cumplirla. Señor, ten piedad.
-Tú que por tu fidelidad recibiste el premio de la vida eterna y nos abriste a nosotros el camino a esa misma vida. Cristo, ten piedad.
-Tú, que te dejaste llevar siempre por el Espíritu que te guiaba y te conducía a anunciar el evangelio a todos los hombres. Señor, ten piedad.

MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA
El origen de la Iglesia no es por una iniciativa puramente humana; el Espíritu transforma a los hombres y da origen a la Iglesia, al Pueblo de Dios, a la comunidad de los hombres y las mujeres que desean dejarse guiar por Dios para vivir como discípulos de Jesús.

SALMO RESPONSORIAL (Sal 103)
Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.
Bendice, alma mía, al Señor: ¡Dios mío, qué grande eres! Cuántas son tus obras, Señor; la tierra está llena de tus criaturas.
Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.
Les retiras el aliento, y expiran y vuelven a ser polvo; envías tu aliento, y los creas, y repueblas la faz de la tierra.
Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.
Gloria a Dios para siempre, goce el Señor con sus obras. Que le sea agradable mi poema, y yo me alegraré con el Señor.
Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA
San Pablo vuelve a insistir en esta lectura en que no hay creyente si no hay persona que se deja llevar por el Espíritu de Jesús en su vida, Espíritu que se manifiesta de muy diversas formas según las posibilidades y capacidades de cada uno, a quien libremente quiere, y siempre para el bien común, para el bien de todos los hombres.

MONICIÓN A LA LECTURA EVANGÉLICA
Jesús entrega el Espíritu a los apóstoles y les indica su misión: como el Padre le envió a Él, Él les envía a ellos para seguir realizando la misma misión. El mismo Espíritu que animó a Jesús, anima ahora a los seguidores de Jesús.

ORACIÓN DE LOS FIELES
Unidos en el Espíritu Santo, por el que afirmamos que ‘Jesús es el Señor’, oremos a Dios nuestro Padre:
-Para que el Pueblo de Dios viva en fidelidad a los distintos dones que el Espíritu le da. Roguemos al Señor.
-Para que la Iglesia busque la unidad sin caer en la uniformidad. Roguemos al Señor.
-Para que los necesitados sientan el amor de Dios por medio de la fraternidad de los hombres. Roguemos al Señor.
-Para que todos los hombres sepan escuchar la voz del Espíritu, que nos llama a todos a la paz, a la justicia y a la fraternidad. Roguemos al Señor.
-Para que nuestra comunidad (parroquial) crezca en la fe, en la unidad y en el compromiso. Roguemos al Señor.
Oración: Dios, Padre nuestro, que has enviado tu Espíritu a los hombres, escucha la oración de tu pueblo y ayúdale a vivir conforme a tu voluntad.

BENDICIÓN FINAL
-El Dios, Creador de la luz, que en el día de hoy iluminó la mente de sus discípulos derramando sobre ellos el Espíritu Santo, os alegre con sus bendiciones y sus dones. R Amén.
-Que el mismo fuego divino que se posó sobre los apóstoles, purifique vuestros corazones de todo pecado y egoísmo y os ilumine con claridad. R: Amén
-Y el Espíritu que unió en una misma fe a los que el pecado dividió, os conceda la perseverancia y así podáis pasar de la esperanza a la plena visión. R. Amén
-Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros y os acompañe siempre. R. Amén.



CANTOS PARA LA CELEBRACION

Entrada: Ciudadanos del cielo (1CLN-709); Hoy me siento peregrino (del disco “Siguiendo las pistas de Cristo” de Erdozáin); Este es el día (1CLN 522); Hacia ti, morada santa (1CLN-O 16).
Gloria: de Palazón.
Salmo: Dios asciende entre aclamaciones (de Cols) o LdS.
Aleluya: Aleluya, Amén, de Deiss.
Ofertorio: Este pan y vino (1CLN-H 4).
Santo: 1CLN-I 7.
Aclamación al Memorial: 1CLN-J 22.
Comunión: Ceca de Ti, Señor (1CLN-702); Somos un pueblo que camina (1CLN-719); No busquéis entre los muertos (1CLN-224); Junto a Ti al caer de la tarde (CB-108).
Final: Id y proclamad, del disco “Ven y sígueme”; Yo estaré con vosotros (disco «Siguiendo las pisadas de Cristo», de Erdozáin).



Director: José Ángel Fuertes Sancho •Paricio Frontiñán, s/n• Tlf 976458529 Fax 976439635 • 50004 ZARAGOZA
Tlf. del Evangelio: 976.44.45.46 - Página web: www.dabar.net - Correo-e: dabar@dabar.net

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WebJCP | Abril 2007