Por Javier Leoz
“Si me amáis guardaréis mis mandamientos” “Permaneced en mi amor” “Amaos” Estas, entre otras tantas más, fueron las indicaciones y peticiones de Jesús a sus discípulos antes de subir al cielo. No les iba a resultar fácil ser fieles en ese cometido. El Señor, al que se habían acostumbrado, se marcha y –a los ojos de sus amigos- les daba la impresión que se desentendía de ellos. ¡Menuda nos ha liado! Se va… ¿y luego? ¿Qué nos va a ocurrir? ¿Quién va a calmar las tormentas de cada día? ¿Quién nos va dar de comer cuando, en el lago, nuestra pesca sea infructuosa? ¡Cuántos interrogantes aparecerían en el horizonte de la fe de aquellos discípulos; de aquella minúscula pero viva Iglesia!
1.- Pero, en contra de todo pronóstico, y porque Jesús les había dejado una promesa: “Se os enviará el Defensor, el Espíritu Santo”, la Fuerza de lo alto aparece y se desvanecen dudas e incertidumbres, cobardías y recelos, timidez y desencanto: ¡Se ha ido el Señor pero, con su Espíritu, lo daremos a conocer!
Hoy, como los apóstoles con la presencia de María, también nosotros necesitamos ser tocados por el Espíritu. Estamos demasiado dormidos y, a veces, paralizados por muchas circunstancias que dificultan la vivencia y expresión de nuestra fe. Qué bien lo expresó el Papa Benedicto XVI en su reciente viaje a Portugal: “El pecado, la debilidad, la persecución la tenemos dentro de la propia Iglesia”.
El Espíritu Santo despierta nuestras ganas de vivir con y en Dios. Y, por Pentecostés, nuestra fe se renueva y se rejuvenece. Sentimos que no estamos huérfanos. Que el Espíritu de Dios nos acompaña y vela para que todo, y hasta el final de los tiempos, se vaya cumpliendo. Pero cuando vuelva Jesús ¿encontrará fe en nuestra tierra? ¡Sí! ¡Por lo menos nos hallará nosotros! Con dudas (porque no somos más fuertes que los apóstoles) pero mirando al cielo (porque, como los apóstoles, seguimos esperando el retorno de Cristo)
2.- Hoy es un día inolvidable. Aquello que nos prometió el Señor, se hace realidad. La Iglesia nace y, a la sombra de Pentecostés, se siente animada y estimulada a ser misionera. A ofrecer, una y otra vez, el evangelio a todo pueblo, a todo hombre y a toda ciudad. El Espíritu Santo (porque no se ve) no aparecerá en las mil imágenes que los medios de comunicación social nos ofrezcan. Entre otras cosas porque, Pentecostés, no es algo que se ofrezca en un escaparate o como elemento consumista. Pentecostés es ese fuego que sólo arde en las personas que son capaces de aportar la leña de su contemplación, esperanza, fe, confianza y abandono en Jesús.
3.- Hoy cerramos el ciclo pascual pero se abre delante de nosotros un sendero que hemos de ir labrando y trabajando con nuestras propias herramientas, con nuestros carismas y habilidades. El Señor espera mucho de nosotros y, además, nos aporta y garantiza la fuerza de su Espíritu ¡No temamos!
--Nos dará fuerza; cuando nos sintamos débiles. En aquellos instantes en que pensemos que no merece la pena seguir adelante. En aquellas horas en que, por distintas turbulencias dentro de la misma Iglesia, nos parezca que todo toca a su fin
--Nos facilitará su seguridad; cuando tambaleemos en nuestra propuesta evangélica.
--Nos infundirá optimismo; cuando alrededor surjan escollos que nos produzcan sufrimiento o rechazo
--Nos incrustará su intimidad; cuando lo puramente externo se anteponga a lo más sagrado del hombre
--Nos regalará aliento; cuando pensemos que, lo que hacemos, es poco o nada, fructifica escasamente o no son aplaudidas nuestras acciones.
¡Feliz Pascua de Pentecostés! ¡Grande es el Señor con aquellos que mantienen viva, por el Espíritu, su fe!
1.- Pero, en contra de todo pronóstico, y porque Jesús les había dejado una promesa: “Se os enviará el Defensor, el Espíritu Santo”, la Fuerza de lo alto aparece y se desvanecen dudas e incertidumbres, cobardías y recelos, timidez y desencanto: ¡Se ha ido el Señor pero, con su Espíritu, lo daremos a conocer!
Hoy, como los apóstoles con la presencia de María, también nosotros necesitamos ser tocados por el Espíritu. Estamos demasiado dormidos y, a veces, paralizados por muchas circunstancias que dificultan la vivencia y expresión de nuestra fe. Qué bien lo expresó el Papa Benedicto XVI en su reciente viaje a Portugal: “El pecado, la debilidad, la persecución la tenemos dentro de la propia Iglesia”.
El Espíritu Santo despierta nuestras ganas de vivir con y en Dios. Y, por Pentecostés, nuestra fe se renueva y se rejuvenece. Sentimos que no estamos huérfanos. Que el Espíritu de Dios nos acompaña y vela para que todo, y hasta el final de los tiempos, se vaya cumpliendo. Pero cuando vuelva Jesús ¿encontrará fe en nuestra tierra? ¡Sí! ¡Por lo menos nos hallará nosotros! Con dudas (porque no somos más fuertes que los apóstoles) pero mirando al cielo (porque, como los apóstoles, seguimos esperando el retorno de Cristo)
2.- Hoy es un día inolvidable. Aquello que nos prometió el Señor, se hace realidad. La Iglesia nace y, a la sombra de Pentecostés, se siente animada y estimulada a ser misionera. A ofrecer, una y otra vez, el evangelio a todo pueblo, a todo hombre y a toda ciudad. El Espíritu Santo (porque no se ve) no aparecerá en las mil imágenes que los medios de comunicación social nos ofrezcan. Entre otras cosas porque, Pentecostés, no es algo que se ofrezca en un escaparate o como elemento consumista. Pentecostés es ese fuego que sólo arde en las personas que son capaces de aportar la leña de su contemplación, esperanza, fe, confianza y abandono en Jesús.
3.- Hoy cerramos el ciclo pascual pero se abre delante de nosotros un sendero que hemos de ir labrando y trabajando con nuestras propias herramientas, con nuestros carismas y habilidades. El Señor espera mucho de nosotros y, además, nos aporta y garantiza la fuerza de su Espíritu ¡No temamos!
--Nos dará fuerza; cuando nos sintamos débiles. En aquellos instantes en que pensemos que no merece la pena seguir adelante. En aquellas horas en que, por distintas turbulencias dentro de la misma Iglesia, nos parezca que todo toca a su fin
--Nos facilitará su seguridad; cuando tambaleemos en nuestra propuesta evangélica.
--Nos infundirá optimismo; cuando alrededor surjan escollos que nos produzcan sufrimiento o rechazo
--Nos incrustará su intimidad; cuando lo puramente externo se anteponga a lo más sagrado del hombre
--Nos regalará aliento; cuando pensemos que, lo que hacemos, es poco o nada, fructifica escasamente o no son aplaudidas nuestras acciones.
¡Feliz Pascua de Pentecostés! ¡Grande es el Señor con aquellos que mantienen viva, por el Espíritu, su fe!
4.- QUE NO NOS FALTE, SEÑOR
El gran fruto de esas 50 ramas
que tiene y adorna el árbol de la Pascua:
EL ESPIRITU SANTO
El viento de Aquel que, estando reunidos con María,
es huracán que aviva nuestra vida y nuestra fe,
nuestra existencia y nuestros días hacia la santidad
QUE NO NOS FALTE, SEÑOR
El soplo que refresca y hace más sostenibles
nuestro caminar o nuestros fracasos
la luz que, en la oscuridad, nos hace descubrirte
la verdad que, en la mentira,
nos hace luchar por lo auténtico y verdadero
QUE NO NOS FALTE, SEÑOR
El apoyo de tu Espíritu que es lucha y perseverancia
El calor que, con su venida,
aporta amabilidad y valentía
cobijo y ternura, alegría y compañía
El amor de tu Espíritu que es esencia de tu vida
recuerdo permanente de tu presencia
convocatoria a ser tus testigos
llamada a ser siervos en medio del egoísmo
QUE NO NOS FALTE, SEÑOR
Tu Espíritu que nos hace sentirte a nuestro lado
Tu Espíritu que nos invita a vivir a Cristo
Tu Espíritu que nos abre los oídos a tu Palabra
Tu Espíritu que nos eleva y sostiene
Tu Espíritu que derrama, sobre nosotros,
tantas cosas buenas llovidas del cielo.
QUE NO NOS FALTE, SEÑOR, TU ESPÍRITU
El gran fruto de esas 50 ramas
que tiene y adorna el árbol de la Pascua:
EL ESPIRITU SANTO
El viento de Aquel que, estando reunidos con María,
es huracán que aviva nuestra vida y nuestra fe,
nuestra existencia y nuestros días hacia la santidad
QUE NO NOS FALTE, SEÑOR
El soplo que refresca y hace más sostenibles
nuestro caminar o nuestros fracasos
la luz que, en la oscuridad, nos hace descubrirte
la verdad que, en la mentira,
nos hace luchar por lo auténtico y verdadero
QUE NO NOS FALTE, SEÑOR
El apoyo de tu Espíritu que es lucha y perseverancia
El calor que, con su venida,
aporta amabilidad y valentía
cobijo y ternura, alegría y compañía
El amor de tu Espíritu que es esencia de tu vida
recuerdo permanente de tu presencia
convocatoria a ser tus testigos
llamada a ser siervos en medio del egoísmo
QUE NO NOS FALTE, SEÑOR
Tu Espíritu que nos hace sentirte a nuestro lado
Tu Espíritu que nos invita a vivir a Cristo
Tu Espíritu que nos abre los oídos a tu Palabra
Tu Espíritu que nos eleva y sostiene
Tu Espíritu que derrama, sobre nosotros,
tantas cosas buenas llovidas del cielo.
QUE NO NOS FALTE, SEÑOR, TU ESPÍRITU








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