NOTAS PARA LA VIGILIA PASCUAL
- La proclamación de la Palabra de Dios (el recorrido por los momentos fundamentales de la historia de la salvación), con el anuncio de la resurrección del Señor, es lo central de esta noche, además, obviamente, del rito eucarístico.
- La liturgia bautismal es de lo más significativo de esta noche, pues el Bautismo es la incorporación a Cristo Muerto y Resucitado. Debe procurarse que los bautizos de la Comunidad se realicen en esta noche. De no haberlos, el rito de la aspersión, recuerdo/renovación de nuestro bautismo, debe realizarse con todo solemnidad.
- Remarcar el canto del Aleluya y del Gloria, que se han omitido durante toda la Cuaresma.
- El lucernario y el pregón pascual, aunque sean ritos introductorios calan hondo en quienes participan en la celebración y debe aprovecharse su "tirón" para ahondar en el sentido de fiesta.
- El cirio pascual simboliza a Cristo resucitado: debe resaltar, por tanto, por su tamaño, su ornato, su colocación, su calidad (cera auténtica)...
- Remarcar todo aquello que ponga de manifiesto que estamos celebrando la principal fiesta de nuestra fe: adornos, luz, cantos, manteles del altar... No es superficial ni secundario el ágape posterior a la celebración que tiene lugar en muchas comunidades.
Lecturas del Antiguo Testamento:
1.- Génesis 1,1-2,2
2.-Génesis 22,1-18
3.- Éxodo 14,15-15,1
4.- Isaías 54,5-14
5.-Isaías 55,1-11
6.- Baruch 3,9-15.32-4,4
7.- Ezequiel 36,18-28
Epístola: Romanos 6,3-11
Evangelio: Lucas 24,1-12
Génesis 1,1 - 2,2
El relato de la creación nos advierte, nada más abrir la Biblia, de que vivimos en medio de un orden, en el que alguien se ha tomado la molestia de poner cada cosa en su lugar. Del caos primigenio (más que de la nada) ha surgido un cosmos, un orden limpio (= mundo ≠ inmundo). Como el rostro "afeitado" y acicalado con cosméticos que borran los rastros de la larga noche y del bostezo ("chaos") matutino. Cualquier atisbo de saltarse ese orden y de mezclar lo que con tanto cariño quiso separar el Creador se contemplará como algo in-mundo, impuro, como un asomar de nuevo el maremágnum, el totum revolutum primigenio. Por ello debemos tener cuidado cada vez que en la terminología bíblica hallamos algo impuro, porque no necesariamente tiene un contenido moral; es una advertencia ontológica, creacional: cada cosa en su sitio, no sea que volvamos al caos.
Mirando de reojo la versión de la LXX, es aún más fácil entroncar este principio absoluto con el principio intemporal del evangelio joánico. 'En 'arjê, vierte el griego el B'reshit hebreo. Estas palabras han dado lugar a numerosas interpretaciones, antiguas y modernas. Se han tomado generalmente en sentido temporal ("Al principio"), pero a veces reciben un sentido instrumental, como indicando el molde con el Dios creó, ordenó el caos; con qué pricipios contaba: su Sabiduría (Prov 8,22: "El Señor me estableció al principio de sus tareas..."), que los rabinos ya habían identificado con la Torah; su Logos, el Verbo joánico. Algunos Padres de la Iglesia, apoyados en la etimología de reshit < sh =" cabeza," style="text-align: right;">JEREMÍAS LERA BARRIENTOS
jeremias@dabar.net
- La liturgia bautismal es de lo más significativo de esta noche, pues el Bautismo es la incorporación a Cristo Muerto y Resucitado. Debe procurarse que los bautizos de la Comunidad se realicen en esta noche. De no haberlos, el rito de la aspersión, recuerdo/renovación de nuestro bautismo, debe realizarse con todo solemnidad.
- Remarcar el canto del Aleluya y del Gloria, que se han omitido durante toda la Cuaresma.
- El lucernario y el pregón pascual, aunque sean ritos introductorios calan hondo en quienes participan en la celebración y debe aprovecharse su "tirón" para ahondar en el sentido de fiesta.
- El cirio pascual simboliza a Cristo resucitado: debe resaltar, por tanto, por su tamaño, su ornato, su colocación, su calidad (cera auténtica)...
- Remarcar todo aquello que ponga de manifiesto que estamos celebrando la principal fiesta de nuestra fe: adornos, luz, cantos, manteles del altar... No es superficial ni secundario el ágape posterior a la celebración que tiene lugar en muchas comunidades.
DIOS HABLA
Lecturas del Antiguo Testamento:
1.- Génesis 1,1-2,2
2.-Génesis 22,1-18
3.- Éxodo 14,15-15,1
4.- Isaías 54,5-14
5.-Isaías 55,1-11
6.- Baruch 3,9-15.32-4,4
7.- Ezequiel 36,18-28
Epístola: Romanos 6,3-11
Evangelio: Lucas 24,1-12
EXÉGESIS
Génesis 1,1 - 2,2
El relato de la creación nos advierte, nada más abrir la Biblia, de que vivimos en medio de un orden, en el que alguien se ha tomado la molestia de poner cada cosa en su lugar. Del caos primigenio (más que de la nada) ha surgido un cosmos, un orden limpio (= mundo ≠ inmundo). Como el rostro "afeitado" y acicalado con cosméticos que borran los rastros de la larga noche y del bostezo ("chaos") matutino. Cualquier atisbo de saltarse ese orden y de mezclar lo que con tanto cariño quiso separar el Creador se contemplará como algo in-mundo, impuro, como un asomar de nuevo el maremágnum, el totum revolutum primigenio. Por ello debemos tener cuidado cada vez que en la terminología bíblica hallamos algo impuro, porque no necesariamente tiene un contenido moral; es una advertencia ontológica, creacional: cada cosa en su sitio, no sea que volvamos al caos.
Mirando de reojo la versión de la LXX, es aún más fácil entroncar este principio absoluto con el principio intemporal del evangelio joánico. 'En 'arjê, vierte el griego el B'reshit hebreo. Estas palabras han dado lugar a numerosas interpretaciones, antiguas y modernas. Se han tomado generalmente en sentido temporal ("Al principio"), pero a veces reciben un sentido instrumental, como indicando el molde con el Dios creó, ordenó el caos; con qué pricipios contaba: su Sabiduría (Prov 8,22: "El Señor me estableció al principio de sus tareas..."), que los rabinos ya habían identificado con la Torah; su Logos, el Verbo joánico. Algunos Padres de la Iglesia, apoyados en la etimología de reshit < sh =" cabeza," style="text-align: right;">JEREMÍAS LERA BARRIENTOS
jeremias@dabar.net
LECTURA EPISTOLAR
El tema de la perícopa está anunciado con toda claridad en el v. 3: incorporación a Cristo por el bautismo. Aunque en él se menciona sólo la muerte de Cristo, el desarrollo muestra que Pablo también tiene en mente la resurrección.
Lo técnicamente más llamativo de estos versículos es la abundancia de términos compuesto con la partícula “con”, syn en griego, que no se perciben en la traducción. Por orden de aparición son, literalmente vertidos: “consepultados” (v. 4), “conplantados•” (v. 5), “concrucificar” (v. 6), “con-vivir” (v. 8). Evidentemente son barbarismos que ponen de relieve la unión del cristiano con el Señor Jesús.
Hay dos aspectos en esta unión: el tocante a Cristo, que es su muerte y, sobre todo, su vida nueva resucitada y exaltada participable por todos, y el referente al ser humano. En este texto se menciona sólo el bautismo, pero hay que tener en cuenta todo lo que el mismo Pablo ha dicho sobre la fe en el resto de la carta a los Romanos. No es algo mágico por medio de un simple rito, sino una actitud humana que se concreta en el bautismo.
Todo el párrafo está articulado sobre el binomio muerte-vida. Muerte de Cristo, muerte al pecado y a la vida de pecado por parte del cristiano; vida resucitada de Cristo y nueva vida del cristiano.
Por ser una vida lleva consigo acciones expresadas aquí con la metáfora de caminar en la nueva vida.
Finalmente, hay una serie de afirmaciones en pasado, las ya mencionadas y otras en futuro “viviremos con él” (v. 8) o en modo exhortativos, “consideraos muertos” (v. 11). Es uno de los textos más claros en lo referente a la escatología paulina, la tensión entre algo ya sucedido, actos de Cristo e incorporación a ellos del cristiano, y algo todavía no llevado a término, consumación definitiva de esa unión sin posible marcha atrás.
FEDERICO PASTOR
federico@dabar.net
EVANGELIO
1. Aclaraciones previas
V.1 El primer día de la semana, de madrugada: domingo, a partir de las seis de la mañana. Hasta esa hora era sábado, día de descanso preceptivo. Para los judíos el día comenzaba a las seis de la tarde. Jesús había muerto sobre las tres de la tarde del viernes, es decir, apenas tres horas antes del comienzo del sábado y, consiguientemente, sin tiempo para comprar y aromatizar el cadáver. Las mujeres acudieron al sepulcro en cuanto las condiciones legales y sociales se lo permitieron.
V.5 Despavoridas miraban al suelo: miedo religioso, que les impide mirar cara a cara no sea que mueran.
V.12 Y se volvió admirándose: admiración en el sentido de sorpresa, de extrañeza.
2. Texto
Las mujeres eran varias, tres de ellas mencionadas por sus nombres en el v.10. Van al sepulcro en cuanto pueden, pero en el sepulcro no encuentran el cadáver de Jesús. Perplejidad, desconcierto.
Dos hombres resplandecientes les dicen que Jesús ha resucitado, a la vez que les invitan a hacer memoria de que Jesús ya les había hablado de su muerte y su resurrección. El evangelista subraya expresamente el ejercicio de memoria por parte de las mujeres.
Las mujeres transmiten la noticia a los once y al resto, que la reciben como un sinsentido, una sinrazón, un disparate. Incredulidad general.
Pedro acude al sepulcro y constata sorprendido que en él sólo están las vendas, sin el cadáver.
3. Comprensión actualizante
Perplejidad, desconcierto, incredulidad, sorpresa, disparate, sinrazón. Ni las mujeres ni los hombres que habían escuchado a Jesús y convivido con él fueron presa fácil de la credulidad.
Por increíble que pueda seguir sonando, la noticia está ahí: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? Ha resucitado. Una verdad, no por inesperada, menos real.
ALBERTO BENITO
alberto@dabar.net
alberto@dabar.net
NOTAS PARA LA HOMILIA
¿Buscáis a Jesús, el crucificado? No está aquí.
En una noche como esta, en la que los símbolos de la celebración en la que estamos participando nos hablan de muchas aparentes paradojas (oscuridad, luz; cadenas, libertad; sequedad, agua; pecado, limpieza…) el evangelio, como conclusión de toda una historia de salvación que recordamos lectura tras lectura, nos lanza en el mensaje del ángel una simple frase que nos puede hacer sentir la plena alegría de lo que hoy vivimos. Jesús, el que ha muerte, ya no está aquí. Ha dejado de estar muerto.
Durante toda la Pascua que ahora inauguramos haremos multitud de explicaciones de lo que estos significa para nosotros. Es más: las haremos siempre, pues es nada menos que el centro de nuestra fe. Pero en esta noche santa, dejemos que la frase del ángel resuene en nosotros.
¿Buscáis a Jesús, el crucificado? Sí, le buscamos. Le buscamos en cientos de ocasiones en nuestra vida en las que nos empeñamos en descubrirle en tantos y tantos crucificados como vemos a nuestro alrededor. Vemos su rostro sangrante en las magulladuras de la mujer que por amor soporta los golpes de quien con ella convive sin haber sido capaz de mostrar siquiera un ápice de su humanidad. Vemos su rostro hambriento cada vez que ponemos la televisión y los noticieros nos muestran realidades ante las que nos sentimos desbordados; o más cerca de nosotros, lo vemos cuando a la hora de cierre pasamos cerca de supermercados y vemos a tanto indigente ignorado por administraciones públicas que escarban en la basura de esos comercios. Vemos su cara de pena en el huerto de los olivos de todos aquellos que sufren la soledad, la incomprensión, la tristeza, la depresión… de todos los que tienen que beber ese cáliz impuesto. Vemos la burla a la que le sometieron y a la que siguen sometiéndole cuando en ciudades como la que vivo la municipalidad utiliza la excusa de la higiene para echar del único refugio que les queda a los inmigrantes que se cobijan bajo los puentes, a golpe de manguera en la madrugada. Vemos de nuevo a Jesús entre nosotros cuestionado por no hacer acepción de personas, ideologías o maneras de vivir la sexualidad, en tantos como en esta sociedad que hace de la libertad su bandera siguen sintiéndose afectados porque el otro viva como quiera.
Buscamos a Jesús, que sigue muriendo cada día aquí y ahora. Por eso el anuncio del ángel, su invitación a no quedarnos parados ante la muerte, nos debe llevar a salir corriendo a buscar al Resucitado, a no dejar de encontrarle en todos esos Crucificados, pero sí que descubrirles con un rostro nuevo, transfigurado, resucitado. Podemos descubrir a ese Jesús que vive y nos anima a mantener muy viva la esperanza; a darnos cuenta que nuestro esfuerzo por luchar contra lo injusto hace surgir de la tierra baldía un pequeño brote que nos anuncia que el esfuerzo por cuidar lo sembrado empieza a dar fruto. Podemos verlo cuando la gente es capaz de responder a iniciativas que luchan contra la pobreza, contra la violencia de género o de fronteras, contra el hambre y la sed. Y todo en muchas ocasiones gracias a que Él sigue con nosotros, nos alienta, y los que en Él creemos nos esforzamos por construir su Reino.
Y podemos mantener muy viva y resucitada nuestra fe. Un a fe que se mantiene y apoya precisamente en que podemos descubrirle resucitado a nuestro lado. Él vive y su vida se transmite, se contagia, y ante cualquier atisbo de duda, podremos una y otra vez repetirnos que todo lo imposible, Él lo ha conseguido. ¡Hasta ablandar los corazones!
Y podemos vivir esa vida nueva que nos enseñó a llevar hasta las últimas consecuencias: la de vivir por amor. La de amar a todos, incluso –o sobre todo- al que menos lo merece. La de ser sembradores de vida, de cordialidad, de tolerancia, de perdón, de esperanza, en medio de un mundo que hoy necesita todo lo que esta noche estamos expresando: fuego que alivie el frío que creamos los que lo poblamos; luz que disipe las tinieblas y los oscurantismos; cantos de alegría que proclamen que esto ‘no se hunde’; escuchar que la salvación hoy sigue cumpliéndose; y mostrarles que hoy, como el día de nuestro bautismo, asumimos y vivimos el compromiso de buscar siempre lo bueno y construir el Reino que Dios nos regala y que agradecemos cada vez que durante el año repitamos en cada Eucaristía esta misma celebración que ahora vamos a continuar.
RAMÓN GARCÍA
ramon@dabar.net
ramon@dabar.net
LA MISA DE HOY
RITO DEL FUEGO
ENTRADA
Sed todos bienvenidos a esta celebración de la Vigilia Pascual. La fuente, la “madre” de todas las vigilias, de todas las celebraciones del año cristiano. La noche santa en que Jesús ha pasado de la muerte a la vida: Cristo, ha resucitado.
En esta noche todo nos habla del triunfo de Jesús sobre la muerte, todo está lleno de su resurrección. Primero será la luz nueva de la Pascua, después la Palabra de Dios nos irá recordando como Dios se ha hecho presente en nuestra historia; más adelante el agua nos hablará de la vida nueva en el Bautismo, y por último, en esta Eucaristía de Pascua, el pan y el vino, serán consagrados, serán para nosotros Cuerpo y Sangre de Jesús, el Resucitado.
Comienza esta Vigilia Pascual con la Bendición del fuego. De él encendemos el Cirio Pascual, que simboliza a Cristo Resucitado, presente en medio de su Iglesia. Queremos que Cristo sea nuestra luz. Que nuestra fe en él, ilumine nuestra vida. Al recibir la luz del cirio, y pasarla a otros cristianos, queremos hacernos testigos de la Resurrección del Señor, de esta buena noticia de vida y esperanza para todos.
Feliz y gozosa Pascua de Resurrección.
PREGÓN PASCUAL
Las buenas noticias deben ser escuchadas por todos. Que nadie se quede sin oírlas. En esta Noche Santa vamos a proclamar, a pregonar la mejor de las noticias, pues en ella nos va la vida, la noticia más esperada: la Resurrección de Jesucristo. Escuchemos y contemplemos como Dios se ha hecho presente en nuestra historia. El la ha transformado en historia de Salvación. Cristo resucitado constituye el momento cumbre del proyecto de Dios para el hombre. Dios Padre quiere que esta vida nueva de la Pascua se extienda a todos.
LITURGIA DE LA PALABRA
LECTURAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO
Dios no ha permanecido en silencio. Él a lo largo de los siglos, nos ha ido hablando, se ha comunicado con nosotros. Nos ha ido, poco a poco mostrando su rostro. Las lecturas que vamos a escuchar ahora nos cuentan alguno de los momentos del Plan de Dios para la humanidad. La lectura del libro del Éxodo que escucharemos, nos narra como Israel pasa el mar Rojo, pasa de la esclavitud de Egipto a la libertad, de la servidumbre al servicio. Este paso es símbolo de la Resurrección de Jesús: de la muerte a la vida. Por el bautismo participamos también nosotros de esa nueva vida.
EPISTOLA
San Pablo nos recuerda que ser bautizado en Jesucristo es participar, ya ahora, de su muerte y resurrección. Es morir al pecado, ya que el hombre "viejo" ha sido crucificado con Cristo. Es comenzar una nueva vida, pues participamos de la resurrección de Cristo. Ser bautizado nos lleva a unirnos totalmente a Jesús. Él nos ha hecho libres para que podamos vivir como Hijos de Dios. La vida nueva que Él nos regala ha de manifestarse en la manera en que pensamos, sentimos y actuamos. Ser bautizado en Cristo implica vivir su Evangelio: ser Hijos de Dios y hermanos de todos lo hombres.
SALMO RESPONSORIAL (Sal. 117)
Aleluya, aleluya, aleluya.
Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia.
Aleluya, aleluya, aleluya.
La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es excelsa. No he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor.
Aleluya, aleluya, aleluya.
La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente.
Aleluya, aleluya, aleluya.
LECTURA EVANGELICA
Vamos a escuchar el anuncio de la Resurrección de Jesús. El Evangelio de esta noche proclama el núcleo de nuestra fe. “¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí. HA RESUCITADO”. Los dos primeros testigos de la resurrección son las mujeres. Ellas después de oír la gran noticia de la Pascua: el triunfo de Jesucristo sobre la muerte, recuerdan las palabras de Jesús sobre su destino. Los miedos y las dudas desaparecen. Ellas, nerviosas y llenas de gozo, van a comunicar a los demás la buena noticia.
LITURGIA BAUTISMAL
LETANÍAS/BENDICION DEL AGUA
El símbolo del agua hace referencia al Bautismo. En este Sacramento recibimos la vida nueva de Jesús. Ahora, después de haber escuchado la palabra de Dios, el agua bautismal va a ser el centro de nuestra celebración. El agua que significa nuestra incorporación a Jesucristo muerto y resucitado, el agua viva y fecunda que nos hace hijos de Dios Padre.
Oramos a Dios para que descienda su bendición sobre esta agua para que los bautizados en ella (o los que vamos a recibir la aspersión bautismal) vivamos (y renovemos) nuestro Bautismo -que nos hace hijos y hermanos en Cristo- en fidelidad a Dios Padre y en servicio y entrega a los demás.
RENOVACIÓN DE LAS PROMESAS BAUTISMALES/ASPERSIÓN
Nuestra palabra y el agua bautismal derramada sobre nosotros, nos ayuda a hacer memoria agradecida y testimonial de nuestro Bautismo. Que el Señor nos ayude para vivir fieles al regalo de la nueva vida que Él nos ha concedido, por medio del Bautismo.
ORACION DE LOS FIELES
Presentamos, en esta noche, a Jesús, el Señor resucitado, nuestra oración. Él con su muerte y resurrección renueva nuestro mundo. Oremos diciendo: JESUS RESUCITADO, ESCUCHANOS.
- Por todos los cristianos de la tierra que en esta noche estamos celebrando con gozo la Resurrección de Cristo, para que seamos renovados con la gracia de la Pascua. Oremos
- Por aquellos que rigen los destinos de los pueblos, para que la Resurrección de Jesús ilumine sus proyectos y decisiones, y sea posible la paz y el desarrollo, la justicia y el perdón en todas las naciones. Oremos
- Por los hombres y mujeres del mundo entero que sufren en su cuerpo o en su espíritu; para que puedan participar de la nueva vida que Dios da a toda la humanidad. Oremos.
- Por los niños y adultos que han recibido (recibirán en este tiempo de Pascua) en esta noche el Bautismo y la Confirmación, para que vivan de forma coherente su fe en Jesucristo, y siempre estén acompañados por el testimonio y ayuda de los que ya somos cristianos. Oremos
- Por esta comunidad (parroquial) que en esta noche estamos celebrando juntos la Resurrección de Jesús, para que la vivencia y la alegría de este día nos empuje a vivir el Evangelio de Jesús de forma auténtica y fraterna. Oremos.
Oración: Jesús resucitado, escucha nuestra oración. Ayúdanos a vivir siempre animados por la fuerza del Espíritu Santo, para participar así de tu triunfo sobre la muerte.
CANTOS PARA LA CELEBRACIÓN
Lucernario: La antífona del Misal Luz de Cristo, El Señor es mi luz (Taulé), Cuando llega la luz (Borja), Oh, luz gozosa (Deiss).
Salmo: Pueden tomarse del Libro del Salmista o se sugieren los siguientes: Oh, Señor, envía..., (1 CLN252); Cantemos al Señor (de Manzano); Te ensalzaré, Señor, de Cantalapiedra; Tu palabra me da vida; Como el ciervo (1 CLN-A 2).
Gloria: De la Misa de Palazón o de Angelis.
Aleluya-Salmo: Este es el día en que actuó el Señor.
Liturgia Bautismal: Un solo Señor; Una nueva vida (1 CLN-426); Iglesia santa (1 CLN-428); Juntos como hermanos.
Ofertorio: Música instrumental.
Santo: de Aragüés.
Aclamación al Memorial: 1CLN-J 2
Comunión: Yo le resucitaré (=Yo soy el Pan de Vida) (2 CLN-O 38); Canta con júbilo... resucitó (1 CLN-219); Resucitó, de Kiko Argüello; Hoy el Señor resucitó (versión de un canto americano).
Final: Regina Coeli, o se puede escuchar el Aleluya, de Haendel, u otro tema clásico triunfal.








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