Publicado por Entra y Veras
Viernes Santo. El horizonte se torna oscuro y se tiñe de sangre. Jesús en la cruz abandera justicia, perdón y libertad.
Hoy es día de preguntas. Si nos calzamos los botines de la teología podemos caer en una explicación demasiado simple de lo que hoy acontece. El famoso “cordero degollado” nos puede dejar la cabeza caliente y los pies fríos.
Hemos de afirmar alto y claro que Jesús muere en la cruz porque no le queda más remedio si quiere ser consecuente con lo que ha venido proclamando a lo largo de su vida. Desde siempre la sociedad se ha quitado de en medio a las personas que molestan. Se han acallado las voces que molestan. Con Jesús quisieron dar un escarmiento para que nadie volviese a levantarse pero no les salio bien del todo porque jamás la violencia podrá acabar con el amor.
Jesús hoy sufre sin ahorrar una sola gota de dolor. Experimenta la soledad absoluta de la muerte mientras los demás se ríen.
Si buscamos una relación con nuestra vida, veamos cómo tiene relación con la sangre de los inocentes abusados. Es el dolor de quien se estremece por el mal de otros. Es el cansancio de quien se esfuerza para intentar construir algo bueno. Es el vaciamiento de quien va dando la vida, poco a poco, por amor. Es la duda mordiente de quien da el salto de la fe, cuando callan las certezas. Es la sensación de fracaso de algunas veces, cuando no acompañan los resultados…
Esto es lo que celebramos hoy. La muerte reclama su sitio entre los vivos. Agarrémonos a los brazos de Jesús para poder seguir adelante y esperar el nuevo horizonte de la vida: resurrección.
Roberto Sayalero Sanz, agustino recoleto.
Colegio San Agustín (Valladolid, España)
Hoy es día de preguntas. Si nos calzamos los botines de la teología podemos caer en una explicación demasiado simple de lo que hoy acontece. El famoso “cordero degollado” nos puede dejar la cabeza caliente y los pies fríos.
Hemos de afirmar alto y claro que Jesús muere en la cruz porque no le queda más remedio si quiere ser consecuente con lo que ha venido proclamando a lo largo de su vida. Desde siempre la sociedad se ha quitado de en medio a las personas que molestan. Se han acallado las voces que molestan. Con Jesús quisieron dar un escarmiento para que nadie volviese a levantarse pero no les salio bien del todo porque jamás la violencia podrá acabar con el amor.
Jesús hoy sufre sin ahorrar una sola gota de dolor. Experimenta la soledad absoluta de la muerte mientras los demás se ríen.
Si buscamos una relación con nuestra vida, veamos cómo tiene relación con la sangre de los inocentes abusados. Es el dolor de quien se estremece por el mal de otros. Es el cansancio de quien se esfuerza para intentar construir algo bueno. Es el vaciamiento de quien va dando la vida, poco a poco, por amor. Es la duda mordiente de quien da el salto de la fe, cuando callan las certezas. Es la sensación de fracaso de algunas veces, cuando no acompañan los resultados…
Esto es lo que celebramos hoy. La muerte reclama su sitio entre los vivos. Agarrémonos a los brazos de Jesús para poder seguir adelante y esperar el nuevo horizonte de la vida: resurrección.
Roberto Sayalero Sanz, agustino recoleto.
Colegio San Agustín (Valladolid, España)








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