NOTAS PARA EL VIERNES SANTO
- El paso previo a la Pascua fue la Muerte del Señor; por eso ésta es la segunda celebración en importancia.
- La muerte del Señor la vivimos en esta celebración de dos maneras: con la lectura de la Pasión y con la Adoración de la Cruz. Son, por tanto, los dos momentos centrales.
- La lectura de la Pasión no es una dramatización, sino una Proclamación de la Palabra de Dios. Debe hacerse con dignidad, con solemnidad, siguiendo cualquiera de las formas ya conocidas: lectura seguida, por bloques, intercalando momentos musicales, por uno o por tres lectores...
- Para la adoración de la Cruz se debe usar una Cruz de madera, grande para que sea visible, facilitando que todos participen en el rito, con cantos apropiados.
- La Cruz es la paradoja de Dios: donde vemos muerte, Dios pone vida; donde hemos puesto odio, Dios pone amor. La celebración debe "mostrar" esta paradoja a la comunidad celebrante.
- Hoy no es día eucarístico: no se celebra la Eucaristía, aunque se comulga con el Pan consagrado el Jueves Santo y que ha permanecido en el Monumento.
DIOS HABLA
Primera lectura: Isaías 52,13-53,12
Segunda lectura: Hebreos 4,14-16; 5,7-9
Evangelio: Juan 18,1-19,42
EXÉGESIS
“La doctrina del sufrimiento expiatorio encuentra una suprema expresión en estos versículos –afirma el ‘Comentario Bíblico San Jerónimo’-; el estilo y la idea se compenetran de tal forma que pocos pasajes de la Biblia alcanza tal poder de expresión, equilibrio y contraste. El estilo es cortado, sollozante y reiterativo con la entonación constante de sonidos u y o, propios de la elegía”.
Y es que en estos quince versículos se encierra la más escandalosa práctica del amor redentor, el sufrimiento del justo que voluntariamente carga con los pecados de los demás y los redime. Es la aceptación del dolor, de la injusticia, de la humillación redentora. Hablamos de la ‘divinización de las pasividades’, de que hablaba Teilhard de Chardin. Pasividades que no siempre son ‘de crecimiento’, aquellos tropiezos por los que hay que atravesar hacia una meta: subir la montaña con todo su agotamiento que puede ser de muerte, pero que culmina cuando alguien alcanza la cima y disfruta del paisaje que le compensa sobradamente el esfuerzo. Por el contrario en las ‘pasividades de disminución’ no hay ganancia alguna más allá del hecho de que Dios llena el vacío en nuestro interior para llenarlo con su amor. La mayor ganancia. La mayor ganancia, cuando pueden vivirse desde la fe estas ‘pasividades de disminución’. Pero un fracaso total cuando no se vive con los ojos de la fe ese camino de redención.
Estos poemas describen con fuerza el sufrimiento del Pueblo de Israel, pero resulta imposible identificar al Pueblo con el Siervo, ya que éste aparece como justo paciente y silencioso; no se rebela, no grita, no exige explicaciones a nadie… y no es culpable de nada.
Y sin embargo se anuncia su triunfo final ‘Le daré una multitud como parte y tendrá como despojo una muchedumbre’.
¿No nos trae a la memoria la recompensa que se da a Abrahán por su fe y confianza en Dios? “Te daré una multitud, creyó Abrahán y le fue contado en su haber” (Ge. 15,4).
De esta raíz arranca una revelación, clave para nuestra fe: Cristo es el Siervo de Yavé que desciende a la extrema humillación (Fil. 1,7-8: “Se humilló, se hizo obediente hasta la muerte, una muerte en cruz”). Y ya toda la vida de Jesús ha de leerse en clave de redención por la humillación. Sólo así San Juan puede reconocer que la exaltación, la glorificación de Cristo se realice precisamente en la cruz.
SEGUNDA LECTURA
Lo más destacable de Hebreos en comparación con todos los demás escritos del NT es la cuidadosa estructuración de los temas. El lector ordinario quizás no caiga en la cuenta del artificio literario, pero percibe el efecto: el centro de todo el escrito es la presentación de Cristo como Sumo Sacerdote y Mediador de la salvación, tema expuesto en la sección central (7,1-10,18).
Esta sección central tiene una especie de introducción en 4,14-16, justo los primeros versículos de la lectura de hoy. Es muy importante percatarse del concepto de “sacerdote” aplicado a Cristo, lo cual no se logra sino habiendo leído toda la sección dedicada a este tema. No conviene en absoluto dejarse despistar por la terminología cultual o litúrgico o por las alusiones a ritos veterotestamentarias ya superados sino atenerse a lo que el autor dice.
Lo que le interesa es destacar la función salvadora/mediadora de Cristo, por lo cual subraya la condición superior a los ángeles de Jesús, condición divina podría decir, y su solidaridad, el Hijo de Dios, con nosotros, de modo particular en nuestras debilidades y flaquezas. Ello hará que los cristianos tengan confianza por sentirse “comprendidos desde dentro”. Es un tema que irá apareciendo en toda la exposición. Es darle un poco la vuelta a la concepción más tradicional del sacerdote que es de separación del resto del pueblo.
Cristo es mediador no cultual, sino existencialmente, uniendo en su persona los dos extremos, lo divino y lo humano. Pero el escrito insiste en esto segundo por ser más difícil de aceptar para los creyentes.
La función salvadora de Cristo queda posibilitada precisamente por su entronque total con la condición humana y en ese sentido la combinación de los dos párrafos de la lectura, separados en el contexto del escrito, es acertada.
Porque los vv. 5,7-9 insisten en el paralelismo de la vida y situación del Cristo “en su vida mortal” con las de los seres humanos.. Cabe ver en los vv. 7-8 una alusión a la Oración del Huerto, aunque sin excluir otros momentos de la vida del Señor. En todo caso es destacar la igualdad de condiciones entre Cristo y sus hermanos.
La oración es, dado el contexto, para ser librado de esas angustias y es paradójico que se diga que “fue escuchado”, cuando sabemos que no fue ése el final. Una posible interpretación de esa escucha – por cierto aplicable a muchas oraciones de petición – es la de que el Padre no dio a Cristo lo que imploraba directamente, sino algo superior: la fuerza suficiente para llevar a cabo su misión.
Hay que prestar atención a la expresión “llevado a la consumación” en la traducción, porque se trata de una forma de hablar de la “ordenación sacerdotal” de Cristo que, como aparecerá más tarde, ocurre en su muerte (cfr. 8,1—9,28). Es la culminación de su solidaridad con los seres humanos, aceptando su destino más oscuro, el de morir.
1. Jn 18,1-27
Huerto en la ladera que, desde el este, mira a Jerusalán. Aquí es arrestado Jesús. Aquí comienza el enaltecimiento de Jesús. YO SOY. Es Jesús quien pone en marcha los acontecimientos. Nadie diría que él es el arrestado. Retrocedieron y cayeron a tierra. Jesús es teofanía: presencia divina que impone y aterra. Es la hora del enaltecimiento de Jesús. Os he dicho que yo soy. Jesús dicta el curso de los acontecimientos. A éstos dejadlos marchar. Se lo dicta a quienes lo detienen y se lo dicta a Simón Pedro, que malentiende la hora. Envaina tu espada. La autoridad y el señorío de Jesús tienen origen en su Padre. La hora de Jesús es también la hora del Padre: ambos comparten cáliz. Yo y el Padre somos uno (10,30).
Del huerto pasa Jesús a presencia de Anás primero y de Caifás después. Jesús es tratado ya como reo convicto. En realidad, el proceso y la decisión han tenido ya lugar (11,47-53). El autor lo recuerda aduciendo el parecer entonces expuesto por Caifás: Conviene que muera un solo hombre por el pueblo. ¡La gran verdad de la muerte de Jesús!
Lo que al autor le interesa ahora no es el proceso, sino las reacciones ante el reo, al fin detenido. La primera, y más detalladamente descrita, es la reacción de Simón Pedro. Reacción anticipada en 13,36-38. Pero no por prevista, menos contundente y significativa. ¡Qué gran esfuerzo es el amor! El amor se acrisola en silencio. Pedro no entiende todavía esto. Alardea demasiado de amor.
La segunda reacción es de uno de los presentes en casa de Anás. Es la reacción de quien es servil con el fuerte y prepotente con el débil. Si la de Pedro es la reacción de quien todavía no sabe amar, la del asistente es la reacción de quien carece de razón.
2. Jn 18,28 - 19,16
En presencia de Pilato, que tiene poder para dejar libre a Jesús o para condenarlo a muerte. Instancia política suprema en Israel, instancia judicial suprema.
¿Por qué? ¿Qué has hecho? Es la pregunta lógica en quien tiene que dictar sentencia.
Nosotros tenemos una ley, y según esa ley tiene que morir, porque se ha declarado Hijo de Dios. Es el cargo y la petición de pena que hace la acusación.
El cargo es la cuestión de fondo en toda la escena, lo que explica, por una parte, la postura inamovible y hasta frenética de la acusación y, por otra, el miedo del juez. Tenemos una ley. ¿De dónde eres? A la acusación le ampara la ley; al juez, el miedo inevitable. Difícilmente podía Jesús quedar impune en estas circunstancias. Entonces se lo entregó para que lo crucificaran.
Era el día de la preparación de la Pascua, hacia el mediodía, cuando esto sucedía. Justamente, cuando muy cerca, en el templo, se iniciaba el sacrificio de los corderos, que a partir de las seis de la tarde serían comidos en la cena de Pascua, la cena conmemorativa de la liberación de la esclavitud.
Retrotrayéndonos al momento en que Jesús entra en escena en el cuarto evangelio leemos lo siguiente: Ve Juan acercarse a Jesús y dice: Ahí esta el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo (1,29). Aquí, en efecto, está el cordero iniciando su sacrificio. Se lo entregó para que lo crucificaran. Empieza la liberación.
Destruid este templo, había dicho Jesús a los judíos refiriéndose a su cuerpo (2,19). Es lo que ahora se disponen a hacer legalmente.
¿No veis que es mejor que muera uno solo por el pueblo y que no perezca toda la nación? (2,50), había dicho Caifás.
Ahora comienza el juicio de este mundo y el príncipe de este mundo va a ser expulsado. Cuando yo sea elevado de la tierra, atraeré a todos hacia mí, había dicho Jesús en 12,31-32.
Ha llegado la hora (17,1). Momento trascendental de la historia. Jesús está atestiguando la Verdad.
3. Jn 19,16-42
Cargando él mismo con la cruz camino del Gólgota, donde lo crucificaron.
Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces sabréis que yo soy (8,28). Es el enaltecimiento de Jesús, la suprema manifestación de su ser. Jesús es teofanía, pero en el Gólgota la presencia divina no aterra. Momento de alcance universal: el latín y el griego, las lenguas universales de entonces, lo dan a conocer. El momento de la Verdad. El cordero ha sido sacrificado, la liberación se ha producido, el pecado ha sido contrarrestado, el príncipe de este mundo ha sido expulsado.
Está cumplido. Ahora ya hay Espíritu, pues Jesús ha sido glorificado. La gran familia de los hijos de Dios tiene en María a su madre.
Nos dice Juan, en la Pasión que acabamos de leer, cómo detienen a Jesús en medio de la noche, es decir, en ese ámbito que designa, simbólica y literariamente, el estado anímico en que se encuentra el ser humano, abrumado por los golpes de la vida e interrogado por las preguntas que su interior hace aflorar para intentar estrujarle a la existencia un algo de sus misterios más íntimos y recónditos.
La noche, sinónimo de sombra, oscuridad, tiniebla y muerte. ¡Qué mal se encuentra el hombre del siglo de las luces y de las claridades ante los temas de la penumbra existencial! La desorientación le asola.
¡Qué mal se siente el hombre de hoy, que busca ansiosamente sentir la vida, ante la experiencia de la muerte! Descolocado
¡Qué mal lo pasa la humanidad del ruido y el estruendo del ocio ante el silencio del Misterio! Desangelado
¡Qué mal se ve el ser humano, acostumbrado al caos circulatorio de nuestra civilización del automóvil, ante la ruta de la vida que no ve y no controla! Descaminado
¡Qué confusión experimenta cualquiera de nosotros, en esta sociedad de la información, en los intentos por descubrir la verdad entre tantos medios de comunicación que nos incomunican!
¡Qué solo se encuentra cada cual en la experiencia del dolor, en la angustia de la enfermedad, en la espera de la muerte!
No hace mucho oíamos historias de supervivientes entre las ruinas y escombros de Haití, intentando hacerse oír y esperando una mano que los arrancara de la prisión física de las casas hundidas y de la angustia vital, que los sacara de la muerte.
Hoy celebramos el descenso de Cristo a los infiernos. La experiencia que hizo de nuestro miedo más atroz. Su paso por los oscuros pasadizos de la vida. La sensación de encontrarnos perdidos para nosotros mismos, sin palabras que digan todo lo que añoramos y no podemos alcanzar.
Como había reflejado el autor del libro de Jonás poniendo al personaje en el fondo del vientre del gran pez. Como vivió Jesús en propia carne. Como hemos oído en la narración de la pasión que es la narración del viaje de la vida. ¿Un viaje hacia la muerte o un viaje hacia la Vida?
En la contemplación de ese gran y misterioso viaje aparecen los paisajes de la vida: el mal, el amor, la verdad, la luz, el futuro, la esperanza, la muerte.
Podemos sentir como Jonás la oscuridad vital de nuestro ambiente y de nuestra cultura que cierra el paso a la luz. Podemos sentir, como Jesús, que en este viaje, donde quiera que estemos, aun sin encontrarnos, Dios sí nos encuentra y acompaña. Él está, Él nos sostiene. Él nos salva.
La muerte de Jesús nos trae el silencio, como el dolor y el mal del mundo nos trae la confusión y la rebeldía. ¿Habrá un amanecer de un nuevo día que dé origen a una semana nueva?
MONICION DE ENTRADA
Celebramos hoy la Pasión y la Muerte de Nuestro Señor Jesucristo. La cruz es signo de muerte y sufrimiento, pero desde Jesús, es a la vez anticipo de vida y resurrección. La confianza de Jesucristo en Dios su Padre, su amor abundante, gratuito y fiel a toda la humanidad son claves que nos pueden ayudar a vivir intensamente esta celebración en este Viernes Santo.
Tres partes tiene nuestra liturgia de esta tarde: La liturgia de la Palabra, en la que escucharemos lo que Dios nos dice sobre la muerte salvadora de su Hijo; La Adoración de la Cruz: en la que podremos venerar la Cruz gloriosa, victoriosa del Señor Jesús, y La Sagrada Comunión: comeremos el Cuerpo de Jesucristo, que se entrega por nosotros para conducirnos a la vida plena.
Iniciamos esta celebración poniéndonos de rodillas, y en silencio orante y confiado
LECTURA NARRATIVA
El profeta Isaías nos presenta al Siervo de Dios, Cristo, que siendo inocente sufre por nuestros pecados, y nos salva a todos los hombres. Cristo está en los que sufren. El sufre con los que sufren. Está muriendo en los que mueren. Pero el dolor no tiene la última palabra. El camino de la cruz, del sufrimiento conduce a la victoria, a la gloria, a la vida.
SALMO RESPONSORIAL (Sal 30)
Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.
A ti, Señor, me acojo: no quede yo nunca defraudado; tú que eres justo, ponme a salvo.
Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.
A tus manos encomiendo mi espíritu: tú, el Dios leal, me librarás.
Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.
Soy la burla de todos mis enemigos, la irrisión de mis vecinos, el espanto de mis conocidos; me ven por la calle y escapan de mí.
Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.
Me han olvidado como a un muerto, me han desechado como a un cacharro inútil. Pero yo confío en ti, Señor, te digo: «Tú eres mi Dios.» En tu mano están mis azares; líbrame de los enemigos que me persiguen.
Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.
Haz brillar tu rostro sobre tu siervo, sálvame por tu misericordia. Sed fuertes y valientes de corazón, los que esperáis en el Señor.
LECTURA APOSTOLICA
Cristo, el sumo sacerdote, semejante en todo a nosotros, menos en el pecado, nos da seguridad para acercarnos al Padre con confianza. Jesús nos reconcilia a los hombres con Dios por medio del sacrificio de su vida. Es nuestro mediador con el Padre. En la oración de Jesús vemos como el deseo humano de librarse de la Cruz, da paso a la obediencia confiada a la voluntad de Dios, hasta la muerte. Su sufrimiento se convierte, a través de la súplica, en ofrenda al Padre.
LECTURA EVANGELICA
En este día en que celebramos la muerte del Señor vamos a escuchar el relato de la Pasión de Jesús. La Cruz, para el evangelista san Juan, es el momento de la glorificación y exaltación de Cristo. Él muere confiado en el amor y en la fuerza de Dios. Es la hora de Jesús: su "paso" de este mundo al Padre. La hora en que la humanidad entra en comunión de vida con Dios. Escuchar la Pasión no es sólo una invitación a creer en Jesús es una llamada a comprometernos en el camino que lleva a la cruz. Cristo es el cordero pascual que nos conduce de la muerte a la vida
ORACION UNIVERSAL
La cruz de Cristo es el amor de Dios Padre hecho certeza victoriosa. No se puede dudar que Dios nos salva, nos perdona, nos ama. Jesucristo, su Hijo, ha dado la vida por nosotros. La cruz de Jesús es vida para todos. En este momento de nuestra celebración elevamos nuestras súplicas a Dios para que nadie quede fuera de ese amor, de esa vida que brota del “árbol” de la Cruz. Rezamos por todos, por todos los cristianos, por todos los hombres y mujeres del mundo.
ADORACIÓN DE LA CRUZ
En la liturgia de esta tarde, la Cruz de Jesucristo ocupa el centro de nuestro encuentro. Signo de dolor, de humillación, de amor, de victoria, de salvación. Vamos a adorarla, a besarla. Adorar la Cruz es adorar a Cristo. Es agradecerle su entrega por amor, un amor que da la vida para librarnos de la muerte y el sinsentido. Es contemplar a los que, como Él, hoy están crucificados; a los que son víctimas de la maldad y el olvido humanos. La Cruz de Jesús es luz que ilumina nuestros sufrimientos, nuestras cruces personales y comunitarias.
RITO DE LA COMUNION
Vamos a comulgar el Cuerpo de Cristo. El pan consagrado ayer, en la Eucaristía en la Cena del Señor, nos alimenta también en esta tarde del Viernes Santo. Comulgar a Cristo nos compromete a hacer nuestro el camino de Jesús: su entrega total y gratuita. Si nuestra vida ha de estar llena de la misma caridad de Jesús no podemos olvidar la Cruz.
DESPEDIDA
Hemos celebrado y vivido la entrega de Jesús, la muerte de Jesús, en la cruz. Podríamos pensar que todo termina aquí. Pero no es así: en la cruz está la muerte, pero también está la vida, la victoria y la gloria. La Cruz del Viernes Santo no es el final de la vida de Jesús, sino una etapa que nos lleva al triunfo de la Resurrección.
Mañana nos reuniremos a las…. para celebrar la Vigilia Pascual. Para nosotros los cristianos es, debería ser, la celebración más importante de todo el año litúrgico. Proclamaremos la gran noticia: Cristo Jesús, ha resucitado. Todos estamos llamado a vivir y participar en esta celebración.
Salmo Responsorial: LdS o el estribillo del salmo A tus manos, Señor mi Dios, del disco "Viviremos con El".
Aclamación antes del Evangelio: Cristo por nosotros, del disco "Hoy vuelvo de lejos".
Lectura de la Pasión: Quizá convenga intercalar alguna melodía sencilla, por ejemplo, Perdona a tu pueblo, Señor.
Adoración de la Cruz: Oh, Cruz fiel, del disco "Cantos para el año litúrgico"; Victoria, tú reinarás, A la hora de nona, del disco "Cristo libertador"; Oh Cruz, te adoramos, de Madurga.
Comunión: Delante de ti, Señor mí Dios, del disco "Cantos para participar y vivir la Misa"; Cerca de ti, Señor; Acerquémonos todos (2 CLN-O 24).
- La muerte del Señor la vivimos en esta celebración de dos maneras: con la lectura de la Pasión y con la Adoración de la Cruz. Son, por tanto, los dos momentos centrales.
- La lectura de la Pasión no es una dramatización, sino una Proclamación de la Palabra de Dios. Debe hacerse con dignidad, con solemnidad, siguiendo cualquiera de las formas ya conocidas: lectura seguida, por bloques, intercalando momentos musicales, por uno o por tres lectores...
- Para la adoración de la Cruz se debe usar una Cruz de madera, grande para que sea visible, facilitando que todos participen en el rito, con cantos apropiados.
- La Cruz es la paradoja de Dios: donde vemos muerte, Dios pone vida; donde hemos puesto odio, Dios pone amor. La celebración debe "mostrar" esta paradoja a la comunidad celebrante.
- Hoy no es día eucarístico: no se celebra la Eucaristía, aunque se comulga con el Pan consagrado el Jueves Santo y que ha permanecido en el Monumento.
DIOS HABLA
Segunda lectura: Hebreos 4,14-16; 5,7-9
Evangelio: Juan 18,1-19,42
EXÉGESIS
PRIMERA LECTURA
“La doctrina del sufrimiento expiatorio encuentra una suprema expresión en estos versículos –afirma el ‘Comentario Bíblico San Jerónimo’-; el estilo y la idea se compenetran de tal forma que pocos pasajes de la Biblia alcanza tal poder de expresión, equilibrio y contraste. El estilo es cortado, sollozante y reiterativo con la entonación constante de sonidos u y o, propios de la elegía”.
Y es que en estos quince versículos se encierra la más escandalosa práctica del amor redentor, el sufrimiento del justo que voluntariamente carga con los pecados de los demás y los redime. Es la aceptación del dolor, de la injusticia, de la humillación redentora. Hablamos de la ‘divinización de las pasividades’, de que hablaba Teilhard de Chardin. Pasividades que no siempre son ‘de crecimiento’, aquellos tropiezos por los que hay que atravesar hacia una meta: subir la montaña con todo su agotamiento que puede ser de muerte, pero que culmina cuando alguien alcanza la cima y disfruta del paisaje que le compensa sobradamente el esfuerzo. Por el contrario en las ‘pasividades de disminución’ no hay ganancia alguna más allá del hecho de que Dios llena el vacío en nuestro interior para llenarlo con su amor. La mayor ganancia. La mayor ganancia, cuando pueden vivirse desde la fe estas ‘pasividades de disminución’. Pero un fracaso total cuando no se vive con los ojos de la fe ese camino de redención.
Estos poemas describen con fuerza el sufrimiento del Pueblo de Israel, pero resulta imposible identificar al Pueblo con el Siervo, ya que éste aparece como justo paciente y silencioso; no se rebela, no grita, no exige explicaciones a nadie… y no es culpable de nada.
Y sin embargo se anuncia su triunfo final ‘Le daré una multitud como parte y tendrá como despojo una muchedumbre’.
¿No nos trae a la memoria la recompensa que se da a Abrahán por su fe y confianza en Dios? “Te daré una multitud, creyó Abrahán y le fue contado en su haber” (Ge. 15,4).
De esta raíz arranca una revelación, clave para nuestra fe: Cristo es el Siervo de Yavé que desciende a la extrema humillación (Fil. 1,7-8: “Se humilló, se hizo obediente hasta la muerte, una muerte en cruz”). Y ya toda la vida de Jesús ha de leerse en clave de redención por la humillación. Sólo así San Juan puede reconocer que la exaltación, la glorificación de Cristo se realice precisamente en la cruz.
TOMÁS RAMÍREZ
tomas@dabar.net
tomas@dabar.net
SEGUNDA LECTURA
Lo más destacable de Hebreos en comparación con todos los demás escritos del NT es la cuidadosa estructuración de los temas. El lector ordinario quizás no caiga en la cuenta del artificio literario, pero percibe el efecto: el centro de todo el escrito es la presentación de Cristo como Sumo Sacerdote y Mediador de la salvación, tema expuesto en la sección central (7,1-10,18).
Esta sección central tiene una especie de introducción en 4,14-16, justo los primeros versículos de la lectura de hoy. Es muy importante percatarse del concepto de “sacerdote” aplicado a Cristo, lo cual no se logra sino habiendo leído toda la sección dedicada a este tema. No conviene en absoluto dejarse despistar por la terminología cultual o litúrgico o por las alusiones a ritos veterotestamentarias ya superados sino atenerse a lo que el autor dice.
Lo que le interesa es destacar la función salvadora/mediadora de Cristo, por lo cual subraya la condición superior a los ángeles de Jesús, condición divina podría decir, y su solidaridad, el Hijo de Dios, con nosotros, de modo particular en nuestras debilidades y flaquezas. Ello hará que los cristianos tengan confianza por sentirse “comprendidos desde dentro”. Es un tema que irá apareciendo en toda la exposición. Es darle un poco la vuelta a la concepción más tradicional del sacerdote que es de separación del resto del pueblo.
Cristo es mediador no cultual, sino existencialmente, uniendo en su persona los dos extremos, lo divino y lo humano. Pero el escrito insiste en esto segundo por ser más difícil de aceptar para los creyentes.
La función salvadora de Cristo queda posibilitada precisamente por su entronque total con la condición humana y en ese sentido la combinación de los dos párrafos de la lectura, separados en el contexto del escrito, es acertada.
Porque los vv. 5,7-9 insisten en el paralelismo de la vida y situación del Cristo “en su vida mortal” con las de los seres humanos.. Cabe ver en los vv. 7-8 una alusión a la Oración del Huerto, aunque sin excluir otros momentos de la vida del Señor. En todo caso es destacar la igualdad de condiciones entre Cristo y sus hermanos.
La oración es, dado el contexto, para ser librado de esas angustias y es paradójico que se diga que “fue escuchado”, cuando sabemos que no fue ése el final. Una posible interpretación de esa escucha – por cierto aplicable a muchas oraciones de petición – es la de que el Padre no dio a Cristo lo que imploraba directamente, sino algo superior: la fuerza suficiente para llevar a cabo su misión.
Hay que prestar atención a la expresión “llevado a la consumación” en la traducción, porque se trata de una forma de hablar de la “ordenación sacerdotal” de Cristo que, como aparecerá más tarde, ocurre en su muerte (cfr. 8,1—9,28). Es la culminación de su solidaridad con los seres humanos, aceptando su destino más oscuro, el de morir.
FEDERICO PASTOR
federico@dabar.net
federico@dabar.net
PASION SEGUN SAN JUAN
1. Jn 18,1-27
Huerto en la ladera que, desde el este, mira a Jerusalán. Aquí es arrestado Jesús. Aquí comienza el enaltecimiento de Jesús. YO SOY. Es Jesús quien pone en marcha los acontecimientos. Nadie diría que él es el arrestado. Retrocedieron y cayeron a tierra. Jesús es teofanía: presencia divina que impone y aterra. Es la hora del enaltecimiento de Jesús. Os he dicho que yo soy. Jesús dicta el curso de los acontecimientos. A éstos dejadlos marchar. Se lo dicta a quienes lo detienen y se lo dicta a Simón Pedro, que malentiende la hora. Envaina tu espada. La autoridad y el señorío de Jesús tienen origen en su Padre. La hora de Jesús es también la hora del Padre: ambos comparten cáliz. Yo y el Padre somos uno (10,30).
Del huerto pasa Jesús a presencia de Anás primero y de Caifás después. Jesús es tratado ya como reo convicto. En realidad, el proceso y la decisión han tenido ya lugar (11,47-53). El autor lo recuerda aduciendo el parecer entonces expuesto por Caifás: Conviene que muera un solo hombre por el pueblo. ¡La gran verdad de la muerte de Jesús!
Lo que al autor le interesa ahora no es el proceso, sino las reacciones ante el reo, al fin detenido. La primera, y más detalladamente descrita, es la reacción de Simón Pedro. Reacción anticipada en 13,36-38. Pero no por prevista, menos contundente y significativa. ¡Qué gran esfuerzo es el amor! El amor se acrisola en silencio. Pedro no entiende todavía esto. Alardea demasiado de amor.
La segunda reacción es de uno de los presentes en casa de Anás. Es la reacción de quien es servil con el fuerte y prepotente con el débil. Si la de Pedro es la reacción de quien todavía no sabe amar, la del asistente es la reacción de quien carece de razón.
2. Jn 18,28 - 19,16
En presencia de Pilato, que tiene poder para dejar libre a Jesús o para condenarlo a muerte. Instancia política suprema en Israel, instancia judicial suprema.
¿Por qué? ¿Qué has hecho? Es la pregunta lógica en quien tiene que dictar sentencia.
Nosotros tenemos una ley, y según esa ley tiene que morir, porque se ha declarado Hijo de Dios. Es el cargo y la petición de pena que hace la acusación.
El cargo es la cuestión de fondo en toda la escena, lo que explica, por una parte, la postura inamovible y hasta frenética de la acusación y, por otra, el miedo del juez. Tenemos una ley. ¿De dónde eres? A la acusación le ampara la ley; al juez, el miedo inevitable. Difícilmente podía Jesús quedar impune en estas circunstancias. Entonces se lo entregó para que lo crucificaran.
Era el día de la preparación de la Pascua, hacia el mediodía, cuando esto sucedía. Justamente, cuando muy cerca, en el templo, se iniciaba el sacrificio de los corderos, que a partir de las seis de la tarde serían comidos en la cena de Pascua, la cena conmemorativa de la liberación de la esclavitud.
Retrotrayéndonos al momento en que Jesús entra en escena en el cuarto evangelio leemos lo siguiente: Ve Juan acercarse a Jesús y dice: Ahí esta el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo (1,29). Aquí, en efecto, está el cordero iniciando su sacrificio. Se lo entregó para que lo crucificaran. Empieza la liberación.
Destruid este templo, había dicho Jesús a los judíos refiriéndose a su cuerpo (2,19). Es lo que ahora se disponen a hacer legalmente.
¿No veis que es mejor que muera uno solo por el pueblo y que no perezca toda la nación? (2,50), había dicho Caifás.
Ahora comienza el juicio de este mundo y el príncipe de este mundo va a ser expulsado. Cuando yo sea elevado de la tierra, atraeré a todos hacia mí, había dicho Jesús en 12,31-32.
Ha llegado la hora (17,1). Momento trascendental de la historia. Jesús está atestiguando la Verdad.
3. Jn 19,16-42
Cargando él mismo con la cruz camino del Gólgota, donde lo crucificaron.
Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces sabréis que yo soy (8,28). Es el enaltecimiento de Jesús, la suprema manifestación de su ser. Jesús es teofanía, pero en el Gólgota la presencia divina no aterra. Momento de alcance universal: el latín y el griego, las lenguas universales de entonces, lo dan a conocer. El momento de la Verdad. El cordero ha sido sacrificado, la liberación se ha producido, el pecado ha sido contrarrestado, el príncipe de este mundo ha sido expulsado.
Está cumplido. Ahora ya hay Espíritu, pues Jesús ha sido glorificado. La gran familia de los hijos de Dios tiene en María a su madre.
ALBERTO BENITO
alberto@dabar.net
alberto@dabar.net
NOTAS PARA LA HOMILIA
A TUS MANOS, SEÑOR, ENCOMIENDO MI ESPÍRITU
A TUS MANOS, SEÑOR, ENCOMIENDO MI ESPÍRITU
Nos dice Juan, en la Pasión que acabamos de leer, cómo detienen a Jesús en medio de la noche, es decir, en ese ámbito que designa, simbólica y literariamente, el estado anímico en que se encuentra el ser humano, abrumado por los golpes de la vida e interrogado por las preguntas que su interior hace aflorar para intentar estrujarle a la existencia un algo de sus misterios más íntimos y recónditos.
La noche, sinónimo de sombra, oscuridad, tiniebla y muerte. ¡Qué mal se encuentra el hombre del siglo de las luces y de las claridades ante los temas de la penumbra existencial! La desorientación le asola.
¡Qué mal se siente el hombre de hoy, que busca ansiosamente sentir la vida, ante la experiencia de la muerte! Descolocado
¡Qué mal lo pasa la humanidad del ruido y el estruendo del ocio ante el silencio del Misterio! Desangelado
¡Qué mal se ve el ser humano, acostumbrado al caos circulatorio de nuestra civilización del automóvil, ante la ruta de la vida que no ve y no controla! Descaminado
¡Qué confusión experimenta cualquiera de nosotros, en esta sociedad de la información, en los intentos por descubrir la verdad entre tantos medios de comunicación que nos incomunican!
¡Qué solo se encuentra cada cual en la experiencia del dolor, en la angustia de la enfermedad, en la espera de la muerte!
No hace mucho oíamos historias de supervivientes entre las ruinas y escombros de Haití, intentando hacerse oír y esperando una mano que los arrancara de la prisión física de las casas hundidas y de la angustia vital, que los sacara de la muerte.
Hoy celebramos el descenso de Cristo a los infiernos. La experiencia que hizo de nuestro miedo más atroz. Su paso por los oscuros pasadizos de la vida. La sensación de encontrarnos perdidos para nosotros mismos, sin palabras que digan todo lo que añoramos y no podemos alcanzar.
Como había reflejado el autor del libro de Jonás poniendo al personaje en el fondo del vientre del gran pez. Como vivió Jesús en propia carne. Como hemos oído en la narración de la pasión que es la narración del viaje de la vida. ¿Un viaje hacia la muerte o un viaje hacia la Vida?
En la contemplación de ese gran y misterioso viaje aparecen los paisajes de la vida: el mal, el amor, la verdad, la luz, el futuro, la esperanza, la muerte.
Podemos sentir como Jonás la oscuridad vital de nuestro ambiente y de nuestra cultura que cierra el paso a la luz. Podemos sentir, como Jesús, que en este viaje, donde quiera que estemos, aun sin encontrarnos, Dios sí nos encuentra y acompaña. Él está, Él nos sostiene. Él nos salva.
La muerte de Jesús nos trae el silencio, como el dolor y el mal del mundo nos trae la confusión y la rebeldía. ¿Habrá un amanecer de un nuevo día que dé origen a una semana nueva?
JOSE ALEGRE ARAGÜES
pepe@dabar.net
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LA LITURGIA DE HOY
MONICION DE ENTRADA
Celebramos hoy la Pasión y la Muerte de Nuestro Señor Jesucristo. La cruz es signo de muerte y sufrimiento, pero desde Jesús, es a la vez anticipo de vida y resurrección. La confianza de Jesucristo en Dios su Padre, su amor abundante, gratuito y fiel a toda la humanidad son claves que nos pueden ayudar a vivir intensamente esta celebración en este Viernes Santo.
Tres partes tiene nuestra liturgia de esta tarde: La liturgia de la Palabra, en la que escucharemos lo que Dios nos dice sobre la muerte salvadora de su Hijo; La Adoración de la Cruz: en la que podremos venerar la Cruz gloriosa, victoriosa del Señor Jesús, y La Sagrada Comunión: comeremos el Cuerpo de Jesucristo, que se entrega por nosotros para conducirnos a la vida plena.
Iniciamos esta celebración poniéndonos de rodillas, y en silencio orante y confiado
LECTURA NARRATIVA
El profeta Isaías nos presenta al Siervo de Dios, Cristo, que siendo inocente sufre por nuestros pecados, y nos salva a todos los hombres. Cristo está en los que sufren. El sufre con los que sufren. Está muriendo en los que mueren. Pero el dolor no tiene la última palabra. El camino de la cruz, del sufrimiento conduce a la victoria, a la gloria, a la vida.
SALMO RESPONSORIAL (Sal 30)
Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.
A ti, Señor, me acojo: no quede yo nunca defraudado; tú que eres justo, ponme a salvo.
Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.
A tus manos encomiendo mi espíritu: tú, el Dios leal, me librarás.
Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.
Soy la burla de todos mis enemigos, la irrisión de mis vecinos, el espanto de mis conocidos; me ven por la calle y escapan de mí.
Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.
Me han olvidado como a un muerto, me han desechado como a un cacharro inútil. Pero yo confío en ti, Señor, te digo: «Tú eres mi Dios.» En tu mano están mis azares; líbrame de los enemigos que me persiguen.
Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.
Haz brillar tu rostro sobre tu siervo, sálvame por tu misericordia. Sed fuertes y valientes de corazón, los que esperáis en el Señor.
LECTURA APOSTOLICA
Cristo, el sumo sacerdote, semejante en todo a nosotros, menos en el pecado, nos da seguridad para acercarnos al Padre con confianza. Jesús nos reconcilia a los hombres con Dios por medio del sacrificio de su vida. Es nuestro mediador con el Padre. En la oración de Jesús vemos como el deseo humano de librarse de la Cruz, da paso a la obediencia confiada a la voluntad de Dios, hasta la muerte. Su sufrimiento se convierte, a través de la súplica, en ofrenda al Padre.
LECTURA EVANGELICA
En este día en que celebramos la muerte del Señor vamos a escuchar el relato de la Pasión de Jesús. La Cruz, para el evangelista san Juan, es el momento de la glorificación y exaltación de Cristo. Él muere confiado en el amor y en la fuerza de Dios. Es la hora de Jesús: su "paso" de este mundo al Padre. La hora en que la humanidad entra en comunión de vida con Dios. Escuchar la Pasión no es sólo una invitación a creer en Jesús es una llamada a comprometernos en el camino que lleva a la cruz. Cristo es el cordero pascual que nos conduce de la muerte a la vida
ORACION UNIVERSAL
La cruz de Cristo es el amor de Dios Padre hecho certeza victoriosa. No se puede dudar que Dios nos salva, nos perdona, nos ama. Jesucristo, su Hijo, ha dado la vida por nosotros. La cruz de Jesús es vida para todos. En este momento de nuestra celebración elevamos nuestras súplicas a Dios para que nadie quede fuera de ese amor, de esa vida que brota del “árbol” de la Cruz. Rezamos por todos, por todos los cristianos, por todos los hombres y mujeres del mundo.
ADORACIÓN DE LA CRUZ
En la liturgia de esta tarde, la Cruz de Jesucristo ocupa el centro de nuestro encuentro. Signo de dolor, de humillación, de amor, de victoria, de salvación. Vamos a adorarla, a besarla. Adorar la Cruz es adorar a Cristo. Es agradecerle su entrega por amor, un amor que da la vida para librarnos de la muerte y el sinsentido. Es contemplar a los que, como Él, hoy están crucificados; a los que son víctimas de la maldad y el olvido humanos. La Cruz de Jesús es luz que ilumina nuestros sufrimientos, nuestras cruces personales y comunitarias.
RITO DE LA COMUNION
Vamos a comulgar el Cuerpo de Cristo. El pan consagrado ayer, en la Eucaristía en la Cena del Señor, nos alimenta también en esta tarde del Viernes Santo. Comulgar a Cristo nos compromete a hacer nuestro el camino de Jesús: su entrega total y gratuita. Si nuestra vida ha de estar llena de la misma caridad de Jesús no podemos olvidar la Cruz.
DESPEDIDA
Hemos celebrado y vivido la entrega de Jesús, la muerte de Jesús, en la cruz. Podríamos pensar que todo termina aquí. Pero no es así: en la cruz está la muerte, pero también está la vida, la victoria y la gloria. La Cruz del Viernes Santo no es el final de la vida de Jesús, sino una etapa que nos lleva al triunfo de la Resurrección.
Mañana nos reuniremos a las…. para celebrar la Vigilia Pascual. Para nosotros los cristianos es, debería ser, la celebración más importante de todo el año litúrgico. Proclamaremos la gran noticia: Cristo Jesús, ha resucitado. Todos estamos llamado a vivir y participar en esta celebración.
CANTOS PARA LA CELEBRACIÓN
Salmo Responsorial: LdS o el estribillo del salmo A tus manos, Señor mi Dios, del disco "Viviremos con El".
Aclamación antes del Evangelio: Cristo por nosotros, del disco "Hoy vuelvo de lejos".
Lectura de la Pasión: Quizá convenga intercalar alguna melodía sencilla, por ejemplo, Perdona a tu pueblo, Señor.
Adoración de la Cruz: Oh, Cruz fiel, del disco "Cantos para el año litúrgico"; Victoria, tú reinarás, A la hora de nona, del disco "Cristo libertador"; Oh Cruz, te adoramos, de Madurga.
Comunión: Delante de ti, Señor mí Dios, del disco "Cantos para participar y vivir la Misa"; Cerca de ti, Señor; Acerquémonos todos (2 CLN-O 24).








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