La Resurrección de Jesús es la confirmación del valor de su compromiso a favor del Reino de Dios y su justicia, a favor de la plena humanización y salvación de la humanidad. Es la confirmación del valor de su vida y de su muerte. Al mismo tiempo una garantía y una promesa para el resto de la humanidad, para todos los hombres y mujeres comprometidos con el Reino. La resurrección plena ha comenzado ya.
En el Resucitado se confirma de forma definitiva el proyecto de Dios sobre la creación y sobre la humanidad. Dios está de parte de la vida, del bien, de la justicia, de los derechos humanos, de las víctimas… Por consiguiente, todo compromiso a favor de estas causas tiene una auténtica base y dimensión teológica. Todo compromiso cristiano, siguiendo a Jesús, es también reconocido y confirmado por Dios como camino hacia la plenitud definitiva de la creación y de la humanidad. Es, en cierto sentido, una semilla de resurrección.
Lo que hacemos de positivo a favor de la vida, de la solidaridad, de la paz… resucita la creación y la humanidad. Pone semillas de Resurrección para que la creación y la humanidad lleguen a su plenitud. No tenemos garantías científicas de que este compromiso valga la pena, de que el éxito esté asegurado. Es sólo una garantía en fe y en esperanza, sobre la base de nuestra fe en la Resurrección de Jesús y de la humanidad. Pero esta garantía es suficiente para sustentar y otorgar valor al compromiso cristiano. Es suficiente para arriesgar la vida.
Y, al mismo tiempo, esa fe en la Resurrección confirma que todo lo que hacemos de negativo, todo lo que arrastra consigo muerte, injusticia, rencor, inhumanidad… conduce al deterioro, al fracaso. Es un compromiso al revés; un compromiso negativo, que no vale la pena. Que hace mal y nos hace mal. Nos lleva a la muerte.
Nada de nuestro compromiso se perderá. Todo aquello que hayamos arriesgado para la humanización será reconocido y confirmado en la Resurrección definitiva. Dios lo confirmará por encima y más allá de todos los aparentes fracasos e in-utilidades de nuestros compromisos, por encima y más allá de todos los aparentes triunfos del mal sobre el bien, de la injusticia sobre la justicia, de la muerte sobre la vida. Esta es nuestra esperanza “porque nuestra salvación es en esperanza” (Rm 8,24). La dinámica de la Resurrección no nos impulsa al optimismo sino a la esperanza. La persona optimista confía en que lo que emprende le va a salir bien, la esperanzada aguarda a que se cumpla la promesa anunciada de que el dolor no tiene la última palabra; la última palabra es de Vida y es del Dios de la Vida.
Valorar el compromiso de Jesús y de sus seguidores desde el horizonte de la Resurrección implica superar los límites de la moral y adentrarse en la dimensión teológica. Esta dimensión es una forma más honda y más amplia de abordar el compromiso cristiano. Pues no se trata de una simple obligación, tampoco de un buen comportamiento. Se trata de descubrir y realizar la dimensión teologal de nuestra vida y de nuestra acción.
Lo que en nuestra acción y en nuestra vida hay de positivo, de humano, de creador o co-creador… eso hay en nosotras y nosotros de divino. Eso es lo que nuestra vida y nuestro compromiso tienen de dimensión teologal. Son el reflejo de lo más íntimo de Dios: su bondad, su amor, su solidaridad… Y son también la expresión más exacta de su imagen y semejanza que nos dejó al crearnos.
El compromiso cristiano no es sólo el cumplimiento de un mandamiento divino. Es, sobre todo, la expresión, la encarnación de lo divino en nosotras y nosotros. Es una manifestación del rostro humano de Dios, y una manifestación del rostro divino del ser humano.
HECHOS 5, 12 16
Los apóstoles hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo. Los fieles se reunían de común acuerdo en el pórtico de Salomón; los demás no se atrevían a juntárseles, aunque la gente se hacía lenguas de ellos; más aún, crecía el número de los creyentes, hombres y mujeres, que se adherían al Señor. La gente sacaba los enfermos a la calle, y los ponía en catres y camillas, para que, al pasar Pedro, su sombra, por lo menos, cayera sobre alguno. Mucha gente de los alrededores acudía a Jerusalén, llevando a enfermos y poseídos de espíritu inmundo, y todos se curaban.
APOCALIPSIS 1, 9 11a.12 13.17 19
Yo, Juan, vuestro hermano y compañero en la tribulación, en el reino y en la constancia en Jesús, estaba desterrado en la isla de Patmos, por haber predicado la palabra de Dios, y haber dado testimonio de Jesús. Un domingo caí en éxtasis y oí a mis espaldas una voz potente que decía: «Lo que veas escríbelo en un libro, y envíaselo a las siete Iglesias de Asia». Me volví a ver quién me hablaba, y, al volverme, vi siete candelabros de oro, y en medio de ellos una figura humana, vestida de larga túnica, con un cinturón de oro a la altura del pecho. Al verlo, caí a sus pies como muerto. Él puso la mano derecha sobre mí y dijo: «No temas: Yo soy el primero y el último, yo soy el que vive. Estaba muerto y, ya ves, vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del abismo. Escribe, pues, lo que veas: lo que está sucediendo y lo que ha de suceder más tarde».
JUAN 20, 19 31
Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos». Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo». A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros». Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!» Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto». Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.
Aquí nos encontramos un resumen idealizado de la actividad de los apóstoles en la primera comunidad, en paralelo muy cercano a los resúmenes que encontramos en el Evangelio de Lucas - y en los otros Sinópticos - sobre lo que Jesús hacía. Se repìte de los apóstoles casi literalmente cuanto se había dicho del Maestro. Y, en algún caso, algo más, porque en las narraciones evangélicas nunca se menciona la sombra de Jesús en funciones curativas.
En primer lugar ese hecho hace caer en la cuenta de que no estamos ante pura historia en todos sus detalles, sino, a lo sumo, en cuanto al conjunto.
En segundo término - y es más importante - nos pone de relieve la continuidad entre la iglesia y Jesucristo, que la ha puesto en marcha. La comunidad primera sigue haciendo presente al Señor y haciendo las mismas cosas que él hacía y con el mismo sentido.
Se percibe que Lucas quiere que los primeros cristianos produzca - quizás lo han producido hasta cierto punto - ese efecto benéfico y alentador que produjo Jesús. Benéfico en lo moral y en lo físico
La Pascua de Jesús ha dejado ese rastro
SEGUNDA LECTURA
Es la visión inicial del Apocalipsis. Naturalmente enmarca todo el libro, tanto en su contenido como en su peculiar manera de expresarse.
La lectura litúrgica ha dejado fuera los vv. 14-16, en los que la descripción apocalíptica es todavía más fuerte, con frases tomadas de Daniel. Ello hace la lectura más inteligible, aunque disimula y diminuye el especial género literario. Auque eso sea, a la corta, bueno para la compresión de la lectura, no lo es tanto para preparar al Apocalipsis. Conviene acostumbrarse a ese tipo de expresiones, tan lejanas de nuestra sensibilidad para no sacar conclusiones del todo desacertadas, como ocurre y ha ocurrido de hecho con este último libro de la Biblia.
Lo esencial es traspasar esa capa de expresiones -éxtasis, lámparas de oro, vestiduras, muertes aparentes...- que aparecen en esta lectura - para quedarnos con lo principal.
Y es bastante simple de decir: se trata de destacar la posición central de Cristo resucitado y la incidencia del Señor en la vida humana. Se tiene en cuenta la historia de Jesús, su realidad humana, pero se la supera y él ha sido exaltado. También antes de la historia humana era el primero, pero ahora también lleva esa historia hacia su culminación.
Jesús es importante para la vida colectiva e individual. Por eso el autor del Apocalipsis - desde luego no Juan el Apóstol de ninguna manera - escribe sus mensajes.
En la Pascua no conviene olvidar esa importancia. Se celebra no para tener un bonito recuerdo, sino para vivirla hoy en día y a la manera y maneras de hoy en día, que no son exactamente las mismas de entonces.
1. Aclaraciones previas
V. 19 El primer día de la semana: domingo. La expresión los judíos tiene connotación religiosa; se refiere a los que, siendo tales, no aceptan que Jesús sea el Mesías y el Hijo de Dios. La expresión trasciende el componente étnico y, consiguientemente, no es sinónimo de pueblo judío. A los judíos se contraponen los discípulos, que también eran judíos. Paz a vosotros: más que un simple saludo. La paz de Jesús no es la ausencia de guerra, ni el final de una tensión psicológica, ni una sensación de bienestar; es fuerza salvadora, que da entereza al discípulo y lo libera del miedo a las amenazas por su condición de discípulo.
2. Texto
Vamos a diferenciar tres partes. Primera parte: vs.19-23. Atardecer del domingo de Pascua. Jesús se hace presente, sin que esa presencia obedezca a leyes físicas. Irradia y transmite paz al identificarse como el mismo Jesús del viernes santo. Irradia y transmite paz al hacer de los discípulos enviados suyos, a semejanza de como él lo ha sido del Padre hasta el viernes santo. Y con la paz irradia y transmite espíritu santo. De esta manera, el discípulo, imbuido de paz y de espíritu santo, garantiza la realidad del perdón de los pecados.
Segunda parte: vs.24-29. Arranca con un problema, planteado con crudeza: Si no veo, no creo. Lo plantea Tomás, uno de los doce. El testimonio de los testigos oculares no le basta: también él quiere ser testigo ocular.
El domingo siguiente Jesús se hace presente Jesús, sin que su presencia obedezca a leyes físicas. Irradia y transmite paz e invita a Tomás a ser el testigo ocular que quería ser. Sólo así cree Tomas, a lo que Jesús añade que se puede creer en él sin haber sido testigo ocular de su vida.
Tercera parte: vs.30-31. Comentario editorial del evangelista a todo su evangelio. Comentario sugerido por la última frase de Jesús, con la mirada puesta en los que jamás podremos ser ya testigos oculares de Jesús.
El evangelista quiere despertar en los lectores de su evangelio la conciencia de que también ellos podrán ser discípulos de Jesús, pues también ellos podrán descubrir que Jesús es el Hijo de Dios y podrán vivir la vida auténtica y perdurable que Jesús otorga.
3. Comprensión actualizante
La resurrección de Jesús está garantizada por testigos oculares. Hoy creemos sólidamente fundamentados en quienes, por haber convivido con Jesús, podían dar fe de que el Jesús resucitado y el Jesús anterior a morir eran la misma persona.
Esto supuesto, hay que decir que no haber convivido con Jesús no es una desventaja para creer en él. Hoy podemos creer en Jesús resucitado lo mismo que lo hicieron los testigos oculares. Hoy podemos seguir descubriendo en Jesús al Hijo de Dios. Hoy podemos vivir la vida misma de Dios.
Por todo ello, la paz de Jesús, su espíritu santo y el perdón de los pecados siguen teniendo carta de ciudadanía en nuestro mundo.
NOTAS PARA LA HOMILIA
Hoy es el octavo día de la Pascua, que la Iglesia prolonga como si fuera el mismísimo Domingo de Resurrección. El octavo día es también el día de la nueva creación. Si la primera creación, defectuosa por el pecado, se realizó en siete días según el conocido artífice literario del libro del Génesis, siguiendo esa misma lógica, la creación perfecta, la que no está ya dominada por el pecado porque ha sido redimida de él, requiere un día más; tan solo uno. El día de la Resurrección del Señor. Ese día comienza la nueva creación, vencidos para siempre muerte y pecado. Por eso, el primer día de la semana los cristianos se reúnen en asamblea litúrgica para celebrar la Eucaristía, la Nueva Alianza, que hace siempre referencia al contexto en que fue instituida: la muerte y resurrección de Jesús, el misterio pascual.
El relato de la aparición de Jesús a los discípulos que nos trae hoy el evangelio de Juan está escrito también en clave de nueva creación, y los discípulos son el germen de la nueva humanidad que comienza con la Pascua. Exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo”. Es el aliento que Dios exhaló al principio sobre el hombre modelado del barro; es el Espíritu de Dios, que aleteaba sobre las aguas en el momento de la creación. La reunión de discípulos es ya la nueva humanidad que comienza. Y a ella se accede mediante la fe en el Cristo Resucitado. Por eso el evangelista nos narra con todo detalle el episodio de la ausencia de Tomás y el reconocimiento que de él hace más tarde en una aparición posterior. La primera de ellas tiene lugar en el día mismo en que Cristo ha resucitado. Jesús les enseña las marcas que su paso por esta vida temporal ha dejado en su cuerpo. Luego será eso también lo que Tomás exigirá ver y tocar. Jesús se las muestra y le invita a tocarlas. Finalmente, el Mellizo del Señor, acaba postrándose y reconociendo a su Señor y Dios en la figura del resucitado. Así, la Palabra creadora del Padre, que al principio lo hizo todo de la nada, vuelve ahora a crear, después de haber pasado por su encarnación y glorificación, una humanidad reconciliada en el amor, a la que cualquier hombre de cualquier tiempo, de cualquier lugar, de cualquier raza y cultura puede mostrar su adhesión e incorporarse a ella mediante la fe en el Cristo Resucitado. Esa es la puerta para entrar en esa humanidad nueva y pertenecer a la definitiva alianza de Dios con los hombres. En verdad, Jesús ha cumplido su misión. Ahora da a su comunidad de discípulos las mismas capacidades que él ha recibido de Dios: la de curar enfermos, la de perdonar pecados… Jesús continuará actuando en nuestro mundo a través de la actividad y la predicación de los que abracen mediante la fe en él esa humanidad nueva. La forma ordinaria de acceder al Jesús resucitado no será la de ser testigos oculares; ese privilegio se acaba con Tomás. A partir de él, Jesús proclama dichosos a los que crean sin haber visto; es decir, por la predicación de los que han experimentado a Jesús en sus vidas. Tirando del ovillo, llegamos al testimonio de los que fueron testigos oculares, pero estos dos mil años, la fe en Jesús se transmite mediante la enseñanza del que lo encuentra y lo experimenta en su vida. Por eso la fe no se calla, se comunica.
El papa Juan Pablo II instituyó este domingo como el de la Divina Misericordia. Ligado a la Pascua, reconocemos la infinita misericordia de Dios con nosotros para entregarnos a su Hijo y para reconciliarnos con Él. Ya decían las antiguas Escrituras que Dios no nos trata como merecen nuestros pecados; pero no sólo se ha quedado en eso, sino que ha ido mucho más lejos. Nos ha hecho hijos en el Hijo, nos ha llevado a la felicidad eterna con su gloriosa resurrección. La misericordia de Dios es su perdón definitivo, algo que a nosotros, que celebramos su Pascua, debería salirnos de manera natural sin ningún esfuerzo especial hacia nuestros semejantes.
Dichosos los que crean sin haber visto
(Lc 21, 28b)
Preguntas y cuestiones
¿Porqué la mayoría de los que ven la vida de la iglesia actual y de los cristianos de ahora no experimentan lo mismo que los habitantes de Jerusalén?
¿Es la Pascua de Jesús el fundamento de la iglesia o son otras muchas cosas: poder, prestigio, ganas de influir...? Sobre todo en los responsables
Dios, Padre nuestro, que, en tu infinita misericordia, te has apiadado del género humano regenerándolo del pecado y de la muerte por medio de tu Hijo muerto y resucitado; concede a quienes nos alegramos en esta Pascua, participar un día de la Pascua eterna.
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Con el pan y con el vino es toda nuestra vida lo que te ofrecemos. Que tu acción santificante nos llene de tu gracia para que podamos servirnos y compartir con los demás todo lo que de ti recibimos.
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Verdaderamente es justo y necesario darte gracias incesantemente. Pues tu amor y tu misericordia para con nosotros son tan grandes que, por el misterio pascual, no sólo nos has reconciliado contigo, sino que, por la resurrección de tu Hijo Jesucristo, nos has dado la vida eterna a cuantos creemos en él.
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Confortados con el alimento del cielo, alienta, Señor, a tus hijos para superar las dificultades de esta vida con la fe, la esperanza y la caridad que brotan de tan admirable sacramento.
MONICIÓN DE ENTRADA
El segundo domingo de Pascua es el extremo final de una prolongación del propio Domingo de Resurrección. Durante ocho días, la Iglesia ha celebrado su liturgia como la del día en que Cristo resucitó de entre los muertos. Son los días más importantes y significativos de nuestro calendario cristiano. Ninguna de las solemnidades anuales iguala la de la Resurrección de Jesús. Por eso también, el tiempo pascual se prolongará durante siete semanas hasta la fiesta de Pentecostés, según la cronología de Lucas, pues hoy veremos en el evangelio de Juan que Jesús derrama su Espíritu el mismo día de su resurrección.
ACTO PENITENCIAL
-Tú, resucitado de la muerte. Señor, ten piedad.
-Tú, presentado ante tu comunidad de discípulos. Cristo, ten piedad.
-Tú, dador del Espíritu Santo a la Iglesia. Señor, ten piedad.
MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA
A lo largo del tiempo y de los domingos de Pascua, vamos leyendo en las misas el libro de los Hechos de los Apóstoles, segunda parte de la obra de Lucas. En él iremos viendo los primeros pasos de la misión de los apóstoles, la fundación de las primeras comunidades y cómo la Iglesia se va haciendo más grandes con las nuevas conversiones de los que abrazan la fe en Jesús.
SALMO RESPONSORIAL (Sal 117)
Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia. Diga la casa de Aarón: eterna es su misericordia. Digan los fieles del Señor: eterna es su misericordia.
Dad gracias al Señor porque es bueno…
La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente. Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo.
Dad gracias al Señor porque es bueno…
Señor, danos la salvación; Señor, danos prosperidad. Bendito el que viene en nombre del Señor, os bendecimos desde la casa del Señor; el Señor es Dios, él nos ilumina.
Dad gracias al Señor porque es bueno…
MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA
La palabra “Apocalipsis” significa “revelación”. Juan nos introduce en esta lectura en que va a contarnos aquello que le ha sido revelado. Con un lenguaje especial y particular, con abundancia de visiones y de símbolos mitológicos, nos mostrará la victoria final de Jesucristo, al término de la historia, y su reconocimiento por todo viviente. Es interesante la descripción que nos da de la gloria.
MONICIÓN A LA LECTURA EVANGÉLICA
El contacto de Jesús resucitado con sus discípulos les hace ser testigos de su resurrección. El acontecimiento, que nadie vio, se presenta ahora en la figura del Resucitado. Su presencia provoca temor al principio, pero también alegría después. Jesús les dará el Espíritu Santo y les dotará de su propio poder para que sean continuadores del anuncio de la Buena Noticia. La fe es la que da acceso a la nueva humanidad cuya creación Jesús acaba de iniciar.
ORACIÓN DE LOS FIELES
Alcemos con una voz común al Padre de la gloria una misma plegaria de toda la comunidad.
-Por la Iglesia, para que viva resucitada y resucitadora. Roguemos al Señor.
-Por la paz y el progreso de los pueblos más desfavorecidos. Roguemos al Señor.
-Por el respeto y la tolerancia entre las culturas de la tierra. Roguemos al Señor.
-Por el testimonio de Cristo resucitado por parte de todos los cristianos. Roguemos al Señor.
-Por una respuesta de fe por parte de todos los que escuchan el Evangelio. Roguemos al Señor.
-Por una esperanza en la eternidad que aliente en todos nosotros la hora de nuestra muerte. Roguemos al Señor.
-Por la vida en la resurrección de todos nuestros familiares y amigos difuntos. Roguemos al Señor.
Oración: Llenos de la alegría pascual, te pedimos, Padre, que escuches una vez más la voz de tu pueblo, que cree en tu Hijo resucitado, Nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo…
DESPEDIDA
Tal como Jesucristo glorioso y resucitado nos la da, PODÉIS IR EN PAZ ¡ALELUYA, ALELUYA!
Entrada. Canta con júbilo… Resucitó (1CLN-219); Jesús nuestra Pascua (1CLN-216); Aleluya, aleluya, es la fiesta del Señor (del disco “Cerca está el Señor”); Himno a Jesucristo (del disco “Canciones religiosas y litúrgicas para el siglo XXI”).
Gloria. De la Misa de Palazón; Gloria de Erdozáin (en el reciente disco “15 Cantos para la Cena del Señor”).
Salmo. Este es el día en que actuó el Señor.
Aleluya. Canta aleluya al Señor.
Ofertorio. Música instrumental; Quiero estar, Señor, en tu presencia (del disco “Cantos para participar y vivir la Misa”).
Santo. (1CLN-I 4); Señor del Universo de Barja (2CLN-H 7).
Paz. Cristo es nuestra paz (del disco “Viviremos con él”).
Comunión. Guarda mi alma en la paz (de Deiss); Una espiga dorada (1CLN-O 17); Altísimo Señor; Dentro de mí (del disco “Cantos para participar y vivir la Misa”).
Final. Música instrumental; Regina Coeli; Reina del cielo, alégrate (de Palazón); Id y proclamad (del disco ‘Cantos para una comunidad evangelizadora’).
Director: José Ángel Fuertes Sancho •Paricio Frontiñán, s/n• Tlf 976458529 Fax 976439635 • 50004 ZARAGOZA
Tlf. del Evangelio: 976.44.45.46 - Página web: www.dabar.net - Correo-e: dabar@dabar.net
En el Resucitado se confirma de forma definitiva el proyecto de Dios sobre la creación y sobre la humanidad. Dios está de parte de la vida, del bien, de la justicia, de los derechos humanos, de las víctimas… Por consiguiente, todo compromiso a favor de estas causas tiene una auténtica base y dimensión teológica. Todo compromiso cristiano, siguiendo a Jesús, es también reconocido y confirmado por Dios como camino hacia la plenitud definitiva de la creación y de la humanidad. Es, en cierto sentido, una semilla de resurrección.
Lo que hacemos de positivo a favor de la vida, de la solidaridad, de la paz… resucita la creación y la humanidad. Pone semillas de Resurrección para que la creación y la humanidad lleguen a su plenitud. No tenemos garantías científicas de que este compromiso valga la pena, de que el éxito esté asegurado. Es sólo una garantía en fe y en esperanza, sobre la base de nuestra fe en la Resurrección de Jesús y de la humanidad. Pero esta garantía es suficiente para sustentar y otorgar valor al compromiso cristiano. Es suficiente para arriesgar la vida.
Y, al mismo tiempo, esa fe en la Resurrección confirma que todo lo que hacemos de negativo, todo lo que arrastra consigo muerte, injusticia, rencor, inhumanidad… conduce al deterioro, al fracaso. Es un compromiso al revés; un compromiso negativo, que no vale la pena. Que hace mal y nos hace mal. Nos lleva a la muerte.
Nada de nuestro compromiso se perderá. Todo aquello que hayamos arriesgado para la humanización será reconocido y confirmado en la Resurrección definitiva. Dios lo confirmará por encima y más allá de todos los aparentes fracasos e in-utilidades de nuestros compromisos, por encima y más allá de todos los aparentes triunfos del mal sobre el bien, de la injusticia sobre la justicia, de la muerte sobre la vida. Esta es nuestra esperanza “porque nuestra salvación es en esperanza” (Rm 8,24). La dinámica de la Resurrección no nos impulsa al optimismo sino a la esperanza. La persona optimista confía en que lo que emprende le va a salir bien, la esperanzada aguarda a que se cumpla la promesa anunciada de que el dolor no tiene la última palabra; la última palabra es de Vida y es del Dios de la Vida.
Valorar el compromiso de Jesús y de sus seguidores desde el horizonte de la Resurrección implica superar los límites de la moral y adentrarse en la dimensión teológica. Esta dimensión es una forma más honda y más amplia de abordar el compromiso cristiano. Pues no se trata de una simple obligación, tampoco de un buen comportamiento. Se trata de descubrir y realizar la dimensión teologal de nuestra vida y de nuestra acción.
Lo que en nuestra acción y en nuestra vida hay de positivo, de humano, de creador o co-creador… eso hay en nosotras y nosotros de divino. Eso es lo que nuestra vida y nuestro compromiso tienen de dimensión teologal. Son el reflejo de lo más íntimo de Dios: su bondad, su amor, su solidaridad… Y son también la expresión más exacta de su imagen y semejanza que nos dejó al crearnos.
El compromiso cristiano no es sólo el cumplimiento de un mandamiento divino. Es, sobre todo, la expresión, la encarnación de lo divino en nosotras y nosotros. Es una manifestación del rostro humano de Dios, y una manifestación del rostro divino del ser humano.
MARICARMEN MARTÍN
carmen@dabar.net
carmen@dabar.net
DIOS HABLA
HECHOS 5, 12 16
Los apóstoles hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo. Los fieles se reunían de común acuerdo en el pórtico de Salomón; los demás no se atrevían a juntárseles, aunque la gente se hacía lenguas de ellos; más aún, crecía el número de los creyentes, hombres y mujeres, que se adherían al Señor. La gente sacaba los enfermos a la calle, y los ponía en catres y camillas, para que, al pasar Pedro, su sombra, por lo menos, cayera sobre alguno. Mucha gente de los alrededores acudía a Jerusalén, llevando a enfermos y poseídos de espíritu inmundo, y todos se curaban.
APOCALIPSIS 1, 9 11a.12 13.17 19
Yo, Juan, vuestro hermano y compañero en la tribulación, en el reino y en la constancia en Jesús, estaba desterrado en la isla de Patmos, por haber predicado la palabra de Dios, y haber dado testimonio de Jesús. Un domingo caí en éxtasis y oí a mis espaldas una voz potente que decía: «Lo que veas escríbelo en un libro, y envíaselo a las siete Iglesias de Asia». Me volví a ver quién me hablaba, y, al volverme, vi siete candelabros de oro, y en medio de ellos una figura humana, vestida de larga túnica, con un cinturón de oro a la altura del pecho. Al verlo, caí a sus pies como muerto. Él puso la mano derecha sobre mí y dijo: «No temas: Yo soy el primero y el último, yo soy el que vive. Estaba muerto y, ya ves, vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del abismo. Escribe, pues, lo que veas: lo que está sucediendo y lo que ha de suceder más tarde».
JUAN 20, 19 31
Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos». Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo». A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros». Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!» Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto». Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.
EXEGESIS
PRIMERA LECTURA
¡Es el estilo de Lucas!
¡Es el estilo de Lucas!
Aquí nos encontramos un resumen idealizado de la actividad de los apóstoles en la primera comunidad, en paralelo muy cercano a los resúmenes que encontramos en el Evangelio de Lucas - y en los otros Sinópticos - sobre lo que Jesús hacía. Se repìte de los apóstoles casi literalmente cuanto se había dicho del Maestro. Y, en algún caso, algo más, porque en las narraciones evangélicas nunca se menciona la sombra de Jesús en funciones curativas.
En primer lugar ese hecho hace caer en la cuenta de que no estamos ante pura historia en todos sus detalles, sino, a lo sumo, en cuanto al conjunto.
En segundo término - y es más importante - nos pone de relieve la continuidad entre la iglesia y Jesucristo, que la ha puesto en marcha. La comunidad primera sigue haciendo presente al Señor y haciendo las mismas cosas que él hacía y con el mismo sentido.
Se percibe que Lucas quiere que los primeros cristianos produzca - quizás lo han producido hasta cierto punto - ese efecto benéfico y alentador que produjo Jesús. Benéfico en lo moral y en lo físico
La Pascua de Jesús ha dejado ese rastro
FEDERICO PASTOR
federico@dabar.net
federico@dabar.net
SEGUNDA LECTURA
Es la visión inicial del Apocalipsis. Naturalmente enmarca todo el libro, tanto en su contenido como en su peculiar manera de expresarse.
La lectura litúrgica ha dejado fuera los vv. 14-16, en los que la descripción apocalíptica es todavía más fuerte, con frases tomadas de Daniel. Ello hace la lectura más inteligible, aunque disimula y diminuye el especial género literario. Auque eso sea, a la corta, bueno para la compresión de la lectura, no lo es tanto para preparar al Apocalipsis. Conviene acostumbrarse a ese tipo de expresiones, tan lejanas de nuestra sensibilidad para no sacar conclusiones del todo desacertadas, como ocurre y ha ocurrido de hecho con este último libro de la Biblia.
Lo esencial es traspasar esa capa de expresiones -éxtasis, lámparas de oro, vestiduras, muertes aparentes...- que aparecen en esta lectura - para quedarnos con lo principal.
Y es bastante simple de decir: se trata de destacar la posición central de Cristo resucitado y la incidencia del Señor en la vida humana. Se tiene en cuenta la historia de Jesús, su realidad humana, pero se la supera y él ha sido exaltado. También antes de la historia humana era el primero, pero ahora también lleva esa historia hacia su culminación.
Jesús es importante para la vida colectiva e individual. Por eso el autor del Apocalipsis - desde luego no Juan el Apóstol de ninguna manera - escribe sus mensajes.
En la Pascua no conviene olvidar esa importancia. Se celebra no para tener un bonito recuerdo, sino para vivirla hoy en día y a la manera y maneras de hoy en día, que no son exactamente las mismas de entonces.
FEDERICO PASTOR
federico@dabar.net
federico@dabar.net
EVANGELIO
1. Aclaraciones previas
V. 19 El primer día de la semana: domingo. La expresión los judíos tiene connotación religiosa; se refiere a los que, siendo tales, no aceptan que Jesús sea el Mesías y el Hijo de Dios. La expresión trasciende el componente étnico y, consiguientemente, no es sinónimo de pueblo judío. A los judíos se contraponen los discípulos, que también eran judíos. Paz a vosotros: más que un simple saludo. La paz de Jesús no es la ausencia de guerra, ni el final de una tensión psicológica, ni una sensación de bienestar; es fuerza salvadora, que da entereza al discípulo y lo libera del miedo a las amenazas por su condición de discípulo.
2. Texto
Vamos a diferenciar tres partes. Primera parte: vs.19-23. Atardecer del domingo de Pascua. Jesús se hace presente, sin que esa presencia obedezca a leyes físicas. Irradia y transmite paz al identificarse como el mismo Jesús del viernes santo. Irradia y transmite paz al hacer de los discípulos enviados suyos, a semejanza de como él lo ha sido del Padre hasta el viernes santo. Y con la paz irradia y transmite espíritu santo. De esta manera, el discípulo, imbuido de paz y de espíritu santo, garantiza la realidad del perdón de los pecados.
Segunda parte: vs.24-29. Arranca con un problema, planteado con crudeza: Si no veo, no creo. Lo plantea Tomás, uno de los doce. El testimonio de los testigos oculares no le basta: también él quiere ser testigo ocular.
El domingo siguiente Jesús se hace presente Jesús, sin que su presencia obedezca a leyes físicas. Irradia y transmite paz e invita a Tomás a ser el testigo ocular que quería ser. Sólo así cree Tomas, a lo que Jesús añade que se puede creer en él sin haber sido testigo ocular de su vida.
Tercera parte: vs.30-31. Comentario editorial del evangelista a todo su evangelio. Comentario sugerido por la última frase de Jesús, con la mirada puesta en los que jamás podremos ser ya testigos oculares de Jesús.
El evangelista quiere despertar en los lectores de su evangelio la conciencia de que también ellos podrán ser discípulos de Jesús, pues también ellos podrán descubrir que Jesús es el Hijo de Dios y podrán vivir la vida auténtica y perdurable que Jesús otorga.
3. Comprensión actualizante
La resurrección de Jesús está garantizada por testigos oculares. Hoy creemos sólidamente fundamentados en quienes, por haber convivido con Jesús, podían dar fe de que el Jesús resucitado y el Jesús anterior a morir eran la misma persona.
Esto supuesto, hay que decir que no haber convivido con Jesús no es una desventaja para creer en él. Hoy podemos creer en Jesús resucitado lo mismo que lo hicieron los testigos oculares. Hoy podemos seguir descubriendo en Jesús al Hijo de Dios. Hoy podemos vivir la vida misma de Dios.
Por todo ello, la paz de Jesús, su espíritu santo y el perdón de los pecados siguen teniendo carta de ciudadanía en nuestro mundo.
ALBERTO BENITO
alberto@dabar.net
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NOTAS PARA LA HOMILIA
Hoy es el octavo día de la Pascua, que la Iglesia prolonga como si fuera el mismísimo Domingo de Resurrección. El octavo día es también el día de la nueva creación. Si la primera creación, defectuosa por el pecado, se realizó en siete días según el conocido artífice literario del libro del Génesis, siguiendo esa misma lógica, la creación perfecta, la que no está ya dominada por el pecado porque ha sido redimida de él, requiere un día más; tan solo uno. El día de la Resurrección del Señor. Ese día comienza la nueva creación, vencidos para siempre muerte y pecado. Por eso, el primer día de la semana los cristianos se reúnen en asamblea litúrgica para celebrar la Eucaristía, la Nueva Alianza, que hace siempre referencia al contexto en que fue instituida: la muerte y resurrección de Jesús, el misterio pascual.
El relato de la aparición de Jesús a los discípulos que nos trae hoy el evangelio de Juan está escrito también en clave de nueva creación, y los discípulos son el germen de la nueva humanidad que comienza con la Pascua. Exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo”. Es el aliento que Dios exhaló al principio sobre el hombre modelado del barro; es el Espíritu de Dios, que aleteaba sobre las aguas en el momento de la creación. La reunión de discípulos es ya la nueva humanidad que comienza. Y a ella se accede mediante la fe en el Cristo Resucitado. Por eso el evangelista nos narra con todo detalle el episodio de la ausencia de Tomás y el reconocimiento que de él hace más tarde en una aparición posterior. La primera de ellas tiene lugar en el día mismo en que Cristo ha resucitado. Jesús les enseña las marcas que su paso por esta vida temporal ha dejado en su cuerpo. Luego será eso también lo que Tomás exigirá ver y tocar. Jesús se las muestra y le invita a tocarlas. Finalmente, el Mellizo del Señor, acaba postrándose y reconociendo a su Señor y Dios en la figura del resucitado. Así, la Palabra creadora del Padre, que al principio lo hizo todo de la nada, vuelve ahora a crear, después de haber pasado por su encarnación y glorificación, una humanidad reconciliada en el amor, a la que cualquier hombre de cualquier tiempo, de cualquier lugar, de cualquier raza y cultura puede mostrar su adhesión e incorporarse a ella mediante la fe en el Cristo Resucitado. Esa es la puerta para entrar en esa humanidad nueva y pertenecer a la definitiva alianza de Dios con los hombres. En verdad, Jesús ha cumplido su misión. Ahora da a su comunidad de discípulos las mismas capacidades que él ha recibido de Dios: la de curar enfermos, la de perdonar pecados… Jesús continuará actuando en nuestro mundo a través de la actividad y la predicación de los que abracen mediante la fe en él esa humanidad nueva. La forma ordinaria de acceder al Jesús resucitado no será la de ser testigos oculares; ese privilegio se acaba con Tomás. A partir de él, Jesús proclama dichosos a los que crean sin haber visto; es decir, por la predicación de los que han experimentado a Jesús en sus vidas. Tirando del ovillo, llegamos al testimonio de los que fueron testigos oculares, pero estos dos mil años, la fe en Jesús se transmite mediante la enseñanza del que lo encuentra y lo experimenta en su vida. Por eso la fe no se calla, se comunica.
El papa Juan Pablo II instituyó este domingo como el de la Divina Misericordia. Ligado a la Pascua, reconocemos la infinita misericordia de Dios con nosotros para entregarnos a su Hijo y para reconciliarnos con Él. Ya decían las antiguas Escrituras que Dios no nos trata como merecen nuestros pecados; pero no sólo se ha quedado en eso, sino que ha ido mucho más lejos. Nos ha hecho hijos en el Hijo, nos ha llevado a la felicidad eterna con su gloriosa resurrección. La misericordia de Dios es su perdón definitivo, algo que a nosotros, que celebramos su Pascua, debería salirnos de manera natural sin ningún esfuerzo especial hacia nuestros semejantes.
JUAN SEGURA
juan@dabar.net
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PARA CONSIDERAR Y REFLEXIONAR EN GRUPOS
Dichosos los que crean sin haber visto
(Lc 21, 28b)
Preguntas y cuestiones
¿Porqué la mayoría de los que ven la vida de la iglesia actual y de los cristianos de ahora no experimentan lo mismo que los habitantes de Jerusalén?
¿Es la Pascua de Jesús el fundamento de la iglesia o son otras muchas cosas: poder, prestigio, ganas de influir...? Sobre todo en los responsables
PARA LA ORACION
Dios, Padre nuestro, que, en tu infinita misericordia, te has apiadado del género humano regenerándolo del pecado y de la muerte por medio de tu Hijo muerto y resucitado; concede a quienes nos alegramos en esta Pascua, participar un día de la Pascua eterna.
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Con el pan y con el vino es toda nuestra vida lo que te ofrecemos. Que tu acción santificante nos llene de tu gracia para que podamos servirnos y compartir con los demás todo lo que de ti recibimos.
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Verdaderamente es justo y necesario darte gracias incesantemente. Pues tu amor y tu misericordia para con nosotros son tan grandes que, por el misterio pascual, no sólo nos has reconciliado contigo, sino que, por la resurrección de tu Hijo Jesucristo, nos has dado la vida eterna a cuantos creemos en él.
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Confortados con el alimento del cielo, alienta, Señor, a tus hijos para superar las dificultades de esta vida con la fe, la esperanza y la caridad que brotan de tan admirable sacramento.
LA MISA DE HOY
MONICIÓN DE ENTRADA
El segundo domingo de Pascua es el extremo final de una prolongación del propio Domingo de Resurrección. Durante ocho días, la Iglesia ha celebrado su liturgia como la del día en que Cristo resucitó de entre los muertos. Son los días más importantes y significativos de nuestro calendario cristiano. Ninguna de las solemnidades anuales iguala la de la Resurrección de Jesús. Por eso también, el tiempo pascual se prolongará durante siete semanas hasta la fiesta de Pentecostés, según la cronología de Lucas, pues hoy veremos en el evangelio de Juan que Jesús derrama su Espíritu el mismo día de su resurrección.
ACTO PENITENCIAL
-Tú, resucitado de la muerte. Señor, ten piedad.
-Tú, presentado ante tu comunidad de discípulos. Cristo, ten piedad.
-Tú, dador del Espíritu Santo a la Iglesia. Señor, ten piedad.
MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA
A lo largo del tiempo y de los domingos de Pascua, vamos leyendo en las misas el libro de los Hechos de los Apóstoles, segunda parte de la obra de Lucas. En él iremos viendo los primeros pasos de la misión de los apóstoles, la fundación de las primeras comunidades y cómo la Iglesia se va haciendo más grandes con las nuevas conversiones de los que abrazan la fe en Jesús.
SALMO RESPONSORIAL (Sal 117)
Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia. Diga la casa de Aarón: eterna es su misericordia. Digan los fieles del Señor: eterna es su misericordia.
Dad gracias al Señor porque es bueno…
La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente. Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo.
Dad gracias al Señor porque es bueno…
Señor, danos la salvación; Señor, danos prosperidad. Bendito el que viene en nombre del Señor, os bendecimos desde la casa del Señor; el Señor es Dios, él nos ilumina.
Dad gracias al Señor porque es bueno…
MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA
La palabra “Apocalipsis” significa “revelación”. Juan nos introduce en esta lectura en que va a contarnos aquello que le ha sido revelado. Con un lenguaje especial y particular, con abundancia de visiones y de símbolos mitológicos, nos mostrará la victoria final de Jesucristo, al término de la historia, y su reconocimiento por todo viviente. Es interesante la descripción que nos da de la gloria.
MONICIÓN A LA LECTURA EVANGÉLICA
El contacto de Jesús resucitado con sus discípulos les hace ser testigos de su resurrección. El acontecimiento, que nadie vio, se presenta ahora en la figura del Resucitado. Su presencia provoca temor al principio, pero también alegría después. Jesús les dará el Espíritu Santo y les dotará de su propio poder para que sean continuadores del anuncio de la Buena Noticia. La fe es la que da acceso a la nueva humanidad cuya creación Jesús acaba de iniciar.
ORACIÓN DE LOS FIELES
Alcemos con una voz común al Padre de la gloria una misma plegaria de toda la comunidad.
-Por la Iglesia, para que viva resucitada y resucitadora. Roguemos al Señor.
-Por la paz y el progreso de los pueblos más desfavorecidos. Roguemos al Señor.
-Por el respeto y la tolerancia entre las culturas de la tierra. Roguemos al Señor.
-Por el testimonio de Cristo resucitado por parte de todos los cristianos. Roguemos al Señor.
-Por una respuesta de fe por parte de todos los que escuchan el Evangelio. Roguemos al Señor.
-Por una esperanza en la eternidad que aliente en todos nosotros la hora de nuestra muerte. Roguemos al Señor.
-Por la vida en la resurrección de todos nuestros familiares y amigos difuntos. Roguemos al Señor.
Oración: Llenos de la alegría pascual, te pedimos, Padre, que escuches una vez más la voz de tu pueblo, que cree en tu Hijo resucitado, Nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo…
DESPEDIDA
Tal como Jesucristo glorioso y resucitado nos la da, PODÉIS IR EN PAZ ¡ALELUYA, ALELUYA!
CANTOS PARA LA CELEBRACION
Entrada. Canta con júbilo… Resucitó (1CLN-219); Jesús nuestra Pascua (1CLN-216); Aleluya, aleluya, es la fiesta del Señor (del disco “Cerca está el Señor”); Himno a Jesucristo (del disco “Canciones religiosas y litúrgicas para el siglo XXI”).
Gloria. De la Misa de Palazón; Gloria de Erdozáin (en el reciente disco “15 Cantos para la Cena del Señor”).
Salmo. Este es el día en que actuó el Señor.
Aleluya. Canta aleluya al Señor.
Ofertorio. Música instrumental; Quiero estar, Señor, en tu presencia (del disco “Cantos para participar y vivir la Misa”).
Santo. (1CLN-I 4); Señor del Universo de Barja (2CLN-H 7).
Paz. Cristo es nuestra paz (del disco “Viviremos con él”).
Comunión. Guarda mi alma en la paz (de Deiss); Una espiga dorada (1CLN-O 17); Altísimo Señor; Dentro de mí (del disco “Cantos para participar y vivir la Misa”).
Final. Música instrumental; Regina Coeli; Reina del cielo, alégrate (de Palazón); Id y proclamad (del disco ‘Cantos para una comunidad evangelizadora’).
Director: José Ángel Fuertes Sancho •Paricio Frontiñán, s/n• Tlf 976458529 Fax 976439635 • 50004 ZARAGOZA
Tlf. del Evangelio: 976.44.45.46 - Página web: www.dabar.net - Correo-e: dabar@dabar.net








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