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martes, 2 de marzo de 2010

Provación Misionera: El Evangelio: único modelo de misión

Ernesto Duque
Publicado por Antena Misionera

Hace unos años, H. Küng hacía esta afirmación: «El argumento más fuerte contra el cristianismo son los cristianos: los cristianos que no son cristianos. Y el argumento más fuerte en favor del cristianismo son los cristianos: los cristianos que viven cristianamente». Es cierto.

Años antes, lo había reconocido claramente el Concilio Vaticano II: en más de una ocasión, los cristianos «han velado más bien que revelado el genuino rostro de Dios y de la religión». Hablamos mucho de la indiferencia religiosa y de la resistencia del hombre contemporáneo a creer en Dios, pero no siempre somos conscientes de que, más de una vez, somos nosotros mismos con nuestra mediocridad y rutina religiosa el primer obstáculo para que Dios sea hoy percibido y acogido como algo bueno. Por eso, Pablo VI consideró el testimonio como «elemento esencial, por lo general el primero absolutamente en la evangelización».



Un modelo pastoral poco adecuado
Todo esto nos obliga a revisar nuestro modo de entender y vivir la transmisión de la fe. Condicionados por lo que nosotros mismos hemos conocido y vivido en la Iglesia, corremos el riesgo de asumir sin mayor reflexión un modelo de acción pastoral que descuida en buena parte el testimonio y la experiencia de Dios. Señalo cuatro aspectos:

Casi siempre pensamos que lo más importante es contar con personas valiosas y bien preparadas, capaces de llevar a cabo las diversas tareas con eficacia. Personas dinámicas, activas, trabajadoras, capaces de potenciar la comunidad cristiana en sus diversas dimensiones. De ahí la importancia de los procesos de formación, escuelas de teología, cursillos de capacitación pastoral.

Pensamos también que es de gran importancia el contar con medios eficaces que garanticen la propagación adecuada del mensaje cristiano frente a otras ideologías, la implantación de la Iglesia y el desarrollo del trabajo pastoral en general. De ahí la importancia de contar con plataformas pastorales fuertes desde las que se pueda ejercer una influencia social grande: parroquias, unidades pastorales, escuelas, medios de comunicación, publicaciones, materiales pedagógicos.

Necesitamos, además, desarrollar y perfeccionar cada vez más las estructuras y la organización pastoral. De ahí la importancia de una planificación inteligente y eficaz, de unos cauces pastorales adecuados, de una estrategia bien pensada.

Por otra parte, nos parece muy importante el número de personas comprometidas. Siempre somos pocos. Siempre los mismos para todo. A veces se diría que, en el fondo, pensamos que todo iría mejor sólo con que tuviéramos el mayor número de personas posible que, con la mejor preparación posible, con la mejor organización y los mejores medios, llevara a cabo con eficacia el trabajo pastoral. Pero, en realidad, ¿qué habríamos logrado con desarrollar con más eficacia y de manera más poderosa lo que hacemos ahora de modo más deficiente y débil?

Es importante, sin duda, contar con personas valiosas, necesitamos una organización pastoral eficiente, un mayor número de personas comprometidas, medios eficaces, formación más adecuada, pero ¿estamos comunicando esa experiencia nueva y buena de un Dios Salvador, que tanto necesita el hombre y la mujer de hoy?

Hacia una visión más evangélica
Decíamos que evangelizar no es sino comunicar y hacer posible la experiencia salvadora, transformadora, humanizadora que comienza en y con Jesucristo. Por tanto, el objetivo último de la acción pastoral no es sino introducir y hacer presente en la vida de las personas, en el tejido de la convivencia social, en la historia de los pueblos, esa experiencia salvadora y esa fuerza transformadora que se encierra en la persona y en el acontecimiento de Jesucristo. Esto genera todo un estilo diferente de entender y de vivir la acción evangelizadora.

Es importante contar con personas valiosas y bien preparadas, pero lo decisivo son los testigos, es decir, creyentes en cuya vida se puede intuir y captar la fuerza salvadora y humanizadora que se encierra en Jesucristo cuando es acogido con fe viva y con amor. Seremos muchos o pocos, jóvenes o mayores, lo que necesitamos es creyentes que comuniquen su experiencia e irradien una esperanza y un estilo de vida propio de «hombres y mujeres nuevos» que viven enraizados en Jesucristo.

Es importante contar con medios eficaces, pero lo decisivo son los medios empleados por el mismo Jesús. Medios aparentemente pobres pero insustituibles para introducir la Buena Noticia de Dios en la vida de hoy: acogida cálida a cada persona; cercanía a las necesidades más vitales del ser humano; cobijo a los más olvidados y excluidos; liberación de la soledad y del sufrimiento; acogida y ofrecimiento de perdón inmerecido a los culpables; creación de relaciones más justas y fraternas; defensa incondicional de la dignidad de toda persona; amor apasionado a todo ser humano; invitación a la confianza total en un Dios Amigo y Salvador. Necesitamos comunidades y creyentes en los que se pueda captar de nuevo a «Jesús vivo en medio de nosotros».

Por otra parte, es necesaria la estructura y la organización pero sólo aquella que sostiene y alienta el testimonio. El Evangelio sólo admite organización y estrategia evangélicas. Lo importante es contar con estructuras sencillas, sólo las necesarias, ligeras, educativas, fraternas, transparentes, que ayuden a vivir la experiencia cristiana y que estén al servicio del testimonio.

Por último, lo decisivo no es el número sino la calidad de vida que puedan irradiar los creyentes y las comunidades cristianas. Lo importante no es lo cuantitativo. Lo decisivo no es «hacer cosas», «hacer mucho» sino cuidar mejor la calidad evangélica de lo que hacemos, purificar nuestra experiencia cristiana, cultivar el testimonio.

Lo importante sería reavivar la experiencia original, encender la vida de los testigos y comunicar humildemente la Buena Noticia de un Dios muy diferente del que hoy es abandonado por no pocos.

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WebJCP | Abril 2007