Publicado por DABAR
NOTAS PARA EL JUEVES SANTO,
MISA VESPERTINA “EN LA CENA DEL SEÑOR”
NOTAS PARA EL JUEVES SANTO,
MISA VESPERTINA “EN LA CENA DEL SEÑOR”
- En orden de importancia esta celebración es la de menor relieve en la Semana Santa aunque, como ya hemos dicho, sea la que mayor asistencia registra.
- Debe procurarse que la de hoy no aparezca como la "Eucaristía" por antonomasia (aunque esto sea lo que se hace en muchas comunidades); la de hoy debe ser, es, un anticipo de la Eucaristía por antonomasia (ésta si) que es la Eucaristía pascual.
- No hay elementos extraordinarios hoy, salvo:
a) el traslado de la Eucaristía al Monumento al final de la celebración. b) y el lavatorio de los pies; donde se haga, debe hacerse recordando a la Comunidad que san Juan, en su relato de la Última Cena, no narra la institución de la Eucaristía, sino el lavatorio de los pies, o sea, un equivalente que es el servicio a los hermanos. Y, en fin, procurar que sean celebraciones realmente comunitarias, que ayuden a vivir el misterio de la fe, que las homilías ayuden a esta vivencia, que haya unas buenas moniciones que ayuden a entender los ritos extraordinarios y, sobre todo, que quede renovada y fortalecida nuestra fe en Jesucristo Muerto y Resucitado.
PRIMERA LECTURA
Es este un texto tan lleno de símbolos que resulta de todo punto imposible explicarlos todos. Nos vienen a la mente los más conocidos y conservados después en la liturgia cristiana, bien que transformados: el cordero sacrificado y los panes ácimos. Pero habría que revisar el simbolismo de las hierbas amargas, el comer en pequeña comunidad, la sangre que rocía jambas y dinteles; la fecha de la celebración, el comer de pie y con sandalias puestas, el bastón en la mano y aprisa… Como hacen los piadosos judíos en su celebración de la pascua.
Habría que reflexionar sobre el origen de estos signos. Comida compartida de pastores en la primavera, acompañando el esquileo del rebaño; propio de una sociedad nómada o mejor, seminómada. Con todas esas explicaciones es posible que olvidáramos el mensaje y razón principal de la celebración. Algo que sucede con frecuencia cuando por desatención los signos adquieren el valor de lo significado e impiden acceder al misterio que se oculta bajo ellos.
Por eso en nuestra celebración cristiana los signos han quedado transformados en el pan y el vino y se ha introducido uno totalmente novedoso que es el lavar los pies. Los dos primeros signos siguen siendo la Pascua, el Paso salvador de Dios Padre aceptando el sacrificio del Cordero de Dios que nos ‘libra del pecado’ (la auténtica esclavitud y la única muerte eterna) y nos lleva de la mano por el mismo camino que siguió Jesús: el sendero humilde y compasivo a los hermanos que consistió en hacerse esclavo de todos. “El que quiera ser primero que se haga vuestro servidor” (Mt 20,27). “Ya que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida como rescate por todos” (Mc. 10,45). Los sorprendente es que para Jesús este es el camino de la libertad, de la salida de la esclavitud. Paradigma del misterio de estos días.
La Pascua que revela el mismo misterio asombroso de la comunidad que comparte la humilde comida de acción de gracias, que vive en precario con las sandalias y el bastón del migrante a mano, que se siente amenazada siempre por el enemigo opresor… pero que tiene como valedor al Señor. Una vez más es la fe la que engendra la inconmovible confianza en el Señor.
SEGUNDA LECTURA
La Primera Carta a los Corintios está escrita hacia mediados de los años cincuenta. Como Pablo aquí se remite a una tradición que él ha recibido, podemos suponer razonablemente que este testimonio se remonta, como mínimo a la década anterior, es decir, a unos quince años después de la Última Cena. Es el primer testimonio, cronológicamente hablando, de la institución de la Eucaristía.
La tradición paulina es muy semejante a la que presenta el Evangelio de Lucas y, en cambio, difiere en algunos pequeños, aunque significativos, detalles de la que aparece en los de Marcos y Mateo.
En la versión paulina se destaca la entrega salvadora de Cristo a la muerte tanto en la introducción del párrafo como en la fórmula del pan con la expresión “por vosotros”. También añade el adjetivo ”nueva” para referirse a la alianza en la del vino. Como es obvio la “alianza” prolonga el vocabulario del AT , pero con una cierta transformación porque recoge lo más general de la expresión en el sentido de “ economía”, “ situación”. Lo que interesa aquí de lo referente a la alianza judía es que representaba el sistema de relaciones de Israel con Dios, el cual queda transformado en Cristo hasta el punto de poderse hablar con razón de “nueva alianza”
En Lucas y Pablo hay una explicitación de la memoria que se hace de la muerte de Cristo en la celebración de la Eucaristía con las palabras “cada vez que bebáis” repetida en el versículo 26 con la alusión a la comida del pan y bebida del cáliz.
Es, privativo de Pablo el matiz escatológico y de esperanza que aparece en el “hasta que vuelva”. La Eucaristía no es sólo recuerdo y actualización del pasado sino también anuncio del futuro
Tenemos, pues, muy en la línea soteriológica de Pablo, un subrayado del efecto salvador de la muerte de Cristo. Y, como en teología paulina muerte y resurrección de Cristo van unidas, no estaría fuera de lugar ver también aquí alguna alusión a la misma resurrección de forma implícita.
Finalmente, la conmemoración de la institución que aparece en la liturgia de la misa mezcla un poco todos estos elementos.
EVANGELIO
Texto. Se trata probablemente del relato con la introducción más solemne de todo el cuarto evangelio, significándose con ello la condición culminante del momento. Culmen de conocimiento; culmen de amor; culmen de poder.
Marco solemnísimo para una secuencia pormenorizada de acciones corrientes, serviles: Se levanta de la mesa, se quita el manto,...(vs.4-5).
Acciones, por otro lado, que tienen lugar no cuando les correspondería, al comienzo de la cena, sino cuando la cena ya está en curso. No obedecen, pues, a los cánones de la hospitalidad cortés. A los calificativos de corrientes y serviles, hay que añadirles el de inesperadas.
Todo ello las convierte en acciones con una carga simbólica no fácilmente perceptible y, en todo caso, difícilmente aceptable. Simón Pedro es la muestra de ello. A la vista de su reacción, Jesús le dice: No lo entiendes ahora; lo comprenderás más tarde.
A la peculiar carga simbólica de las acciones apunta la pregunta final de Jesús a todos sus discípulos: ¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros?
Jesús ha actuado con ellos en calidad de maestro y de señor, y, en calidad de tal, ha hecho con ellos algo que ellos no podían esperar que hiciera: se ha hecho siervo de ellos, haciendo saltar por los aires la división en acciones serviles y señoriales.
Puntos de reflexión. Prólogo majestuoso, imponente, para acciones normales, corrientes. Siempre me ha impresionado este texto, que convierte lo servil en señorial, lo trivial en importante, rompiendo con los esquemas al uso sobre lo señorial e importante. ¡Qué tendrá el Hijo de Dios, que siempre nos rompe los esquemas!
Diferenciar no es discriminar ni dar trato de inferioridad. Pero para que las diferencias no discriminen deberemos aprender a adquirir una categoría personal en línea con la del maestro y señor Jesús.
Comenzamos con esta celebración vespertina el Triduo Sacro o Santo Triduo Pascual. La centralidad de nuestra fe cristiana está contenida en las celebraciones y el significado del jueves, viernes, sábado santos y el Domingo de Resurrección. Es la culminación de la misión de Jesús: su entrega en sacrificio por los pecados del mundo y su victoria sobre la muerte con su resurrección. La liturgia de estos días forma una unidad, de modo que podríamos decir que se trata de una única celebración distribuida en tres actos. Todo comienza con la cena pascual.
A la caída de la tarde, cuando las luces dejan paso a las sombras y el bullicio al silencio, la liturgia de la Iglesia quiere no que recordemos la última cena de Jesús, sino que celebremos hoy la última cena de Jesús con nosotros, con sus discípulos, antes de entregarse mañana en la cruz y antes de resucitar al tercer día de entre los muertos. Hoy estamos con el Señor en la intimidad, mirándole, escuchándole, celebrando con él la cena de la pascua. Estamos dentro de la escena, cenando con él y con el resto de discípulos. En aquel momento celebraban la pascua judía, el paso del Mar Rojo, que suponía dejar atrás la esclavitud para abrirse a una vida en libertad. Comían el cordero sacrificado cuya sangre –uno por casa- libró a los hebreos del exterminio de los primogénitos en tierras egipcias. Hoy no celebramos eso. La primera lectura nos lo traía a nuestra presencia para recordarnos el contexto de aquella primera última cena. Pero aquella cena lo cambiaría todo; sería la puerta de apertura a una nueva Pascua. Se trata de la Pascua de Jesús. De su paso de la muerte a la vida. Se trata de que Jesús, ofrecido como víctima en el sacrificio de la cruz, ha limpiado nuestros pecados para siempre y su sangre derramada por todos nos ha obtenido la salvación. Por eso ya no cenamos el cordero que salvó a los israelitas: cenamos el cuerpo y la sangre de Jesús, que nos ha salvado a nosotros. Y esta cena la podemos repetir todos los días, porque en el pan y en el vino, Jesús se ha quedado con nosotros para siempre, porque el pan y el vino eucarísticos actualizan nuestra salvación cada vez que los tomamos en memoria suya.
Sí. Jesús será entregado esta noche en manos de los paganos para darle muerte. Pero él vuelve a instituir hoy la eucaristía para nosotros. Antes que en las de ellos, Jesús se pone en nuestras manos; y lo hace para siempre; como alimento de nuestra fe; como signo de comunión con él y con su destino; como signo de comunión entre nosotros, hermanos, hijos todos del mismo Padre. Se nos queda, vivo y resucitado para todos los días de nuestra vida. Por eso, cada vez que celebramos la misa, anunciamos su muerte y proclamamos su resurrección, pues no puede desligarse del contexto pascual en que se instituye. Participar de su cuerpo entregado y de su sangre derramada es entrar en comunión con él; estar dispuestos a lo mismo que él; participar en su destino: es lo que mejor nos une a Cristo porque nos hace uno con él y él se hace uno en nuestro cuerpo y en nuestra sangre. Pero eso no es todo, pues Jesús no celebra este gesto con gente extraña o no creyente, sino que lo da a los que él mismo ha enseñado, a los que desde entonces asumirán la tarea de ser continuadores de la misión que el Padre le confió. El alimento de su cuerpo y de su sangre une en comunión a los que participan de él. Una misma carne y una misma sangre hacen a los hombres hermanos. Así la eucaristía conforma la familia de Jesús.
La familia vive y se realiza en el amor. (No conviene silenciar en la liturgia de hoy el canto del gradual, pues es el único momento en el que aparece el mandamiento nuevo). En el mismo contexto de la cena con los suyos y de la institución eucarística, Jesús anticipa ya la nueva alianza de Dios con los hombres en un solo mandamiento: “Que os améis los unos a los otros como yo os he amado”. Es más, será el signo por el que nos reconocerán como discípulos suyos. El seguimiento de Jesús no se entiende fuera del amor fraterno. Tampoco la participación en la eucaristía tiene sentido desligada del amor fraterno. La eucaristía es perdón y reconciliación, es entrega y sacrificio, es renuncia a uno mismo y es amar, incluso, a quien no nos ama o nos odia.
Jesús mismo dijo que no vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos. Su mayor muestra de servicio es su entrega en la cruz por amor a todos. Sin embargo, el evangelio de San Juan nos muestra en la última cena la escena del lavatorio de los pies. Jesús nació pobre y vivió siempre en el servicio a Dios y a los demás. Lavando los pies, ocupa el lugar del esclavo y enaltece a su prójimo. Sólo quien entienda este gesto y esté dispuesto a hacer lo mismo podrá ser discípulo suyo. El diálogo que mantiene con Pedro a propósito de este gesto es totalmente clarificador: “No tienes nada que ver conmigo”.
Concluyendo. Estamos celebrando la misma cena con Jesús antes de entregarse en la cruz. Él ha instituido para nosotros la eucaristía, memorial de su pasión, para nuestro alimento y para nuestra comunión con él y con los hermanos. Lo que Jesús va hacer es lo que quiere que estemos dispuestos también a hacer los que queremos seguirle, y eso sólo es posible desde el amor, un amor perfecto que no excluye a nadie y que no se niega ni siquiera a nuestro enemigo. La Pascua de Jesús nos hará pasar con él de la muerte a la vida, de la esclavitud a la libertad, del pecado a la gracia. Pero la libertad compromete. El que es libre ha de comprometerse con las decisiones que toma. Seguir a Jesús libremente es ser fiel al compromiso de Jesús de vivir como vivió él, de continuar la misión por él emprendida de dar a conocer el Evangelio, y estar abiertos a compartir con él su misma suerte: su misma muerte y resurrección.
SALUDO
Hermanos: Que Jesucristo, el Señor, que ha venido a nosotros para ser nuestro servidor, nuestro Salvador, esté con todos vosotros.
ENTRADA
Celebramos la Cena del Señor. Como aquellos discípulos, nos sentimos invitados a la mesa de Jesús para compartir su palabra, su Cuerpo y su Sangre. Él se hace presente entre nosotros ofreciendo libremente y de forma voluntaria su vida a Dios Padre en favor de los que ama. Cristo se entrega por nosotros a la muerte, muerte de cruz. Nos deja la Eucaristía, para que sea para nosotros sacramento y signo de su entrega y de su presencia. No podemos separar Eucaristía y amor fraterno, servicio a los hermanos y comunión con el Cuerpo de Cristo.
Participar en la Eucaristía es todo un compromiso de ser y vivir, como Jesús, hasta dar, hasta darnos, hasta formar común-unión.
ACTO PENITENCIAL
Jesús nos dice: “Amaos como yo os he amado”. Reconocemos que a veces no somos fieles a este mandato del Señor. Pidámosle al Señor que tenga piedad de nosotros.
- Tú, que estás en medio de nosotros como el que sirve. Señor, ten piedad.
- Tú, que deseas lavarnos la mente y el corazón. Cristo, ten piedad.
- Tú, que te humillas y te pones a los pies de la humanidad. Señor, ten piedad.
MONICIÓN AL GLORIA
En esta tarde, nosotros somos los discípulos amados, por el Señor. Un amor que nos sobrepasa, que no tiene igual en los amores humanos. Queremos agradecer a Dios Padre su misericordia hacia nosotros, la entrega de su Hijo, y el aliento y la fuerza del Espíritu Santo.
LECTURA NARRATIVA
El texto que vamos a escuchar nos cuenta las tradiciones que rodeaban la celebración de la Pascua Judía, y el espíritu con el que el pueblo de Israel debía vivirla. Gracias a la actuación del Señor, los israelitas fueron liberados de la esclavitud de Egipto. Para recordar esta liberación celebran la fiesta de la Pascua. El gozo y la gratitud marcaban la memoria de este acontecimiento central en la vida del pueblo elegido.
SALMO RESPONSORIAL (Sal 115)
El cáliz de la bendición es comunión con la sangre de Cristo.
¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Alzaré la copa de la salvación, invocando su nombre.
El cáliz de la bendición es comunión con la sangre de Cristo.
Mucho le cuesta al Señor la muerte de sus fieles. Señor, yo soy tu siervo, hijo de tu esclava; rompiste mis cadenas.
El cáliz de la bendición es comunión con la sangre de Cristo.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza, invocando tu nombre, Señor. Cumpliré al Señor mis votos en presencia de todo el pueblo.
El cáliz de la bendición es comunión con la sangre de Cristo.
LECTURA APOSTOLICA
Pablo recuerda a los cristianos de Corinto la tradición que él recibió sobre la última cena del Señor Jesús con sus apóstoles y como arranca de allí mismo y del mandato del Señor el hecho de que ellos se reúnan para celebrar la Eucaristía. El creyente que participa en ella se une al Señor muerto y resucitado: establece comunidad de vida con Él, disfrutando de la nueva situación que Cristo ha establecido para sí y para los que se unen a él. La Eucaristía, según San Pablo, es memoria y presencia de la muerte y Resurrección del Señor.
LECTURA EVANGELICA
Jesús, único Señor y Maestro, da a sus discípulos un ejemplo práctico de su amor: durante la cena se puso a lavarles los pies. (un quehacer propio de los esclavos en aquel tiempo). En ese gesto, Cristo revela todo el sentido de su vida: ha venido a servir y no a ser servido. Un gesto en el que se anticipa su entrega y muerte en la cruz, lo mismo que en la Eucaristía. El cristiano está llamado a vivir de la misma manera, con actitud de servicio, viendo en toda persona a un hermano.
ORACION DE LOS FIELES
El amor que recibimos de Dios Padre, en la persona de Jesús, su Hijo y nuestro hermano, crea y provoca fraternidad. Unidos por este amor oremos por la gran familia de la Iglesia y por las necesidades de todo el mundo. Diremos: Padre, fortalece nuestro amor.
- Por la Iglesia, para que seamos fermento de comunión y servicio en medio de todas las circunstancias y momentos que viven y padecen los hombres y mujeres de nuestro mundo. Oremos.
- Por todas las naciones de la tierra que sufren la violencia, el terrorismo la guerra, para que desaparezcan las enemistades y desconfianzas y sea posible la concordia y el diálogo. Oremos.
- Por todas las personas que en medio de nuestra sociedad se preocupan de los demás, se esfuerzan por servir y amar a los demás, para que no cesen en su necesaria y hermosa tarea. Oremos.
- Por los que más necesitan de nuestra acogida y caridad: los enfermos, los ancianos, los inmigrantes, los que viven en soledad, los excluidos… Oremos.
- Por esta comunidad (parroquial) para que la comunión con el Cuerpo de Jesús nos lleve a amar y servir generosamente y de forma gratuita a los hermanos. Oremos
- Por nuestra comunidad parroquial, para que nadie se sienta solo, rechazado o excluido de la caridad que brota de la Eucaristía. Oremos
Oración: Acoge, Padre, la oración que te dirigen tus hijos. Que nuestra vida diaria sea una Eucaristía continuada.
MONICIÓN AL LAVATORIO DE LOS PIES
Jesús realiza un gesto desconcertante, propio de esclavos: arrodillarse ante sus discípulos y lavarles los pies. El mensaje que transmite no puede estar más claro. El cristiano está llamado a ser como Él: el que sirve. Eucaristía y servicio no pueden separarse. Ahora, entre nosotros, vamos a realizar el mismo gesto de Jesús, en la última Cena. El que preside la celebración lavará los pies a algunos miembros de esta comunidad (parroquial). Es recordar la entrega y servicio de Jesús; es mostrar el camino a seguir.
Entrada: El Señor nos ha reunido junto a El, de Kairo del disco "Vive"; Con nosotros está el Señor, de Erdozáin, del casete "15 Nuevos Cantos para la Misa"; Danos un corazón grande para amar (1 CLN-718).
Gloria: Gregoriano, de la Misa de Angelis:
Salmo: El cáliz..., de Cols, o el LdS.
Aclamación antes del Evangelio: Un mandamiento nuevo (popular).
Ofertorio: Ubi caritas, o el canto Dios es Amor, del disco "Dios es Amor".
Santo: Gregoriano.
Aclamación al Memorial: 1 CLN-J 22.
Comunión: El gran convite (mientras la cena), del disco "Cantos para participar y vivir la Misa"; Donde hay caridad y amor (1 CLN-O 26); Comiendo del mismo pan, de Madurga.
Traslado del Santísimo: Cantemos al amor de los amores; Tantum ergo, Proclamemos el reino de la vida (Congreso de Sevilla).
(Conviene prever la participación con suficiente antelación, adecuar su duración a la comunidad convocada, y combinar apropiadamente la palabra y el silencio, que favorezca la oración)
Dios llora a medianoche
La Semana Santa adquiere su mayor densidad y dramatismo en Getsemaní. En el monte de los olivos Jesús vive sus más angustiosas y angustiadas horas. La oscuridad de la noche de la primera luna llena de primavera hace presagiar la tragedia. Pero la cruz será la luz. La noche dará paso al día. Es la pasión, la pascua, el paso del Dios del amor.
"Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos".
"Vosotros sois mis amigos".
Getsemaní no tiene una celebración litúrgica propia, exclusiva, común, aun cuando quien no vive Getsemaní difícilmente puede recorrer el Vía Crucis, ascender al Calvario y descubrir su cruz y su gloria. Esta noche es tiempo para la plegaria, para la preparación de la Hora de Nona, la hora más esperada de toda la historia cuando Jesucristo ofrezca su cuerpo lacerado y su alma entregada y la muerte sea vencida en prenda inmediata de resurrección, como el grano de trigo que sólo enterrado en la tierra puede germinar.
Vamos a acercarnos al monte de los olivos… donde Jesús se hace ofrenda, donde Jesús, confiando en el Padre, arriesga su vida. Todo está en juego…. Su grito es “hágase tu voluntad”, su actitud será… “Padre… me fío de ti”.
Vamos a Getsemaní a acompañar a Jesús que hoy sigue diciendo “Padre… me fío de ti”, vamos a abrir los ojos a quienes están hoy en Getsemaní y se debaten entre la confianza y la decepción, entre la esperanza y la desilusión, entre el sueño de justicia y la realidad tantas veces injustificable.
En Getsemaní también están los que pasan hambre y sólo esperan un plato de comida, los que sufren la violencia y sólo sueñan en un día de paz, quienes han perdido el norte de su vida y sólo esperan una señal que aporte una dirección a su existencia.
Vamos a Getsemaní a acompañar a Jesús y con él a los que sufren hoy la cruz.
(Alguien lee en voz alta para todos): Mt 26, 36-46
“Padre, aparta de mí este cáliz”
Jesús pide que no se le avecine lo que le parece inevitable, que no se materialice lo que presiente va a ser su doloroso final. Como a nosotros, no le gustaba sufrir, no busca sufrir, su sufrimiento es consecuencia de su vivir y enfrentarse al mal, de su cumplir la voluntad de Dios al denunciar las injusticias y anunciar que la vida tiene que ser vivida de otra manera: que no se puede ignorar el sufrimiento de otros, ni regodearse en la propia comodidad, que uno no se puede escudar en la religión para mantener en la miseria y la ignorancia al pueblo, que lo que los sacerdotes y fariseos hacían no encajaba en la voluntad del Padre sino en su propio beneficio. Jesús no buscó nunca el conflicto, pero no huyó de él cuando fue manifiesto que estaban hablando de un Dios diferente, no dudó de la Buena Noticia: Dios nos ama, nos libera, nos espera, sabe de nuestros pecados, no le gustan y espera nuestra conversión pero es lento a la ira y rico en misericordia.
“Padre, aparta de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.”
No obstante, consciente de que la omnipotencia de Dios es en el amor y no en cambiar los acontecimientos históricos, que asume plenamente la libertad humana, Jesús se pondrá en manos de Dios aunque la voluntad de Dios no es la cruz ni la muerte ni el sufrimiento, Jesús acepta que el amor del Padre pasa por respetar la libertad de las criaturas y con ello su opción por el mal.
"Volvió junto a sus discípulos y los encontró dormidos;
entonces dijo a Pedro: ¿Ni siquiera habéis sido capaces de velar una hora conmigo?"
"Velad y orad para no caer en tentación: pues el espíritu está pronto, pero la carne es débil".
Si queremos ir a Getsemaní tenemos que imaginarnos al lado de Pedro, ser un discípulo más, ver a Jesús que nos dice que recemos mientras Él se aleja para rezar en soledad, que le acompañemos en su oración e imaginemos que como a los discípulos se nos cierran los ojos de cansancio, de tristeza, de incomprensión, y nos dormimos. Y es Jesús quien nos despierta desolado ante nuestro sueño, como si de un amigo se tratara que nos ha pedido que le acompañemos para hacer algo importante y nos hemos dormido antes de ir donde habíamos quedado y nos llama para preguntarnos dónde estamos, algo así le pasó a Jesús. Él llora y suda sangre mientras sus amigos parecen ajenos a lo que le está pasando, parecen querer darle la espalda a la realidad y despreocupados se duermen al primer síntoma de sueño. Así actuamos nosotros tantas veces…
Pongamos ante Dios todas las veces que nos hemos quedado dormidos. ¿Qué cuándo le hemos dado la espalda? Cuántas veces hemos mirado hacia otro lado cuando un pobre nos pedía limosna en medio de la fría calle, cuántas ante todos los desastres humanitarios (guerras, conflictos, hambrunas, sequías, tsunamis, huracanes, terremotos, inundaciones,…) han permanecido impasibles e intactas nuestras cuentas corrientes, todas las veces que nos hemos callado cuando alguien criticaba a otro, o nos hemos reído haciéndole la burla a alguien, cuántas hemos ocultado ante otros nuestro ser cristiano, nuestra pertenencia eclesial, cuántas veces hemos sucumbimos al consumismo y gastamos más de lo que necesitamos o deseamos más de lo que tenemos, cuando sólo pensamos en nosotros mismos, en nuestro cansancio y dejamos que nos venza el sueño o la comodidad en lugar de escuchar o ayudar al otro, ….
En esta noche nos hacemos conscientes de todas nuestras siestas a deshora, de todas nuestras inconsciencias, de nuestros pecados… de todos los momentos en que no hemos sabido velar y orar.
Te pedimos perdón Padre por todas las veces que no hemos estado atentos o despiertos, por todas las ocasiones en que no hemos sabido velar, escudriñar la realidad para ver a qué nos llamabas, qué palabra teníamos que pronunciar para hacer más real el Reino en nuestra realidad, por…. (cada uno expresa en su corazón una petición de perdón y los que lo deseen lo comparten públicamente)
En esta noche que velamos con Jesús en el monte de los olivos, vamos a hacernos algo más conscientes del sufrimiento de tantos de nuestros hermanos, que sufren en Cristo y por quienes Cristo sufrió.
Velad y orad para no caer en tentación.
Velad y orad, esa es la recomendación, ante la Cruz,
ante el dolor, ante el sinsentido, velad y orad.
Velamos para sentir que millones de personas mueren por no tener alimento. En nuestro mundo hay recursos suficientes para el alimento de todos y sin embargo el hambre sigue siendo la peor lacra de la humanidad.
Oramos al autor de la vida para no ser impasibles ante tanto sufrimiento, para que mueva nuestros corazones para que sepamos compartir nuestros bienes, exigir justicia a nuestros representantes y trabajar porque en el mundo nadie sufra necesidad.
Velamos para estar atentos a acompañar a tantas personas que sufren en su cuerpo o en su espíritu, nos acordamos de los discapacitados físicos y psíquicos, de los enfermos crónicos, de los ancianos, que muchas veces quedan “aparcados” en hospitales y residencias.
Oramos al Señor de la salvación que nos dé entrañas de misericordia e inspire el gesto y la palabra oportuna con el que sufre, con quien lo pasa mal, con los enfermos o con quienes sufren por un motivo u otro.
Velamos para ser conscientes de la violencia, el odio, la guerra y la destrucción masiva producida por las cada vez más potentes armas, con las que tantos de nuestros hermanos conviven.
Oramos al Señor de la concordia para que, Tú que dijiste a los apóstoles “la paz os dejo, mi paz os doy”, nos des la capacidad de ser instrumentos de paz allí donde estemos. Haznos capaces de guiarnos por el diálogo y el perdón, para que así sembremos paz entre las personas y entre las naciones.
Velamos para mirar la vida desde los que sufren exclusión: Cada día vemos a personas tiradas, enganchadas a un envase de vino, o escondidas debajo de unas mantas o cartones. Muchos de ellos son jóvenes, que deambulan sin saber qué hacer o a dónde ir. Hasta les hemos puesto nombre: “los sin-techo”
Oramos al Padre de la acogida, que nos recibe con los brazos abiertos, que cuando nos acercamos nos hace una fiesta, para que no seamos marginados ni marginadores, que nos ayude a acoger y aceptar a todos los excluidos, para que los incluyamos en la casa común de la fraternidad.
Velamos para ponernos en la piel de tanto inmigrante en tierra extraña que vive a nuestro lado, para ponernos en el lugar de muchas personas ponen rumbo a una esperanza sin norte y dejan familia, amigos, posesiones… para cruzar el estrecho, venir en avión o en autobús, con o sin papeles, con o sin contrato, y que sólo traen necesidad e ilusiones.
Oramos al Dios del Amor, para que no olvidemos que la tierra es suya y que nosotros somos administradores, por lo que tenemos que edificar un mundo en el que nadie tenga que salir de su hogar por miedo, o por hambre, un mundo donde no se levanten barreras a costa de la vida de personas.
Velamos para descubrir cuántos de los que nos rodean han perdido la esperanza, ya no sueñan, no tienen ilusiones, han perdido la fe y el rumbo, no saben por dónde tirar: su vida, su familia, el trabajo, los amigos, el entorno… no significan nada.
Oramos al Dios de la ilusión para que nos dé fuerza para acompañarles a recuperar la esperanza y nos enseñe cada mañana a dar gracias por el regalo de un nuevo día, a saber percibir el gozo de estar vivos, a disfrutar del encuentro con las personas que nos rodean y a sentir que Tú estás a nuestro lado alentando nuestra existencia.
Velamos para hacernos conscientes de todos los que trabajan bajo condiciones precarias o viven con angustia no poder tener un trabajo, en esta crisis económica los trabajos son más precarios, los contratos más temporales, los expedientes de regulación de empleo más frecuentes, muchas familias tienen todos sus miembros en el paro y sobreviven a duras penas.
Oramos al Señor de la Justicia, que nos confía la tierra para que continuemos su obra, para que asumamos la responsabilidad de ser cooperadores suyos en su construcción; para que toda tarea, toda labor se oriente al bien común; se asiente en un trabajo justo y favorezca la vocación de la persona y el desarrollo de su dignidad.
Velamos para no dar la espalda a ….
Oramos al Padre de Bondad para que …
En este velar y orar que nos abre los ojos al sufrimiento de tantas personas nos vamos haciendo conscientes de las lágrimas de Dios.
Si Dios llora a medianoche ¿no es deber nuestro estar despiertos a esa hora y llorar con Él y por Él? Esas dos lamentaciones, la suya y la nuestra, son la expresión de una comunidad humano-divina en vigilia, y el descubrimiento de que esta capacidad de estar en vela junto a Dios en medio de las grandes tinieblas, abre un espacio de esperanza en medio del mal.
Quien está conmovido por el dolor divino y se mantiene despierto a causa de sus lágrimas, inaudibles en medio del estruendo del mundo, permanece atento y en contacto con aquello que, en lo más secreto de sí mismo, le habla de una realidad que le desborda, y experimenta de nuevo cómo el soplo de Dios transforma el polvo en “alma viviente”. Catherine Chalier
Quizás tengamos la tentación de creer que nuestro velar y nuestro dejarnos conmover por lo que hemos descubierto tras mantener abiertos los ojos en esta noche no sirve para nada, no cambia el sufrimiento de tanto de nosotros, ni siquiera el nuestro propio. Mas no es así, nuestro velar junto a Dios, nuestro estar atentos a lo que otros viven, nos habla de que se puede construir una nueva humanidad, de que Dios tiene poder para hacernos renacer de nuestro egoísmo, de que nosotros somos capaces de dejarnos afectar por las lágrimas de Dios y nuestras lágrimas nos llevan más que al dolor y la desesperanza, más que a querer tirar la toalla, a exclamar juntos, con fuerza renovada, con ilusiones nuevas:
“Bendecid al Señor, hermanos míos,
que levanta a sus hijos en los brazos:
sus brazos son murallas protectoras,
sus brazos serán alas maternales,
sus brazos, el mejor hogar paterno.
Bendecid al Señor, hermanos míos,
que reparte su carne en alimento:
esa carne es el signo de su entrega,
esa carne aglutina a los amigos,
esa carne alimenta a los más débiles.
Bendecid al Señor, hermanos míos,
que se queda para siempre con nosotros:
su presencia es oasis y es hoguera,
su presencia es imán y es libertad,
su presencia es el centro de la vida.
Bendecid al Señor, hermanos míos.
Acabamos esta velada construyendo juntos un salmo de bendición, proponiendo los motivos que, desde nuestra experiencia creyente, nos impulsan a alabar las grandezas del Señor porque hemos descubierto su brazo protector ante el sufrimiento y la soledad, su carne que alimenta al hambriento y al desesperado así como su presencia liberadora de todo pecado y opresión. A pesar del mal, a pesar del sufrimiento, Dios no nos abandona, Dios no se rinde, Dios no nos deja solo, Dios nos sostiene en sus amorosos brazos paternales.
Cada participante que lo desee puede empezar su oración diciendo: "Bendito seas, Señor, por...." a lo que todos contestaran: "Bendito y alabado seas".
- Debe procurarse que la de hoy no aparezca como la "Eucaristía" por antonomasia (aunque esto sea lo que se hace en muchas comunidades); la de hoy debe ser, es, un anticipo de la Eucaristía por antonomasia (ésta si) que es la Eucaristía pascual.
- No hay elementos extraordinarios hoy, salvo:
a) el traslado de la Eucaristía al Monumento al final de la celebración. b) y el lavatorio de los pies; donde se haga, debe hacerse recordando a la Comunidad que san Juan, en su relato de la Última Cena, no narra la institución de la Eucaristía, sino el lavatorio de los pies, o sea, un equivalente que es el servicio a los hermanos. Y, en fin, procurar que sean celebraciones realmente comunitarias, que ayuden a vivir el misterio de la fe, que las homilías ayuden a esta vivencia, que haya unas buenas moniciones que ayuden a entender los ritos extraordinarios y, sobre todo, que quede renovada y fortalecida nuestra fe en Jesucristo Muerto y Resucitado.
DIOS HABLA
Primera lectura: Exodo 12,1-8.11-14
Segunda lectura: 1ª Corintios 11,23-26
Evangelio: Juan 13,1-5
Segunda lectura: 1ª Corintios 11,23-26
Evangelio: Juan 13,1-5
EXÉGESIS
PRIMERA LECTURA
Es este un texto tan lleno de símbolos que resulta de todo punto imposible explicarlos todos. Nos vienen a la mente los más conocidos y conservados después en la liturgia cristiana, bien que transformados: el cordero sacrificado y los panes ácimos. Pero habría que revisar el simbolismo de las hierbas amargas, el comer en pequeña comunidad, la sangre que rocía jambas y dinteles; la fecha de la celebración, el comer de pie y con sandalias puestas, el bastón en la mano y aprisa… Como hacen los piadosos judíos en su celebración de la pascua.
Habría que reflexionar sobre el origen de estos signos. Comida compartida de pastores en la primavera, acompañando el esquileo del rebaño; propio de una sociedad nómada o mejor, seminómada. Con todas esas explicaciones es posible que olvidáramos el mensaje y razón principal de la celebración. Algo que sucede con frecuencia cuando por desatención los signos adquieren el valor de lo significado e impiden acceder al misterio que se oculta bajo ellos.
Por eso en nuestra celebración cristiana los signos han quedado transformados en el pan y el vino y se ha introducido uno totalmente novedoso que es el lavar los pies. Los dos primeros signos siguen siendo la Pascua, el Paso salvador de Dios Padre aceptando el sacrificio del Cordero de Dios que nos ‘libra del pecado’ (la auténtica esclavitud y la única muerte eterna) y nos lleva de la mano por el mismo camino que siguió Jesús: el sendero humilde y compasivo a los hermanos que consistió en hacerse esclavo de todos. “El que quiera ser primero que se haga vuestro servidor” (Mt 20,27). “Ya que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida como rescate por todos” (Mc. 10,45). Los sorprendente es que para Jesús este es el camino de la libertad, de la salida de la esclavitud. Paradigma del misterio de estos días.
La Pascua que revela el mismo misterio asombroso de la comunidad que comparte la humilde comida de acción de gracias, que vive en precario con las sandalias y el bastón del migrante a mano, que se siente amenazada siempre por el enemigo opresor… pero que tiene como valedor al Señor. Una vez más es la fe la que engendra la inconmovible confianza en el Señor.
TOMÁS RAMÍREZ
tomas@dabar.net
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SEGUNDA LECTURA
La Primera Carta a los Corintios está escrita hacia mediados de los años cincuenta. Como Pablo aquí se remite a una tradición que él ha recibido, podemos suponer razonablemente que este testimonio se remonta, como mínimo a la década anterior, es decir, a unos quince años después de la Última Cena. Es el primer testimonio, cronológicamente hablando, de la institución de la Eucaristía.
La tradición paulina es muy semejante a la que presenta el Evangelio de Lucas y, en cambio, difiere en algunos pequeños, aunque significativos, detalles de la que aparece en los de Marcos y Mateo.
En la versión paulina se destaca la entrega salvadora de Cristo a la muerte tanto en la introducción del párrafo como en la fórmula del pan con la expresión “por vosotros”. También añade el adjetivo ”nueva” para referirse a la alianza en la del vino. Como es obvio la “alianza” prolonga el vocabulario del AT , pero con una cierta transformación porque recoge lo más general de la expresión en el sentido de “ economía”, “ situación”. Lo que interesa aquí de lo referente a la alianza judía es que representaba el sistema de relaciones de Israel con Dios, el cual queda transformado en Cristo hasta el punto de poderse hablar con razón de “nueva alianza”
En Lucas y Pablo hay una explicitación de la memoria que se hace de la muerte de Cristo en la celebración de la Eucaristía con las palabras “cada vez que bebáis” repetida en el versículo 26 con la alusión a la comida del pan y bebida del cáliz.
Es, privativo de Pablo el matiz escatológico y de esperanza que aparece en el “hasta que vuelva”. La Eucaristía no es sólo recuerdo y actualización del pasado sino también anuncio del futuro
Tenemos, pues, muy en la línea soteriológica de Pablo, un subrayado del efecto salvador de la muerte de Cristo. Y, como en teología paulina muerte y resurrección de Cristo van unidas, no estaría fuera de lugar ver también aquí alguna alusión a la misma resurrección de forma implícita.
Finalmente, la conmemoración de la institución que aparece en la liturgia de la misa mezcla un poco todos estos elementos.
FEDERICO PASTOR
federico@dabar.net
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EVANGELIO
Texto. Se trata probablemente del relato con la introducción más solemne de todo el cuarto evangelio, significándose con ello la condición culminante del momento. Culmen de conocimiento; culmen de amor; culmen de poder.
Marco solemnísimo para una secuencia pormenorizada de acciones corrientes, serviles: Se levanta de la mesa, se quita el manto,...(vs.4-5).
Acciones, por otro lado, que tienen lugar no cuando les correspondería, al comienzo de la cena, sino cuando la cena ya está en curso. No obedecen, pues, a los cánones de la hospitalidad cortés. A los calificativos de corrientes y serviles, hay que añadirles el de inesperadas.
Todo ello las convierte en acciones con una carga simbólica no fácilmente perceptible y, en todo caso, difícilmente aceptable. Simón Pedro es la muestra de ello. A la vista de su reacción, Jesús le dice: No lo entiendes ahora; lo comprenderás más tarde.
A la peculiar carga simbólica de las acciones apunta la pregunta final de Jesús a todos sus discípulos: ¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros?
Jesús ha actuado con ellos en calidad de maestro y de señor, y, en calidad de tal, ha hecho con ellos algo que ellos no podían esperar que hiciera: se ha hecho siervo de ellos, haciendo saltar por los aires la división en acciones serviles y señoriales.
Puntos de reflexión. Prólogo majestuoso, imponente, para acciones normales, corrientes. Siempre me ha impresionado este texto, que convierte lo servil en señorial, lo trivial en importante, rompiendo con los esquemas al uso sobre lo señorial e importante. ¡Qué tendrá el Hijo de Dios, que siempre nos rompe los esquemas!
Diferenciar no es discriminar ni dar trato de inferioridad. Pero para que las diferencias no discriminen deberemos aprender a adquirir una categoría personal en línea con la del maestro y señor Jesús.
ALBERTO BENITO
alberto@dabar.net
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NOTAS PARA LA HOMILIA
Comenzamos con esta celebración vespertina el Triduo Sacro o Santo Triduo Pascual. La centralidad de nuestra fe cristiana está contenida en las celebraciones y el significado del jueves, viernes, sábado santos y el Domingo de Resurrección. Es la culminación de la misión de Jesús: su entrega en sacrificio por los pecados del mundo y su victoria sobre la muerte con su resurrección. La liturgia de estos días forma una unidad, de modo que podríamos decir que se trata de una única celebración distribuida en tres actos. Todo comienza con la cena pascual.
A la caída de la tarde, cuando las luces dejan paso a las sombras y el bullicio al silencio, la liturgia de la Iglesia quiere no que recordemos la última cena de Jesús, sino que celebremos hoy la última cena de Jesús con nosotros, con sus discípulos, antes de entregarse mañana en la cruz y antes de resucitar al tercer día de entre los muertos. Hoy estamos con el Señor en la intimidad, mirándole, escuchándole, celebrando con él la cena de la pascua. Estamos dentro de la escena, cenando con él y con el resto de discípulos. En aquel momento celebraban la pascua judía, el paso del Mar Rojo, que suponía dejar atrás la esclavitud para abrirse a una vida en libertad. Comían el cordero sacrificado cuya sangre –uno por casa- libró a los hebreos del exterminio de los primogénitos en tierras egipcias. Hoy no celebramos eso. La primera lectura nos lo traía a nuestra presencia para recordarnos el contexto de aquella primera última cena. Pero aquella cena lo cambiaría todo; sería la puerta de apertura a una nueva Pascua. Se trata de la Pascua de Jesús. De su paso de la muerte a la vida. Se trata de que Jesús, ofrecido como víctima en el sacrificio de la cruz, ha limpiado nuestros pecados para siempre y su sangre derramada por todos nos ha obtenido la salvación. Por eso ya no cenamos el cordero que salvó a los israelitas: cenamos el cuerpo y la sangre de Jesús, que nos ha salvado a nosotros. Y esta cena la podemos repetir todos los días, porque en el pan y en el vino, Jesús se ha quedado con nosotros para siempre, porque el pan y el vino eucarísticos actualizan nuestra salvación cada vez que los tomamos en memoria suya.
Sí. Jesús será entregado esta noche en manos de los paganos para darle muerte. Pero él vuelve a instituir hoy la eucaristía para nosotros. Antes que en las de ellos, Jesús se pone en nuestras manos; y lo hace para siempre; como alimento de nuestra fe; como signo de comunión con él y con su destino; como signo de comunión entre nosotros, hermanos, hijos todos del mismo Padre. Se nos queda, vivo y resucitado para todos los días de nuestra vida. Por eso, cada vez que celebramos la misa, anunciamos su muerte y proclamamos su resurrección, pues no puede desligarse del contexto pascual en que se instituye. Participar de su cuerpo entregado y de su sangre derramada es entrar en comunión con él; estar dispuestos a lo mismo que él; participar en su destino: es lo que mejor nos une a Cristo porque nos hace uno con él y él se hace uno en nuestro cuerpo y en nuestra sangre. Pero eso no es todo, pues Jesús no celebra este gesto con gente extraña o no creyente, sino que lo da a los que él mismo ha enseñado, a los que desde entonces asumirán la tarea de ser continuadores de la misión que el Padre le confió. El alimento de su cuerpo y de su sangre une en comunión a los que participan de él. Una misma carne y una misma sangre hacen a los hombres hermanos. Así la eucaristía conforma la familia de Jesús.
La familia vive y se realiza en el amor. (No conviene silenciar en la liturgia de hoy el canto del gradual, pues es el único momento en el que aparece el mandamiento nuevo). En el mismo contexto de la cena con los suyos y de la institución eucarística, Jesús anticipa ya la nueva alianza de Dios con los hombres en un solo mandamiento: “Que os améis los unos a los otros como yo os he amado”. Es más, será el signo por el que nos reconocerán como discípulos suyos. El seguimiento de Jesús no se entiende fuera del amor fraterno. Tampoco la participación en la eucaristía tiene sentido desligada del amor fraterno. La eucaristía es perdón y reconciliación, es entrega y sacrificio, es renuncia a uno mismo y es amar, incluso, a quien no nos ama o nos odia.
Jesús mismo dijo que no vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos. Su mayor muestra de servicio es su entrega en la cruz por amor a todos. Sin embargo, el evangelio de San Juan nos muestra en la última cena la escena del lavatorio de los pies. Jesús nació pobre y vivió siempre en el servicio a Dios y a los demás. Lavando los pies, ocupa el lugar del esclavo y enaltece a su prójimo. Sólo quien entienda este gesto y esté dispuesto a hacer lo mismo podrá ser discípulo suyo. El diálogo que mantiene con Pedro a propósito de este gesto es totalmente clarificador: “No tienes nada que ver conmigo”.
Concluyendo. Estamos celebrando la misma cena con Jesús antes de entregarse en la cruz. Él ha instituido para nosotros la eucaristía, memorial de su pasión, para nuestro alimento y para nuestra comunión con él y con los hermanos. Lo que Jesús va hacer es lo que quiere que estemos dispuestos también a hacer los que queremos seguirle, y eso sólo es posible desde el amor, un amor perfecto que no excluye a nadie y que no se niega ni siquiera a nuestro enemigo. La Pascua de Jesús nos hará pasar con él de la muerte a la vida, de la esclavitud a la libertad, del pecado a la gracia. Pero la libertad compromete. El que es libre ha de comprometerse con las decisiones que toma. Seguir a Jesús libremente es ser fiel al compromiso de Jesús de vivir como vivió él, de continuar la misión por él emprendida de dar a conocer el Evangelio, y estar abiertos a compartir con él su misma suerte: su misma muerte y resurrección.
JUAN SEGURA
juan@dabar.net
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LA MISA DE HOY
SALUDO
Hermanos: Que Jesucristo, el Señor, que ha venido a nosotros para ser nuestro servidor, nuestro Salvador, esté con todos vosotros.
ENTRADA
Celebramos la Cena del Señor. Como aquellos discípulos, nos sentimos invitados a la mesa de Jesús para compartir su palabra, su Cuerpo y su Sangre. Él se hace presente entre nosotros ofreciendo libremente y de forma voluntaria su vida a Dios Padre en favor de los que ama. Cristo se entrega por nosotros a la muerte, muerte de cruz. Nos deja la Eucaristía, para que sea para nosotros sacramento y signo de su entrega y de su presencia. No podemos separar Eucaristía y amor fraterno, servicio a los hermanos y comunión con el Cuerpo de Cristo.
Participar en la Eucaristía es todo un compromiso de ser y vivir, como Jesús, hasta dar, hasta darnos, hasta formar común-unión.
ACTO PENITENCIAL
Jesús nos dice: “Amaos como yo os he amado”. Reconocemos que a veces no somos fieles a este mandato del Señor. Pidámosle al Señor que tenga piedad de nosotros.
- Tú, que estás en medio de nosotros como el que sirve. Señor, ten piedad.
- Tú, que deseas lavarnos la mente y el corazón. Cristo, ten piedad.
- Tú, que te humillas y te pones a los pies de la humanidad. Señor, ten piedad.
MONICIÓN AL GLORIA
En esta tarde, nosotros somos los discípulos amados, por el Señor. Un amor que nos sobrepasa, que no tiene igual en los amores humanos. Queremos agradecer a Dios Padre su misericordia hacia nosotros, la entrega de su Hijo, y el aliento y la fuerza del Espíritu Santo.
LECTURA NARRATIVA
El texto que vamos a escuchar nos cuenta las tradiciones que rodeaban la celebración de la Pascua Judía, y el espíritu con el que el pueblo de Israel debía vivirla. Gracias a la actuación del Señor, los israelitas fueron liberados de la esclavitud de Egipto. Para recordar esta liberación celebran la fiesta de la Pascua. El gozo y la gratitud marcaban la memoria de este acontecimiento central en la vida del pueblo elegido.
SALMO RESPONSORIAL (Sal 115)
El cáliz de la bendición es comunión con la sangre de Cristo.
¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Alzaré la copa de la salvación, invocando su nombre.
El cáliz de la bendición es comunión con la sangre de Cristo.
Mucho le cuesta al Señor la muerte de sus fieles. Señor, yo soy tu siervo, hijo de tu esclava; rompiste mis cadenas.
El cáliz de la bendición es comunión con la sangre de Cristo.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza, invocando tu nombre, Señor. Cumpliré al Señor mis votos en presencia de todo el pueblo.
El cáliz de la bendición es comunión con la sangre de Cristo.
LECTURA APOSTOLICA
Pablo recuerda a los cristianos de Corinto la tradición que él recibió sobre la última cena del Señor Jesús con sus apóstoles y como arranca de allí mismo y del mandato del Señor el hecho de que ellos se reúnan para celebrar la Eucaristía. El creyente que participa en ella se une al Señor muerto y resucitado: establece comunidad de vida con Él, disfrutando de la nueva situación que Cristo ha establecido para sí y para los que se unen a él. La Eucaristía, según San Pablo, es memoria y presencia de la muerte y Resurrección del Señor.
LECTURA EVANGELICA
Jesús, único Señor y Maestro, da a sus discípulos un ejemplo práctico de su amor: durante la cena se puso a lavarles los pies. (un quehacer propio de los esclavos en aquel tiempo). En ese gesto, Cristo revela todo el sentido de su vida: ha venido a servir y no a ser servido. Un gesto en el que se anticipa su entrega y muerte en la cruz, lo mismo que en la Eucaristía. El cristiano está llamado a vivir de la misma manera, con actitud de servicio, viendo en toda persona a un hermano.
ORACION DE LOS FIELES
El amor que recibimos de Dios Padre, en la persona de Jesús, su Hijo y nuestro hermano, crea y provoca fraternidad. Unidos por este amor oremos por la gran familia de la Iglesia y por las necesidades de todo el mundo. Diremos: Padre, fortalece nuestro amor.
- Por la Iglesia, para que seamos fermento de comunión y servicio en medio de todas las circunstancias y momentos que viven y padecen los hombres y mujeres de nuestro mundo. Oremos.
- Por todas las naciones de la tierra que sufren la violencia, el terrorismo la guerra, para que desaparezcan las enemistades y desconfianzas y sea posible la concordia y el diálogo. Oremos.
- Por todas las personas que en medio de nuestra sociedad se preocupan de los demás, se esfuerzan por servir y amar a los demás, para que no cesen en su necesaria y hermosa tarea. Oremos.
- Por los que más necesitan de nuestra acogida y caridad: los enfermos, los ancianos, los inmigrantes, los que viven en soledad, los excluidos… Oremos.
- Por esta comunidad (parroquial) para que la comunión con el Cuerpo de Jesús nos lleve a amar y servir generosamente y de forma gratuita a los hermanos. Oremos
- Por nuestra comunidad parroquial, para que nadie se sienta solo, rechazado o excluido de la caridad que brota de la Eucaristía. Oremos
Oración: Acoge, Padre, la oración que te dirigen tus hijos. Que nuestra vida diaria sea una Eucaristía continuada.
MONICIÓN AL LAVATORIO DE LOS PIES
Jesús realiza un gesto desconcertante, propio de esclavos: arrodillarse ante sus discípulos y lavarles los pies. El mensaje que transmite no puede estar más claro. El cristiano está llamado a ser como Él: el que sirve. Eucaristía y servicio no pueden separarse. Ahora, entre nosotros, vamos a realizar el mismo gesto de Jesús, en la última Cena. El que preside la celebración lavará los pies a algunos miembros de esta comunidad (parroquial). Es recordar la entrega y servicio de Jesús; es mostrar el camino a seguir.
CANTOS PARA LA CELEBRACIÓN
Entrada: El Señor nos ha reunido junto a El, de Kairo del disco "Vive"; Con nosotros está el Señor, de Erdozáin, del casete "15 Nuevos Cantos para la Misa"; Danos un corazón grande para amar (1 CLN-718).
Gloria: Gregoriano, de la Misa de Angelis:
Salmo: El cáliz..., de Cols, o el LdS.
Aclamación antes del Evangelio: Un mandamiento nuevo (popular).
Ofertorio: Ubi caritas, o el canto Dios es Amor, del disco "Dios es Amor".
Santo: Gregoriano.
Aclamación al Memorial: 1 CLN-J 22.
Comunión: El gran convite (mientras la cena), del disco "Cantos para participar y vivir la Misa"; Donde hay caridad y amor (1 CLN-O 26); Comiendo del mismo pan, de Madurga.
Traslado del Santísimo: Cantemos al amor de los amores; Tantum ergo, Proclamemos el reino de la vida (Congreso de Sevilla).
HORA SANTA
(Conviene prever la participación con suficiente antelación, adecuar su duración a la comunidad convocada, y combinar apropiadamente la palabra y el silencio, que favorezca la oración)
Dios llora a medianoche
La Semana Santa adquiere su mayor densidad y dramatismo en Getsemaní. En el monte de los olivos Jesús vive sus más angustiosas y angustiadas horas. La oscuridad de la noche de la primera luna llena de primavera hace presagiar la tragedia. Pero la cruz será la luz. La noche dará paso al día. Es la pasión, la pascua, el paso del Dios del amor.
"Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos".
"Vosotros sois mis amigos".
Getsemaní no tiene una celebración litúrgica propia, exclusiva, común, aun cuando quien no vive Getsemaní difícilmente puede recorrer el Vía Crucis, ascender al Calvario y descubrir su cruz y su gloria. Esta noche es tiempo para la plegaria, para la preparación de la Hora de Nona, la hora más esperada de toda la historia cuando Jesucristo ofrezca su cuerpo lacerado y su alma entregada y la muerte sea vencida en prenda inmediata de resurrección, como el grano de trigo que sólo enterrado en la tierra puede germinar.
Vamos a acercarnos al monte de los olivos… donde Jesús se hace ofrenda, donde Jesús, confiando en el Padre, arriesga su vida. Todo está en juego…. Su grito es “hágase tu voluntad”, su actitud será… “Padre… me fío de ti”.
Vamos a Getsemaní a acompañar a Jesús que hoy sigue diciendo “Padre… me fío de ti”, vamos a abrir los ojos a quienes están hoy en Getsemaní y se debaten entre la confianza y la decepción, entre la esperanza y la desilusión, entre el sueño de justicia y la realidad tantas veces injustificable.
En Getsemaní también están los que pasan hambre y sólo esperan un plato de comida, los que sufren la violencia y sólo sueñan en un día de paz, quienes han perdido el norte de su vida y sólo esperan una señal que aporte una dirección a su existencia.
Vamos a Getsemaní a acompañar a Jesús y con él a los que sufren hoy la cruz.
(Alguien lee en voz alta para todos): Mt 26, 36-46
“Padre, aparta de mí este cáliz”
Jesús pide que no se le avecine lo que le parece inevitable, que no se materialice lo que presiente va a ser su doloroso final. Como a nosotros, no le gustaba sufrir, no busca sufrir, su sufrimiento es consecuencia de su vivir y enfrentarse al mal, de su cumplir la voluntad de Dios al denunciar las injusticias y anunciar que la vida tiene que ser vivida de otra manera: que no se puede ignorar el sufrimiento de otros, ni regodearse en la propia comodidad, que uno no se puede escudar en la religión para mantener en la miseria y la ignorancia al pueblo, que lo que los sacerdotes y fariseos hacían no encajaba en la voluntad del Padre sino en su propio beneficio. Jesús no buscó nunca el conflicto, pero no huyó de él cuando fue manifiesto que estaban hablando de un Dios diferente, no dudó de la Buena Noticia: Dios nos ama, nos libera, nos espera, sabe de nuestros pecados, no le gustan y espera nuestra conversión pero es lento a la ira y rico en misericordia.
“Padre, aparta de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.”
No obstante, consciente de que la omnipotencia de Dios es en el amor y no en cambiar los acontecimientos históricos, que asume plenamente la libertad humana, Jesús se pondrá en manos de Dios aunque la voluntad de Dios no es la cruz ni la muerte ni el sufrimiento, Jesús acepta que el amor del Padre pasa por respetar la libertad de las criaturas y con ello su opción por el mal.
"Volvió junto a sus discípulos y los encontró dormidos;
entonces dijo a Pedro: ¿Ni siquiera habéis sido capaces de velar una hora conmigo?"
"Velad y orad para no caer en tentación: pues el espíritu está pronto, pero la carne es débil".
Si queremos ir a Getsemaní tenemos que imaginarnos al lado de Pedro, ser un discípulo más, ver a Jesús que nos dice que recemos mientras Él se aleja para rezar en soledad, que le acompañemos en su oración e imaginemos que como a los discípulos se nos cierran los ojos de cansancio, de tristeza, de incomprensión, y nos dormimos. Y es Jesús quien nos despierta desolado ante nuestro sueño, como si de un amigo se tratara que nos ha pedido que le acompañemos para hacer algo importante y nos hemos dormido antes de ir donde habíamos quedado y nos llama para preguntarnos dónde estamos, algo así le pasó a Jesús. Él llora y suda sangre mientras sus amigos parecen ajenos a lo que le está pasando, parecen querer darle la espalda a la realidad y despreocupados se duermen al primer síntoma de sueño. Así actuamos nosotros tantas veces…
Pongamos ante Dios todas las veces que nos hemos quedado dormidos. ¿Qué cuándo le hemos dado la espalda? Cuántas veces hemos mirado hacia otro lado cuando un pobre nos pedía limosna en medio de la fría calle, cuántas ante todos los desastres humanitarios (guerras, conflictos, hambrunas, sequías, tsunamis, huracanes, terremotos, inundaciones,…) han permanecido impasibles e intactas nuestras cuentas corrientes, todas las veces que nos hemos callado cuando alguien criticaba a otro, o nos hemos reído haciéndole la burla a alguien, cuántas hemos ocultado ante otros nuestro ser cristiano, nuestra pertenencia eclesial, cuántas veces hemos sucumbimos al consumismo y gastamos más de lo que necesitamos o deseamos más de lo que tenemos, cuando sólo pensamos en nosotros mismos, en nuestro cansancio y dejamos que nos venza el sueño o la comodidad en lugar de escuchar o ayudar al otro, ….
En esta noche nos hacemos conscientes de todas nuestras siestas a deshora, de todas nuestras inconsciencias, de nuestros pecados… de todos los momentos en que no hemos sabido velar y orar.
Te pedimos perdón Padre por todas las veces que no hemos estado atentos o despiertos, por todas las ocasiones en que no hemos sabido velar, escudriñar la realidad para ver a qué nos llamabas, qué palabra teníamos que pronunciar para hacer más real el Reino en nuestra realidad, por…. (cada uno expresa en su corazón una petición de perdón y los que lo deseen lo comparten públicamente)
En esta noche que velamos con Jesús en el monte de los olivos, vamos a hacernos algo más conscientes del sufrimiento de tantos de nuestros hermanos, que sufren en Cristo y por quienes Cristo sufrió.
Velad y orad para no caer en tentación.
Velad y orad, esa es la recomendación, ante la Cruz,
ante el dolor, ante el sinsentido, velad y orad.
Velamos para sentir que millones de personas mueren por no tener alimento. En nuestro mundo hay recursos suficientes para el alimento de todos y sin embargo el hambre sigue siendo la peor lacra de la humanidad.
Oramos al autor de la vida para no ser impasibles ante tanto sufrimiento, para que mueva nuestros corazones para que sepamos compartir nuestros bienes, exigir justicia a nuestros representantes y trabajar porque en el mundo nadie sufra necesidad.
Velamos para estar atentos a acompañar a tantas personas que sufren en su cuerpo o en su espíritu, nos acordamos de los discapacitados físicos y psíquicos, de los enfermos crónicos, de los ancianos, que muchas veces quedan “aparcados” en hospitales y residencias.
Oramos al Señor de la salvación que nos dé entrañas de misericordia e inspire el gesto y la palabra oportuna con el que sufre, con quien lo pasa mal, con los enfermos o con quienes sufren por un motivo u otro.
Velamos para ser conscientes de la violencia, el odio, la guerra y la destrucción masiva producida por las cada vez más potentes armas, con las que tantos de nuestros hermanos conviven.
Oramos al Señor de la concordia para que, Tú que dijiste a los apóstoles “la paz os dejo, mi paz os doy”, nos des la capacidad de ser instrumentos de paz allí donde estemos. Haznos capaces de guiarnos por el diálogo y el perdón, para que así sembremos paz entre las personas y entre las naciones.
Velamos para mirar la vida desde los que sufren exclusión: Cada día vemos a personas tiradas, enganchadas a un envase de vino, o escondidas debajo de unas mantas o cartones. Muchos de ellos son jóvenes, que deambulan sin saber qué hacer o a dónde ir. Hasta les hemos puesto nombre: “los sin-techo”
Oramos al Padre de la acogida, que nos recibe con los brazos abiertos, que cuando nos acercamos nos hace una fiesta, para que no seamos marginados ni marginadores, que nos ayude a acoger y aceptar a todos los excluidos, para que los incluyamos en la casa común de la fraternidad.
Velamos para ponernos en la piel de tanto inmigrante en tierra extraña que vive a nuestro lado, para ponernos en el lugar de muchas personas ponen rumbo a una esperanza sin norte y dejan familia, amigos, posesiones… para cruzar el estrecho, venir en avión o en autobús, con o sin papeles, con o sin contrato, y que sólo traen necesidad e ilusiones.
Oramos al Dios del Amor, para que no olvidemos que la tierra es suya y que nosotros somos administradores, por lo que tenemos que edificar un mundo en el que nadie tenga que salir de su hogar por miedo, o por hambre, un mundo donde no se levanten barreras a costa de la vida de personas.
Velamos para descubrir cuántos de los que nos rodean han perdido la esperanza, ya no sueñan, no tienen ilusiones, han perdido la fe y el rumbo, no saben por dónde tirar: su vida, su familia, el trabajo, los amigos, el entorno… no significan nada.
Oramos al Dios de la ilusión para que nos dé fuerza para acompañarles a recuperar la esperanza y nos enseñe cada mañana a dar gracias por el regalo de un nuevo día, a saber percibir el gozo de estar vivos, a disfrutar del encuentro con las personas que nos rodean y a sentir que Tú estás a nuestro lado alentando nuestra existencia.
Velamos para hacernos conscientes de todos los que trabajan bajo condiciones precarias o viven con angustia no poder tener un trabajo, en esta crisis económica los trabajos son más precarios, los contratos más temporales, los expedientes de regulación de empleo más frecuentes, muchas familias tienen todos sus miembros en el paro y sobreviven a duras penas.
Oramos al Señor de la Justicia, que nos confía la tierra para que continuemos su obra, para que asumamos la responsabilidad de ser cooperadores suyos en su construcción; para que toda tarea, toda labor se oriente al bien común; se asiente en un trabajo justo y favorezca la vocación de la persona y el desarrollo de su dignidad.
Velamos para no dar la espalda a ….
Oramos al Padre de Bondad para que …
En este velar y orar que nos abre los ojos al sufrimiento de tantas personas nos vamos haciendo conscientes de las lágrimas de Dios.
Si Dios llora a medianoche ¿no es deber nuestro estar despiertos a esa hora y llorar con Él y por Él? Esas dos lamentaciones, la suya y la nuestra, son la expresión de una comunidad humano-divina en vigilia, y el descubrimiento de que esta capacidad de estar en vela junto a Dios en medio de las grandes tinieblas, abre un espacio de esperanza en medio del mal.
Quien está conmovido por el dolor divino y se mantiene despierto a causa de sus lágrimas, inaudibles en medio del estruendo del mundo, permanece atento y en contacto con aquello que, en lo más secreto de sí mismo, le habla de una realidad que le desborda, y experimenta de nuevo cómo el soplo de Dios transforma el polvo en “alma viviente”. Catherine Chalier
Quizás tengamos la tentación de creer que nuestro velar y nuestro dejarnos conmover por lo que hemos descubierto tras mantener abiertos los ojos en esta noche no sirve para nada, no cambia el sufrimiento de tanto de nosotros, ni siquiera el nuestro propio. Mas no es así, nuestro velar junto a Dios, nuestro estar atentos a lo que otros viven, nos habla de que se puede construir una nueva humanidad, de que Dios tiene poder para hacernos renacer de nuestro egoísmo, de que nosotros somos capaces de dejarnos afectar por las lágrimas de Dios y nuestras lágrimas nos llevan más que al dolor y la desesperanza, más que a querer tirar la toalla, a exclamar juntos, con fuerza renovada, con ilusiones nuevas:
“Bendecid al Señor, hermanos míos,
que levanta a sus hijos en los brazos:
sus brazos son murallas protectoras,
sus brazos serán alas maternales,
sus brazos, el mejor hogar paterno.
Bendecid al Señor, hermanos míos,
que reparte su carne en alimento:
esa carne es el signo de su entrega,
esa carne aglutina a los amigos,
esa carne alimenta a los más débiles.
Bendecid al Señor, hermanos míos,
que se queda para siempre con nosotros:
su presencia es oasis y es hoguera,
su presencia es imán y es libertad,
su presencia es el centro de la vida.
Bendecid al Señor, hermanos míos.
Acabamos esta velada construyendo juntos un salmo de bendición, proponiendo los motivos que, desde nuestra experiencia creyente, nos impulsan a alabar las grandezas del Señor porque hemos descubierto su brazo protector ante el sufrimiento y la soledad, su carne que alimenta al hambriento y al desesperado así como su presencia liberadora de todo pecado y opresión. A pesar del mal, a pesar del sufrimiento, Dios no nos abandona, Dios no se rinde, Dios no nos deja solo, Dios nos sostiene en sus amorosos brazos paternales.
Cada participante que lo desee puede empezar su oración diciendo: "Bendito seas, Señor, por...." a lo que todos contestaran: "Bendito y alabado seas".








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