Publicado por El Blog de Pedro Miguel Lamet
Permíteme, Señor, extender ante ti, en el arranque de este nuevo año de 2010, mi cuartilla en blanco, un nuevo capítulo de vida por estrenar, un libro impoluto en el que tú escribas cuanto quieras.
Sé que lo digo con la boca pequeña, porque en el desván de mi subconsciente escucho susurrar: “Esto no, Señor”, “aquello no me lo toques”, “no me quites lo de más allá”. Porque el espíritu está pronto, pero la carne es flaca.
Sé que tú escribes derecho con renglones torcidos, con tu “mano izquierda de Dios” que no entendemos. Y que en el fondo es falta de fe, miopía y egoísmo esta locura de pretender ver el mundo desde mis ojos atrapados por lo inmediato.
Por eso, no sólo pido páginas en blanco para mí, sino para esta humanidad que se debate entre la globalización de los poderosos y la miseria de los explotados; entre la contaminación del neoliberalismo avaro y los basureros del mundo que hemos llamado Tercero.
Te pido que los que tienen poder para cambiar las cosas sean capaces de tirar al cesto de los papeles las viejas ideas egoístas, nacionalistas, materialistas, raquíticas, explotadoras y abran un nuevo dietario desde el salto feliz y universal de la utopía, para que devuelvan así la esperanza en la denostada cosa pública y la política.
Te ruego por nuestra Iglesia, tu Iglesia, para que de corral de ovejas custodiadas se convierta en campo abierto donde tengan cabida las ovejas de otros rebaños, y que en vez del cayado que golpea obsesivamente a las desviadas, use el báculo para derribar puertas y empalizadas con nombre de cánones, y el abrazo del amor gratuito para la acogida.
Te suplico por los que los cientos de miles de seres humanos que carecen de cuartillas para diseñar su vida, porque sencillamente no tienen vida. Para que entre todos consigamos que este año puedan primero comer y luego “filosofar”; disfrutar de libertad para trazarse un camino; gozar de un techo para albergar la amistad y sobre todo de educación para hojear el maravilloso libro de la cultura.
Sé que pido demasiado. Pero ¿no fue lo que proclamó tu hijo Jesús cuando vino a este mundo?
Soy consciente de que vale bien poco, pero con amor y temblor, aquí tienes, Señor, al borde del año nuevo, mi página abierta y en blanco.
Sé que lo digo con la boca pequeña, porque en el desván de mi subconsciente escucho susurrar: “Esto no, Señor”, “aquello no me lo toques”, “no me quites lo de más allá”. Porque el espíritu está pronto, pero la carne es flaca.
Sé que tú escribes derecho con renglones torcidos, con tu “mano izquierda de Dios” que no entendemos. Y que en el fondo es falta de fe, miopía y egoísmo esta locura de pretender ver el mundo desde mis ojos atrapados por lo inmediato.
Por eso, no sólo pido páginas en blanco para mí, sino para esta humanidad que se debate entre la globalización de los poderosos y la miseria de los explotados; entre la contaminación del neoliberalismo avaro y los basureros del mundo que hemos llamado Tercero.
Te pido que los que tienen poder para cambiar las cosas sean capaces de tirar al cesto de los papeles las viejas ideas egoístas, nacionalistas, materialistas, raquíticas, explotadoras y abran un nuevo dietario desde el salto feliz y universal de la utopía, para que devuelvan así la esperanza en la denostada cosa pública y la política.
Te ruego por nuestra Iglesia, tu Iglesia, para que de corral de ovejas custodiadas se convierta en campo abierto donde tengan cabida las ovejas de otros rebaños, y que en vez del cayado que golpea obsesivamente a las desviadas, use el báculo para derribar puertas y empalizadas con nombre de cánones, y el abrazo del amor gratuito para la acogida.
Te suplico por los que los cientos de miles de seres humanos que carecen de cuartillas para diseñar su vida, porque sencillamente no tienen vida. Para que entre todos consigamos que este año puedan primero comer y luego “filosofar”; disfrutar de libertad para trazarse un camino; gozar de un techo para albergar la amistad y sobre todo de educación para hojear el maravilloso libro de la cultura.
Sé que pido demasiado. Pero ¿no fue lo que proclamó tu hijo Jesús cuando vino a este mundo?
Soy consciente de que vale bien poco, pero con amor y temblor, aquí tienes, Señor, al borde del año nuevo, mi página abierta y en blanco.








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