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MISIONEROS EN CAMINO: IV Domingo de Adviento (Lc 1,39-45) - Ciclo C: Liturgia, Reflexiones, Exégesis y Oración
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jueves, 17 de diciembre de 2009

IV Domingo de Adviento (Lc 1,39-45) - Ciclo C: Liturgia, Reflexiones, Exégesis y Oración


Publicado por DABAR

Cuando leemos el texto evangélico de la visita de María a Isabel siempre sentimos una gran alegría interior, una fuerte esperanza y una inmensa ternura.

La “llena de Gracia” se pone en camino para visitar a su prima Isabel y esta reconoce en ella la mano de Dios.

Aceptar la voluntad de Dios, como María, no es fácil sin ayuda de la Gracia.

La RAE define gracia en una de sus acepciones como el “favor sobrenatural que Dios concede al hombre para ponerlo en camino de la salvación”; y añade el Catecismo que uno de sus efectos es que “hace posible que Dios habite en nuestra alma”. Tanto María como Isabel son receptoras de la Gracia de Dios.

A nosotros todo esto nos suena tan teológico, teórico y poco cercano, arcaico y desfasado, que somos incapaces de reconocerlo habitualmente en nuestra vida.

Más aún, interpretamos la “Gracia de estado” -definida como la fuerza necesaria para cumplir con las responsabilidades propias según el estado de vida de cada quien o su vocación. Son influjos, en la inteligencia o en la voluntad, por los cuales el hombre percibe lo que debe de hacer o dejar de hacer y se siente atraído para conseguirlo, recibiendo las fuerzas para lograrlo- como una ayuda de la providencia divina que nos da fuerza para asumir y sobrellevar una situación concreta.

Pero, ¿sabemos vivirla como camino de salvación?, ¿cómo salvadora?

La gracia es saber descubrir y vivir la fuerza y la situación como ocasión salvadora, igual que María e Isabel.

Hace ya una semana mi madre, de 73 años, se cayó en las escaleras del patio de su casa y se rompió el tobillo. La ingresaron en el servicio de Traumatología del HCU y allí está, esperando la intervención quirúrgica.

Como ya supondréis toda la familia nos movilizamos de inmediato y, tras el susto inicial, nos organizamos para acompañarla a ella y no dejar desasistido a mi padre, de 75 años, que, aún autónomo, tiene una movilidad ya limitada por el estado de su espalda y por la edad.

Al principio creí que se me caería el mundo encima por el descoloque de vida que estas cosas suponen y que mi madre se angustiaría por lo que de distorsión ocasionaba su percance a nuestras vidas.

Mi sorpresa ha sido la alegría, confianza y paciencia que ella no para de transmitirnos y la alegría, paciencia, cariño y entrega que soy capaz de vivir gracias a ella.

No es una situación deseada pero me concede el don de priorizar mi ajetreada y cotidiana vida y de reencontrarme en el amor que ambas sentimos.

Ella no está acostumbrada a recibir sino a dar, y para ella está siendo un aprendizaje el aceptar con alegría el amor, cariño y cuidados que esta situación ha hecho resurgir en nosotros.

Y cómo, ante la demora y la espera de su intervención, nos da lecciones de paciencia, aceptación, alegría, confianza y esperanza.

Creedme, sólo puedo vivirlo como Gracia, como ocasión salvadora para ambas de reencontrar el amor de madre e hija que tantas veces la vida pone en segundo plano.

CONCHA MORATA
concha@dabar.net



DIOS HABLA

MIQUEAS 5, 1 4a
Así dice el Señor: «Pero tú, Belén de Efrata, pequeña entre las aldeas de Judá, de ti saldrá el jefe de Israel. Su origen es desde lo antiguo, de tiempo inmemorial. Los entrega hasta el tiempo en que la madre dé a luz, y el resto de sus hermanos retornará a los hijos de Israel. En pie, pastoreará con la fuerza del Señor, por el nombre glorioso del Señor, su Dios. Habitarán tranquilos, porque se mostrará grande hasta los confines de la tierra, y éste será nuestra paz».

HEBREOS 10, 5 10
Hermanos: Cuando Cristo entró en el mundo dijo: «Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo; no aceptas holocaustos ni víctimas expiatorias. Entonces yo dije lo que está escrito en el libro: “Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad”». Primero dice: «No quieres ni aceptas sacrificios ni ofrendas, holocaustos ni víctimas expiatorias», que se ofrecen según la Ley. Después añade: «Aquí estoy yo para hacer tu voluntad». Niega lo primero, para afirmar lo segundo. Y conforme a esa voluntad todos quedamos santificados por la oblación de cuerpo de Jesucristo, hecha una vez para siempre.

LUCAS 1, 39 45
En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: «¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá»




EXEGESIS

PRIMERA LECTURA

Si se quieren leer estos versos sin más, conformándose con saber que se habla de Belén y se dicen cosas un tanto ininteligibles, pero bonitas, del Mesías... y que de esto debieron hablar los entendidos a quienes consultó Herodes en la escena evangélica de los magos... habrá quien ahorre tiempo. Porque los capítulos 4-5 de Miqueas son duros de pelar.

Para percatarse del contexto del que se ha extraído el texto conviene fijarse antes en el capítulo 2 de Isaías, donde se reproducen casi al pie de la letra buena parte de los versos que el editor de Miqueas agrupó en este punto del librito; y también el capítulo 28 de Jeremías, una escena en la que el de Anatot se enfrenta a otro profeta, Ananías, en torno al simbolismo de un yugo.

Leyendo Is 2 cabe suponer que Miqueas copia a Isaías o Isaías a Miqueas, o ambos a un autor anónimo previo. Lo que resulta claro es que Miqueas, modesto aldeano de Moréset-Gat, coincidó con el gran Isaías de la corte jerosolimitana y al parecer recibió su influjo literario.

Jr 28, por su parte, puede ayudarnos a entender la sucesión de oráculos de Miqueas 4-5. Si suprimiéramos de ese capítulo 28 la voz del narrador y nos quedáramos sólo con las intervenciones de ambos profetas, Ananías y Jeremías, tendríamos algo parecido. Dicho de otro modo: Miq 4-5 ofrece una disputa profética entre Miqueas y lo que dicen otros profetas.

Algunas biblias nos dan indicaciones (conjeturas) sobre cuándo habla uno y cuándo los otros. Los profetas cómplices y lisonjeros de la casa real predicen una restauración inmediata, cargados de un optimismo bélico e ilusorio. Miqueas mira más adelante, a un futuro un tanto incierto. Aquéllos hablan de Sión, esa cima-ombligo del mundo en que se fue convirtiendo Jerusalén. Éste, de Belén, la humilde aldea (que Mateo 2,6 engrandecerá añadiendo un sutil “no eres ni mucho menos la más pequeña...”) de la que surgió el pastorcillo David. Ellos del poder de las fuerzas armadas, él de la fuerza que da la confianza en el poder Dios; un Dios que entabla juicio con su pueblo (“Pueblo mío, ¿qué te he hecho? ¿en qué te he ofendido? Respóndeme: 6,3), que indica el camino para aplacar su enojo (“que defiendas el derecho y ames la lealtad y que seas humilde con tu Dios: 6,8), un Dios, en suma, que “ama la misericordia” (7,18).

El nuevo David, el ungido capaz de sacarnos de la crisis, será, contra el pronóstico de los catedráticos, un aldeano de raíces insignificantes, que guiará al pueblo con el cayado (7,14), no con el cetro, el efod o la espada.
JEREMÍAS LERA BARRIENTOS
jeremias@dabar.net



SEGUNDA LECTURA

El texto se encuadra en la parte central de Hebreos (7,1-10,18) que trata, como es sabido de Cristo mediador. Es una presentación un tanto antropomórfica e imaginativa con los elementos de “entrar en el mundo” o el “diálogo entre Padre e Hijo, pero lo esencial es el contenido en lo tocante a la actitud y obra de Cristo, expresada de ese modo.

Toma como punto de referencia la liturgia del templo de Jerusalén, pero eso no debe desorientar haciéndonos pensar en una mediación sacerdotal en el sentido cúltico, que es lo más lejano de la concepción de Hebreos, pese a la terminología de “oblación”, holocaustos, etc.. Precisamente se trata de acentuar la diferente y mejor condición de la obra de Cristo. Por tanto se puede prescindir las referencia al culto.

Ello se aplica especialmente al tema del sacrificio.. Pero cuando se ve en qué consiste el “sacrificio de Cristo” se niega toda acción cultual ( en una línea que prolonga la visión profética sobre el culto) para poner todo el acento en la actitud personal de Cristo, realizada supremamente en su muerte, no como expiación en el sentido más corriente, para aplacar a un Dios “ofendido”, sino como consecuencia aceptada de su vida y actuación a favor de los seres humanos, que es lo que consistía realmente la voluntad del Padre.

El hijo cumple los designios de salvación que el Padre tiene haciéndose hombre perfecto, asumiendo todos los rasgos humanos no incompatibles con su propio se. La voluntad del Padre es que los seres humanos se salven por medio de su Hijo hecho hombre y participando en la situación real de la humanidad y de sus miembros más desfavorecidos, como aparece en el cruz.

Estamos muy lejos de todo lo ritual, sacro y litúrgico en el sentido ordinario y cerca de lo existencia e histórico.

Es un texto que nos obliga a revisar nuestros conceptos más corrientes, comenzando por el de “sacrificio” que, en nuestro tiempo y cultural, debería olvidar durante varios siglos, inclusive en lo tocante a la Eucaristía.

FEDERICO PASTOR
federico@dabar.net



EVANGELIO

1. Aclaración a la traducción

La traducción litúrgica dice así en el versículo 45: Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá. La dinámica del texto y la propia sintaxis hacen posible la siguiente traducción: Dichosa tú que has creído que tendría cumplimiento lo que te había dicho el Señor.

2. Texto

Viene inmediatamente precedido por estas palabras de María: Aquí está la esclava del Señor. ¡Que se cumpla en mí tu palabra! (v.38). Desde esta total apertura y disponibilidad para con Dios va María a casa de su pariente Isabel.

Al saludar María a Isabel, ésta siente moverse al niño que lleva dentro. Impulsada por el Espíritu, Isabel ve en este hecho la señal de que también María lleva dentro de sí un niño y de que este niño es el Señor. Así se lo hace saber a María.

En su interpretación de la situación, Isabel da todavía un paso más y declara dichosa a María por haber creído que se cumpliría lo que Dios le había dicho. Basándose ciertamente en el caso concreto de María, el texto griego trasciende el caso y apunta a una formulación de principio: Dios es fiable, no obstante las evidencias en contra.


3.Comprensión actualizante

Aun recogiendo una innegable situación familiar, el texto va mucho más allá de esa situación. La prisa de María ahonda su explicación en el carácter de signo con que le había sido presentado el embarazo de Isabel.

El embarazo de Isabel es signo de un Dios que sorprende más allá de toda previsión. De este Dios se ha fiado María y sale a dar crédito de su fe.

De esta manera, la fe en Dios se convierte en la actitud protagonista del texto, un texto que, a su vez, quiere dejar constancia del feliz desenlace de esa fe. María, que se ha fiado de Dios, es sorprendida más allá de toda previsión. María, por haberse fiado de Dios, es sorprendida con lo imprevisible de Dios. No son juegos de palabras; son realidades que sólo tienen curso cuando se tiene de verdad fe en Dios.

ALBERTO BENITO
alberto@dabar.net



NOTAS PARA LA HOMILIA

“El Señor ha visitado a su pueblo”.

Con estas palabras se expresa ya en el A.T. la salvación de Dios después de una desgracia, pecado o victoria de Israel. Se trata de un símbolo que pretende dar a conocer el cambio de rumbo de una historia en la que el pueblo había experimentado dolor o impotencia.

Dolor e impotencia sentimos cada día los que aspiramos a la paz, el amor o simplemente el bienestar, cada vez que escuchamos noticias en prensa o TV. Dolor e impotencia que nos dejan ante la fragilidad del barro humano necesitado de la salvación de Dios.

“ La criatura saltó de gozo”. ( Evangelio ).

La madre de Jesús entra en la casa cuya puerta se abrió de par en par y sus habitantes, hasta el más pequeño no nacido aún, quedaron inundados del Espíritu de Dios. ¿ Qué aporta esta mujer al mundo de hoy ? La salvación de Dios: su hijo Jesús.

Pequeña y humilde, pero llena del Espíritu que obró en ella maravillas misteriosas, sigue siendo canal de gracia y esperanza. Acerquémonos a ella con oración y abrámosle también la puerta del alma.

“ Todos quedamos santificados “. ( 2ª lectura ).

La presencia del Salvador nos afecta positivamente a toda la humanidad porque, gracias a su nacimiento, “Dios está con nosotros”. “ No quiere sacrificios ni ofrendas “, porque no los necesita. En cambio sí que necesita nuestra obediencia para “hacer tu voluntad”, la del Padre. La obra de Dios es obra de su amor, pero necesita el nuestro para alcanzar se plenitud. Estamos en días de especial sensibilidad al amor entre todos, comenzando por los más necesitados de solidaridad, de compañía o de esperanza.

“ Belén... de ti saldrá el jefe”. ( 1ª lectura ).

Las palabras del profeta Miqueas anuncian el cumplimiento de las promesas de Dios. Abraham fue el primer testigo de la promesa que en Jesús de Nazaret se ha realizado con creces, ya que la ha universalizado y llenado del Espíritu Santo. “ Se mostrará hasta los confines de la tierra... será nuestra paz “.

¿Cuándo llegará esta paz de Dios al mundo? Cuando la queramos todos los hombres; entre tanto nosotros ya podemos extenderla desde nuestro corazón hacia los que tenemos cerca.

LORENZO TOUS
lorenzo@dabar.net



PARA CONSIDERAR Y REFLEXIONAR EN GRUPOS

Dichosa tú que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá (Lc 1,45)

Preguntas y cuestiones
¿Es oportuno hablar hoy día tanto de “sacrificio de la Misa”? Encarnación y realidad humana como lugar del encuentro de la humanidad con Dios.
Nuestra felicidad como cristianos está asentada en la fe. Cuenta una experiencia que refleje que tu vida transcurre verdaderamente confiando en el cumplimiento de las promesas de Dios.



PARA LA ORACION

Mira, Señor, nuestro mundo sumido en el dolor y la injusticia . Que tu misericordia nos visite y nos llene de tu amor y tu paz, para que podamos celebrar con alegría el nacimiento de tu Hijo, nuestro Señor.
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Ponemos sobre el altar, Padre, la necesidad que tenemos de experimentar una luz que nos guíe hacia la verdad y la paz. Acepta nuestra pobreza, a veces tan incapaz de conseguir la unión entre nosotros. Danos vida interior para despertar las ganas de cambiar el mundo, siguiendo los pasos de tu Hijo que, siendo rico se hizo pobre para que nosotros nos enriqueciéramos con su pobreza.
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Te damos gracias, Padre, porque te has servido de la humilde María de Nazaret para realizar el plan de salvación revelado desde antiguo.
En ella se cumple la promesa hecha a Abraham y a sus descendientes y se manifiesta tu amor fiel a todos tus hijos.
Ella es el santuario de tu amor y por ella queda dignificada la maternidad de todas las mujeres y de toda la naturaleza humana.
Ella es fuente de vida y madre de nuestro Salvador.
En ella tenemos todos nosotros una guía de nuestra fe, una esperanza y un amparo seguro y maternal.
Con ella entonamos nuestra acción de gracias y te alabamos con todos los que por medio de ella hemos recibido a Jesús.
Por eso con los ángeles y santos te glorificamos llenos de alegría.
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Te damos gracias, Señor, porque en María, la madre de Dios, vemos muy cercana nuestra salvación. Viendo como ella visitó a Isabel, confiamos que también interceda para que el Espíritu llene nuestros corazones de alegría. Así saldremos al encuentro de Jesús y anunciaremos a todos la paz que nos ofrece el Salvador.




LA MISA DE HOY

MONICIÓN DE ENTRADA
En esta semana celebraremos el nacimiento de nuestro Salvador después de cuatro semanas de preparación. Unámonos pues a la espera gozosa y esperanzada de la madre que hoy protagoniza el evangelio con su visita a Isabel, su parienta. Que esta eucaristía nos llene del Espíritu que Maria aportó tan abundante a la casa del precursor, Juan Bautista.

ACTO PENITENCIAL
- Nuestro mundo y cada uno de nosotros necesitamos, Señor, tu salvación. Señor, ten piedad.
- Nuestra esperanza, Cristo, necesita fortalecerse. Cristo, ten piedad.
- Nuestro amor, Padre, no es tan universal como el tuyo. Señor, ten piedad.

MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA
Escucharemos la profecía de Miqueas que anuncia el cumplimiento de la salvación de Dios prometida a Abraham y transformada por Jesús de Nazaret.
El patriarca esperaba una numerosa descendencia y un inmenso país. Jesús, en cambio, nos da su Espíritu por el que todos podemos ser hijos de Dios.

SALMO RESPONSORIAL (Sal. 79)
Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.
Pastor de Israel, escucha, tú que te sientas sobre querubines, resplandece. Despierta tu poder y ven a salvarnos.
Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.
Dios de los ejércitos, vuélvete: mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra plantó, y que tú hiciste vigorosa.
Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.
Que tu mano proteja a tu escogido, al hombre que tú fortaleciste, no nos alejaremos de ti: danos vida, para que invoquemos tu nombre.
Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.

MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA
Esta lectura resume el sentido de la venida de Jesús al mundo.
Cumplió la voluntad de Dios con una fidelidad heroica; presentó el Reino de Dios, sufrió la muerte en cruz, resucitó y nos da su Espíritu por el que todos podemos ser hijos de Dios.

MONICIÓN A LA LECTURA EVANGÉLICA
La visita de María a su prima Isabel es un encuentro en el que el Espíritu de Dios se hace presente en la casa.
Inspirada por este Espíritu, Isabel confiesa la maternidad divina de María y ésta proclama la grandeza del Señor que se ha fijado en la pequeñez de su esclava.
Juan, el hijo de Isabel todavía en su seno, es el testigo gozoso de Jesús.

ORACIÓN DE LOS FIELES
Unidos en la fe y la esperanza, pidamos la salvación de Dios para toda la humanidad.
- Señor, queremos cumplir la voluntad de Dios, pero no tenemos la valentía de Jesús. Ayúdanos, Señor.
- Señor, nos fiamos de tus promesas, pero a veces nos resulta lejano su cumplimiento. Ayúdanos, Señor.
- Señor, tu nos visitas constantemente, pero no siempre sabemos reconocerte. Ayúdanos, Señor.
- Señor, la alegría es un signo de tu cercanía, queremos recibirla y contagiarla. Ayúdanos, Señor.
- Señor, muchos pierden la ilusión y la esperanza. Ayúdanos, Señor.
- Señor, en estas fechas el sufrimiento y la soledad se hacen más intolerables. Ayúdanos, Señor.
-Señor, que tu paz visite por medio de nosotros a los enfermos, a los tristes, a los presos y a los deprimidos. Ayúdanos, Señor.
Oración: Aumenta, Señor nuestra fe en la salvación de Jesús por intercesión de la Virgen de la Esperanza, para que sepamos extender hacia los demás el amor que tu Hijo nos demuestra con su nacimiento. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo, nuestro Señor.



CANTOS PARA LA CELEBRACION

Entrada: Ven, ven, Señor, no tardes; Esperamos tu venida (1CLN-19); El canto propuesto por el Episcopado.
Acto penitencial: de Aragüés.
Salmo: LdS.
Aleluya: Gloria, gloria, aleluya.
Ofertorio: Rorate; La Virgen sueña caminos.
Santo: (1CLN-I 3)
Comunión: Levántate, que está llegando el Señor de Gabaráin; Señor, ven a nuestras almas de G. Arrondo (CB-176)
Final: Llega el día del disco “Preparad los caminos”.

Director: José Ángel Fuertes Sancho •Paricio Frontiñán, s/n• Tlf 976458529 Fax 976439635 • 50004 ZARAGOZA
Tlf. del Evangelio: 976.44.45.46 - Página web: www.dabar.net - Correo-e: dabar@dabar.net

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WebJCP | Abril 2007