LUGAR DE ENCUENTRO DE LOS MISIONEROS DE TODO EL MUNDO
MISIONEROS EN CAMINO: ¿Celebrar la Navidad?
NO DEJES DE VISITAR
www.caminomisionero.blogspot.com
El blog donde encontrarás abundante material para orar y meditar sobre la liturgia del Domingo. Reflexiones teológicas y filosóficas. Videos y música para meditar. Artículos y pensamientos de los grandes guías de nuestra Iglesia y Noticias sobre todo lo que acontece en toda la vida eclesial
Fireworks Text - http://www.fireworkstext.com
BREVE COMENTARIO, REFLEXIÓN U ORACIÓN CON EL EVANGELIO DEL DÍA, DESDE LA VIVENCIA MISIONERA
SI DESEAS RECIBIR EL EVANGELIO MISIONERO DEL DÍA EN TU MAIL, DEBES SUSCRIBIRTE EN EL RECUADRO HABILITADO EN LA COLUMNA DE LA DERECHA

martes, 22 de diciembre de 2009

¿Celebrar la Navidad?

Por Salvador del Molino
Publicado por Antena Misionera

Mucho antes de ser Navidad se empieza a sentir el “bombardeo” de la publicidad especial para “estas fiestas”. Llamadas que tocan la fibra sentimental de las personas e invitaciones a ser mejores “porque es Navidad”…

Personalmente siento que todo este sistema está traicionando el significado de la venida de Jesús a la Tierra. Si ha venido a este mundo (y eso es lo que pretendemos celebrar) para traer un mensaje de concordia y bienestar a todos, ¿dónde puedo ver yo cambios en las celebraciones navideñas que me hagan pesar que Él está presente?

Supongamos que me toca celebrar la misa de Navidad en el campo de refugiados de Darfur, y que una pequeña comunidad de cristianos se reúne entorno a un altar improvisado para la Eucaristía nocturna. A la hora del sermón ¿podré hablar de la paz que Jesús trae a la Tierra a gente perseguida y maltratada por todos los lados? Les cuesta obtener agua sin peligro, no han desayunado, la comida ha sido escasa y tienen hambre durante la noche. No saben si podrán ver el nuevo día sin que haya una irrupción de enemigos y sean masacrados, acuchillados y degollados sin consideración de edades o de sexo. Pero yo tendría que decir que Jesús vino para traer armonía y concordia entre todas las personas del mundo.

O si tuviera que celebrar en el Congo para fieles cristianos entre los cuales se encuentran mujeres (a veces niñas) violadas por soldados que defienden intereses de países extranjeros, después han tenido hijos frutos de la violencia y se sienten despreciadas incluso por sus mismos congéneres por haber sufrido violencia sin buscarlo ni pensarlo. ¿Podría hablarles yo del cariño de Dios que se refleja en las personas que tenemos al lado? ¿Podría decirles que aunque hayan tenido la mala suerte de haber sido usadas como un trapo sucio, ahora serán mimadas por una comunidad que las odia y las rechaza?
También podría encontrarme en el noroeste de Kenya donde por motivos raciales, no tanto políticos, unos cristianos matan a otros sin importarles las palabras de Jesús recordando que los vínculos de la fe son más fuertes que los de la sangre. En medio de casas quemadas, de cadáveres esparcidos por las calles y de los rescoldos del odio y las rencillas bullendo dentro de los corazones, no creo que encajaría un sermón sobre el respeto y la tolerancia en los que el Maestro de Galilea insistía tanto.

Lo mismo pasaría si la escena se transportara a los guetos de Sudáfrica donde por motivos más económicos y de envidia, pero también de xenofobia, se asesina a personas que hasta ayer eran los “vecinos de nuestra casa”. Supongo que el hedor de muerto se filtraría en el lugar de la celebración e impediría que las palabras sobre la bondad del ser humano debida a la llegada de Jesús a este mundo pudieran penetrar en los corazones de los cristianos presentes.

Me pregunto qué tipo de mensaje Evangélico les hemos presentado a nuestra llegada al continente: “Bautizaos para poder ir al Cielo cuando muráis” o “Vivid una vida digna de personas humanas para conseguir un ambiente agradable en cualquier lugar donde os encontréis”. Y ¿cuál ha sido mi aportación como misionero para llegar a esto?

Les he hablado de la necesidad de practicar la religión una vez bautizados, de la importancia de la misa de los domingos para no cometer pecado mortal, de lo bonito que es confesarse y sentirse perdonados por Dios a través del gesto sacerdotal de la absolución. He insistido en la obligación de casarse por la iglesia y de educar a los hijos en la verdadera fe, la que yo les he presentado como verdadera. Pero la coherencia entre la vida y el la buena noticia de Jesús de Nazaret lo he dejado en segundo lugar. No he insistido en que es más importante comportarse como persona humana que ir a misa los domingos. En que el compartir un mismo pan en la celebración eucarística es un compromiso que se adquiere con las personas que nos rodean y con la sociedad en general.

Pienso en las celebraciones navideñas en países ricos como los nuestros donde la iluminación y los cantos suplen a los sentimientos humanos de bondad y de concordia que deberían reinar dentro de las personas.
Los festejos se pagan (en parte) con dinero sacado de la venta de armas, o en el peor de los casos con lo que se ha “sacado” de los países en desarrollo para nuestras industrias sofisticadas. Me pregunto cuántos gastos de “estos días” han salido de expolios de otros países que se ven obligados a vender al precio que establece el comprador siempre por debajo del valor de la mercancía que ellos han trabajado con tanto sudor de sus frentes.
Pero quizás lo peor de todo esto es la inadecuación de la “doctrina” que imparto con lo que cada persona que me escucha tiene ante sus ojos.
Yo hablo de salvación eterna y ellos están preocupados por el bienestar. Yo hablo de perdón de los pecados y reconciliación y muchos de los que me escuchan puede que piensen que eso es imposible “dadas la circunstancias”, que la venganza es posible. Puedo presentar un Jesús contento de igualarnos a nosotros con los que siempre hemos considerado como las heces de la sociedad, pero eso no concuerda con el concepto de “Redención” que hay en sus mentes.

La Redención es para los que se bautizan y toman la Comunión. Yo hablo de Cielo y ellos piensan en la vida de las almas después de la muerte “contemplando” a Dios ¿cómo? No lo sabemos. Yo hablo de coherencia con el mensaje de Jesús y ellos piensan en no cometer pecado quebrantando alguno de los mandamientos de la Ley. Yo hablo de comportarse como cristiano antes de ser bautizados y ellos piensan que Dios me salva sólo a través del Bautismo, esto es lo importante, estar bautizado y registrado en un archivo parroquial, la vida que yo llevo puede ser “corregida” sobre la marcha.
Si alguno piensa que exagero, que soy pesimista o que veo todo demasiado negro, le voy a presentar un desafío: Después de Navidad decidme ¿cuántos cambios para bien habéis visto en el mundo porque “ha sido Navidad”?

0 comentarios:


WebJCP | Abril 2007