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MISIONEROS EN CAMINO: Materiales Litúrgicos y Catequéticos: XXVII Domingo del T.O. (Marcos. 10, 2-16) - Ciclo B
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viernes, 2 de octubre de 2009

Materiales Litúrgicos y Catequéticos: XXVII Domingo del T.O. (Marcos. 10, 2-16) - Ciclo B

Por Juan Jauregui

Monición de entrada
(A)

El ideal del Matrimonio no puede ser más que el amor; no su fracaso ni el divorcio.
Pero nuestra sociedad movida por el egoísmo no favorece en nada el amor.
Y cuando el amor falla, ¿qué pueden hacer las leyes?
Porque las leyes atan y desatan; casan y divorcian. Pero la vida matrimonial sólo puede construirla el amor. Sólo el amor une a dos personas. Dios crea a las personas a su imagen y semejanza y los crea hombre y mujer. Por eso, los dos deben aspirar a una unidad perfecta dentro de la vida matrimonial.
Pero, ¿qué posibilidad hay de amor eterno, de una vida matrimonial verdadera, si nos educamos para el egoísmo?. Si estamos a favor del amor debemos trabajar para que sea una realidad, sin que la ley trate de resolverlo todo. Porque la ley ata y desata, pero sólo el amor une a las personas. De esto vamos a hablar en la Celebración de hoy.

(B)

Sed todos bienvenidos a esta celebración de la Eucaristía, en el día del Señor.
Las palabras de Jesús que hoy vamos a escuchar: “Lo que Dios ha unido no lo separe el hombre”, nos están hablando de una fidelidad sostenida por el amor, no por contratos ni por la ley.
Tenemos que preguntarnos qué ayuda puede ofrecer la comunidad creyente a tantos esposos que fracasan en su matrimonio por la causa que sea; si realmente se les acoge o se les margina.
Sería bueno que los recordemos hoy en esta Eucaristía.
Puestos de pie recibimos al sacerdote.

(C)

Hermanos: un domingo más, el amor de Cristo nos convoca a esta celebración, y la Palabra que Dios nos dirige hoy quiere ser alimento en nuestro caminar por la vida.
El Señor nos hablará sobre el amor en el matrimonio y nos dirá el gran misterio de la igualdad esposo-esposa, la importancia de la fidelidad de ambos y el empeño de cuidarse el uno al otro. Pero el amor que Dios nos propone es don e iniciativa suya, y la única actitud apta para recibirlo es la de los niños. Siendo un don, el Reino está reservado para aquellos que "como los niños" confían, se abren y se abandonan por completo a la benevolencia de Dios.
Hermanos, con gozo en el corazón, damos comienzo a nuestra celebración.


Saludo del Sacerdote

Que el Dios del Amor, Familia de Padre, Hijo y Espíritu Santo, esté con todos vosotros ...

Pedimos perdón

(A)

Nuestro amor es muchas veces pobre, limitado, con mucha carga de egoísmo. Al comenzar la Celebración vamos a pedir perdón a Dios y a nuestros hermanos.

* En nuestra convivencia familiar no sabemos aguantar y perdonar los fallos de los demás. Señor, ten piedad.
* En la vida matrimonial nos gusta tener siempre la razón y dominar al otro. Cristo, ten piedad.
* En nuestra convivencia social nos cuesta ceder y hacer más agradable y llevadera la vida de todos. Señor, ten piedad.

(B)

Cuando nos vence la dificultad y el desánimo andamos perdidos, olvidando que el amor del Padre es más fuerte que nuestra limitación; llenos de confianza, pedimos perdón:

- Tú, Señor, que nos has creado para que nos amemos unos a otros. SEÑOR, TEN PIEDAD...
- Tú, Señor, que nos has amado hasta dar la vida por nosotros. CRISTO, TEN PIEDAD...
- Tú, Señor, que a través de tu Palabra nos hablas al corazón para que descubramos una nueva manera de vivir. SEÑOR, TEN PIEDAD...

El Señor, Padre de todos, tenga misericordia de nosotros perdone nuestros pecados y nos lleva a la vida eterna.

(C)

Permitamos a nuestra sensibilidad que radiografíe la calidad de nuestro amor. Pidamos perdón si encontramos motivos. (Breve silencio). Señor, eres nuestro aliento.
A veces nos hemos sentado a la puerta de la vida sin saber adónde dirigirnos. Navegábamos a la deriva como si el amor no fuese lo más importante. Y crecía el egoísmo.
Pero Tú nos has acogido con cara de madre y hemos sentido tu perdón.
Al llenar nuestro corazón de sensibilidad cristiana, renovamos la ilusión y confirmamos los compromisos. Decimos ante Ti y ante la Comunidad: Yo confieso...

Gloria

Dios perdona nuestros fallos. Dios olvida nuestros pecados. A nosotros nos cuesta perdonar y olvidar.
Pero hoy nos sentimos felices por el perdón de Dios y queremos darle las gracias diciendo a una: Gloria a Dios en el cielo ....

Escuchamos la Palabra

Monición

Hombre y mujer han sido creados el uno para el otro, y los dos juntos para vivir en sociedad, para amarse y en ese amor descubrir a Dios.


Monición al Evangelio

" Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre". Jesús dice esto del Matrimonio, pero vale para toda la fraternidad universal.


Homilías

(A)

Ya tenemos el divorcio. Ya contamos con una solución jurídica para tantas situaciones de fracaso y de ruptura matrimonial. Y ahora ¿qué?
La legalización del divorcio civil fue ocasión hace unos años de interminables enfrentamientos y polémicas entre el ámbito civil y el religioso. Desde quienes lo defendían como un derecho radical de toda persona hasta quienes querían imponer la disciplina religiosa católica a toda la sociedad...
Hoy las voces de aquella polémica se han callado... Da la impresión de que a muchos lo único que les interesaba era la defensa de determinadas ideas, pero para nada... la realidad cotidiana y trágica de tantos fracasos matrimoniales o de tantas vidas rotas...
Porque es una ingenuidad pensar que con el "divorcio" ya tenemos solucionados todos los problemas de "desamor"... Los fracasos matrimoniales no son siempre ni fundamentalmente un problema jurídico que se puede resolver con determinadas leyes Son problemas personales, emocionales, psíquicos, de raíces y consecuencias mucho más profundas... que las leyes no podrán nunca solucionar...
Por eso, es precisamente ahora cuando debiéramos de preguntarnos qué podemos hacer los cristianos para ayudar a los hombres y mujeres que tienen que pasar por una situación de éstas...
No basta defender teóricamente la indisolubilidad matrimonial y predicar a los católicos que no pueden divorciarse...
Tenemos que preguntarnos qué ayuda podemos ofrecer las comunidades creyentes a tantos esposos y esposas que han fracasado en su matrimonio... por una elección de pareja desacertada por un deterioro de su comunicación... o sencillamente por el egoísmo...
Tenemos que plantearnos cómo estar más cerca de los matrimonios rotos... Independientemente de soluciones jurídicas...
Los cristianos no podemos cerrar los ojos ante un hecho profundamente doloroso. Los divorciados no se sienten en general, comprendidos por la Iglesia ni por las comunidades cristianas La mayoría sólo percibe unas leyes y unas disciplinas que no llegan a entender... Abandonados a sus problemas y sin la ayuda que necesitarían, no encuentran en la Iglesia un lugar para ellos...
No se trata de poner en discusión la visión cristiana del matrimonio, sino de ser fieles a ese Jesús, que al mismo tiempo que defiende el matrimonio, se hace presente a todo hombre o mujer ofreciéndole su comprensión y su gracia...
Este fue siempre el criterio de actuación de Jesús. Cuando se movía en medio de la sociedad judía, su mensaje era tremendamente crítico y exigente. Por ejemplo: "Os han enseñado: no cometerás adulterio. Pues yo os digo: Todo el que mira a una mujer deseándola ya ha cometido adulterio con ella en su interior". Pero cuando se encuentra con una mujer adúltera cara a cara, cuya vida quieren eliminar, Jesús, el único que podía echar piedras sobre ella... lejos de destruirla, la perdona y le ofrece un nuevo futuro: "No te condeno. Vete y en adelante no peques más". Esta es la actitud más humana y humanizadora: crítica exigente ante una sociedad que llama "amor" a cualquier cosa... Y toda la comprensión del mundo ante quienes tienen que vivir situaciones de dolor y de sufrimiento...porque su amor se ha roto o ha fracasado...
Habrá que decir, bien fuerte, en medio de una sociedad que ha colocado el "interés egoísta" como el principio orientador de las conductas y donde la satisfacción de todo deseo parece ser la meta de la vida, que el amor es algo que hay que aprender día a día. Un arte que requiere tiempo, paciencia, fe, reflexión y sobre todo mucha conversión personal...
Pero es injusto que llevados por un rigorismo y legalismo excesivo marginemos y olvidemos a muchas personas que se esfuerzan por salvar su matrimonio... o que no tienen fuerzas para enfrentarse solos a su futuro... o que rechacemos, sin más, a quien después de haberse vuelto a casar intentan vivir fielmente su matrimonio civil... o que rechacemos a quienes no pueden
rehacer de ninguna manera su matrimonio anterior.
En cualquier caso, a los divorciados que os sentís creyentes solo os quiero recordar una cosa: Dios es infinitamente más grande y comprensivo y más amigo que todo lo que podáis ver en nosotros los cristianos y en la Iglesia.
Dios es Dios. Cuando nosotros no os entendemos, él sí os entiende. Confiad siempre en Él.

(B)

Cuenta la Biblia que Dios hizo a Eva de una costilla de Adán. Esto no quiere decir que Dios, como si fuera un cirujano, arrancase una costilla de Adán y que con ella hiciera a Eva. No. Tanto la Biblia como nosotros tenemosunas maneras de hablar, que no pueden tomarse al pie de la letra. A veces nosotros le decimos a alguien: «Hace un siglo que no te veo», a pesar de que un siglo son cien años. Lo que queremos decir es que hace mucho tiempo que no lo vemos. Pues bien, al decirnos la Biblia que Dios hizo a Eva de una costilla de Adán, lo que quiere decirnos es que los corazones del esposo y de la esposa deben estar muy cerca
el uno del otro, como lo está una costilla. En definitiva, la
Biblia quiere decirnos que el esposo debe amar a la esposa como a su propio cuerpo; y lo mismo la esposa al esposo. El amor de los recién casados brilla mucho, pero no pocas veces se asemeja a un fuego que se apaga. En cambio, el amor de las personas mayores muchas veces es más profundo.
Un esposo anciano se expresaba en estos términos:
«Mujer, ven a sentarte a mi lado en el banco que está delante de mi casa, porque tú lo mereces. Hace cuarenta años que estamos juntos.
En este hermoso anochecer, que es también el anochecer de nuestra vida, tú tienes también derecho a un instante de reposo.
Ahora los hijos están casados, andan por el mundo y nuevamente estamos solos, como cuando comenzamos.
Mujer, ¿te acuerdas? No teníamos nada cuando empezamos. Todo estaba por hacer. Y pusimos manos a la obra y fue difícil. Pusimos coraje; era necesaria la constancia.
Se necesitó amor, y el amor no es lo que uno se imagina al comienzo. No es cambiarse besos, palabras al oído o apretarse uno contra otro. El tiempo de la vida es largo y el día de la boda es un instante. Fue enseguida, ¿te acuerdas? Fue en seguida cuando comenzó una nueva vida.
Llegaron los hijos; fue preciso alimentarlos, vestirlos, educarlos... Muchas veces enfermaron y te quedabas de pie noches enteras y yo trabajaba de la mañana a la noche.
¿Te acuerdas? Mujer, claro que te acuerdas.
Todo era preocupación, todo era lucha: y tú estabas allí. Fuimos fieles el uno al otro. Y así yo pude apoyarme en ti y tú apoyarte en mí.
Tuvimos la suerte de estar juntos; nos pusimos a trabajar los dos; aguantamos todo; hemos sido muy responsables.
El verdadero amor no es el que uno se imagina. El verdadero amor no es de un día, sino de siempre. Es ayudarse..., comprenderse... y poco a poco uno ve que las cosas se arreglan. Los hijos crecen. Hemos sido ejemplo para ellos. Hemos formado una familia muy unida.
Por eso, ponte a mi lado; llegó la hora de la cosecha y de llenar el granero.
En este momento en que todo está color de rosa, como rosada es la tarde, apóyate bien en mí; no hablaremos nada; ya no necesitamos hablar.
Sólo tenemos necesidad de estar juntos una vez más y dejar que la noche venga lentamente sobre la alegría de la misión cumplida».
Hermanos: este esposo llevaba muy cerca de su corazón a su esposa. Y la esposa, cerca del suyo al esposo.
Los esposos han de avivar su amor día tras día para que ese amor no sea como una llama que se apaga.


(C)

PREPARAR y PREVENIR
Asusta, y con razón, el divorcio legal con todo lo que supone de drama para la pareja y para los hijos. Pero hay que lamentar que apenas si asusta el otro divorcio, el psicológico, el divorcio de los que arrastran un matrimonio mediocre, desencantado, aunque viven bajo el mismo techo. Muchos no se percatan de que el otro divorcio, el legal, la separación física, no es más que el resultado del divorcio psicológico, que se va gestando lenta pero fatalmente día a día. Ya, en sí mismo, este divorcio es una tragedia que conlleva una gran lesión psíquica para los hijos. Desgraciadamente, como ocurre con respecto a las adicciones, la drogadicción, la ludopatía, el alcoholismo, sólo provocan pavor cuando ya se han producido; pero, en la mayoría de los casos, no ha habido la mínima preocupación por prevenirlo, cuando hubiera sido relativamente fácil. Imperceptiblemente muchos van caminando a una situación de deterioro que es irreversible.
Resulta patente la increíble ligereza con que muchas parejas y su entorno familiar toman el matrimonio. Muchos novios están mucho más preocupados por las flores, la música, el vídeo y, por supuesto, el piso que van a ocupar, que de su disposición interior, de las actitudes con que se van a casar. A muchos les parecen una exigencia excesiva las charlas formativas que se les ofrecen. Hay que achacar, asimismo, tanto al Estado como a algunas diócesis y parroquias, la despreocupación, la falta de ofertas, la falta de mentalización con respecto al matrimonio y a la familia, los dos grandes factores que marcan la salud y la marcha de la sociedad y de la Iglesia. Se exige más para repartir cartas como empleado de correos que para la grandiosa misión de fundar una familia y educar a unos hijos. Creo que, en este sentido, la sociedad es ciega e irresponsable, ya que tiene que cargar después con gravísimos problemas por esta omisión tan nociva; problemas que son los hijos inadaptados, desequilibrados psicológicamente por falta de estabilidad de la familia, por los inevitables conflictos que originan las rupturas.
Casar a las parejas sin prepararlas es peor que regalar carnets de conducir sin exigir preparación. Una pareja desavenida, una familia que funciona mal es un verdadero peligro social en el que corre riesgo la salud psicológica de los cónyuges, de los hijos y del entorno familiar. Esto es lo que origina el caos de la convivencia, caos que tiene numerosas repercusiones negativas para la sociedad y para la Iglesia.
Otro tanto hay que decir con respecto al cuidado del matrimonio. Hay numerosas parejas que, como ellas mismas confiesan en las encuestas, después del casamiento no tienen la menor preocupación de formarse, de revisar en serio su vida de familia, de servirse de medios para seguir creciendo... Dedican más tiempo al coche, al cuidado del jardín que a su propio matrimonio.

"UNA SOLA CARNE"
Lo que hace referencia más directa a vuestra situación son las palabras con las que Jesús define el ideal cristiano del matrimonio. Lo define con las palabras serán los dos una sola carne, que significa: serán los dos un solo ser, una persona, ya que la palabra "carne", en hebreo, significa "hombre"; el Verbo se hizo "carne", decimos en el Angelus. Es lo que afirma Lucas de los cristianos de la comunidad de Jerusalén: "Tenían un solo corazón y una sola alma" (Hch 4,32). En este "tener un solo corazón y una sola alma" se os abre un camino interminable hasta llegar a la meta. El peligro serio que tenéis es el estancamiento, la rutina, la despreocupación de crecer; el peligro de creer, tal vez, que ya habéis llegado.
Hace un tiempo viví una experiencia única junto con un grupo de veinte matrimonios. Se les exigía que fueran matrimonios que funcionaran, al menos, notablemente bien. Se les exigía, asimismo, que hubiesen vivido siete años, al menos, de vida conyugal. Aquellos matrimonios se reúnen en una casa de retiro. En una atmósfera de silencio reflexionan y revisan su matrimonio a la luz de la Palabra de Dios; se confiesan mutuamente los aspectos positivos y las quejas; se confiesan su amor mutuo en largas horas de diálogo... A medida que va transcurriendo la convivencia de tres días, se palpa la transformación que se está verificando. El último día, en la clausura del encuentro, algunos lloran de felicidad como recién casados. Algunos de ellos confiesan que se sienten más felices que en su luna de miel. Todos ellos comentan al terminar: "Nosotros, que nos creíamos matrimonios ejemplares, no nos imaginábamos que tuviéramos tantas deficiencias en nuestra vida de pareja y de familia y no creíamos que tuviéramos tantas posibilidades de ser de verdad felices". A partir de entonces su matrimonio ha cambiado de forma fundamental.
El matrimonio y la vida de familia esconden sorpresas increíbles y tienen posibilidades inimaginables. Pero hay que vivir en constante superación, en constante dinámica de crecimiento, para lo cual es necesario alimentar él amor y la unión, y servirse de los medios disponibles. En primer lugar, del medio insustituible del diálogo. Que nadie diga que no tiene tiempo para dialogar. Sería lo mismo que decir que no tiene tiempo para comer. El diálogo es el alimento diario del matrimonio. Para lo imprescindible nunca puede faltar tiempo. Dejar que la televisión u otras evasiones banales roben el tiempo sagrado de la convivencia íntima es una insensatez propia de adolescentes.
Necesitamos el diálogo para revisar la marcha del matrimonio, de la familia: ¿Qué es lo que marcha bien? ¿Qué es lo que marcha mal? ¿Qué podríamos hacer para crecer como pareja y como familia?
El matrimonio y la familia necesitan realimentarse con lecturas en común, con la asistencia y participación en charlas y conferencias sobre el tema conyugal y familiar.
Al matrimonio y a la familia le ayudan de forma increíble el unirse a otros matrimonios para compartir, ayudarse mutuamente, buscar juntos, forjar amistad con otros matrimonios creyentes con quienes les une la fe. El Concilio urge a los sacerdotes a que reúnan en pequeños grupos a los matrimonios para que compartan y se ayuden mutuamente.
Los esposos necesitan apremiantemente reflexionar juntos la Palabra de Dios, orar juntos, compartir la fe, celebrarla, pedirle al Señor, que bendijo su unión, que les ayude a crecer en ella. Desgraciadamente hay muchos matrimonios y familias compuestas por cristianos que, lejos de ser "Iglesias domésticas", son más bien parejas y familias paganas, porque no expresan su fe ni conyugal ni familiarmente.
Los esposos, para madurar en su comunión y llegar a ser una familia en plenitud, necesitan darse a los demás, ser un matrimonio servidor. Un matrimonio, que presta su ayuda dando clases y animando grupos en un barrio marginal, confesaba: "El amor y el servicio a los pobres nos han enseñado a querernos más profundamente y con más generosidad". Los que viven a su lado comentan: "Se les nota".
Todos estos medios ayudarán a los esposos a lo que es la entraña misma del amor, que consiste en "morir a sí mismo y vivir para el otro". "Amar es morir", ha dicho alguien luminosamente.

DAD ENVIDIA
Los matrimonios cristianos estáis llamados a dar envidia a los que son testigos de vuestra vida. Casarse ante el Señor es comprometerse a ser un matrimonio envidiable, porque estáis llamados a ser sal, luz y fermento (Mt 5,13-14).
La sociedad necesita de matrimonios que estén muy unidos, que sean "un solo corazón y una sola alma" (Hch 4,32), "una sola carne". La sociedad y la Iglesia necesitan de matrimonios que sean abiertos, serviciales, generosos, no cerrados sobre sí mismos. Y, por fin, que sean felices, que patenticen que el proyecto matrimonial y familiar del Evangelio es fuente de madurez personal, de generosidad, de paz y felicidad. La sociedad, sobre todo los jóvenes, necesita modelos de referencia en medio de tantas uniones desorientadoras. Nuestro actor J. Bódalo, poco antes de morir, dijo una gran verdad: "Lo mejor que he hecho en mi vida ha sido fundar una buena familia. Confieso que es lo que más me ha compensado". Hay que añadir: Además de las grandes repercusiones benefactoras que tiene para el entorno una familia como Dios manda...


Oración de los fieles

(A)

Padre Santo, autor del universo, que creaste al hombre a tu imagen, y lo creaste varón y mujer, te rogamos hoy por todos los esposos y por todos los novios del mundo:

1.- Por la Iglesia, para que permanezca siempre fiel al Señor, anunciando la salvación y el amor incondicional de Dios a todos los hombres. ROGUEMOS AL SEÑOR
2.- Por la paz entre todas las naciones y entre todos los pueblos, para que las relaciones internacionales estén marcadas por la justicia y el bienestar de todos. ROGUEMOS AL SEÑOR
3.- Por todos los matrimonios, para que sean fieles en sus relaciones, creadores de vida y ejemplo para las nuevas generaciones. ROGUEMOS AL SEÑOR
4.- Por los matrimonios rotos o por los que sufren porque su amor primero amenaza con apagarse, para que puedan superar sus dificultades, recuperar la alegría y rehacer sus vidas. ROGUEMOS AL SEÑOR
5.- Por cuantos estamos aquí reunidos y por nuestras comunidades cristianas, para que juntos busquemos caminos de reconciliación y fraternidad. ROGUEMOS AL SEÑOR

Descienda, Padre, sobre los esposos tu abundante bendición. Que en la alegría te alaben, y en la tristeza te busquen; que en el trabajo encuentren el gozo de tu ayuda, y en la necesidad sientan cercano tu consuelo; que participen en la oración de tu Iglesia, y den testimonio de ti ante los hombres; y después de una vida feliz, lleguen al reino de los cielos con los amigos que les acompañan.
Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

(B)

Presentemos nuestras oraciones al Padre, confiando en la fuerza de su amor.

1.- Para que el amor entre los esposos crezca constantemente, en las alegrías y en la penas, y en todas las circunstancias de la vida. Roguemos al Señor.
2.- Por las familias que se encuentran en dificultades graves: las que no tienen trabajo, las que tienen enfermos, las que no se entienden. Roguemos al Señor.
3.- Para que entre nosotros y en nuestra parroquia se progrese hacia un amor más fiel y más comprensivo con las familias que sufren a causa de la soledad, la separación, la falta de amor. Roguemos al Señor.
4.- Por los esposos que sufren las consecuencias de la incomprensión, la separación o el abandono. Roguemos al Señor.
5.- Por la gran familia cristiana, que es nuestra Iglesia; para que dé al mundo testimonio de amor. Roguemos al Señor.

Escúchanos, Padre, y que tu amor, que todo lo puede, nos conceda lo que necesitamos. Por JNS.

(C)

El Señor nos ha creado para que vivamos felices y para siempre; por eso, con confianza, acudimos ahora a él con nuestras necesidades, diciendo: ¡Señor, escúchanos y ten piedad!

-Por nuestra sociedad, para que promueva una educación sexual que ayude a vivir desde dentro, por convicción y no por coacción los valores del amor, Roguemos al Señor...
-Por todas las personas para quienes de hecho la sexualidad es un sufrimiento en vez de una vivencia armoniosa y gozosa, para que encuentren en el amor el marco de referencia necesario para vivir la sexualidad…
-Por la Iglesia, para que administre el sacramento del matrimonio tras una adecuada preparación y sin imposiciones ni presiones sociales…
-Por la paz entre las naciones, entre los pueblos y entre las diferentes culturas que cohabitamos en el mundo…
-Por lo millones de seres humanos que sufren la epidemia del siglo, el SIDA, para que la sociedad tome su responsabilidad y deber de solidaridad ante este drama inesperado…

Escúchanos, Padre, y que tu amor, que todo lo puede, nos conceda lo que necesitamos. Por JNS.

Ofrendas

PRESENTACIÓN DE LAS OFRENDAS
Renovación del amor y de los compromisos matrimoniales
(El Presidente invita a acercarse hasta el presbiterio a todos los matrimonios presentes. Una vez situados, el Presidente les interroga:)

Amigos, hemos escuchado la Palabra de Dios que nos planteaba su plan de salvación. Vosotros os habéis unido en sacramento de matrimonio para ser signo del amor de Dios a su pueblo y de la entrega de Jesucristo a su Iglesia. Ahora vais a renovar vuestros compromisos matrimoniales. Por eso, os pregunto:

¿Seguís amándoos y os comprometéis a hacerlo desde la libertad?
R.- Sí, nos queremos libremente.
¿Seguís decididos a seros fieles y a respetaros mutuamente durante toda la vida?
R.- Sí, nos prometemos fidelidad.
¿Seguís dispuestos a vivir la gracia de la familia y a educar a vuestros hijos en el amor a Cristo y a la Iglesia?
R.- Sí, lo estamos.
Cuando celebrasteis el sacramento del matrimonio, el presbítero, testigo de él, os pidió que unierais vuestras manos para manifestar el consentimiento mutuo. Yo os pido que lo hagáis ahora.

(Las parejas estrechan sus manos, tras lo cual el Presidente dice:)

El Señor que hizo nacer en vosotros el amor, que os lo ha mantenido encendido durante años, que os ha bendecido con los hijos, confirme vuestro consentimiento mutuo. Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre.
Y todos ahora proclamemos la bondad de Dios con estos hijos suyos.
R.- Bendito sea Dios.
(A continuación los esposos, uno a uno, depositan sobre la misma mesa del altar sus alianzas matrimoniales. Se ha de tener en cuenta, por practicidad, que deben ser situadas de forma que, a la conclusión de la celebración, puedan ser fácilmente reconocidas. Concluida la ofrenda, uno de ellos dice:)

Señor, sobre la mesa del altar hemos dejado nuestras alianzas matrimoniales, pues queremos unir nuestra entrega mutua como matrimonios a la de tu Hijo Jesucristo con nosotros y con tu Iglesia. Te pedimos que aceptes nuestra ofrenda, que nos sigas regalando, día tras día, el don del amor y nos permitas ser, en medio de un mundo que trivializa el amor y los compromisos, testigos de tu Alianza.


Prefacio...


Te damos gracias, Señor,
porque al crear el mundo
y al hombre y a la mujer,
quisiste un mundo lleno de felicidad;
sin rencores ni envidias familiares,
sin guerras entre los pueblos,
sino en paz, tolerancia y convivencia feliz.
Te damos gracias, porque eres el Dios del amor
el Dios del servicio y no del poder,
el Dios humilde, tolerante y respetuoso.
Te damos las gracias por tu Hijo Jesucristo
que trajo el amor al mundo,
se lo entregó a los hombres y mujeres,
y murió por amor a todos.
Por eso ahora,
unidos a los santos y las personas
de buena voluntad
entonamos en tu honor el himno de alabanza
diciendo:

Santo, Santo, Santo ...



Padre Nuestro

Muchas veces te llamamos Padre, pero no queremos saber nada con tus hijos que nos rodean. Muchas veces te rezamos el Padre Nuestro, pero nos olvidamos de respetar a los que conviven con nosotros, al marido, a la mujer, a los hijos. Ahora unidos te decimos: Padre Nuestro ...

Nos damos la paz

Toda la Celebración venimos hablando de tolerancia, de respeto, de comprensión; sin ellos no es posible la paz, la convivencia familiar. Jesús quiere ahora darnos su paz y que hagamos entre nosotros las paces.
- Que la Paz del Señor esté con todos nosotros ...
- Nos damos la Paz ...

Comunión

Jesús no tuvo reparo en sentarse a comer con los pecadores o con las personas de mala fama. Fue tolerante y respetuoso con todos. Ahora nos invita a sentarnos a su Mesa. No vamos a despreciar su invitación y por eso:
- Dichosos nosotros por haber sido invitados a su Comida.
- Señor no soy digno de que entres en mi casa ...


Bendición

"Por niños" podemos y hemos de entender el amplio mundo de los pobres y marginados; los que procuramos que no se crucen en nuestro camino; tantas personas que no son "productivas", que no interesan, que no cuentan para nada ni nadie. Son a veces países enteros que nada cuentan en la marcha de
la sociedad. El reto que tenemos delante desafía nuestra generosidad, nuestra imaginación, nuestra solidaridad y nuestra escala de valores.

La comunidad de Jesús será a la vez ámbito de vida, ancho espacio de entrega y generosidad donde los más pequeños y débiles encuentren cuidado y amor para vivir. Construir entre todos esta comunidad es el reto vivo y permanente que Jesús nos hace hoy a nosotros y a toda su Iglesia. ¡Feliz semana a todos, construyendo comunidad!

La Bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros. Amén.

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WebJCP | Abril 2007