1.- LIBERALIDAD DE DIOS.- Allá en el desierto, Israel fue testigo de mil prodigios. Uno de ellos fue el de la nube, que les servía de sombra durante el día y de luz durante la noche. A veces descendía hasta el mismo campamento y se posaba sobre la Tienda. A través de la nube, el Señor manifestaba su presencia en medio del pueblo, le animaba y le protegía.
En este pasaje del libro de los Números, Dios está cerca de los ancianos que ostentaban la autoridad en el pueblo. Llevado del gran amor que tenía a los suyos, les confiere parte del espíritu que Moisés poseía a quienes habían de regir a Israel. Ante el asombro de la multitud, aquellos hombres comenzaron a profetizar, a cantar alabanzas a Dios con palabras inspiradas, con un lenguaje arrebatador.
Dios no se cansa de volcarse en mil detalles de amor, no ceja en su empeño de mostrar a Israel su fuerza y su bondad, intentando así conquistar su confianza, ganarles el corazón... Empeño titánico que tiene poco resultado ante este pueblo de dura cerviz, de corazón de piedra. Como tantas veces tú, como tantas veces yo. Haber recibido innumerables pruebas de cariño y seguir dudando del amor divino. Seguir preocupado por el futuro, perdido en mil hipotéticas situaciones que quizá nunca lleguen a ser realidad. Que Dios sea nuestro Padre y que nosotros vivamos como si no lo fuese... ¡Que pena!
Hubo dos hombres no habían asistido a la reunión, junto a la Tienda de Dios. A pesar de eso, comenzaron a profetizar, pues la fuerza de Yahvé también les había alcanzado. El Señor, dando muestras de su liberalidad, no quiso supeditar su don a un lugar determinado. Cuando le cuentan a Moisés lo ocurrido, Josué que le había ayudado desde siempre, siente celos. No le parece bien que profeticen quienes no habían asistido a la asamblea, y pide a Moisés que se lo prohíba. Pero el caudillo del desierto no se deja llevar por aquella celotipia. Él sabe que Dios es el que da sus dones, sin mérito alguno por parte del que lo recibe. Por eso contesta magnánimo: Ojalá que todo el pueblo recibiera el espíritu de Yahvé y profetizara.
Así hemos de actuar, sin considerarnos dueños ni monopolizadores de los bienes divinos, ni únicos distribuidores de los mismos, sin acaparar nunca los dones del Espíritu. Dios da como quiere y a quien quiere. A nosotros sólo nos queda agradecer los bienes que recibimos, y alegrarnos de que también los demás sean objeto de la benevolencia infinita de Dios.
2.- AUNQUE NO SEA DE LOS NUESTROS.- El evangelio de este domingo, como el pasado, nos presenta, una vez más algunos defectos de los apóstoles. Defectos que con la ayuda divina fueron superando a lo largo de su vida. Ejemplo y aliento para nuestra vida personal, tan llena con frecuencia de pequeñas o grandes faltas. También nosotros las podremos superar, si luchamos y pedimos con humildad la ayuda del Señor.
Juan el hijo de Zebedeo fue, sin duda, un hombre apasionado. Por eso quizá era tan amigo de Pedro y tan querido por el Maestro, que tanto aprecia una entrega total, y tanto abomina las medias tintas. Llevado de su carácter apasionado, Juan quiso impedir a uno que echase a los demonios en nombre de Jesús, porque no era de los suyos. Se creía tener la exclusiva, le molestaba que otro hiciera el bien sin ser de su grupo.
Jesús recrimina al discípulo amado su conducta. El que no está contra nosotros -le dice-, está a favor nuestro. Más tarde, también San Pablo se mostrará abierto y compresivo con quienes, sin tener siempre la debida rectitud de miras, predican el Evangelio. Con tal de que se predique a Cristo, que importa todo lo demás. Ojalá aprendamos la lección y no nos dejemos llevar por la celotipia. Que no estorbemos jamás el apostolado de los demás, simplemente porque no son de los "nuestros".
En este pasaje del libro de los Números, Dios está cerca de los ancianos que ostentaban la autoridad en el pueblo. Llevado del gran amor que tenía a los suyos, les confiere parte del espíritu que Moisés poseía a quienes habían de regir a Israel. Ante el asombro de la multitud, aquellos hombres comenzaron a profetizar, a cantar alabanzas a Dios con palabras inspiradas, con un lenguaje arrebatador.
Dios no se cansa de volcarse en mil detalles de amor, no ceja en su empeño de mostrar a Israel su fuerza y su bondad, intentando así conquistar su confianza, ganarles el corazón... Empeño titánico que tiene poco resultado ante este pueblo de dura cerviz, de corazón de piedra. Como tantas veces tú, como tantas veces yo. Haber recibido innumerables pruebas de cariño y seguir dudando del amor divino. Seguir preocupado por el futuro, perdido en mil hipotéticas situaciones que quizá nunca lleguen a ser realidad. Que Dios sea nuestro Padre y que nosotros vivamos como si no lo fuese... ¡Que pena!
Hubo dos hombres no habían asistido a la reunión, junto a la Tienda de Dios. A pesar de eso, comenzaron a profetizar, pues la fuerza de Yahvé también les había alcanzado. El Señor, dando muestras de su liberalidad, no quiso supeditar su don a un lugar determinado. Cuando le cuentan a Moisés lo ocurrido, Josué que le había ayudado desde siempre, siente celos. No le parece bien que profeticen quienes no habían asistido a la asamblea, y pide a Moisés que se lo prohíba. Pero el caudillo del desierto no se deja llevar por aquella celotipia. Él sabe que Dios es el que da sus dones, sin mérito alguno por parte del que lo recibe. Por eso contesta magnánimo: Ojalá que todo el pueblo recibiera el espíritu de Yahvé y profetizara.
Así hemos de actuar, sin considerarnos dueños ni monopolizadores de los bienes divinos, ni únicos distribuidores de los mismos, sin acaparar nunca los dones del Espíritu. Dios da como quiere y a quien quiere. A nosotros sólo nos queda agradecer los bienes que recibimos, y alegrarnos de que también los demás sean objeto de la benevolencia infinita de Dios.
2.- AUNQUE NO SEA DE LOS NUESTROS.- El evangelio de este domingo, como el pasado, nos presenta, una vez más algunos defectos de los apóstoles. Defectos que con la ayuda divina fueron superando a lo largo de su vida. Ejemplo y aliento para nuestra vida personal, tan llena con frecuencia de pequeñas o grandes faltas. También nosotros las podremos superar, si luchamos y pedimos con humildad la ayuda del Señor.
Juan el hijo de Zebedeo fue, sin duda, un hombre apasionado. Por eso quizá era tan amigo de Pedro y tan querido por el Maestro, que tanto aprecia una entrega total, y tanto abomina las medias tintas. Llevado de su carácter apasionado, Juan quiso impedir a uno que echase a los demonios en nombre de Jesús, porque no era de los suyos. Se creía tener la exclusiva, le molestaba que otro hiciera el bien sin ser de su grupo.
Jesús recrimina al discípulo amado su conducta. El que no está contra nosotros -le dice-, está a favor nuestro. Más tarde, también San Pablo se mostrará abierto y compresivo con quienes, sin tener siempre la debida rectitud de miras, predican el Evangelio. Con tal de que se predique a Cristo, que importa todo lo demás. Ojalá aprendamos la lección y no nos dejemos llevar por la celotipia. Que no estorbemos jamás el apostolado de los demás, simplemente porque no son de los "nuestros".








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