Difícilmente la verdad está en los extremos. Tan mala es la fácil condescendencia a todo, como la intransigencia que no acepta nada ni a nadie. Jesús fue exigente, pero no intransigente. Jesús fue incluyente y no excluyente.Pareciera que nosotros necesitamos excluir a los demás, para sentirnos mejores. No aceptamos que los demás puedan tener la verdad porque nosotros la tenemos en exclusividad. Los Discípulos no aceptan y hasta se atreven a prohibir a quién hace milagros en nombre Jesús. “Nosotros se lo hemos impedido.” Jesús, por el contrario, les dice: “No se lo impidáis.”
La intransigencia revela la dureza del corazón y la incapacidad para aceptar la verdad de los demás. Sólo yo tengo la verdad. Este es uno de los peligros de las comunidades cristianas. Ya San Pablo tuvo la experiencia de Corinto, donde dentro de las comunidades se peleaban por los dones carismáticos. Entonces Pablo puso como carisma fundamental, el don del amor.
Hoy movimientos que sólo ellos tienen la verdad del Evangelio, la verdad de Dios y que sólo siendo de “los de ellos” los demás pueden salvarse. Fuera de ellos todo anda mal y no sirve para nada.
Los progresistas se imaginan que sólo ellos están en lo cierto, que los demás son un estorbo, y los conservadores consideran a los progresistas como una especie de herejes y cismáticos en la Iglesia. Los de derechas piensan que solo ellos están la verdad. Los de izquierdas creen que fuera de ellos no hay futuro. Muchos para evitarse le cuelguen el cartel de “anti” se declaran de “centro”. Realmente es curiosa esa lucha por excluir al resto y por pretender que sólo uno tiene la verdad.
El Evangelio es exigente. Y bien exigente. Sin embargo, el Evangelio tiene las puertas abiertas a todos, buenos y malos. No excluye a nadie. Dios no excluye a nadie. ¿Por qué nosotros hemos de ser tan excluyentes?
La verdad tiene muchos caminos. Nadie tiene la verdad absoluta, todos tenemos parte de la verdad. Es juntos como lograremos llegar a la verdad y vivir en la verdad. El mejor principio es “la verdad en la caridad” y la “caridad en la verdad”. ¿Que no es de los nuestros? ¿Y por qué tiene que ser de los nuestros? Basta que sea de Jesús y del Evangelio. La verdad sin caridad puede convertirse en totalitarismo. La caridad sin la verdad puede llevarnos al engaño. No separemos la verdad de la caridad, ni la caridad de la verdad.
VIVIR ABIERTOS A LA VERDAD
Cuando alguien me pregunta si “yo tengo la verdad”, siempre respondo lo mismo: “Yo trato de buscar la verdad”. Toda la vida será una búsqueda y moriremos sin haber logrado la verdad entera. ¿Y dónde buscar la verdad? En todas partes y en todos.
La verdad puede llegar a nosotros a través de un amigo y también a través de un enemigo. A veces no son los amigos los que nos dicen la verdad por miedo o por cobardía. En cambio, nuestros enemigos puede que nos digan más verdades porque cuando alguien nos critica, algo tiene que haber para esa crítica. El único camino por donde nunca nos llega la verdad es por la “adulación”. El adulador nos dice lo que nosotros queremos que nos diga, aunque sea la mayor mentira.
La verdad nos llega a través de esos que en la calle nos alargan la mano pidiendo una limosna porque su pobreza también es una manera de hacernos descubrir la verdad de las personas.
La verdad nos llega a través de ese anciano que se queja, que incluso trata de manipularnos, pues nos está haciendo recordar que también ellos tienen sus derechos, su corazón y su sensibilidad.
La verdad nos puede llegar a través de aquellos que nos caen antipáticos, pues también ellos nos revelan nuestros pobres sentimientos de fraternidad.
La verdad nos puede llegar a través de los acontecimientos de la vida, pues también Dios nos habla a través de ellos.
La verdad nos puede llegar a través de una enfermedad, pues nos habla de que en la vida no todo es “vida y dulzura nuestra”, sino que también el sufrimiento forma parte de nuestra ser.
La verdad nos puede llegar a través de aquellos que piensan distinto a nosotros porque no solo yo pienso, también los demás tienen una cabeza para pensar y un corazoncito que siente como el nuestro, aunque sienta distinto.
Lo importante es saber leer la verdad cada día y en cada cosa. Para el que sabe ver todo le habla de Dios. Y todo tiene su pedacito de verdad.
¡ESO DEL ESCÁNDALO!
¿No estaremos perdiendo el sentido del escándalo? Escándalo es hacer o decir algo que pone en peligro la fe del otro, o hacer y decir algo que priva de su dignidad, de honra y dignidad al otro.
Hoy creo se dan muchos escándalos a los que damos muy poca importancia. Como tenemos tanta afición al arte de murmurar, de chismear, la vida del otro ya vale poco. Lo importante es que nosotros demostremos que somos importantes, que estamos enterados de todo. La honra del vecino, ha dejado de ser importante, lo cual indica que tampoco el vecino es importante.
No es suficiente la primicia de la noticia, ni tampoco es suficiente decir “es que lo que dije era verdad”. Puede que sea verdad, pero la honra del hermano está por encima de toda primicia y de la voluntad de captar oyentes, lectores o televidentes. Yo tengo derecho a mi fama y tú tienes el deber de no difamarme.
Con la vida y honra de los demás no se puede jugar alegremente. Hay muchas conversaciones por ahí que como tienen nada que decir, comenzamos a meter tijera a la vida de los otros. El colmo es cuando alguien dice: “Siento gusto en murmurar.” El que murmura, el que destapa secretos que otros, no conoce y manipula la vida del hermano destruyéndola.
Jesús es bien claro: “El que escandaliza a uno de estos pequeñuelos, más le valdría que le encadenasen al cuello una piedra de molino y lo echasen al mar.” Amigos, o respetamos la vida del hermano como queremos respeten la nuestra, o de lo contrario aprendamos a nadar.
BIENAVENTURADOS LOS QUE SABEN MIRAR
Porque los que saben mirar, ven lo que los demás no ven.
Porque los que saben mirar, siempre descubren algo nuevo.
Porque los que saben mirar, descubren nuevos colores cada día.
Porque los que saben mirar, descubren en el otro al hermano.
Porque los que saben mirar, reconocen en el otro a un hijo de Dios.
Porque los que saben mirar, descubren lo que los demás necesitan.
Porque los que saben mirar, descubren a Dios en cada hombre.
Porque los que saben mirar, reconocen los pasos de Dios en la historia.
Porque los que saben mirar, reconocen la voluntad de Dios en todo.
Porque los que saben mirar, nada les pasa desapercibido.
Porque los que saben mirar, ven más la bondad que la maldad.
Porque los que saben mirar, ven que la gente es buena a pesar de todo.
Porque los que saben mirar, ven cada día caminos nuevos.
Porque los que saben mirar, ven más allá de las lágrimas.
Porque los que saben mirar, ven más allá de los gestos.
Porque los que saben mirar, ven germinar el futuro hoy.
Porque los que saben mirar, ven el amor que esconde una sonrisa.
Porque los que saben mirar, ven en un feto a un niño que sonríe.
Porque los que saben mirar, ven en un niño al joven que sueña.
Porque los que saben mirar, ven en el joven al hombre maduro de mañana.
Porque los que saben mirar, ven en el adulto al anciano que sueña atardeceres.
Porque los que saben mirar, aún en la oscuridad, ven que hay mucho de claridad.
JUGÁRSELO TODO
¿No fue Jesús demasiado radical y tajante? Eso de cortarse la mano o el pie o arrancarse el ojo, la verdad que pareciera un poco exagerado. Sin embargo, tenemos que saber leer el Texto Sagrado. Con frecuencia se utilizan ciertas frases contraste para indicarnos la radicalidad del Evangelio. Una radicalidad que no es un fundamentalismo. Son imágenes que nos quieren decir que el valor fundamental para un creyente es Dios y que todo el resto queda relativizado, incluso muchas cosas buenas. Que de nada nos valen los triunfos humanos si terminamos perdiendo nuestras vidas.
Radical aquí significa que va a las raíces, que apunta a los fundamentos. Con frecuencia, nosotros vivimos un Evangelio pasado por agua. Un Evangelio con excesivas rebajas. Jesús no quiere el vino aguado, pero tampoco un Evangelio aguado. Lo de las rebajas está bien para las campañas publicitarias, pero no para el Evangelio. El Evangelio o lo tomamos entero o no lo tomamos. Nada de este texto sí, esto otro no.
Un Evangelio pasado por agua hace cristianos aguados. Un Evangelio con rebajas hace cristianos a medias. Al joven rico le pareció demasiado caro el seguir a Jesús, se dio la vuelta y se fue. Es posible que más de una vez también a nosotros nos parezca demasiado caro el ser cristianos, pero precisamente por eso es importante serlo. Jesús no quiere seguidores y creyentes enanos, nos quiere a su propia medida.
Quien tiene miedo al reto, nunca hará grandes cosas en la vida. Sólo los que se arriesgan y lo arriesgan todo llegarán lejos. Los demás nos quedaremos a la vuelta de la esquina. Además cuando las cosas se nos antojan demasiado caras es señal de falta de verdadero ideal y de horizontes amplios. Las cosas baratas es posible que sean de segunda mano. Aquí no se aceptan cristianos de segunda mano.
FRASES PARA PENSAR
“Si tu mano te hace caer, córtala.”
Pues a decir verdad se pocos mancos por ahí.
¿Será que nuestras manos las utilizamos solo para dar, para el bien?
“Si tu pie te hace caer, córtalo.”
Pues veo pocos cojos o con muletas.
¿Será que nuestros pies solo los utilizamos para caminar al encuentro del hermano?
“Si tu ojo te hace caer, córtalo.”
Pues se ven pocos bizcos por la calle.
¿Será que ya no miran y se complacen con el Internet?
Con lo maravillosas que son las manos, pueden convertirse en un estorbo para la vida.
Con lo maravillosos que son los pies, pueden ser una gran dificultad para la vida.
Con lo maravillosos que son los ojos, pueden ser una fuente de debilidad humana.
Vivimos siempre en la dualidad:
Las manos pueden dar y pueden también quitar.
Las manos pueden acariciar y pueden golpear.
Los pies pueden llevarnos al encuentro de los demás y pueden distanciarnos de él.
Los pies pueden llevarnos a ser peregrinos y pueden detenerse en el camino.
Los ojos pueden servir para ver al hermano o para pasar de largo sin ver.
Los ojos pueden servir para ver las maravillas de Dios o para ver demasiada basura.
Todo depende de nosotros.
Todo depende de nuestro corazón.







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