Jesús nos dice en el evangelio de hoy: " El que no está contra nosotros está a favor nuestro ".Nosotros buscamos mil disculpas para separarnos y ver enemigos por todas partes.
Las mismas religiones en vez de buscar caminos de acercamiento en el servicio al mundo, se separan y se enfrentan. Las religiones unidas debieran contribuir a llenar de sentido y de esperanza la vida y el mundo, pero prefieren ignorarse, y desprestigiarse unas a otras disputándose las almas.
Así, el que pierde es la persona humana. Divide y perderás. Jesús nos da hoy unos buenos consejos para superar el escándalo de la desunión.
(B)
Queridos amigos: una vez más el Espíritu de Jesús nos convoca para celebrar con otros hermanos la misma fe, para escuchar su Palabra y comulgar, también, en la mesa del Señor, su presencia real entre nosotros.
El Espíritu es libre, sopla donde quiere y como quiere; elige a las personas, más por su sencillez, que por su sabiduría; a las personas que abren su corazón a la generosidad y al compromiso en favor de los demás. Él las hace capaces para anunciar la Buena Nueva a todos los hombres y mujeres, hace posible que fructifiquen en ellos los diferentes carismas para el bien común.
Que la Eucaristía nos ayude a estar despiertos para descubrir la presencia del Espíritu en medio de nosotros.
(C)
Bienvenidos, hermanos, a celebrar la fraternidad cristiana. Como seguidores de Jesús, hemos de resaltar por la común-unión no sólo entre nosotros, sino también con todos los que apoyan el bien del pueblo. Los cristianos queremos impulsar el Reino de Dios, para lo cual hemos de ir por delante con el ejemplo. Hemos oído muchas veces que el ejemplo convence mucho más que las palabras.
Hay otros grupos y personas que buscan, como nosotros, el bien de la gente desde otros criterios y motivaciones. Lo que importa es la unión solidaria para el progreso común. ¡Ojalá actuáramos todos en consonancia con el Espíritu del Señor!
Saludo del Sacerdote
Que el Dios que forma una familia unida: Padre, Hijo y Espíritu de Amor, esté con todos vosotros ...
Pedimos perdón
(A)
Jesús nos enseña a vivir unidos, a ayudarnos unos a otros y a no ser motivo de escándalo para los niños y las personas sencillas. Pero no siempre actuamos así. Por eso vamos a pedir perdón a Dios y a nuestros hermanos.
* Discutimos y nos peleamos, diciendo que los de nuestro grupo o de nuestra religión somos los mejores. Señor, ten piedad...
*. Nos molesta que los demás actúen en nombre de Dios, aunque estén haciendo buenas obras. Cristo, ten piedad...
*. Escandalizamos y despreciamos a las personas sencillas, que nuestra forma de actuar es la única buena ante Dios. Señor, ten piedad...
(B)
“No se lo impidáis, porque uno que hace milagros en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro”. Son palabras de Jesús que, hoy nos ayudan a pedir perdón por tantas veces que nos creemos los mejores, superiores a los demás, con derecho a hacer juicios fáciles.
- Tú, Jesús, Señor de la humanidad entera. Señor, ten piedad.
- Tú, Jesús que ofreces tu amistad a toda persona que hace el bien. Cristo, ten piedad.
- Tú, Jesús que nos llamas a ser creadores de vida, cercanos y acogedores con todos. Señor, ten piedad.
Dios nuestro Padre tenga misericordia de nosotros perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
(C)
Por nuestras envidias y egoísmos. SEÑOR, TEN PIEDAD...
Por nuestro orgullo y falta de sensibilidad. CRISTO, TEN PIEDAD...
Por nuestros malos ejemplos. SEÑOR, TEN PIEDAD...
Gloria
Dios nos ha perdonado. Nos acoge a todos y nos sentimos alegres y agradecidos.
Por eso le decimos : Gloria a Dios en el Cielo ....
Escuchamos la Palabra
Monición
Dos ancianos profetizan a espaldas de Moisés, pero con el mismo espíritu del bien. Moisés acepta su colaboración.
Monición al Evangelio
Jesús rectifica la forma de pensar de sus apóstoles y les dice: " El que no está en contra nuestra, está a nuestro favor ".
Homilías
(A)
APROPIARSE EL MONOPOLIO DEL BIEN
El apóstol Juan, con toda ingenuidad, le va a contar a Jesús, pensando que le habían prestado un servicio y que se lo iba a agradecer, que había encontrado a un exorcista que echaba los demonios en su nombre, y que ellos se lo habían prohibido: ¡A ver con qué derecho iba echar él el demonio en nombre de Jesús si no pertenecía a su grupo. Jesús rectifica y les dice: "No se lo volváis a impedir, porque uno que hace milagros en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros, está a favor nuestro". Los apóstoles están afectados de un celo exclusivista, de estrechez de espíritu, de sectarismo intransigente e intentan monopolizar institucionalmente el carisma. En cambio, Jesús revela un espíritu abierto y generoso.
Seguimos teniendo la tentación de monopolizar el bien. En una parroquia se suministraban ayudas especiales en Navidad, se repartía ropa, alimentos, juguetes. Se le ocurrió a la Asociación de Vecinos hacer lo mismo. Los responsables de Cáritas de la Parroquia pusieron el grito en el cielo, porque "eso lo hemos hecho siempre nosotros y vienen a interferir nuestra acción. Eso es cosa nuestra". Si buscamos el bien de las personas, ¡qué más da quien lo haga; lo decisivo es que se solucionen los problemas y se expulse la indigencia! Hemos de dar testimonio personal y colectivo de que lo que nos interesan son las personas, no nuestro prestigio personal o colectivo.
Los heridos, los maltratados, los nuevos calvarios en los que están injustamente crucificados es el lugar donde nos hemos de encontrar todas las personas de buena voluntad sin diferencia de credos ni de filosofías. Como confesaba Ibn Arabí, "mi credo es el amor". En esta fe hemos de coincidir todos.
El ESPÍRITU NO ESTÁ ENJAULADO
Frente a la actitud de las sectas,. que se arrogan el monopolio del bien y creen tener a Dios en exclusiva, la Iglesia de todos los tiempos, pero especialmente la del Concilio Vaticano II, resalta que el Espíritu sopla donde quiere y actúa en la sociedad; por eso, -afirma el Concilio- la Iglesia también tiene que aprender del mundo, de los avances humanitarios de la sociedad; ha de escudriñar los signos de los tiempos, verdadera voz del Señor (GS 44.2). El Espíritu actúa en las otras religiones, en toda persona de buena voluntad, aunque esté al margen de la fe. Dios no tiene santuarios especiales en los que únicamente realiza los milagros y atiende a los que los visitan. El mundo es el gran templo en el que Dios habita y actúa. Y en el corazón de cada persona. Y está en el centro de los hombres que se asocian para luchar por una sociedad mejor.
No hay una actitud que predisponga más en contra de la fe, de la Iglesia y de cualquier institución o persona, que la altanería sectaria: "Nosotros tenemos el monopolio del bien y de la verdad, con exclusión de todo mal. Y los demás detentan todo el mal sin mezcla de bien alguno". Es de justicia reconocer el bien de los demás, sus aciertos, sus éxitos, su generosidad, sobre todo en el que está alejado de la fe, en el familiar, en el vecino, en las instituciones culturales o humanitarias.
Con frecuencia afloran en algunas personas y grupos un tanto cerrados de la Iglesia la descalificación y la crítica injusta. El reconocimiento sincero del bien del otro es condición imprescindible para el diálogo evangelizador, condición para que "los otros" presten oídos a nuestra propuesta evangélica. Los cristianos deberíamos valorar con gozo todos los logros humanos grandes o pequeños, y todos los triunfos de la justicia que se alcanzan en el campo político, económico o social, por efímeros que nos puedan parecer. La sociedad, azuzada por la prensa, divide entre "los suyos" y los "nuestros", los buenos y los malos. Los políticos que luchan por una sociedad más justa, los periodistas que se arriesgan por defender la verdad y la libertad, los obreros que logran una mayor solidaridad, aunque no parezcan siempre ser de los nuestros, "están a favor nuestro" si se esfuerzan por un mundo más humano.
EL RETO DE LOS ALEJADOS E INCREYENTES
Se le presenta en Madrid un hombre a Nicolás Castellanos, premio Príncipe de Asturias de la Concordia, y le dice de sopetón: "Yo no creo en Dios, pero creo en lo que usted hace en favor de los pobres y desheredados. Tome un cheque". Nicolás Castellanos lo mira atónito: Era una cantidad multimillonaria. He aquí un hombre ecuménico. ¿Quién duda de que un gesto tan desbordante es una llamada a todos los cristianos practicantes que decimos creer que Cristo vive en el que sufre?
Pensemos, tal vez, en vecinos, familiares alejados o increyentes que, sin embargo, están al lado de cualquier necesitado. Es un terrible argumento que esgrimen muchos para defenderse de la fe, sobre todo cuando, además de ver el testimonio de un gran humanismo en personas increyentes o que no practican, son testigos al mismo tiempo de la mezquindad y del egoísmo de cristianos practicantes. "Si ellos sí, nosotros más", hemos de decirnos; si ellos se desviven por los demás, por el bien común, nosotros más, ya que tenemos la gracia de la fe que nos revela la dignidad divina de todo hombre.
¡Qué consejo tan sabio el de Pablo a los filipenses: “Probad y aprobad todo lo que es justo, verdadero, honesto, estimable: hacedlo vuestro, venga de donde venga, porque, en definitiva, viene de Dios, fuente de todo bien” (Flp.4,8).
(B)
Una idea recorre las lecturas de esta Celebración de hoy. "¿No son de los nuestros les dejamos hacer el bien, les dejamos predicar ?"
Los discípulos de Jesús vuelven contentos después de haber sido enviados por Él a predicar, y presumen de haber querido impedir a otros que prediquen y hagan el bien, porque lo hacían en nombre de Jesús, y no eran de los suyos.
Jesús desautoriza su actuación y les dice: "Todo el que no está contra nosotros, está a nuestro favor".
Los cristianos en vez de imaginarnos enemigos y de fabricar fantasmas, tenemos que contar y colaborar con todas las personas de buena voluntad, que son muchos más de lo que pensamos.
Los cristianos tenemos una tarea: seguir a Jesús que nos habla de amor y de unidad. Y que nos dice que "los nuestros" son todos los que no están contra nosotros.
Esto quiere decir que debemos alegrarnos cuando desde otros grupos y de modo diferente al nuestro se trabaja en favor de las personas, y por lo tanto en favor del reino de Dios.
Significa, también, que podemos y debemos sumar nuestros esfuerzos a los de todas las personas de buena voluntad, aunque no compartan nuestra misma fe.
No debemos presentar al mundo el escándalo de la desunión de las personas de bien.
Si todos buscamos la paz, la justicia, la igualdad y la fraternidad, ¿para qué pelearnos entre nosotros y vivir enfrentados? Esto lo podemos aplicar a todos los ámbitos de la vida: a la política, a la religión, a la convivencia social o familiar.
Jesús en el Evangelio es duro contra el escándalo, y pienso yo que en este momento el mayor escándalo que estamos presentando al mundo y a nuestra sociedad es nuestra desunión, nuestro partidismo, nuestro egoísmo, cuando decimos: "no es de nuestro grupo".
El famoso misionólogo francés P. Charles contó en una conferencia pronunciada en Burgos la historia de una curiosa discrepancia entre dos Tribunales de Justicia. La cosa ocurría en Senegal, cuando el país estaba aún bajo dominación francesa y existía un doble Tribunal para entender en las causas de los africanos. Un negro, que al pasar junto a una finca se atrevió a entrar y coger algunos frutos para dárselos a su mujer, fue condenado como ladrón por el Tribunal francés. El negro apeló entonces al Tribunal indígena, que re-estudió a fondo el caso y, ateniéndose al viejo código tradicional, pronunció sentencia condenatoria contra el propietario de la finca, porque cuando el negro, antes de robar, le pidió alimentos para su mujer en cinta y a punto de caer extenuada se negó a prestar el auxilio a alguien que precisaba indispensablemente su ayuda.
Creo que no he dicho que el primer Tribunal estaba formado todo él por civilizadísimos europeos, mientras que el segundo lo formaban semianalfabetos africanos. Creo que tampoco he dicho que los miembros del primer Tribunal eran en su totalidad cristianos (o presuntos cristianos), mientras que el segundo se regía por un código pagano.
Y ahora habrá que preguntarse quiénes eran, de veras, los civilizados y quiénes realmente los que vivían el Evangelio de Cristo. Porque -como escribe Cabodevilla comentando esta anécdota- resulta que «a la hora de exaltar las excelencias y méritos de la caridad enseñada por Cristo hay, desgraciadamente, que distinguir cuidadosamente entre la caridad cristiana y la caridad de los cristianos». Porque con demasiada frecuencia nuestras maneras de interpretar el Evangelio son simples calumnias de ese Evangelio que queremos aplicar. En cambio, por fortuna, también descubrimos que a veces las semillas del verdadero Evangelio han dado sus frutos auténticos en almas que creían no conocerlo.
Y así es cómo toda nuestra civilización está montada sobre unas leyes que protegen la mitad de la justicia: te castigan si quitas algo a tu prójimo, pero no si injustamente haces tuyo exclusivo algo a lo que todos deberían tener derecho. Te llaman delincuente si hieres a tu vecino con una navaja, pero no si le haces la vida imposible con tus injustas recriminaciones. Te llaman violador si abusas físicamente de una mujer, pero te proclaman «listo» si simplemente la engañas con tus mentiras. Te califican de vago si no tienes oficio ni beneficio y te envidian si conoces bien las trampas para no dar golpe en tu trabajo. Te llevan a los Tribunales si firmas un cheque sin fondos, pero no si toda tu vida está montada sobre la mentira.
Por fortuna hay siempre un Tribunal de apelación que es, en esta tierra, la instancia de la propia conciencia y, en la otra vida, el juicio de Dios.
Ahí estudiarán mejor la causa. Y tal vez condenen a los que en este mundo eran aplaudidos.
¿No seremos capaces de una vez de olvidarnos un poco de nosotros, de nuestro grupo político, de nuestra religión personal, y colaborar unidos en favor de todos?
Además decimos todos que buscamos el bien de la sociedad, el bien de los otros, pero les impedimos trabajar.
Vamos a dejar de escandalizar a la gente sencilla con nuestros egoísmos. Vamos a dejar de buscar sólo nuestro provecho o el de nuestro grupo, y vamos a trabajar unidos a todas las personas de buen corazón.
La enseñanza de Jesús es clara, dejadles trabajar, trabajad unidos. No deis el escándalo de la desunión, del partidismo, del enfrentamiento entre los que decís trabajar en favor de la sociedad y de las personas.
(C)
A favor nuestro.
Con frecuencia, los cristianos no terminamos de superar una mentalidad de casta privilegiada que nos impide apreciar todo el bien que se realiza en ámbitos alejados de la fe.
Casi sin darnos cuenta, tendemos a pensar que somos nosotros los únicos portadores de la verdad, y que el Espíritu de Dios sólo actúa a través de nosotros.
Una falsa interpretación del mensaje de Jesús nos ha conducido a veces a identificar el reino de Dios con la Iglesia. Según esta concepción, el reino de Dios se realizaría dentro de la Iglesia, y crecería y se extendería en la medida en que crece y se extiende la Iglesia.
Y sin embargo, no es así. El reino de Dios se extiende más allí de la institución eclesial. No crece sólo entre los cristianos sino entre todos aquellos hombres de buena voluntad que hacen crecer en el mundo la fraternidad.
Según Jesús, todo aquél que «echa demonios en su nombre» está evangelizando. Todo hombre, grupo o partido capaz de «echar demonios» de nuestra sociedad y de colaborar en la construcción de un mundo mejor, está, de alguna manera, abriendo camino al reino de Dios.
Es fácil que también a nosotros como a los discípulos, nos parezca que no son de los nuestros, porque no entran en nuestras iglesias ni asisten a nuestros cultos. Sin embargo, según Jesús, «el que no está contra nosotros, está a favor nuestro».
Todos los que, de alguna manera, luchan por la causa del hombre, están con nosotros. «Secretamente, quizás, pero realmente, no hay un sólo combate por la justicia - por equívoco que sea su trasfondo político - que no esté silenciosamente en relación con el reino de Dios, aunque los cristianos no lo quieran saber. Allí donde se lucha por los humillados, los aplastados, los débiles, los abandonados, allí se combate en realidad con Dios por su reino, se sepa o no, él lo sabe» (G. Crespy).
Los cristianos deberíamos valorar con gozo todos los logros humanos grandes o pequeños, y todos los triunfos de la justicia que se alcanzan en el campo político, económico o social, por efímeros que nos puedan parecer.
Los políticos que luchan por una sociedad más justa, los periodistas que se arriesgan por defender la verdad y la libertad, los obreros que logran una mayor solidaridad, los educadores que se desviven por educar para la responsabilidad, aunque no parezcan siempre ser de los nuestros, «están a favor nuestro» si se esfuerzan por un mundo más humano.
Lejos de creernos portadores únicos de salvación, los cristianos debemos acoger con gozo esa corriente de salvación que se abre camino en la historia de los hombres, no sólo en la Iglesia, sino también junto a ella y más allá de sus instituciones.
(D)
Escandalizarse.
Con cierta frecuencia se oye hablar entre nosotros de acontecimientos, nuevas costumbres, espectáculos o hechos que "provocan escándalo".
Por lo general, se habla públicamente de escándalos cuando se lesionan valores que se consideran esenciales para la convivencia dentro de una sociedad.
Pero es curioso observar que los escándalos que producen mayor irritación son casi siempre aquellos que hieren las convicciones o la sensibilidad en lo que afecta al terreno sexual.
Jesús, por el contrario, habla más bien del "escándalo religioso", es decir, de todo aquello que puede desviar o alejar de la fe a los "pequeñuelos que creen".
El escándalo puede tener efectos destructivos para el que recibe su impacto, pero puede también convertirse en estímulo y acicate para la fe. No olvidemos que las persecuciones han fortalecido casi siempre la vida de las comunidades cristianas.
Naturalmente, ello depende en gran parte del modo de reaccionar de los creyentes ante el hecho escandaloso que perturba o hiere sus creencias.
Hay quienes lo hacen no desde una postura religiosa sino desde la irritación, el resentimiento o la indignación.
Su reacción exasperada, provocada no pocas veces por la falta de seguridad y solidez interior, les impide con frecuencia ahondar más en su propia fe y enriquecer o purificar su adhesión creyente.
Hay también quienes, curiosamente, se dedican a proclamar a los cuatro vientos el escándalo que han recibido, con lo cual se convierten en sus mejores propagandistas y promotores.
Se diría que, por alguna razón difícil de entender, les interesa que el escándalo adquiera una resonancia y un eco mayor que los que en un comienzo podía tener.
Hay incluso quienes reaccionan de manera más violenta recurriendo al insulto y los ataques personales, como si no existiera otra manera más digna y adecuada de defender las creencias y los valores agraviados.
Sin embargo, si como es normal, al escándalo religioso se responde desde una actitud religiosa, puede convertirse en invitación y estímulo para consolidar mejor nuestra fe y dar un testimonio firme de ella.
Tal vez la próxima presentación de una película "escandalosa" sobre Cristo nos ofrezca una buena ocasión para ello.
Oración de los fieles
(A)
Oremos, hermanos, y pidamos al Padre de todos los hombres por nuestras necesidades y por las de todo el mundo:
1- Por las religiones, para que olviden sus diferencias y sumen esfuerzos en favor del mundo y de la humanidad, Roguemos al Señor.
2- Por todos cuantos militan generosamente en partidos, y asociaciones, para que promuevan el interés general sin partidismos, Roguemos al Señor.
3- Por los creyentes, para que no recelen de los no creyentes y cooperen en todo lo noble y justo que se hace en el mundo, Roguemos al Señor.
4- Por los no creyentes, para que superen sus prejuicios religiosos y no escatimen sus esfuerzos en la lucha por la justicia y la paz, Roguemos al Señor.
5 - Por todos nosotros, para que nos sintamos unidos y seamos solidarios con todos los otros, aunque no sean de los nuestros, Roguemos al Señor.
Escucha, Padre, nuestra plegaria y reúne a todos tus hijos, dispersos por el pecado y los intereses, en una gozosa y universal fraternidad. Amén.
(B)
Con la fe y la confianza de sabernos hijos de Dios, oremos a nuestro Padre.
1.- Para que la Iglesia sea fiel al Evangelio de Jesús y mantenga el diálogo con otras Iglesias cristianas, apreciando sus valores y alegrándose con sus éxitos. Roguemos al Señor.
2.- Para que nuestra sociedad no caiga en la tentación de la intolerancia y aprendamos todos a respetar, aceptar y apoyar a los que no piensan como nosotros. Roguemos al Señor.
3.- Para que todos nosotros sepamos mirar con buenos ojos a quienes hacen el bien y construyen la paz, aunque no pertenezcan a nuestra Iglesia. Roguemos al Señor.
4.- Por todos los aquí reunidos, que nos consideramos discípulos de Jesús, para que seamos luz y fermento en nuestra sociedad, dando ejemplo de comprensión y acogida a todos. Roguemos al Señor.
5.- Por nuestra comunidad parroquial, para que una sus trabajos e ilusiones a todos los grupos y personas que buscan el bien y la verdad. Roguemos al Señor.
6. - Por los que se han visto obligados a dejar atrás tierra y casa, familia y amigos... y han emigrado para escapar del hambre o de la guerra; que su presencia nos recuerde las palabras de Jesús: “Era extranjero y me acogisteis”, Roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor, y derrama la plenitud de tu amor sobre nosotros. Por JNS.
Ofrendas
PRESENTACIÓN DE LAS DENUNCIAS CONTRA EL MUNDO
(Tanto en esta primera ofrenda como en la segunda, hacemos una multiofrenda que presentan diversas personas, cada una, una denuncia, y que es cerrada por otra persona que hace el ofrecimiento.)
Primera persona:
Yo te traigo hoy, Señor, la más básica de las denuncias: los atentados contra vida. Nuestro mundo, con el aborto, niega el derecho a llegar a la vida a infinidad de no nacidos; pero lo sigue haciendo también con la pena de muerte, la violencia y el terrorismo.
Segunda persona:
Por mi parte, Señor, te traigo la denuncia de la injusticia social. Unos pocos, tanto personas como países, acumulan la riqueza de todos, mientras la mayoría pasa hambre o vive en la pobreza.
Tercera persona:
Yo miro, Señor, a nuestra sociedad civilizada y occidental y descubro una minoría, y eso es verdad, de personas expulsadas de su seno y condenadas a vivir en la marginación. Ni siquiera se les da la oportunidad de hablar. Son los sin voz en una sociedad que alardea de libertad de expresión.
Cuarta persona:
Yo te traigo la inutilidad e ineficacia de los viejos y de los niños, de los perdedores, de los poetas y pensadores, de los que se mantienen firmes en sus planteamientos éticos. Son aquellos que no tienen un lugar en una sociedad de fuertes, técnicos y hábiles.
Quinta persona:
Yo cierro esta rueda de denuncias, Señor, presentándote mi queja, como mujer, del abuso que hace esta sociedad de nosotras. Nos reduce a meros objetos sexuales e impide nuestra inserción en igualdad en una sociedad masculinizada.
Ofertorio:
Señor, ahí tienes una muestra de las denuncias pendientes contra nuestra desarrollada sociedad. Es verdad que la Iglesia levanta su voz contra ellas y que el mundo la responde con su menosprecio y descalificación. Da, sin embargo, a tu Iglesia capacidad para traducir en actitudes y en obras lo que denuncia de palabra.
PRESENTACIÓN DE DENUNCIAS CONTRA LA IGLESIA
Primera persona:
Señor, no sólo el mundo necesita de profetas que critiquen sus comportamientos y planteamientos, también lo precisa tu Iglesia. Por eso yo, en primer lugar, me atrevo a denunciar la conformación de tu Iglesia con el mundo. Parece que eso es lo razonable en un mundo civilizado y, sin embargo, así pierde su mordiente y fidelidad evangélica.
Segunda persona:
Por mi parte, Señor, te traigo una seria crítica contra tu Iglesia incoherente que habla y no vive, que está del lado de los ricos, que no se decide a optar por los pobres y los más pequeños, que hace acepción de personas, que no se acaba de decidir por comprometerse.
Tercera persona:
Yo me atrevo a denunciar, Señor, el proceso que vive tu Iglesia hoy encerrándose en sí misma, en sus grupos y comunidades, como si tuviera miedo al mundo y a su intemperie y buscara el calor confortable de los suyos. El problema está, y bien lo sabes, que tu Iglesia, así, es puramente conservadora y declina sus responsabilidades de evangelización o re-evangelización. Cada vez somos más una Iglesia de la clase media y de ancianos, lo cual no beneficia su dinamismo.
Cuarta persona:
Yo te traigo, Señor, la queja del Tercer Mundo y de la gran Iglesia de los pobres, que sigue maniatada por la minoría del mundo occidental. Señor, no se acaban de reconocer las diferencias ni la voz de los más necesitados, que es tu voz y la del Evangelio.
Quinta persona:
A tu Iglesia, Señor, le pasa lo que al mundo y a la sociedad actuales en lo que hace referencia a la mujer. Aún no tenemos el puesto que nos merecemos, a pesar de que, incluso numéricamente, somos más significativas que los hombres.
Señor, se nos utiliza.
Ofertorio:
Ahí tienes, Señor, una muestra de las críticas a tu Iglesia, no siempre bien recibidas por ella misma o, mejor, por sus instituciones y personas más representativas. Quede claro, Señor, que nacen desde nuestro amor y respeto a nuestra madre; pero, precisamente por ello, buscando su necesaria y continua renovación. No permitas que se acallen las voces de los profetas y las críticas en el seno de tu Iglesia. Al fin y al cabo, nacen del impulso de tu Espíritu.
Prefacio…
Te damos gracias, Señor,
porque nos enviaste a tu Hijo Jesús,
como compañero de viaje y signo de unidad.
Te damos gracias, porque Tú promueves la unidad,
Él nos enseñó a vivir unidos
a reconocer el valor de los compañeros de viaje,
y a saber aceptar la colaboración de todos.
Tú eres el Amor que nos une a todos.
Nosotros debemos ser mensajeros de esa unidad,
pero, muchas veces, vivimos desunidos,
incluso entre los mismos grupos cristianos.
Hoy queremos proclamar tu Gloria
unidos a todos los grupos de creyentes,
y a todas las personas de buen corazón
aunque no sean de nuestro grupo preferido
diciendo:
Santo, Santo, Santo ...
Padrenuestro
La confianza es fundamental, necesaria y urgente, si queremos que este mundo camine por senderos distintos, si queremos llegar a la verdadera fraternidad. Vamos a confiar en las posibilidades de cada uno, vamos a confiar en los demás, que también son portadores de ilusiones. Pero vamos a confiar, sobre todo, en la ayuda del Padre del cielo, diciendo: Padre Nuestro ...
Nos damos la Paz
Es fácil dar la mano; lo difícil es perdonar.
Es fácil decir "lo siento", lo difícil es reconocer que me he equivocado.
Es fácil poner buena cara; lo difícil es ser sincero.
Es fácil decir que somos cristianos, lo difícil es aceptar a los demás como hijos de Dios.
Dar la paz de verdad es estar dispuesto a renunciar a nuestra paz, para que los demás también puedan vivir en paz.
La paz del Señor esté con todos nosotros...
- Nos damos, como verdaderos amigos, la paz.
Comunión
Cuando comulgo, llevo a Jesús dentro de mí, pero también me hago responsable de mis hermanos ... - Dichosos los llamados a la mesa con Jesús. - Señor, no soy digno ...
Bendición y despedida
Amigos: sabemos que el Espíritu de Dios sigue obrando hoy y actuando en la vida en cada una de las personas. Después de haber escuchado su Palabra y comulgado el Cuerpo de Cristo, tenemos que salir a la sociedad a anunciar sin miedo lo que Dios ha obrado en nosotros, y no acallemos la voz de Dios en nosotros. Él nos da su gracia y fuerza para nuestro caminar, y sabemos que Él nos acompaña en las dificultades. ¡Feliz semana de testimonio cristiano!







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