LUCHA CONTRA EL FLAGELO DE LAS DROGAS
El Hogar de Cristo asiste en el asentamiento 21-24 de Barracas a jóvenes de bajos recursos para que superen su adicción. La estrategia de recuperación que desarrolla la comunidad parroquial de Virgen de Caacupé.
"Lo único barato en la villa es la droga. La dosis de paco está a un peso y eso constituye una invitación al consumo", dice Gustavo Barreiro, coordinador general del centro de día Hogar de Cristo, un proyecto de la parroquia Virgen de Caacupé para el tratamiento, la recuperación integral y la reinserción de chicos adictos a las drogas de la villa 21-24 de Barracas. Desde la parroquia, siempre se preocuparon por esta temática con distintas estrategias, hasta que decidieron crear un programa propio de recuperación dirigido exclusivamente a chicos del barrio.
Todos los mediodías, Barreiro transita los pasillos de la villa con su auto en busca de los chicos que asisten al hogar. "La villa está recostada sobre el Riachuelo y para llegar al hogar, que está en la otra punta, los chicos tienen que atravesar toda la villa, con las innumerables tentaciones que eso implica. Por eso, nosotros los pasamos a buscar", cuenta Barreiro. LA NACION lo acompañó durante su recorrido por las calles de barro inundadas y junto a casas de chapa pintadas de intensos colores que contrastan con la angustiante realidad de la villa.
Así llegamos a la casa de Albertito, un joven de 24 años que a las 12.30 recién se levanta para ir a buscar su almuerzo al comedor de día de la cuadra. Vive con su madre y algunos de sus siete hermanos en una casa de ladrillos huecos y techo de chapa. Es paraguayo y su familia vino a la Argentina cuando era chico, acarreando todos los problemas propios de una vida marcada por la pobreza. Empezó con la marihuana y hoy consume paco. Está en tratamiento y vive de changas. "Yo me caí y me rescaté un par de veces. Ahora estoy en etapa de rescate", dice.
Los jóvenes que están en tratamiento son cerca de 150 desde que empezó a funcionar el hogar hace un año y medio. En la primera etapa, se empieza con cada uno de los chicos para conocer a fondo su realidad y ganar su confianza. Luego, pasan a la Granja Madre Teresa de Calcuta, en General Rodríguez, donde permanecen cinco meses. Por último, está la reinserción.
"Los pibes no tienen acceso a la recuperación porque, cuando desembarcó, el paco cambió los hábitos de consumo. Cuando empiezan están diez días sin comer ni dormir en los que sólo consumen. Los que son pibes de la calle empiezan a consumir a los 8 o 9 años", cuenta el padre Chary, de la Parroquia Nuestra Señora de Caacupé, que funciona en la villa.
El Hogar de Cristo necesita empresas que les den empleo a los chicos, ropa, comida, ayuda económica y padrinos para los jóvenes. Para comunicarse: 4302-3643, 15-4177-2759 o www.sinpaco.org
"Lo único barato en la villa es la droga. La dosis de paco está a un peso y eso constituye una invitación al consumo", dice Gustavo Barreiro, coordinador general del centro de día Hogar de Cristo, un proyecto de la parroquia Virgen de Caacupé para el tratamiento, la recuperación integral y la reinserción de chicos adictos a las drogas de la villa 21-24 de Barracas. Desde la parroquia, siempre se preocuparon por esta temática con distintas estrategias, hasta que decidieron crear un programa propio de recuperación dirigido exclusivamente a chicos del barrio.
Todos los mediodías, Barreiro transita los pasillos de la villa con su auto en busca de los chicos que asisten al hogar. "La villa está recostada sobre el Riachuelo y para llegar al hogar, que está en la otra punta, los chicos tienen que atravesar toda la villa, con las innumerables tentaciones que eso implica. Por eso, nosotros los pasamos a buscar", cuenta Barreiro. LA NACION lo acompañó durante su recorrido por las calles de barro inundadas y junto a casas de chapa pintadas de intensos colores que contrastan con la angustiante realidad de la villa.
Así llegamos a la casa de Albertito, un joven de 24 años que a las 12.30 recién se levanta para ir a buscar su almuerzo al comedor de día de la cuadra. Vive con su madre y algunos de sus siete hermanos en una casa de ladrillos huecos y techo de chapa. Es paraguayo y su familia vino a la Argentina cuando era chico, acarreando todos los problemas propios de una vida marcada por la pobreza. Empezó con la marihuana y hoy consume paco. Está en tratamiento y vive de changas. "Yo me caí y me rescaté un par de veces. Ahora estoy en etapa de rescate", dice.
Los jóvenes que están en tratamiento son cerca de 150 desde que empezó a funcionar el hogar hace un año y medio. En la primera etapa, se empieza con cada uno de los chicos para conocer a fondo su realidad y ganar su confianza. Luego, pasan a la Granja Madre Teresa de Calcuta, en General Rodríguez, donde permanecen cinco meses. Por último, está la reinserción.
"Los pibes no tienen acceso a la recuperación porque, cuando desembarcó, el paco cambió los hábitos de consumo. Cuando empiezan están diez días sin comer ni dormir en los que sólo consumen. Los que son pibes de la calle empiezan a consumir a los 8 o 9 años", cuenta el padre Chary, de la Parroquia Nuestra Señora de Caacupé, que funciona en la villa.
El Hogar de Cristo necesita empresas que les den empleo a los chicos, ropa, comida, ayuda económica y padrinos para los jóvenes. Para comunicarse: 4302-3643, 15-4177-2759 o www.sinpaco.org








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