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domingo, 2 de agosto de 2009

Ser Religiosos o Cristianos: XVIII Domingo del T.O. (Jn 6,24-35) - Ciclo B

P. Bernardo Baldeón
Publicado por Antena Misionera Blog

No es raro que en todas las encuestas que hacen en estos meses la primera preocupación sea la situación económica.
Es comprensible que todos queramos asegurarnos un nivel de vida que hemos alcanzado. Muchos de forma honesta a base de su trabajo, otros de forma “delictiva” especulando para interés propio con lo que es propiedad de todos.
Para muchos es el dilema de poder comer de forma digna todos los días del mes.
Una multitud se había hartado de comer con el “milagro” de la multiplicación de los panes y los peces.
Son muchos los que siguen a Jesús porque ve en Él la posibilidad de cubrir sus necesidades básicas sin tener que trabajar.
No han entendido el sentido del “signo” de Jesús, basado en el compartir, y esperan que el Nazareno les dé de comer cada día sin tener que trabajar.
Jesús intenta desmontar sus expectativas. Les pide que trabajen “por el alimento que perdura”.
En la memoria de sus oyentes estaba presente el maná que Dios envió al pueblo en su camino por el desierto desde Egipto hasta la tierra prometida: el maná.
El maná era alimento para caminar desde la esclavitud hacia la libertad.
Quienes siguen a Jesús no pueden hacerlo buscando simplemente algo que llene su estómago, sino un alimento que le lleva hacia la libertad, hacia la vida plena, la vida eterna, una nueva forma de vida.
Por eso, Jesús terminará diciendo: “Yo soy el pan de la vida. Quien se acerca a mí nunca pasará hambre y quien me presta adhesión nunca pasará sed”.
Como afirma José Mª Castillo: “ Jesús les dice que no basta el interés por la comida y la sana economía, sino que lo determinante es una vida en la que imponga, antes que ninguna otra cosa, la bondad, el respeto, la solidaridad. Porque, cuando ése es el tipo de vida que se impone, se resuelve, no sólo el problema del hambre, sino tantos otros problemas humanos que nos hacen desgraciados o. si se resuelven, nos hacen felices”.
Creer en Jesús es adherirnos a Él, hacer nuestro su estilo y su forma de vivir. La forma de vivir de Jesús es lo que llamamos “vida eterna”. Vivir con los valores que Él vivió nos cambia a nosotros como personas y es capaz de cambiar el mundo
Participar en la Eucaristía es comprometernos a vivir como Jesús vivió. Si hoy en nuestro mundo siguen muriendo tantas personas de hambre y sigue habiendo tanta pobreza, posiblemente sigue siendo señal de que los cristianos no nos hemos tomado en serio nuestra fe en Jesús.
No es posible comulgar con Jesús si no comulgamos y somos solidarios y justos con nuestros hermanos más pobres. Podremos ser personas muy religiosas, pero no necesariamente cristianas, son cosas distintas

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WebJCP | Abril 2007