Publicado por Ciudad Redonda
(por hombre, casado, con tres hijos, trabajan ambos, en vacaciones)
Hola a todos desde la playa. Se podría decir que el evangelio del domingo nos habla de dos cosas fundamentales, la fe y las obras, el creer y la total disponibilidad. El verano es buen momento para profundizar, sin miedo a lo que podamos encontrar. Ayer precisamente, escuché en la radio que se ha realizado un estudio por parte de unos psicólogos que extrae como conclusión que en general los seres humanos somos poco dados a escuchar al que no piensa como nosotros, y que normalmente nos gusta relacionarnos con quién sintonizamos mejor. Incluso el estudio llegaba a manifestar de manera especifica que la gente con creencias religiosas somos muy reacios a la hora de compartir experiencias con quien pueda incomodar nuestra fe. Creo que debemos luchar contra esa realidad (si es que es real), por mi parte siempre me ha gustado compartir y debatir mi experiencia de vida con quien no cree, y cada vez que lo hago más profunda es mi convicción. Jesús nos habla precisamente de eso, frente a las críticas, claridad en nuestra fe. Por otro lado, os propongo contemplar la total disponibilidad que Jesús demuestra sin olvidar su faceta humana. Este verano podríamos mostrar un poco de esa disponibilidad hacía todo y todos, eso nos permitirá realmente descansar.
(matrimonio, trabajan ambos -de vacaciones en Agosto-, con una hija, ella pertenece a comunidad cristiana)
Hoy día tenemos tantas cosas que pueden y nos quieren hacer olvidar que Dios es el Pan de Vida, que a veces, entre otras, caemos en la tentación de murmurar, de criticar, de echar por tierra opiniones o hechos de otros, que no nos gustan, con las que no estamos de acuerdo, ignorando en ocasiones las circunstancias de éstas y pensando que nuestra visión es la correcta, creyéndonos mejor que los otros. Por otro lado, también tenemos a personas concretas, cercanas a nosotros, que se han convertido en referentes en nuestra vida de fe. Las vemos como fiel reflejo de las enseñanzas de Jesús. Por supuesto, tienen sus más y sus menos, sus luces y sus sombras… pero de ellos Dios se sirve, una y otra vez, para hacernos comprender que nos ama. Sólo alimentándonos de Él podemos hacer presente en nuestras vidas su mensaje. Sólo saciándonos de Dios podemos hacer nacer en los demás la curiosidad de conocer al Padre Bueno. Queremos transmitir esa “curiosidad” a nuestra hija y esperamos también hacerlo con aquellos que forman parte de nuestras vidas. ¡Señor que nunca nos falte tu alimento para conocerte y darte a conocer!








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