Publicado por OMP Argentina

Mons. Luis Stöckler,
Presidente de la Comisión Episcopal para la Pastoral de la Salud

Mons. Luis Stöckler,
Presidente de la Comisión Episcopal para la Pastoral de la Salud
El Tema de la vida está intimamente relacionado con nuestra Comisión, incluso de parte de esta vamos a proponer a la Conferencia Episcopal. que no solo celebremos el día del enfermo sino que a partir del día de la madre, fecha en la que ya se conmemora el día de la Vida , y hasta el día del enfermo festejemos un mes de la Vida y así lograr que este tema entre con mayor fuerza en la conciencia de nuestro pueblo.
Estamos especialmente relacionados con los enfermos pero es significativo que nuestra comisión se llame Pastoral de la Salud , porque en primer término el enfermo está buscando la salud. Por eso siempre debemos acercarnos a ellos con el mensaje de la Vida. Y todos los agentes pastorales debemos saber donde están nuestros enfermos, porque se trata del encuentro con Cristo, como dice el Evangelio «yo estaba enfermo y no me visitaste»
Es importante que en nuestras comunidades sepamos donde están nuestros enfermos. Lo que no es fácil, sobre todo en la s ciudades, donde no es tan sencillo entrar a las casas por un tema de seguridad. Pero nosotros como Iglesia debemos tratar de llegar a la comunión entre nosotros.
Por eso por un lado tenemos esta misión de llegar a los enfermos para que descubran a Cristo que es la vida y por otro que nuestros enfermos descubran su propia misión y en ese sentido nuestra Comisión tiene una relación muy estrecha con las Obras Misionales y con la Unión de Enfermos y Ancianos Misioneros (UEAM), para que nuestros hermanos que están sufriendo y que están participando de alguna manera de la obra que Jesús mismo ha iniciado y a la cual nos invita, descubran el sentido mas profundo de las dificultades en la lucha por la vida. Por eso si ellos asumen con Cristo sus limitaciones darán un gran aporte para la Misión.
Cuando pensamos en la vida de Jesús, podríamos hablar de tres etapas:
La primera fue la etapa larga de casi treinta años donde vivió en Nazaret, allí gozaba de buena salud y trabajaba como cualquier ciudadano, y esta es la misión de la gran mayoría de la gente hoy también.
La segunda etapa fueron dos o tres años y fue la de la Misión. Cuando Jesús empezó a enseñar, se acercaba a los sufrientes, les daba salud a muchos de ellos, y sobre todo nos transmitió el mensaje de la bondad y misericordia de Dios.
La tercera etapa fue la más corta, que fue una semana y donde El decididamente entró en la Pasión y nosotros, como cristianos que queremos seguir a Jesús, también debemos estar dispuestos no solamente a trabajar a conciencia en nuestras casas, mantener el hogar y ser buenos ciudadanos sino también debemos participar en la divulgación del mismo Evangelio. Finalmente por lo menos interiormente deberíamos estar preparados para participar en la etapa decisiva de Jesús porque sin esta tercera etapa no estaríamos salvos.
El Señor invita a sus discípulos a participar también en esta tercera etapa, y algunos son privilegiados. Jesús no se los pide a todos porque sabe que no todos están en condiciones de asumir esta forma de participar en su Misión. Nosotros debemos estar cerca de los que están inmersos en ella y así beneficiarnos primero con esta presencia sacramental de Jesús en los enfermos y segundo apoyarlos con la Palabra del Señor y con los sacramentos, sobre todo con los de la Eucaristía y la Unción de los Enfermos.
Todo esto es lo que el Señor nos ha dejado para tocarlos a ellos como en aquel entonces los enfermos lo querían tocar a Él.
Estamos especialmente relacionados con los enfermos pero es significativo que nuestra comisión se llame Pastoral de la Salud , porque en primer término el enfermo está buscando la salud. Por eso siempre debemos acercarnos a ellos con el mensaje de la Vida. Y todos los agentes pastorales debemos saber donde están nuestros enfermos, porque se trata del encuentro con Cristo, como dice el Evangelio «yo estaba enfermo y no me visitaste»
Es importante que en nuestras comunidades sepamos donde están nuestros enfermos. Lo que no es fácil, sobre todo en la s ciudades, donde no es tan sencillo entrar a las casas por un tema de seguridad. Pero nosotros como Iglesia debemos tratar de llegar a la comunión entre nosotros.
Por eso por un lado tenemos esta misión de llegar a los enfermos para que descubran a Cristo que es la vida y por otro que nuestros enfermos descubran su propia misión y en ese sentido nuestra Comisión tiene una relación muy estrecha con las Obras Misionales y con la Unión de Enfermos y Ancianos Misioneros (UEAM), para que nuestros hermanos que están sufriendo y que están participando de alguna manera de la obra que Jesús mismo ha iniciado y a la cual nos invita, descubran el sentido mas profundo de las dificultades en la lucha por la vida. Por eso si ellos asumen con Cristo sus limitaciones darán un gran aporte para la Misión.
Cuando pensamos en la vida de Jesús, podríamos hablar de tres etapas:
La primera fue la etapa larga de casi treinta años donde vivió en Nazaret, allí gozaba de buena salud y trabajaba como cualquier ciudadano, y esta es la misión de la gran mayoría de la gente hoy también.
La segunda etapa fueron dos o tres años y fue la de la Misión. Cuando Jesús empezó a enseñar, se acercaba a los sufrientes, les daba salud a muchos de ellos, y sobre todo nos transmitió el mensaje de la bondad y misericordia de Dios.
La tercera etapa fue la más corta, que fue una semana y donde El decididamente entró en la Pasión y nosotros, como cristianos que queremos seguir a Jesús, también debemos estar dispuestos no solamente a trabajar a conciencia en nuestras casas, mantener el hogar y ser buenos ciudadanos sino también debemos participar en la divulgación del mismo Evangelio. Finalmente por lo menos interiormente deberíamos estar preparados para participar en la etapa decisiva de Jesús porque sin esta tercera etapa no estaríamos salvos.
El Señor invita a sus discípulos a participar también en esta tercera etapa, y algunos son privilegiados. Jesús no se los pide a todos porque sabe que no todos están en condiciones de asumir esta forma de participar en su Misión. Nosotros debemos estar cerca de los que están inmersos en ella y así beneficiarnos primero con esta presencia sacramental de Jesús en los enfermos y segundo apoyarlos con la Palabra del Señor y con los sacramentos, sobre todo con los de la Eucaristía y la Unción de los Enfermos.
Todo esto es lo que el Señor nos ha dejado para tocarlos a ellos como en aquel entonces los enfermos lo querían tocar a Él.







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