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MISIONEROS EN CAMINO: Materiales Litúrgicos y Catequéticos: XVIII Domingo del T.O. (Jn 6,24-35) - Ciclo B
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miércoles, 29 de julio de 2009

Materiales Litúrgicos y Catequéticos: XVIII Domingo del T.O. (Jn 6,24-35) - Ciclo B



Monición de entrada

(A)

Hermanos, nos reunimos para celebrar con alegría nuestra fe.
Venimos con el deseo y la necesidad de alimentarnos con su Palabra y con su Cuerpo. El Señor nos recordará y dirá con fuerza que sólo Él es el alimento que puede saciar todas nuestras necesidades.
Vamos a comenzar nuestra celebración con ganas. Pidamos al Señor que nos abra nuestra mente y nuestro corazón para que seamos capaces de reconocer que sólo su Cuerpo puede alimentarnos en profundidad y para siempre.

(B)

Jesús tuvo compasión de las gentes y multiplicó los panes y los peces en el desierto para que todos quedaran saciados.
Las gentes entusiasmadas comentan: "Este es el Profeta que tenía que venir", y le siguen.
Jesús les echa en cara su actitud y les dice: " Os aseguro, me seguís no por haber visto signos, sino porque habéis comido hasta saciaros".
Es natural que deseemos satisfacer nuestras necesidades elementales: comida, bebida, vestido, cobijo, etc.. Pero si no tenemos más aspiraciones, si no ponemos nuestra ilusión en buscar la justicia, la paz, la libertad, la solidaridad, es porque somos poco humanos.
La persona que sólo siente necesidad de alimentarse materialmente, es poca cosa, y es fácilmente domesticable.
Ganar más, para vivir mejor será su meta y el gran engaño de su vida. Es que, muchas veces para ganar más tendrá que renunciar a sí mismo, tendrá que renunciar a los valores superiores de amor, paz, solidaridad.

Saludo del Sacerdote

Que el Dios del Amor, de la Paz, de la Libertad y la Solidaridad
esté con todos vosotros

Pedimos perdón

(A)

Es el momento del perdón. Somos egoístas pidiendo, y somos egoístas siguiendo a Jesús sólo cuando queremos sacar provecho. Este es el momento de pedir perdón:

* Somos egoístas y queremos que Dios se acomode a nuestros caprichos: SEÑOR, TEN PIEDAD...
* Somos egoístas y acudimos a Dios cuando tenemos que pedir, o queremos sacar provecho: CRISTO, TEN PIEDAD...
* Somos egoístas y Jesús nos puede preguntar: ¿Me seguís porque comisteis hasta saciaros?: SEÑOR, TEN PIEDAD...

(B)

Somos pequeños y limitados, pero aun así, somos queridos de Dios. Pedimos perdón con confianza.

- Tú, que en los problemas de cada día nos das tu ánimo permanente. Señor, ten piedad.
- Tú, que nos ofreces una vida nueva, orientada hacia el amor, la justicia, la paz y la fraternidad. Cristo, ten piedad.
- Tú, el único capaz de quitarnos el hambre, de colmar nuestras aspiraciones de verdad y de amor. Señor, ten piedad.


Escuchamos la Palabra

Monición a la lectura

“¿Qué es esto?” preguntan los israelitas al ver el maná. El don de Dios no se reconoce fácilmente, si no es Dios mismo quien nos abre los ojos para poderlo reconocer. El pueblo había sido liberado de la esclavitud, pero todavía no habían sido alimentados con el Pan que sacia nuestro hambre para siempre.

Monición al Evangelio

Jesús nos dice que no basta con encontrar solución a la necesidad material, sino que tenemos que aspirar a nuestra plenitud como personas. Jesús nos invita a trabajar para conseguir el alimento que dura, el que puede darnos la vida en plenitud. Esa vida plena sólo podemos hallarla en Él.
Alimentándonos con su Cuerpo y viviendo en adhesión permanente con Él.
Sólo Él puede darnos vida eterna.


Homilías

(A)

El domingo pasado veíamos a Jesús dando de comer a los que le seguían. Hoy le vemos molesto porque le siguen. Y es que le siguen, no por haber comprendido el sentido del signo que ha realizado: solidarizarse con ellos, alimentándoles. Le siguen porque han saciado su hambre y siguiéndole pueden buscarse una vida más fácil y llenar su estómago con facilidad.
Jesús tuvo compasión de la gente y les dio de comer en el desierto hasta que quedaron saciados.
Entonces quisieron hacerle su jefe, su rey. Pero Jesús dejó a las multitudes y se fue a la otra orilla del lago.
Las gentes le siguen, consiguen dar con El y Jesús les dice. "Os aseguro, me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque habéis comido hasta saciaros".
Jesús les había dado de comer, pero su intención no era solamente el saciar su hambre. Quería mostrarles un signo del Reino de Dios: un Reino de Amor, de Solidaridad y de Comprensión. Así quería enseñarles cómo debe ser el comportamiento entre nosotros.
Sin embargo, ellos no le comprendieron y le siguieron en plan egoísta. Por eso Jesús se queja de que le sigan, y se queja con amargura.
A nosotros nos puede pasar lo mismo. Movilizar a un pueblo, por un trozo de pan es fácil si carece de todo. Movilizar a un pueblo para alcanzar mayores cotas de bienestar material es fácil.
Pero esto es sólo el primer paso. El problema surge si queremos dar un paso más. Si queremos avanzar más allá de lo puramente material.
Si queremos explicar que además del alimento material necesitamos otras cosas para poder vivir en esta sociedad: Explicar que necesitamos el cariño, la libertad, la solidaridad; explicar que debemos superar nuestro egoísmo y preocuparnos de los demás. Eso es ya otro asunto.
Jesús dio pan a los hambrientos para saciar su hambre, pero también para que sintieran necesidad de ayudar a los demás, para que sintieran hambre de solidaridad.
Jesús, primero llenó sus estómagos, pero después quiso que aprendieran el sentido del ejemplo: "haced vosotros lo mismo."
Un muchacho aportó algo en favor de la comunidad y llegó para todos.
Si todos aportamos algo, entonces saciaremos el hambre y nos sentiremos felices, porque hemos hecho algo en favor de los demás.
Cada uno con lo nuestro, tal vez no podemos vivir, pero uniendo los pocos de cada uno, con la colaboración de todos llegará la felicidad para todos y también el alimento.
Porque el problema no es producir más sino repartir mejor y así llegará para todos. Es lo que nos enseña Jesús hoy.

(B)

Jesús, tras la multiplicación de los panes, se retira de nuevo al monte huyendo de la intención que tenían de proclamarlo rey. La ausencia de Jesús hace que la gente le busque. Al encontrarlo se entabla un diálogo con ellos que a la vez que servirá para revelar al Padre y a su enviado, el Hijo, y para desvelar las secretas intenciones de los que le siguen.
En la vida ordinaria conocemos «fidelidades interesadas». Detrás del seguimiento a alguien más de una vez lo que hay es «búsqueda de algo». La «paga» de nuestras necesidades o ambiciones la encontramos en el vasallaje que damos a alguno. No falta gente que busca interesadamente poder o riqueza y esto le obliga a «cambiar de chaqueta» según le conviene. Hoy dicen una cosa, mañana otra; poco importa, con tal de conseguir lo que persiguen. Algo de esto achaca Jesús a la gente: «Me buscáis no porque los signos os interroguen, sino porque comisteis hasta saciaros», les argumenta Jesús de sopetón. Y añade: «Trabajad por lo que perdura». ¿Qué es lo que perdura? «Que creáis en el que Dios ha enviado». En un momento Jesús ha centrado el tema. No vale seguirle por curiosidad ni por interés; no vale seguirle porque o cuando necesitamos algo que no alcanzamos con nuestra manos, no vale acordarnos de Dios, como dice el refrán, «cuando truena». Jesús rechaza de un plumazo un seguimiento interesado o cuando nos interesa, mientras el resto de la vida «nos las apañamos nosotros sin Dios» tan ricamente... Quedan así deslegitimadas muchas posturas ante Dios que sólo son «cuando me apetece, cuando le necesito». El Dios de Jesús no es para «llenar huecos» o «cubrir necesidades»; es para saciar el hambre más profunda que tenemos dentro. Dios, dicho de otra manera, no es útil; Dios es necesario.
El seguimiento de Jesús exige fidelidad y aceptación: fe en Él, acogerle como don del Padre continuamente... «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre». Esta es la revelación a la que conduce el diálogo con la muchedumbre.
Llegar a «necesitar a Dios» es un largo camino. Más bien hoy lo que muchos dicen es que no necesitan a Dios para nada. Se mantienen en un terreno superficial de necesidades básicas que la sociedad del bienestar colma. Esto produce una especie de adormecimiento general de la persona. Hay que atravesar muchas capas para llegar al corazón y darse cuenta de que «en el fondo, somos radicalmente necesidad», que es mucho más que necesitar esto o lo otro. Un Dios a medida de nuestras necesidades puede que nos resulte muy necesario en un momento dado, pero no será nunca el Dios verdadero. Dios tiene preparado para nosotros el pan de nuestra hambre y el vino de nuestra sed: Cristo Jesús es el proyecto de Dios, el alimento de nuestras vidas, el pan del cielo.
No nos vendrá mal rezar: «Danos siempre de ese pan».

(C)

Es un tópico hablar hoy de consumismo. Nos parece lo más normal. Se siguen abriendo nuevos centros comerciales e hipermercados. Los restaurantes multiplican sus ofertas. Cada vez es mayor la profusión de productos que uno puede elegir y el número de cadenas que puede seleccionar. Todo está ahí a nuestra disposición: objetos, servicios, viajes, música, programas, vídeos. Ya no son las religiones ni los pensadores los que marcan las pautas de comportamiento o el estilo de vida. La «nueva sociedad» está dirigida cada vez más por la moda consumista. Hay que disfrutar de lo último que se nos ofrece, conocer nuevas sensaciones y experiencias. La lógica de «satisfacer deseos» lo va impregnando todo desde niños.
Está naciendo lo que el profesor G. Lipotvesky llama el «individuo-moda», de personalidad y gustos fluctuantes, sin
lazos profundos, atraído por lo efímero. Un individuo sin mayores ideales ni aspiraciones, ocupado sobre todo en disfrutar, tener cosas, estar en forma, vivir entretenido y relajarse. Un individuo más interesado en conocer el parte meteorológico del fin de semana o los resultados deportivos que el sentido de su vida.
No hemos de demonizar esta sociedad. Es bueno vivir en nuestros días y tener tantas posibilidades para alimentar las diversas dimensiones de la vida. Lo malo es quedarse vacío por dentro, atrapado sólo por «necesidades superficiales». Dejar de hacer el bien para buscar sólo el bienestar, vivir ajenos a todo lo que no sea el propio interés, caer en la indiferencia, olvidar el amor.
No es superfluo recordar en nuestra sociedad la advertencia de Jesús: «Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura, dando vida eterna». El mismo Lipotvesky, que tanto subraya en sus obras los aspectos positivos de la moda consumista, no duda en recordar que «el hombre actual se caracteriza por la vulnerabilidad». Cuando el individuo se alimenta sólo de lo efímero se queda sin raíces ni consistencia interior. Cualquier adversidad provoca una crisis, cualquier
problema adquiere dimensiones desmesuradas. Es fácil caer en la depresión o el sinsentido. Sin alimento interior la vida corre peligro. No se puede vivir sólo de pan. Se necesita algo más.

(D)

Cuando Jesús ve ante sí a la muchedumbre que había saciado y que le había buscado con anhelo, le reprocha: “Sé que me buscabais no porque habéis visto signos, sino porque habéis comido pan hasta hartaros”. Precisamente porque les había hartado con pan y pescado, por eso le quieren proclamar rey; porque esperaban que les iba a resolver los problemas de alimento... Por eso Jesús huyó de ellos. Aquella muchedumbre le ocurrió lo que dice el refrán oriental: Cuando el dedo señala la luna, el tonto se queda mirando el dedo.
No han entendido que la multiplicación de los panes es un signo que hace referencia a una realidad que está más allá del hecho en sí. es como el dedo de la luna. Lo importante es mirar la luna. Es como si alguien, después de haber participado en casa de un amigo de una comida de amistad, le dijera: “Cuánto te agradezco que me hayas llenado el estómago. A ver si me invitas muchas veces”.
Jesús explica el sentido del signo: Vosotros sois un nuevo pueblo de Dios que peregrina a través del desierto; y a vosotros se os da el verdadero maná y el agua viva. Yo soy el verdadero pan vivo bajado del cielo; yo soy el agua viva. El que viene a mí no pasará hambre y el que cree en mí no pasará nunca sed.
El Evangelista Juan señala que al final de la explicación, se produjo la gran desbandada. Sólo quedó un pequeño grupo. Jesús llega a preguntar a los apóstoles: ¿También vosotros queréis marcharos?. Pedro, en nombre de todos, responde: “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna.”
Parece que la gente lo único que quería resolver era la cuestión del estómago. Otras cuestiones espirituales, el sentido de la vida, el compartir, la solidaridad... le traían sin cuidado... No les interesaba escuchar a un profeta que invitaba a salir del egoísmo y a caminar por la senda de la libertad y del amor.
Esta desbandada, nos recuerda la de nuestros días, la de los que, de hecho se han alejado de la vivencia religiosa, sobre todo en España. En los últimos 20 años la práctica religiosa se ha reducido en un 50 %...
Dios apenas resulta rentable, Dios no es ya útil, y entonces, de forma casi inconsciente, se prescinde de Él. Las muchedumbres desilusionadas de hoy sólo esperan de Él panes y peces. A veces se vuelven a Él ocasionalmente cuando la necesidad aprieta...
Es encomiable que nosotros estemos aquí esta mañana por gracia del Espíritu, sin buscar favores terrenos, ni siquiera con la intención de ir pagando a plazos una vivienda maravillosa en el cielo, ni por evitar un pecado mortal..., sino gratuitamente para encontrarnos con el Padre, para escuchar su palabra, para alimentarnos de Él, para celebrar nuestra fraternidad, para alabar, bendecir, dar gracias y reconfortarnos para seguir alegres y animosos en la lucha de cada día.
Muchos se preguntan hoy: ¿Para qué sirve la fe? Yo les suelo contestar que para todo y para nada. Para nada a nivel temporal. Ciertamente Dios no te dará salud, ni riqueza, ni poder, ni bienestar. Quizás, más bien, te invitará a desprenderte de lo que te encadena. Pero, al mismo tiempo, la fe, la vivencia cristiana, lo da todo.
Recordemos la famosa pintada de los jóvenes del 68: Nos habéis llenado la barriga, pero no nos habéis dado razones para vivir. El pragmatismo es una de las tentaciones que acosan permanentemente y hoy quizás más que nunca. Se tiende a medir todo por la utilidad, por la producción, por el consumo...
¿Para qué sirve la religión?.. Es como preguntarnos: ¿Para qué sirve la relación entre padres e hijos, la relación entre amigos? ¿Para qué sirve la honradez? ¿Para que sirve contemplar una puesta de sol? ¿Para qué sirve escuchar una sinfonía?
Desde el punto de vista utilitarista, la religión no sirve para nada. Sirve, en todo caso, para ponernos en actitud de servicio ante Dios en las personas de los demás, sobre todo de los pobres...
La religiosidad utilitarista, adulterada, pone a Dios al servicio del hombre; la religiosidad auténtica, la verdadera fe cristiana pone al hombre al servicio de Dios.
¿No es una satisfacción encontrarse con Dios y con los hermanos?
¿No es una tremenda deshumanización olvidarnos de nuestro padre o madre porque se han hecho viejos y ya no pueden ayudarnos económicamente, o no podemos sacar nada de ellos o no nos pueden prestar ningún servicio?
Creo que algo que ha contribuido al desprestigio del cristianismo ha sido el mercantilismo que ha rodeado la práctica religiosa de muchos creyentes: con votos y promesas, con compraventas de favores de santos... Este mercantilismo es francamente repugnante...
Porque si algo es el Evangelio es pura gratuidad...
Por eso, para que la fe y nuestras celebraciones tengan fuerza testimonial es preciso que resaltemos en ellas los aspectos gratuitos: la oración desinteresada de alabanza, de ofrecimiento, de acción de gracias, de perdón. Es preciso fomentar el gozo de hacer el bien porque sí..,
He aquí el testimonio conmovedor de un convertido: “Jesús no sólo no ha venido a darme nada a nivel temporal, sino que ha venido a pedirme: tiempo, dinero, servicios a favor de los demás. Pero, a otro nivel, Jesús ha venido a dármelo todo. Él ha llenado de sentido mi vida. Es, justamente, la fe la que me ha dado lo que hace tiempo buscaba sin saberlo”. Este creyente no sigue a Jesús por el pan con minúscula, sino por el Pan con mayúscula. El Señor nos dice a todos, en contraposición con los criterios humanos, lo que no tiene precio es, justamente, lo que vale.


Oración de los fieles

(A)

Presentamos a Dios Padre nuestra oración, que quiere ser humilde y llena de confianza, la oración de los hijos a favor de los hermanos:

1.- Por la Iglesia de Dios, para que, alimentada con su Palabra y el Cuerpo de Cristo, trabaje incansablemente por la salvación de todos los hombres. ROGUEMOS AL SEÑOR
2.- Por el Papa, los Obispos, los sacerdotes y cuantos desarrollan en la Iglesia un ministerio pastoral, para que sus vidas estén llenas de la dignidad que precisa la presidencia de la Eucaristía y los servicios a la Iglesia. ROGUEMOS AL SEÑOR
3.- Por cuantos pasan hambre o cualquier otra necesidad en su cuerpo o en su espíritu, para que hallen en Cristo y en sus seguidores los remedios necesarios. ROGUEMOS AL SEÑOR
4.- Por todas las parroquias y comunidades cristianas, para que tengan como raíz la celebración eucarística y se edifiquen y desarrollen en torno a este Sacramento. ROGUEMOS AL SEÑOR
5.- Por todos nosotros, para que encontremos en Cristo, Palabra y Pan de Vida, la fuerza necesaria que nos sustente en nuestras vidas y nos mantenga en su seguimiento. ROGUEMOS AL SEÑOR

(B)

Vamos a pedir por todos. Es el momento de la oración universal. Vamos a pedir que llegue a todos el pan que alimenta y el pan del cariño y de la solidaridad.

1.- Para que no falte pan a los que tienen hambre, ni hambre a los que tienen pan: Roguemos al Señor.
2.- Por los que están saciados, para que sientan el hambre y sed de justicia y sean solidarios con los necesitados: Roguemos al Señor.
3.- Por los pobres, necesitados y abandonados, para que vean una mano amiga que se solidarice con su necesidad: Roguemos al Señor.
4.- Por todos nosotros, para que luchemos sin desmayo en favor de la justicia, la verdad, la libertad; y no nos falte nunca el
alimento: Roguemos al Señor. .

Todo esto te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

(C)

Confiamos que Dios Padre siempre escucha la oración de las personas cuando acudimos a El con sencillez. Le pedimos que acoja ahora nuestras necesidades, diciendo: ¡Escúchanos, Señor!

1.- Por la Iglesia, para que sepamos mostrar el Mensaje de Dios de un modo adecuado a nuestro tiempo, y hagamos crecer en la vida de las personas la esperanza y la alegría. Oremos.
2.- Por todos los que viven entregados a los demás, para que nunca se dejen vencer por las dificultades o la incomprensión de las gentes. Oremos.
3.- Por todos nosotros, para que no nos quedemos mirando al cielo sino a la tierra, y trabajemos por la justicia y el bien de las personas. Oremos.
4.- Por nuestra comunidad (parroquial) para que trabajemos en una auténtica iniciación cristiana que ayude a las personas a descubrir a Dios Padre, Oremos.

Acoge, Señor, nuestra oración y concédenos cuanto necesitamos para vivir como verdaderos discípulos de tu Hijo. Que vive y reina.

Ofrendas

(Hoy el rito es eminentemente sencillo. Consistirá en preparar la mesa del altar; de lo que se encargarán, como hemos hecho otras veces, dos de las mujeres de la comunidad, mientras el resto está en silencio. Concluido, otras dos mujeres presentan una hogaza de pan y una jarra de vino. Mientras tanto, todos cantan...)

Señor, tu Palabra hoy ha desencadenado en nosotros una serie de actitudes y sentimientos importantes: el reconocimiento de nuestro pecado, la confesión de fe, la súplica y ahora esta ofrenda que te presentamos. Lo hemos dicho ya de alguna manera en la canción, pero queremos repetirte de palabra nuestro compromiso de extender en nuestras vidas el amor que Tú nos tienes y que nos das a través de la mesa de la Palabra y de tu Eucaristía.


Prefacio

Te damos gracias, Señor,
porque sacias de favores a todos los humanos.
Tú abres tu mano generosa
para colmar a todos de frutos abundantes.
Preparas una Mesa
con los manjares de la Paz y de la Fiesta;
y haces rebosar las copas
para que brindemos por Tu Reino.
Nos ofreces también tu Palabra:
a tu Hijo Jesús.
que sacia nuestras necesidades
y nos anima y nos alienta
para saciarnos de justicia amor y solidaridad.
Él quiere que le imitemos y le sigamos .
En su Mensaje de ayuda y comprensión.
Ahora nos unimos a los santos,
y a las personas de buen corazón
para entonar un himno de alabanza diciendo:

Santo, Santo, Santo...


Padre Nuestro

Una vez más vamos a rezar el Padre Nuestro y vamos a pedir a Dios que nos dé el pan de cada día. Pero también vamos a decirle que vamos a hacer su voluntad y que vamos a perdonar a los que nos ofenden. Juntos decimos: Padre Nuestro...

Nos damos la paz

El que tiene hambre no puede vivir en paz. Pero cuando estamos saciados surgen entre nosotros peleas y discordias aún más duras, Es que seguimos a Jesús, pero buscamos nuestro provecho, Así no podemos tener paz.
- Que la paz del Señor esté con todos nosotros
- Como amigos y hermanos nos deseamos la paz...

Compartimos el Pan

Jesús se nos entrega como alimento para nuestras vidas. Él no quiere solamente saciarnos, sino ayudarnos a seguirle, a ser solidarios y a vivir en paz.
- Dichosos nosotros, por haber sido invitados a esta Mesa.
- Señor, no soy digno de que entres en mi casa...

Bendición

¡Dichoso quien ACOGE a Jesús en su vida, porque tendrá el ALIMENTO que perdura!
Que la Bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre vosotros…

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WebJCP | Abril 2007