1.- Antes de que pasaran diez años de la invención del cinematógrafo, ya se filmó una película referente a la vida de Jesucristo. La encuentra hoy uno convenientemente restaurada, respirando el candor de 1908. Me ha tocado ver en el transcurso de mi vida unas cuantas versiones, más o menos bien logradas, de la historia del Señor. Adolecen todas, me parece a mí, de presentarnos a un Jesús hiperactivo, hablador y trotan mundos. Las figuras de los Apóstoles semejan los equipos que acompañan a los líderes de las grandes carreras ciclistas, corriendo a su lado y apoyando sus esfuerzos, pero incomunicados, sin compartir sus emociones, sus ensueños, sus dificultades. Diría uno, en expresión de hoy que “salían juntos”, pero nada más.1.- El fragmento del evangelio que leemos en la misa de hoy, nos dice explícitamente que Jesús quería descansar y compartir. Habían empezado algunos a conocerle, yendo a su casa a pasar con Él un día. Nos lo cuenta San Juan, un chico entusiasta, que no contaría por entonces, más de trece o catorce años. Comprobaron ellos que se encontraban tan bien con Él, que le siguieron de inmediato. Fue de tal calibre la experiencia, que al cabo de muchos años, el discípulo predilecto, hasta se acordaba de la hora exacta del encuentro.
El entusiasta y sus compañeros se fueron enfervorizando aun más. Continuaron escuchándole y aprendiendo. Jesús depositó su confianza en ellos y se atrevió a enviarlos a la aventura que comentábamos la semana pasada. Pocos adultos son capaces de fiarse de la gente joven e inexperta y considerarlos colaboradores suyos. Los empresarios prudentes, actúan con precaución, desconfiar es una buena norma para que no fracasen las empresas. Jesús sí, se atreve a confiar y, en consecuencia, vuelven ellos rebosantes de gozo a su encuentro. Quiere Él vivir el éxito. Buscan un rincón para descansar y compartir. Pretendía organizar una mini convención. Justo y atractivo propósito.
3.- La gente vio donde estaban y allí se fue. Vosotros, mis queridos jóvenes lectores, os habréis encontrado a veces, que habéis telefoneado a alguien y una eficiente secretaria, os ha dicho: está reunido, no puedo molestarle y no habéis logrado sacarla de sus trece. Y el encuentro deseado ha sido imposible. Hay personas que viven siempre blindadas. El Señor de continuo está reunido con el Padre Eterno y en la tierra lo está con sus amigos, pero nunca herméticamente encerrado con su clan. Ve a gente desorientada y no pasa de ellos. Le necesitan y no se encierra en su asociación, por importante y numerosa que sea. Acude a la necesidad urgente. Es lo primero, ya habrá tiempo en otro momento de celebrar la reunión que tenía programada. ¡Cuánto tienen que aprender muchas organizaciones organizadas de organismos! Intimar con Dios es necesario, pero nunca olvidando a los hombres.
4.- La primera lectura es una preciosa interpelación que de parte de Dios hace el profeta Jeremías. Para entenderla bien hay que haber vivido entre pastores. Es elocuente al máximo, si uno ha podido compartir con beduinos en el desierto. Os propongo un buen ejercicio. Si formáis algún grupo en el que fomentáis la amistad y os ayudéis a crecer, os proponéis un día traducir el lenguaje pastoril a vuestra realidad. No seré yo quien lo haga por vosotros, analizad vuestra realidad y vuestro entorno, ¡espabilaos por vuestra cuenta! ¡Os deseo feliz investigación, agudas hipótesis y prácticos y atrevidos ensayos!







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